domingo, 11 de julio de 2010
EL ALIENISTA: MACHADO DE ASSIS
Si hay un tema que me seduce es el de la locura. Claro que no me gustaría tener una afección mental grave, pero si una dulce locura que me diera cierto sentido de libertad. De hecho, todos los que escribimos gozamos de una pizca de esa hermosa locura.
Sobre la locura he leído relatos extraordinarios como la novela de Ken Kesey, ¿Quién voló sobre el nido del cuco?, que sirvió de base para la película Atrapado sin salida, de Milos Forman, o Diario de un loco, de Nikolái Gógol, o la extraordinaria novela de Chejov, El pabellón No. 6, y el fascinante relato María de mi corazón de Gabriel García Márquez, llevado también al cine por Jaime Humberto Hermosillo.
Vagando por la librería Gandhi, descubrí una estante con ediciones especiales para esta librería a precios muy bajos. ¿Quién dice que los libros están muy caros? Esta colección tenía libros ya conocidos como El horla de Mauppasant o Bartebly de Melville. Dentro de ellos estaba El alienista del estupendo escritor brasileño Joaquín Machado de Assis.
Yo recién había conocido un texto de este escritor. En el taller de narrativa de Alberto Chimal analizamos uno de sus cuentos: Misa de gallo, que nos sirvió de modelo para ensayar un nuevo recurso narrativo: el texto disonante. En este cuento el protagonista es muy inocente y no se da cuenta nunca de que es objeto de una seducción, pero el lector si se da cuenta. El análisis de esta estrategia nos llevó a escribir una historia con esta característica.
Volviendo a El alienista. Con el antecedente de Misa de Gallo no dudé en comprarlo. Es una novelita corta de apenas 104 páginas que se leen con mucha fruición, pues Machado de Assis tiene la magia de atraparnos con el encantamiento de su escritura.
Machado de Assis nació en el Morro de Livramento, que es uno de los cerros que rodean Río de Janeiro, en 1839 y murió en 1908. Es decir, vivió en plena época de encantamiento de la ciencia que llevó a muchos pensadores y filósofos a creer que la ciencia iba a resolver todos los males que aquejaban a la vida humana y que el siglo XX la ciencia iba a hacer del mundo un paraíso. Bien sabemos ahora que sólo fue un espejismo.
La novela de Assis abreva en esta euforia por la ciencia. Simón Bacamarte, su personaje principal, es un estudioso de la medicina y la psicología y toma tan en serio su papel de científico que trastorna hasta la locura el pueblo en donde vive: Itaguaí.
Para llevar a cabo sus experimentos, con el apoyo del gobierno local, instala su institución mental conocida como “Casa verde”. Primero recluirá allí a los enfermos de síntomas evidentes. Su rigor científico lo llevará a dibujar nuevas fronteras de la salud mental ampliándola de tal manera que llega a recluir (usando la fuerza pública pues se le ha otorgado todo el poder necesario para apresar y condenar al encierro, todo en ello en aras de contribuir al desarrollo cientìfico) a 4 quintas partes de la población. El descontento social es tan virulento que la población se levanta en armas en su contra, revueltas que disolverá con su firmeza y aplomo.
El texto hace una radiografía del poder escudado en fines científicos y la fragilidad de las fronteras de la legalidad.
No sé si en este antecedente literario se basó Vargas Llosa para su voluminosa novela “La Casa verde”, ambas tan diferentes y tan similares.
Con esta lectura confirmo lo que los críticos dicen de Machado de Assis: que era “la figura más sobresaliente de la literatura realista brasileña.
viernes, 9 de julio de 2010
MI CASA
En qué momento
la casa de mi infancia dejó de ser mi casa
su patio grande
sus paredes tatuadas de humedad
sus vigas del techo, costillar de madera cruda, vértebras de una singular ballena
sus tabiques como dulces de amaranto
su gimiente puerta de madera,
su aroma a carbón a leche tierna
su danzante viento entre las tejas
son ahora rasgos del rostro de un extraño
de una tierra ajena
de un país de ignota geografía.
la casa de mi infancia dejó de ser mi casa
su patio grande
sus paredes tatuadas de humedad
sus vigas del techo, costillar de madera cruda, vértebras de una singular ballena
sus tabiques como dulces de amaranto
su gimiente puerta de madera,
su aroma a carbón a leche tierna
su danzante viento entre las tejas
son ahora rasgos del rostro de un extraño
de una tierra ajena
de un país de ignota geografía.
martes, 29 de junio de 2010
6º Encuentro de Escritores Salvatierra 2010

Hace ya 3 años que no acudía al encuentro literario en Salvatierra. Diversas circunstancias me habían alejado. El deseo de encontrarme con amigos entrañables, personas notables que se empeñan en seguir en la noble tarea de construir una nueva realidad, más bella, con sus palabras. Y que trabajan incasables, a pesar de los obstáculos, a pesar de los que se oponen, a pesar del olvido, a pesar de las políticas anticulturales. Este deseo de verlos me impulsó a ir.
Llegué tarde. El encuentro había empezado desde las 10 de la mañana. La sede del encuentro era, en esta ocasión, las instalaciones de la Escuela de Música de esa ciudad. Yo no sabía dónde estaba. En el Google Earth localicé la calle, el número y una foto de la fachada. Yo llegué a las 5:30 de la tarde. Una mesa de lectura estaba instalada en ese momento. Tímidamente, como quien llega tarde a una clase, busqué un asiento sigilosamente, sin llamar la atención. No había mucha gente. Exploré a los asistentes. Descubrí algunos rostros conocidos que me sonrieron. Algunos de los asistentes que me reconocieron se acercaron para saludarme efusivamente, como la poeta Nataly Montiel, el Dr. José H. Velázquez, también poeta, Miguel Cibrián (quien hace unos años me regaló su poemario Los reinos del aire), y Baudelio Camarillo, entre otros. En breve lapso estaba ya instalado como en casa.
La Escuela de Música de Salvatierra es una joven institución de apenas 16 de existencia, que al parecer estrena edificio, pequeño, pero acogedor. Es una construcción cuadrangular de una sola planta. En la parte central tiene un patio con un piso de loza blanca que le da un aspecto pulcro y ordenado. Alrededor del patio se construyeron algunos salones que sirven de aula pero que en esta ocasión se adecuaron, uno de ellos como comedor; otro, de sala de exposición de obras pictóricas. Del lado izquierdo hay un pequeño auditorio donde se llevaron a cabo las lecturas.
Un acierto del Encuentro fue la convocatoria que hicieron los organizadores a libreros y editores que instalaron mesas de libros con las obras de muchos de los presentes. Después de oír a los poetas se despertaba el deseo de continuar el diálogo con ellos. Para lograrlo bastaba abordarlos o bien comprar algunas de sus obras.
Tan pronto terminó la mesa a la que llegué a la mitad, se instaló una más a la cual fui invitado a leer lo que llevaba: tres cuentos breves, dos epigramas y un poema. La mesa estaba compuesta por algunos escritores conocidos como Ramón Granados (poeta sensible y cordial) que despertó las carcajadas con sus comentario pero particularmente con su poema “Bien fría, te quiero más”, que expresa su amor por esa bebida amarga y deleitable. También estaba la narradora Berónica (no es error, así se escribe su nombre) Palacios, directora de la revista literaria de Guadalajara Papalotzi, quien leyó unos de sus cuentos.
La noche nos alcanzó pero la palabra seguía activa. Terminada nuestra lectura, se presentó el libro sobre matemáticas que escribió Lucina Kathmann. Lucina es un gran personaje, es quizá la mujer más sonriente que he conocido en la vida. No sé donde nació, pero su acento marcadamente extranjero no le impide expresarse con vivacidad y precisión. Ella ha sido presidenta de Pen Internacional, la organización más grande de escritores que luchan por la libertad de expresión en todo el mundo. Su edad es plenamente incierta para mí. Sé que debe rebasar los 60 años pero su rostro, surcado hermosamente por marcadas arrugas, nunca lo he visto deteriorarse en los 10 años que tengo de conocerla. No es una anciana, sino una mujer madura y vigorosa que lucha incansablemente por los escritores perseguidos; pero además, escribe maravillosamente. En esta ocasión presentó un libro para niños cuyo propósito es enseñarle a los niños las matemáticas a través de las peripecias de un grupo de animalitos simpáticos de un bosque X que tienen la virtud de enseñar un tema tan árido en un envoltorio mágico. No recuerdo el título del libro y el internet (desafortunadamente) guarda silencio. A petición del público leyó un fragmento. Nos cautivó con su estrategia para enseñar los números negativos con unos canguros que tenían la afición de contar sus saltos como unidad de medida, pero uno de ellos, por extraña razón, sólo podía brincar para atrás.
Nos fuimos a cenar con la literatura prendida en los labios y en la mirada.
Al día siguiente se siguieron presentado libros, como el de poesía de Javier Malagón, Rosa Canela del Desierto, que tuvo el honor de ser presentado por Baudelio Camarillo; el de Francisco Moreno: Esperar el Alba, presentado por Aniceto Balcázar. Este es un libro duro como una piedra, filoso como el pedernal, que rompe el alba con su frases implacables: “Soy una rama de follaje, un pedazo de cieno atrapado en la voz, insomne construyo barcos con las cuatro paredes de mi cuarto” Y en otra parte dice: “No puedo quitarme de la mente que ‘La noche es el mar que nos separa’. Pienso que la noche es un río desbordado que nos destruye”.
Pero el Encuentro nos depararía una sorpresa mayúscula. Tuve que ir al baño mientras la actividad comenzaba. No oí la introducción pero cuando regresé en la mesa solo había una solitaria mujer junto a Miguel Cibrián. Se notaba en su rostro un trato duro con la vida. Su voz firme, categórica, cortaba el aire y el aliento. Sin cortapisas daba cuenta de sus primeros años de vida por las letras al lado de un hombre que buscaba ser su dueño más que su marido. ¿Quién era esta mujer que alzaba así su voz y estallaba en un machismo absurdo haciéndolo añicos? De pronto irrumpía su charla para leer algunos de sus poemas, sus descarnados poemas en los que no tenía piedad consigo misma, pero al mismo tiempo desbordaban una ternura, una pasión por la vida. Poco a poco, de mano de su voz y de sus poemas se me fue revelando una poetisa gigante, extraordinaria. Patricia, Patricia, repetía con frecuencia nominándose a sí misma. Patricia Medina es su nombre. Con desparpajo declaraba su sentir. Frente a sí tenía un montón de libros de poesía que ella había escrito y publicado a lo largo de su vida, libros en que daba cuenta de su duro itinerario por la vida. ¡Qué honestidad! ¡’Qué valentía! había entre sus tapas. Poco a poco fui admirando a esta mujer hasta hacerla, para mí, entrañable. Su vida no ha sido nada fácil ni aun después de ser una poeta multilaureada en certámenes nacionales e internacionales. Cuenta anécdotas crueles las cuales las exprime para sacar de allí una joya. Cuenta que un día caminaba por una calle de Guadalajara y que un joven venía en sentido contrario a ella con sus audífonos instalados en sus oídos. Al llegar frente a la poeta simplemente le dio un manotazo, la sacó de su camino y la botó al arroyo y siguió su camino como si se hubiera espantado una mosca. Por qué hizo eso, se pregunta Patricia, ¿será que cuando ya no producimos hijos ni deseos no servimos para nada? Este hecho la dejó reflexionando y en vez de sentirse víctima, pasó del pensamiento al papel ese detonador de la reflexión y la imaginación y escribió un libro que le valió un premio internacional. Y cuando recibió el premio agradeció a ese hijo de su madre (que seguramente ya no registraba en su memoria a la mujer que echó al arroyo) porque la había llevado a pensar, a descubrir y descubrirse cosas insospechadas y a escribir esta obra y a ganar ese premio. Terminó su charla en medio un prolongado aplauso. ¡Qué gran poeta es Patricia Medina!
Por la noche tuve la oportunidad de platicar largamente con ella. Mi admiración creció más y aun sigue creciendo a través de la lectura de sus poemas de un libro que de ella me traje, “Tras tornar”, donde encuentro joyas como esta:
55
Sin el agua
¿el pez sería el pez?
¿Qué sería yo
si se prohibieran todas las palabras?
O este otro:
54
¿La cáscara es el vestido?
Le pregunto al mendigo
y me responde:
la mugre me protege contra el frío.
La naranja me dice:
sin la cáscara escaparía mi jugo.
¿Cuál es el verdadero rostro?
le pregunto al transeúnte
y me responde:
¿cuál necesitas hoy?
El payaso me dice:
el real es el que avala mi trabajo.
¿Cuál límite crucé
que hice la piel trinchera
y al vestido lo volví subterfugio?
El encuentro terminó entre abrazos y sonrisas, aderezados con la música de la banda infantil del esta escuela de música.
Cuando viajaba de regreso traía conmigo el buen sabor de no sólo haber estado en un encuentro memorable, sino además de haber hecho nuevos amigos como Walter Jay Nava, Patricia Medina y su hija, Patricia Velasco y Lorena Rodríguez, buena cuentista y buena guionista.
Estupendo evento literario fue este 6º Encuentro. En hora buena. Felicito calurosamente al Dr. Velázquez por su insistencia, a sus no menos aguerridos colaboradores: Luz Elena y Miguel Cibrián, entre los pocos que identifico como organizadores.
Hasta dentro de un año volveremos a encontrar cobijados por la mano amorosa de Salvatierra y de sus anfitriones. GRACIAS.
lunes, 14 de junio de 2010
UN DIA EN LA VIDA DE UN OBRERO
Hace poco, vagando en la Comercial Mexicana, descubrí unos libros de una editorial que no conocía: Belcqva; libros gris oscuro, buen tamaño y buena letra, con una serie de autores para mi desconocidos, salvo uno: Guillermo Arriaga, el guionista de Amores Perros, cuya editorial le publica El búfalo de la noche.
Compré dos libros de esta editorial, uno de ellos de una escritora china: Chi Li, autora para mi desconocida. Dice la contratapa que es “una figura importante en la literatura china”. También dice que “Es miembro de la Asociación de Escritores de Wuhan”. En uan página de internet leí que es catalogada como una de las mejores exponentes del nerorrealismo literario chino. Wuhan es la capital de la provincia de Hubei, una región situada en el centro del país. Dicha ciudad es atravesada por el río Yangtzé.
La novela que compré de esta autora se titula Triste vida y narra un día en la vida de un obrero. No es una novedad este lapso en la literatura. Stephan Zwieg escribió la novela 24 horas en la vida de una mujer.
Esta novela narra un día en la vida de Yin Jiahou, casado con una rijosa mujer que le hace la vida difícil, particularmente porque el dinero que gana Yin no es suficiente para tener una vida sin aprietos y carencias.
La novela, justamente realista, retrata con detalle las penurias que vive su personaje: comienza desde que se despierta en la madrugada y lo sigue en su preparación para ir a la fábrica, y la narración viaja con él en el trayecto bastante largo para llegar a su trabajo en diversos medios de transporte: camión y barco, todos atestados de gente que va a su trabajo.
A las penurias de su viaje se suma la su penosa vida de obrero mal pagado, las injusticias de su trabajo (este día, precisamente, le disminuyen el bono que debe recibir y cuyo dinero ya ha sido destino por él y su mujer). Otra losa que pesa sobre su ánimo es una vieja relación amorosa frustrada que le es despertada por una joven maestra que ese día cuida a su hijo que se lo ha llevado con él y lo ha puesto en la guardería de la fábrica. Y se agrega también la tentación de enrolarse amorosamente con una de sus compañeras de trabajo que lo acosa y lo reta a una aventura intensa.
De regreso a su casa debe rumiar sus derrotas y frustraciones para pasar las últimas ¡horas del día con cierta armonía con su mujer.
Es una novela corta escrita con melancolía y verosimilitud. No hay en ella ningún hallazgo formal; sigue una línea narrativa cronológica, cuyo interés se genera desde el principio cuando su hijo se cae de la cama y su mujer pelea con él por este hecho. De aquí arrancan sus dificultades cotidianas.
La novela termina con el deseo del personaje de que todo sea un sueño, un sueño que terminará en algo mejor cuando despierte. Y esto me hizo recordar la vieja canción de chava flores: A que le tiras cuando sueñas mexicano.
Es una novela sencilla, simple, como su personaje, que tiene la virtud de transparentar un hecho conocido: las penurias de la clase trabajadora inclusive en un régimen que se instituyó a favor precisamente de los trabajadores. ¡Vaya cruel ironía!
domingo, 6 de junio de 2010
EN MEMORIA DEL REINO
El pasado sábado 29 de mayo (2010) Baudelio Camarillo presentó la versión bilingüe (español-francés) de su libro En memoria del Reino, en la sala audiovisual de la Unidad de Extensión de la Universidad de Guanajuato campus Celaya-Salvatierra.
Este poemario vio la luz en 1993 tras ganar el Premio Nacional Aguascalientes. Y por primera vez, desde que conozco a Baudelio, tuve el privilegio de presentar un libro suyo.
A Baudelio lo conozco desde 1986 cuando llegué del DF a esta ciudad de Celaya. La experiencia de abandonar mi ciudad natal fue como salir del calor agradable de una casa a un ambiente nevado. Yo, chilango hasta los huesos, me sentía perdido en esta pequeña ciudad, con un ambiente rural fuertemente asentado entre sus calles, contrario plenamente a mi animal urbano.
La amistad de Baudelio, y otros amigos también inclinados al arte, fueron mi tronco que me salvaron de perecer de del naufragio de la abulia que significó abandonar una ciudad que la llevaba (y llevo) sellada en los más hondo.
En 1990 regresé a mi DF querido para encontrarme que el caos de mi ciudad no me amoldaba. Volví a Celaya en 1993, justo cuando Baudelio ganaba el Premio de Poesía Aguascalientes. Me dio mucho gusto saberlo y recibir ese pequeño tomo de poemas delicados y exquisitos.
Baudelio ha seguido produciendo poemas y libros y poco a poco su arte ha ido trascendiendo fronteras. Ahora es autor de un buen puñado de libros: Espejos que se apagan (1989), La casa del poeta y otros poemas (1992), En memoria del reino (1994), y Poemas de agua dulce (2000), entre otros.
En memoria del reino, en esta edición bilingüe, es un pequeño tomo en gris, elegante y sobrio en donde nos encontramos que el poeta, inconforme con algunos versos, ha sacado su caja de herramientas y le ha ajustado las tuercas a algunos de ellos.
El libro está configurado por cuatro secciones que marcan una especie de ruta en el ciclo vital de una persona que va de la infancia a la madurez. Empieza con una sección que denominó “Río Guayalejo”, donde Baudelio revive sus vivencias infantiles con la sutil mirada del poeta:
Todos los días, por la angosta vereda
que nos dejaron los abuelos,
bajamos hasta el río
como bajan los pájaros al atrio de la iglesia.
Este es otro fragmento emblemático:
Un enorme sabino con tres siglos de sombra
hunde sus largas ramas en el río.
Desde su copa el sol salta desnudo al agua.
Se sumerge y emerge y nada hasta la orilla
y nuevamente sube y se lanza.
Así es todos los días.
Cuando llegue el invierno
le haremos un lugar en nuestro patio
y él, que todo lo graba en su memoria,
nos hablará del tiempo en que la luz
andaba por la tierra sonando cascabeles.
La siguiente sección aborda un tema de “río abajo”, como él dice para referirse a la vida adulta: el amor. Se adentra en el dulce río de la mujer y nada en él con el mismo gozo con el que nadó el río Guayalejo:
Más allá de tu nombre están las playas.
Eres agua que abrazo con los cinco sentidos.
Voy hacia todas partes,
bebo en todas tus luces,
te lleno de palabras
y gaviotas
Pero el río de la mujer es un río peligroso que en ocasiones desemboca en la decepción, en el dolor, en la tortura:
He entrado en la ciudad como entrar en la niebla.
Después de haber amado el alma queda a oscuras.
Andaré como el viento tocando viejas puertas,
hiriéndome la sombra contra los largos muros.
Se han quedado en mi voz las últimas estrellas:
lo que escribo es ceniza.
Una vez en río abajo no todo está perdido: se puede remontar río arriba, hacia la redención de quien ha conocido el infierno del abandono. El poeta, hoja mecida por el viento, tiene la facultad de, en medio de los escombros, fijar su mirada en las estrellas y encontrar en lo sublime el camino de salida de la ciudad de los escombros y entrar al reino de las palabras, a la “casa del poeta”, como tituló la última parte de su poemario:
La casa del poeta es tibia
y aroma sus estancias la piel de la Diosa venerada.
Todo ahí son altares donde la luz oficia plenitud
y en el rincón más mínimo
la inteligencia consagra sus ofrendas.
Entrar ahí es conocer por dentro el corazón
de quien canta en la cima más alta del mundo,
es recorrer por dentro el ojo que nos mira,
es olvidar por un instante nuestra ración de sombras.
Este libro de poemas es como una copa de cristal. Hay en su poesía una enorme delicadeza, como si tocara las cosas con las manos tibias. Transcurre por sus poemas una serpiente de agua que recorre y enlaza todos los poemas y los endulza. Pero en entre transcurrir del agua y de la luz, acompañadas por sus damas de cortejo, como la luna, acecha el desierto, el dolor, la ruina, la muerte, el abandono. La noche acecha con su gran sombra pero finalmente triunfa la luz a pesar de la melancolía, del dolor por la ausencia.
Este poeta de voz suave y andar delicado, tiene una potente voz que esperamos se alce aún más alto, con las notas precisa de quien domina con maestría las palabras.
domingo, 23 de mayo de 2010
TIEMPO
Gotea incesante como agua
se escurre sobre la piel,
los ojos, la mirada
abre sin descanso las rutas viales
para el feroz carruaje
de la muerte.
martes, 11 de mayo de 2010
VIOLINES EN EL CIELO
Se necesita una gran dosis de valor y de coraje para asumir la circunstancia de que uno no es bueno para lo que uno cree es su vocación; y más en esta época en que nos llenan de basura de “pseduosuperación personal y autoestima". Es mucho más valioso, asumir que nos hemos equivocado, que no tenemos talento, que por más que le rasquemos la panza del cochinito no saldrá de él ni un quinto. Pero bombardeados por cadenitas (fw’s) en Internet, que además tienen la desfachatez de amenazar de que si no embarramos con esa basura a otros no se cumplirá la promesa o nos caerá una maldición china. Y se atreven además a firmar su basura con grandes nombres de la literatura: Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, etc.
Eso fue lo que me conquistó de Violines en el cielo en los rigurosos primeros 10 minutos de hook (como se dice en el argot del cine a esa entrada que atrapa la atención del espectador). Daigo, el protagonista, es un violonchelista del montón que a la disolución de su orquesta no ve expectativas ni futuro como músico. Y no es porque no haya orquestas en el Japón donde continuar sino que él sabe que no tiene la estatura suficiente para competir por un puesto en una mejor orquesta de la que estaba. Y tiene las agallas de renunciar a la profesión que la ha dedicado muchos años de su vida. Cárajo, este es valor, esto es sublime. Y precisamente, cuando renuncia a la música es cuando encuentra el arte, y el sentido a su existencia.
Daigo tienen que vender un vilonchello carísimo que había comprado a crédito recientemente y regresar a su pueblo natal donde tiene una casa, herencia de su madre, donde puede vivir sin pagar renta. Y allá van él y su mujer. Pero, no sabe de qué puede trabajar. Revisando los diarios le llama la atención una oferta de trabajo que no exige experiencia ni conocimientos específicos y el sueldo es muy atractivo. No sabe de qué se trata, pero acude y es contratado de inmediato y le pagan su primer sueldo aun sin hacer nada. Pronto descubrirá que el trabajo consiste en preparar cadáveres para ser cremados.
Acuérdense que vive en Japón. Allí se asume la muerte de una manera diferente. Cuando alguien muere (creo que es una costumbre sólo en cierto sector de la población) preparan al difunto, limpian el cuerpo, lo visten dignamente y lo arreglan (maquillan esmeradamente a las mujeres). Esta es una labor que se realiza con una enorme delicadeza y en presencia de los familiares, pues creen que ello ayuda al difunto. Para no descubrir la desnudez ni los aspectos grotescos de la preparación hacen una serie de movimientos, cambios de ropa, etc., con sumo cuidado y discreción. Es prácticamente un artilugio artístico.
A pesar de ello, muchos consideran el oficio como denigrante. Hasta los dueños de las funerarias lo consideran así, pues ellos contratan a otros para realizar esta tarea. Uno de los más solicitados y bien pagados es el nuevo jefe de Daigo, el señor Sasaki, un enigmático y silencioso anciano. Con asco al principio y luego con respeto, Daigo va descubriendo una faceta importante de la vida: la muerte y su misterio. Y la importancia de ponerse en paz con quien se despide, y al mismo tiempo, ponerse en paz con uno mismo.
Cuando se entera su esposa (a quien le oculta sus labores) lo abandona pues Daigo no tiene intenciones de dejar un oficio en el cada día es mejor. Y es mejor debido a su sensibilidad musical y artística. Es en este enfrentamiento con la muerte que tiene un reencuentro intenso con el violoncello y la música.
Hasta aquí parecía que la película ya nos había dicho todo, pero aun faltaba una vuelta de tuerca de una gran intensidad emocional: su esposa, embarazada, regresa para tratar de convencer a Diago de que abandone su trabajo chantajéandolo emocionalmente con su embarazo, pero la sorpresiva muerte de una conocida hará que ella perciba a su esposo y su oficio con respeto. Y será ella quien llevara a Daigo a hacer la ceremonia más importante de su vida. El fue un niño a quien su padre abandonó y por ello le guarda mucho rencor y nunca más ha sabido nada de él. Una sorpresiva llamada a su esposa le informa que el desaparecido padre ha muerto. Daigo deberá enfrentar el hecho, ver de nuevo a su padre y ponerse en paz con el hombre que le abandonó, con el hombre cuyo rostro se ha borrado, con el hombre que creyó que lo había olvidado.
lunes, 10 de mayo de 2010
ESCOMBROS DE UNA LUZ
El tiempo traza líneas sutiles
en tu rostro;
las remarca cada día
insistente:
quiere destruir por completo
tu belleza.
Un buen día
concluirá su trabajo
y sólo quedará de ti
la sombra de una estatua,
los escombros de una luz
que ya se ha ido.
en tu rostro;
las remarca cada día
insistente:
quiere destruir por completo
tu belleza.
Un buen día
concluirá su trabajo
y sólo quedará de ti
la sombra de una estatua,
los escombros de una luz
que ya se ha ido.
domingo, 9 de mayo de 2010
DAISY MILLER
Junto con la novela de Los papeles de Aspern, en el número 61 de la colección “Nuestros clásicos” de la editorial UNAM, traía también otra novela suya, aun más pequeña: apenas 88 páginas.
Ya había leído Los Papeles de Aspern y encarrerado me seguí con Daisy Miller que en la edición viene al principio. También me fue un poco lenta la lectura. Igual que en la anterior, sus descripciones detalladas (no tan cargadas como las de Alejo Carpentier) hacen lento el avance. E igual que en la otra, en el final hay una vuelta de tuerca interesante, o quizá dos: una muerte y una toma de conciencia.
Cuando llegaba al final me acordé de nuevo de las lecciones de Alberto Chimal. En una de las sesiones de la tutoría leímos un cuento interesante de Joaquim Maria Machado de Assis titulado “Misa de gallo”. En este cuento, Nogueria, el protagonista, es objeto de seducción de la esposa del escribano Meneses, quien le brindaba hospedaje, pero él no se percata de las intenciones de la mujer y la noche de la seducción se va con un amigo a oír misa de gallo dejando a la mujer con su deseo insatisfecho. La ingenuidad del personaje no le permite entender a la mujer. Nos comentaba Chimal que este es un tipo de personaje que no logra comprender lo que sucede, pero el lector si se da cuenta. Hicimos un ejercicio al respecto y déjenme decirles que es bien complicado trabajar este tipo de personaje.
Digamos que en Daisy Miller algo similar le sucede a H.J. Winterbourne, el protagonista con Daisy Miller, ambos de origen estadounidense. Ambos se conocen en un hotel de Suiza. Él ha llegado a este lugar para visitar a su tía que allí se hospeda; ella, en viaje de vacaciones con su familia. De inmediato se establece una relación. Ella se enamora casi de inmediato de Winterbourne y busca de alguna forma establecer una relación más profunda, pero éste, a pesar de que también se enamora de ella, no entiende las señales, pues dadas las costumbres de la época no es explicita aunque si categórica. Esta incomprensión se ahonda con los comentarios de las damas de bien (señoras chismosas y prejuiciosas) que descalifican la conducta de la joven. Ella se va a Roma y poco tiempo después la alcanza Winterbourne. Las señales de la joven se vuelven desesperadas y para sacar de su espasmo a Winterbourne trata de darle celos saliendo con un italiano. Pedro su compatriota no despierta a pesar de que los celos lo torturan. Y no reacciona ni aún cuando Daisy, agonizando, le manda un recado con la madre de ella. Cuando la muchacha muere, el tipo entiende a medias el sentido de sus mensajes. Vaya sonso.
La novela, además de su intensidad emocional, crea un ambiente tan preciso que casi se respira el aire de Roma.
miércoles, 5 de mayo de 2010
LOS PAPELES DE ASPERN
En una tutoría con Alberto Chimal, en la cual vimos una enorme cantidad de formas narrativas, analizábamos el papel del personaje y su forma de ver el mundo. Los personajes no siempre dicen las cosas “objetivamente”. Si son presas de alguna perturbación pueden reportar una realidad que viven como si fuese otra. A esto se le conoce como “texto disonante”. Un ejemplo es Don Quijote, quien veía, por ejemplo, que los molinos eran gigantes o que una mujer ordinaria era una dama o una princesa. Hay ocasiones de que el lector se percate de esta disociación, como en el Quijote, pero en otras, no es tan clara esta disociación. Por ejemplo, en la novela Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, en esa sección llamada “Informe de ciegos” uno de los personajes/narradores, Fernando Vidal Olmos, cuenta una historia terrible sobre una conspiración de ciegos. Su mirada inicial es bastante equilibrada, pero cuando penetra por una supuesta entrada a un escondrijo secreto lo que narra es tan alucinante que nos queda clara que estamos frente a la visión de alguien que sufre una severa alteración. Es un impactante texto disonante.
Una variación, podríamos decir, si no me falla la memoria, es el personaje narrador no digno de confianza. Es decir, aquel que miente deliberadamente. Y mencionó como un ejemplo la novela Los papeles de Aspern de Henry James. Yo me acordé que esa novela la había comprado mucho tiempo atrás en la librería de la Filmoteca de la UNAM. Varias veces intenté leer esta novela pero nunca me atrapó. Me faltaba una motivación, motivación que me dio Chimal.
Cuando leía la novela me di cuenta cuál había sido el obstáculo que me había impedido la lectura: la escritura de James no es de fácil lectura, aunque esta novela como la de Daisy Miller, los comentaristas la catalogan “las más leíbles”. Dicen que el estilo de James prosaico tardío “está frecuentemente marcado por oraciones largas y digresivas y pasajes muy descriptivos que posponen el verbo por un espacio mayor de lo normal”, lo cual hace difícil la lectura. Sin embargo, afirman, “su ficción más breve, como Los papeles de Aspern (The Aspern Papers) y Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw), es a menudo considerada más legible que sus novelas más largas, y sus primeros trabajos tienden a ser más accesibles que sus trabajos más tardíos”.
Aun así, es una novela interesante, acumulativa, cuya tensión dramática da un giro final (una vuelta de tuerca) bastante eficaz, por lo inesperado, premiando con ello la paciencia del lector.
A pesar de la brevedad de la novela --apenas un poco más de 100 páginas-- el avance es lento. La acción también en momentos es lenta, pero los giros en la trama hacen que tome vuelo.
La historia que narra la historia de un editor y critico literario que viaja a Venecia a buscar unas cartas del célebre poeta norteamericano Jeffrey Aspern que están en poder de una anciana que en su juventud le escribió el poeta y que ahora son de un gran valor. La anciana posee una amplia casona donde el narrador (que nunca sabemos su nombre) alquila una habitación. Desde allí busca ganarse la confianza de la anciana y su sobrina, lo cual logra después de una larga espera y de la implementación de una alambicada estrategia. Pero algo sucede.
La novela está basada en un hecho real bastante curioso: “En 1887 James había conocido en Florencia a la condesa Gamba, casada con un sobrino de Teresa Guiccioli, último amor de Lord Byron, que conservaba unas cartas de amor del poeta. James mostró interés por conocer el contenido de estas cartas, pero la condesa se negó en redondo a permitirle leerlas. Aproximadamente por la misma época el autor tuvo noticia de la historia de un bostoniano llamado Silsbee, apasionado admirador del poeta romántico Percy B. Shelley, que se hospedó en casa de la anciana Claire Clairmont -amante de Byron y madre de su hija Allegra- y de su sobrina nieta, con la esperanza de apoderarse de cartas de Shelley y de Byron. Al fallecer la anciana, la sobrina le propuso entregarle las cartas a condición de que se casase con ella. Silsbee huyó”.
Tenía razón Chimal, el narrador monta su estrategia en una serie de mentiras que al final se le volverán en su contra. Dice Chimal que en este tipo de narraciones lo que importa es el descubrimiento no el personaje.
Cierto, muy cierto. Henry James fue muy incomprendido en su época particularmente por sus innovaciones como la introducción de un narrador no omnisciente, es decir, que no lo sabía todo, bien porque no tenía la información, bien porque ya no recordaba bien el hecho. Hoy es un referente obligado para quien se quiere introducir al arte de las letras.
domingo, 2 de mayo de 2010
PROMESAS PELIGROSAS
Los botaderos siguen dando luz. Hoy encontré en uno de ellos la última película de David Cronenberg (1943): Promesas peligrosas, o como dice su titulo original “Promesas del Este”.
Es una película que se aparta de sus temas de obsesión: la modificación de la carne. Pero no del todo pues en los escasos momentos en que se mete con el cuerpo, aparte de mostrarlo muy explícitamente, lo modifica ya sea a través del tatuaje o de la mutilación. Es decir, la violencia está presente en esta cinta.
La película trata de un tema harto abordado en el cine: las mafias y su poder de violencia, y particularmente la mafia rusa. Sin entrar en el lugar común sobre las mafias, el usa como hilo conductor a una ginecóloga (partera dicen en la película), encarnada por Naomi Watts en un papel bastante aceptable. Una adolescente rusa embarazada llega a su clínica en un estado gravísimo: un derrame sanguíneo la pone al borde la muerte. Los médicos salvan a la niña pero no así a la muchacha. No saben nada de ella, sólo su nombre. La doctora, al revisar las ropas de la muchacha encuentra un diario escrito en ruso. Ella es origen ruso, pero no habla el idioma y su tío se niega a ayudarle a traducir el diario. Los pocos datos que logra captar la llevan a un restaurante exclusivo comandado por un ruso dirigente de la mafia en Inglaterra, y quien se ofrece a traducirlo. El diario denuncia actos violentos e ilegales de dicha mafia y del hijo del dueño del restaurante, lo cual involucra de alguna forma a la ginecóloga con la mafia.
El drama está bien montado narrado con una cámara sumamente explicita sobre actos terribles de violencia: asesinatos, mutilaciones, venganzas, sin regodearse en ríos de sangre, lo cual hace la película aun más dura y cruda. No llega a niveles de violencia y gore de cintas como Crash o Videodrome o Scanners, películas sumamente violentas, inclusive La mosca.
David Cronenberg es una de mis cineastas favoritos, a la par que David Lynch, que descubrí en mis primeros pasos como crítico de cine. En un pequeño video club de Celaya, allá todavía en la época los videocasets beta, encontré gran parte de la filmografía inicial de este cineasta. Desde entonces he seguido la pista. Y en esta ocasión no iba a desaprovechar la oportunidad de llevarse la más reciente de sus películas.
Es interesante el manejo de la elipsis de un modo dramático preciso: hace que la película avance y forja un suspenso bien montado. El final, que no les contaré, pareciera que iba a caer al ligar común, pero su última imagen deja un tanto desconcertado al espectador.
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