sábado, 11 de septiembre de 2010
BORGES Y EL LENGUAJE
Escribe Jorge Luis Borges al final de su prólogo de su libro El oro de los tigres que “un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”. ¿Será por eso que la mexicanidad, la hispanidad, la argentinidad, etc., es algo que se define con y por el lenguaje? Si bien, mexicanos, españoles, latinoamericanos, hablamos español ¿podríamos decir que cada país ha transformado el idioma para convertirlo en un sistema que responde a su propio modo de sentir? ¿Será por eso que las traducciones, si no son traiciones son —en el mejor o peor de los casos—, reinvenciones? ¿Y será también posible que cada grupo social, que cada familia y que cada persona ajuste el idioma a su modo particular de sentir, de tal modo que las palabras tienen un significado similar entre los hablantes de un idioma pero nunca igual?
lunes, 6 de septiembre de 2010
JOHN RABE...
SONATA DE UN HOMBRE BUENO Y DE UN CINEASTA LIMITADO
Los nazis son un filón inmensurable de historias. Por mucho tiempo sus múltiples aristas nos van a estar dando películas, libros, obras de teatro, leyendas, mitos.
Recién vi una película que toca una arista un tanto distante. Las empresas alemanas, como todas las potencias colonialistas europeas en el siglo XIX habían extendido su dominio político o económico hacia el oriente. La empresa alemana Siemens había sentado sus reales en China en Nankin, ciudad antigua e importante que en un par de ocasiones ha sido asiento de la capital de China. En 1937 fue atacada y ocupada por los japoneses, masacrando a la población. Se dice que asesinaron a uno 300 mil chinos.
En ese momento, fungía como director de la Siemens John Rabe, un hombre que había permanecido al frente de esta empresa más de 25 años. Justo en el momento que se está despidiendo para regresar a Berlín sucede el ataque japonés y contra su voluntad, al principio, se ve envuelto en la defensa de la población civil china, abriendo las puertas de la planta generadora de energía como refugio, escudándose en el hecho de que Japón era aliado del régimen nazi. Ante el feroz ataque, un grupo de extranjeros entre los que está un médico, la directora de una escuela para niñas y algunos embajadores, forman un grupo de defensa designando a Rabe como presidente y negociando con los japoneses una zona de seguridad para refugio de la población civil.
A dicha zona de refugio llegan unos 2000 mil chinos, para los cuales pasan por una serie de dificultades para mantener a salvaguarda a tal población y suplirles sus necesidades ante el acoso continuo de los japoneses.
La película narra justamente estas dificultades. Ciertamente es una película emotiva e interesante, más por la historia que por sus virtudes fílmicas.
Uno de los mejores aciertos fílmicos es la mezcla de pietaje documental original con la puesta en cámara, enlaces que logra coser con habilidad dándole un rasgo de verosimilitud y validación a la película. Para pasar del pietaje documental utiliza una toma enlace en blanco y negro con movimientos inciertos la cual de pronto se torna a color dándonos a entender que estamos viendo ahora la recreación fílmica.
De sus desaciertos está la ausencia en muchos momentos de lo estrictamente cinematográfico: un uso más acertado de la elipsis interna. Nunca sentimos que en esa ciudad albergaba 200 mil personas. Sólo sabemos eso porque los protagonistas lo dicen pero el lenguaje visual se ve torpe para hacérnoslo sentir. Asimismo, hay secuencias desaprovechadas, verdaderos callejones sin salida. Por ejemplo, los soldados que tiene resguardados en una bodega la maestra que nunca juegan un verdadero rol dramático. Sí, son descubiertos, pero no se dejan sentir en la intensidad del drama. O la secuencia de la fotógrafa cuya labor queda al final en una mención de que les fueron decomisadas las fotos. Sin quitan esta secuencia la película no pierde nada.
Al final nos quedamos con una cierta insatisfacción que logramos dimensionar hasta que descubrimos las torpezas fílmicas del director.
viernes, 3 de septiembre de 2010
POSIBILIDADES DE LA ABSTRACCIÓN
Jeremías Ramírez Vasillas
Soy un admirador de la literatura de don Julio Cortázar, una admiración que nació desde que leí en la preparatoria “La autopista del sur”, en unas hojas mimeografiadas que nos repartió el profesor.
Le fui siguiendo los pasos y conseguí tres libros: Bestiario, Fin de juego y Las armas secretas. Y me divertí mucho con Historias de cronopios y de famas.
Dice la canción que a vida da sorpresas. Cuando estaba en la UNAM tuve el privilegio de ver a don Julio en una de esas visitas que hizo a la Universidad donde fue invitado a leer alguno de sus cuentos. El auditorio Che Guevara estaba a reventar. Él tuvo que llegar a la mesa que le habían colocado en el escenario saltando cuerpos y librando piernas.
Julio Cortázar tenía una gran capacidad imaginativa, casi enfermiza. El escribió en El último round esta frase: "Todo cuento breve […], y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones…”.
En su cuento “Posibilidades de la abstracción” esa cualidad imaginativa alcanza un nivel supremo.
Pero antes de entrar en materia, veamos que es la abstracción. La palabra viene del latín abstrahere, 'alejar, sustraer, separar', e indica la operación mental destinada a aislar conceptualmente una propiedad o función concreta de un objeto.
El protagonista de este cuento es un empleado de la UNESCO “y de otros organismos internacionales”. Es decir, tiene un trabajo de burócrata, un trabajo aburrido, un trabajo que le quita el buen humor a cualquiera. Sin embargo, el personaje dice: “pese a lo cual conservo un sentido del humor y especialmente una notable capacidad de abstracción, es decir, que si no me gusta un tipo lo borro del mapa con sólo decidirlo…”.
Yo, que he trabajado de burócrata, hubiese deseado tal habilidad pues son trabajos aplastantes que sólo esta capacidad nos salvaría del desastre emocional.
El personaje del cuento pasa esas aburridas horas de lo más divertido. Le gusta mentalmente eliminar partes de los cuerpos de la gente. A veces deja las orejas que aisladas las cuales parecen mariposas que se alinean, se agachan, a veces al unísono, a veces en desorden. “A la hora de la entrada era extraordinario el número de orejas que se desplazaban en la galería de acceso... En la cantina, a mediodía, había más de quinientas, simétricamente ordenadas en doble fila. Era divertido ver de cuando en cuando dos orejas que remontaban, salían de la fila y se alejaban. Parecían alas”.
Y así le da por ver, de pronto, sólo los relojes de pulsera o los botones “¡Oh espectáculo! El aire de la galería lleno de cardúmenes de ojos opacos que se desplazaban horizontalmente, mientras que a los lados de cada batallón horizontal se balanceaban pendularmente dos, tres o cuatro botones".
Y así juega cada día a ver sólo un objeto o una parte corporal o las lágrimas de su secretaria: “…por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial”.
A pesar de que lo despiden, él se reivindica con la vida gracias a su capacidad de abstracción que le permite ver “llena de hermosuras así”.
Hoy por hoy, Julio Cortázar sigue siendo un modelo, un paradigma, un faro de luz para quien quiere dedicarse al cuento.
La editorial Punto de lectura hace algunos años publicó todos sus cuentos en tres tomos. Sii no quiere comprar la obra completa o algunos de sus libros, en el internet es muy fácil encontrar sus cuentos y leerlos gratuitamente.
En esta pandemia, no se aburra, lea a don Julio Cortazar y pásesela bien, muy bien.
martes, 27 de julio de 2010
HISTORIA DE MÉXICO EN LA LITERATURA
Desde hace mucho tiempo me he preguntado por qué la historia de México es muy aburrida. Cuando estaba en la secundaria (No19 en Cuajimalpa) la historia mundial hacía que mi imaginación volara, no así la de México.
Recientemente me he impuesto la tarea de escribir una serie de relatos obre la historia de México. Para ello, me he puesto a leer cuanto he podido y de las páginas de los libros he localizado algunas anécdotas que prometen ser vetas para catapultar la imaginación.
De todos los libros que he consultado y leído, me he encontrado que los que ostentan un perfil académico están hechos como una ciénaga pantanosa. Están anegados de datos inútiles, escritos con una prosa paquidérmica, y una sintaxis, madre mía, para apedrear a un perro. No así lo que escribieron narradores o periodistas. Estos libros surcan los hechos históricos con una gracia y una ligereza profunda que hacen que los hechos históricos se hagan visibles y palpables.
El primer librito intenso que leí fue La Ruta de la Libertad, de mi querido maestro Fernando Benítez. Sus clases eran un verdadero viaje alucinógeno. Flaquillo como un pájaro, colgando de su nariz sus gruesos lentes, siempre enfundado en su traje gris de lana, mientras le coqueteaba a las compañeras, nos contaba de sus aventuras alucinantes con María Sabina.
En La ruta de la Libertad don Fernando toma su automóvil y viaja a Dolores Hidalgo, y mientras despliega ante nuestros ojos los paisajes que se le van presentando en su viaje siguiendo los pasos de Hidalgo desde Dolores hasta Chihuahua, pasando por diversos puntos intermedios: Atotonilco, San Miguel, Celaya, Guanajuato, Morelia (Valladolid), el Monte de las cruces, Aculco, Guadalajara, Saltillo, Chihuahua, Benítez va abriendo la memoria en el glorioso avance a la ciudad de México y en la penosa retirada hacia los desiertos norteños, perseguido y derrotado y finalmente capturado para ser sacrificado de la manera más vil de Chihuahua. En un par de días ya había el libro.
Otro libro intenso, ahora de la revolución, es la novelita de Francisco L. Urquizo, prolífico escritor, que tuvo la fortuna de ser testigo presencial de los hechos violentos de la revolución desde las filas más a flor de tierra hasta los altos mandos castrenses. Y supo blandir con astucia la pluma y el fusil para recoger estampas vívidas momentos profundamente humanos de esta cruenta revolución. En Fui Soldado de Levita de esos de caballería, Urquizo cuenta la historia de Desiderio González, un soldado, en su trajinar echando bala en las filas del ejército constitucionalista comandado por don Venustiano Carranza, prácticamente en toda la campaña para derrocar al usurpador Victoriano Huerta.
Otro reportero, John Reed, contribuye con esta semblanza de la revolución en su libro “México Insurgente”, donde da cuenta desde los intestinos de la revolución de este terrible drama. Las agallas de Reed lo llevan a reportear desde las mismísimas trincheras donde la vida era un soplo muy frágil.
Aun me falta releer Los de Abajo y los libros de Martín Luis Guzmán (Memorias de Pancho Villa, Muertes y El águila y la serpiente), y un tomo de cuentos que recopiló Luis Leal bajo el título “Cuentos de la revolución”, ah, y sin olvidar los memorables cuentos de Juan Rulfo, especialmente El llano en llamas, que le da título al libro.
Un consejo útil para los maestros es que para enseñar historia de México, deberían entrar primero por estos libros, hacer que los niños y adolescentes los lean, que se emocionen con las descripciones vívidas de estos hechos y ya luego, con esto de fondo, podrán revisar los bloques de mármol de los libros de texto. Nuestra conciencia histórica se vería fortalecida con tales lecturas.
sábado, 24 de julio de 2010
MEDEA
Ricardo Pérez Quitt nos ha llevado a meternos a las aguas de la tragedia para involucrarnos en un proceso de apropiación de la dramaturgia. Sus ejercicios bien sui generis (drama con lazo o con jarro o con pelota de arroz) nos han permitido descubrir el drama orgánicamente (es decir, con el ente corporal que juega un papel fundamental en el teatro). Drama es acción, acción física, acción emocional, acción mental, acción dramática.
Parte importante de esta inmersión al drama es el análisis de las tragedias griegas. Hemos leído Edipo Rey y Medea, oh, Medea. Qué tragedia más intensa. Ya había visto una versión moderna de esta tragedia, Medea según Ripstein (Así es la vida, 2001). De sus sórdidas películas esta es la que más me gusta aunque cuando la vi en un Festival de Expresión en corto me hizo sufrir la secuencia cuando Julia/Medea le da muerte de sus hijos.
Ahora, a partir del análisis de Medea de Eurípides, fui en busca de una versión de Medea que andaba perdida en mi videoteca: Medea de Lars Von Trier que realizó para televisión danesa en 1988. Esta película la basó en un proyecto del gran maestro del cine danés Carl Theodor Dreyer, quien dejó una adaptación de Medea sin realizar.
Medea, como es bien sabido hasta por quienes no han leído la obra, es la historia de una mujer despechada que después que su marido, Jasón, la abandona para casarse con Glauca, la hija de Creonte, rey de Corinto y con ello, según él, asegurar un futuro económico más promisorio para Medea y para los hijos que ha concebido con ella. Medea amenaza a todos y por ello Creonte la manda al exilio. Medea el pide a Creonte un día más para abandonar Corinto y aprovecha ese tiempo para urdir una venganza terrible: matar a Glauca con un vestido mágico envenenado y de paso a Creonte, y luego dar muerte a sus hijos para hacer desgraciada la vida de Jasón. El plan se cumple al pie de la letra culminando así la terrible tragedia.
Esta versión de Medea el final es cambiado: en vez de pasar a sus hijos a cuchillo Medea los ahorca. La secuencia es terriblemente estremecedora. El más pequeño no quiere y el mayorcito va por él y ayuda a su madre a ahorcarlo y luego él mismo le da el lazo a su madre para que lo ahorque a él y le ayuda a hacer los nudos.
Medea de Lars en México sólo se consigue con subtítulos en inglés, pero son tan poquitos y tan dramáticas la imágenes que conociendo la historia es fácil seguir la trama.
La película comienza con una Medea tirada en el agua donde llega el rey de Atenas y ella le cuenta su tragedia, luego hay una serie de secuencias sórdidas en cavernas, túneles, y habitaciones agobiantes que crean un clima ominoso y sórdido bien interesante. La secuencia de las bodas de Jasón se realizan en unas habitaciones apenas divididas por mantas que hacen más sensual el encuentro marital.
La película es extraordinaria pero creo que para entenderla y disfrutarla hay que gustar de un cine nada convencional y de haber leído con detalle Medea de Eurípides.
jueves, 15 de julio de 2010
CAMINANTES DE PIEDRA
por los pretiles del palacio,
levantan sus alas en un vuelo nunca hecho,
gritan con sus ojos de piedra
a los incautos de la calle
sueñan sueños de piedra y agua;
nadie los sacará de su espasmo congelado;
atrapados en un cuerpo laberinto de piedra
sienten correr el tiempo
como agua que jamás retorna,
y son testigos
de la voracidad del viento
que comerá inexorablemente
su cutis de cantera.
domingo, 11 de julio de 2010
EL ALIENISTA: MACHADO DE ASSIS
Si hay un tema que me seduce es el de la locura. Claro que no me gustaría tener una afección mental grave, pero si una dulce locura que me diera cierto sentido de libertad. De hecho, todos los que escribimos gozamos de una pizca de esa hermosa locura.
Sobre la locura he leído relatos extraordinarios como la novela de Ken Kesey, ¿Quién voló sobre el nido del cuco?, que sirvió de base para la película Atrapado sin salida, de Milos Forman, o Diario de un loco, de Nikolái Gógol, o la extraordinaria novela de Chejov, El pabellón No. 6, y el fascinante relato María de mi corazón de Gabriel García Márquez, llevado también al cine por Jaime Humberto Hermosillo.
Vagando por la librería Gandhi, descubrí una estante con ediciones especiales para esta librería a precios muy bajos. ¿Quién dice que los libros están muy caros? Esta colección tenía libros ya conocidos como El horla de Mauppasant o Bartebly de Melville. Dentro de ellos estaba El alienista del estupendo escritor brasileño Joaquín Machado de Assis.
Yo recién había conocido un texto de este escritor. En el taller de narrativa de Alberto Chimal analizamos uno de sus cuentos: Misa de gallo, que nos sirvió de modelo para ensayar un nuevo recurso narrativo: el texto disonante. En este cuento el protagonista es muy inocente y no se da cuenta nunca de que es objeto de una seducción, pero el lector si se da cuenta. El análisis de esta estrategia nos llevó a escribir una historia con esta característica.
Volviendo a El alienista. Con el antecedente de Misa de Gallo no dudé en comprarlo. Es una novelita corta de apenas 104 páginas que se leen con mucha fruición, pues Machado de Assis tiene la magia de atraparnos con el encantamiento de su escritura.
Machado de Assis nació en el Morro de Livramento, que es uno de los cerros que rodean Río de Janeiro, en 1839 y murió en 1908. Es decir, vivió en plena época de encantamiento de la ciencia que llevó a muchos pensadores y filósofos a creer que la ciencia iba a resolver todos los males que aquejaban a la vida humana y que el siglo XX la ciencia iba a hacer del mundo un paraíso. Bien sabemos ahora que sólo fue un espejismo.
La novela de Assis abreva en esta euforia por la ciencia. Simón Bacamarte, su personaje principal, es un estudioso de la medicina y la psicología y toma tan en serio su papel de científico que trastorna hasta la locura el pueblo en donde vive: Itaguaí.
Para llevar a cabo sus experimentos, con el apoyo del gobierno local, instala su institución mental conocida como “Casa verde”. Primero recluirá allí a los enfermos de síntomas evidentes. Su rigor científico lo llevará a dibujar nuevas fronteras de la salud mental ampliándola de tal manera que llega a recluir (usando la fuerza pública pues se le ha otorgado todo el poder necesario para apresar y condenar al encierro, todo en ello en aras de contribuir al desarrollo cientìfico) a 4 quintas partes de la población. El descontento social es tan virulento que la población se levanta en armas en su contra, revueltas que disolverá con su firmeza y aplomo.
El texto hace una radiografía del poder escudado en fines científicos y la fragilidad de las fronteras de la legalidad.
No sé si en este antecedente literario se basó Vargas Llosa para su voluminosa novela “La Casa verde”, ambas tan diferentes y tan similares.
Con esta lectura confirmo lo que los críticos dicen de Machado de Assis: que era “la figura más sobresaliente de la literatura realista brasileña.
viernes, 9 de julio de 2010
MI CASA
la casa de mi infancia dejó de ser mi casa
su patio grande
sus paredes tatuadas de humedad
sus vigas del techo, costillar de madera cruda, vértebras de una singular ballena
sus tabiques como dulces de amaranto
su gimiente puerta de madera,
su aroma a carbón a leche tierna
su danzante viento entre las tejas
son ahora rasgos del rostro de un extraño
de una tierra ajena
de un país de ignota geografía.
martes, 29 de junio de 2010
6º Encuentro de Escritores Salvatierra 2010

Hace ya 3 años que no acudía al encuentro literario en Salvatierra. Diversas circunstancias me habían alejado. El deseo de encontrarme con amigos entrañables, personas notables que se empeñan en seguir en la noble tarea de construir una nueva realidad, más bella, con sus palabras. Y que trabajan incasables, a pesar de los obstáculos, a pesar de los que se oponen, a pesar del olvido, a pesar de las políticas anticulturales. Este deseo de verlos me impulsó a ir.
Llegué tarde. El encuentro había empezado desde las 10 de la mañana. La sede del encuentro era, en esta ocasión, las instalaciones de la Escuela de Música de esa ciudad. Yo no sabía dónde estaba. En el Google Earth localicé la calle, el número y una foto de la fachada. Yo llegué a las 5:30 de la tarde. Una mesa de lectura estaba instalada en ese momento. Tímidamente, como quien llega tarde a una clase, busqué un asiento sigilosamente, sin llamar la atención. No había mucha gente. Exploré a los asistentes. Descubrí algunos rostros conocidos que me sonrieron. Algunos de los asistentes que me reconocieron se acercaron para saludarme efusivamente, como la poeta Nataly Montiel, el Dr. José H. Velázquez, también poeta, Miguel Cibrián (quien hace unos años me regaló su poemario Los reinos del aire), y Baudelio Camarillo, entre otros. En breve lapso estaba ya instalado como en casa.
La Escuela de Música de Salvatierra es una joven institución de apenas 16 de existencia, que al parecer estrena edificio, pequeño, pero acogedor. Es una construcción cuadrangular de una sola planta. En la parte central tiene un patio con un piso de loza blanca que le da un aspecto pulcro y ordenado. Alrededor del patio se construyeron algunos salones que sirven de aula pero que en esta ocasión se adecuaron, uno de ellos como comedor; otro, de sala de exposición de obras pictóricas. Del lado izquierdo hay un pequeño auditorio donde se llevaron a cabo las lecturas.
Un acierto del Encuentro fue la convocatoria que hicieron los organizadores a libreros y editores que instalaron mesas de libros con las obras de muchos de los presentes. Después de oír a los poetas se despertaba el deseo de continuar el diálogo con ellos. Para lograrlo bastaba abordarlos o bien comprar algunas de sus obras.
Tan pronto terminó la mesa a la que llegué a la mitad, se instaló una más a la cual fui invitado a leer lo que llevaba: tres cuentos breves, dos epigramas y un poema. La mesa estaba compuesta por algunos escritores conocidos como Ramón Granados (poeta sensible y cordial) que despertó las carcajadas con sus comentario pero particularmente con su poema “Bien fría, te quiero más”, que expresa su amor por esa bebida amarga y deleitable. También estaba la narradora Berónica (no es error, así se escribe su nombre) Palacios, directora de la revista literaria de Guadalajara Papalotzi, quien leyó unos de sus cuentos.
La noche nos alcanzó pero la palabra seguía activa. Terminada nuestra lectura, se presentó el libro sobre matemáticas que escribió Lucina Kathmann. Lucina es un gran personaje, es quizá la mujer más sonriente que he conocido en la vida. No sé donde nació, pero su acento marcadamente extranjero no le impide expresarse con vivacidad y precisión. Ella ha sido presidenta de Pen Internacional, la organización más grande de escritores que luchan por la libertad de expresión en todo el mundo. Su edad es plenamente incierta para mí. Sé que debe rebasar los 60 años pero su rostro, surcado hermosamente por marcadas arrugas, nunca lo he visto deteriorarse en los 10 años que tengo de conocerla. No es una anciana, sino una mujer madura y vigorosa que lucha incansablemente por los escritores perseguidos; pero además, escribe maravillosamente. En esta ocasión presentó un libro para niños cuyo propósito es enseñarle a los niños las matemáticas a través de las peripecias de un grupo de animalitos simpáticos de un bosque X que tienen la virtud de enseñar un tema tan árido en un envoltorio mágico. No recuerdo el título del libro y el internet (desafortunadamente) guarda silencio. A petición del público leyó un fragmento. Nos cautivó con su estrategia para enseñar los números negativos con unos canguros que tenían la afición de contar sus saltos como unidad de medida, pero uno de ellos, por extraña razón, sólo podía brincar para atrás.
Nos fuimos a cenar con la literatura prendida en los labios y en la mirada.
Al día siguiente se siguieron presentado libros, como el de poesía de Javier Malagón, Rosa Canela del Desierto, que tuvo el honor de ser presentado por Baudelio Camarillo; el de Francisco Moreno: Esperar el Alba, presentado por Aniceto Balcázar. Este es un libro duro como una piedra, filoso como el pedernal, que rompe el alba con su frases implacables: “Soy una rama de follaje, un pedazo de cieno atrapado en la voz, insomne construyo barcos con las cuatro paredes de mi cuarto” Y en otra parte dice: “No puedo quitarme de la mente que ‘La noche es el mar que nos separa’. Pienso que la noche es un río desbordado que nos destruye”.
Pero el Encuentro nos depararía una sorpresa mayúscula. Tuve que ir al baño mientras la actividad comenzaba. No oí la introducción pero cuando regresé en la mesa solo había una solitaria mujer junto a Miguel Cibrián. Se notaba en su rostro un trato duro con la vida. Su voz firme, categórica, cortaba el aire y el aliento. Sin cortapisas daba cuenta de sus primeros años de vida por las letras al lado de un hombre que buscaba ser su dueño más que su marido. ¿Quién era esta mujer que alzaba así su voz y estallaba en un machismo absurdo haciéndolo añicos? De pronto irrumpía su charla para leer algunos de sus poemas, sus descarnados poemas en los que no tenía piedad consigo misma, pero al mismo tiempo desbordaban una ternura, una pasión por la vida. Poco a poco, de mano de su voz y de sus poemas se me fue revelando una poetisa gigante, extraordinaria. Patricia, Patricia, repetía con frecuencia nominándose a sí misma. Patricia Medina es su nombre. Con desparpajo declaraba su sentir. Frente a sí tenía un montón de libros de poesía que ella había escrito y publicado a lo largo de su vida, libros en que daba cuenta de su duro itinerario por la vida. ¡Qué honestidad! ¡’Qué valentía! había entre sus tapas. Poco a poco fui admirando a esta mujer hasta hacerla, para mí, entrañable. Su vida no ha sido nada fácil ni aun después de ser una poeta multilaureada en certámenes nacionales e internacionales. Cuenta anécdotas crueles las cuales las exprime para sacar de allí una joya. Cuenta que un día caminaba por una calle de Guadalajara y que un joven venía en sentido contrario a ella con sus audífonos instalados en sus oídos. Al llegar frente a la poeta simplemente le dio un manotazo, la sacó de su camino y la botó al arroyo y siguió su camino como si se hubiera espantado una mosca. Por qué hizo eso, se pregunta Patricia, ¿será que cuando ya no producimos hijos ni deseos no servimos para nada? Este hecho la dejó reflexionando y en vez de sentirse víctima, pasó del pensamiento al papel ese detonador de la reflexión y la imaginación y escribió un libro que le valió un premio internacional. Y cuando recibió el premio agradeció a ese hijo de su madre (que seguramente ya no registraba en su memoria a la mujer que echó al arroyo) porque la había llevado a pensar, a descubrir y descubrirse cosas insospechadas y a escribir esta obra y a ganar ese premio. Terminó su charla en medio un prolongado aplauso. ¡Qué gran poeta es Patricia Medina!
Por la noche tuve la oportunidad de platicar largamente con ella. Mi admiración creció más y aun sigue creciendo a través de la lectura de sus poemas de un libro que de ella me traje, “Tras tornar”, donde encuentro joyas como esta:
55
Sin el agua
¿el pez sería el pez?
¿Qué sería yo
si se prohibieran todas las palabras?
O este otro:
54
¿La cáscara es el vestido?
Le pregunto al mendigo
y me responde:
la mugre me protege contra el frío.
La naranja me dice:
sin la cáscara escaparía mi jugo.
¿Cuál es el verdadero rostro?
le pregunto al transeúnte
y me responde:
¿cuál necesitas hoy?
El payaso me dice:
el real es el que avala mi trabajo.
¿Cuál límite crucé
que hice la piel trinchera
y al vestido lo volví subterfugio?
El encuentro terminó entre abrazos y sonrisas, aderezados con la música de la banda infantil del esta escuela de música.
Cuando viajaba de regreso traía conmigo el buen sabor de no sólo haber estado en un encuentro memorable, sino además de haber hecho nuevos amigos como Walter Jay Nava, Patricia Medina y su hija, Patricia Velasco y Lorena Rodríguez, buena cuentista y buena guionista.
Estupendo evento literario fue este 6º Encuentro. En hora buena. Felicito calurosamente al Dr. Velázquez por su insistencia, a sus no menos aguerridos colaboradores: Luz Elena y Miguel Cibrián, entre los pocos que identifico como organizadores.
Hasta dentro de un año volveremos a encontrar cobijados por la mano amorosa de Salvatierra y de sus anfitriones. GRACIAS.
lunes, 14 de junio de 2010
UN DIA EN LA VIDA DE UN OBRERO
Hace poco, vagando en la Comercial Mexicana, descubrí unos libros de una editorial que no conocía: Belcqva; libros gris oscuro, buen tamaño y buena letra, con una serie de autores para mi desconocidos, salvo uno: Guillermo Arriaga, el guionista de Amores Perros, cuya editorial le publica El búfalo de la noche.
Compré dos libros de esta editorial, uno de ellos de una escritora china: Chi Li, autora para mi desconocida. Dice la contratapa que es “una figura importante en la literatura china”. También dice que “Es miembro de la Asociación de Escritores de Wuhan”. En uan página de internet leí que es catalogada como una de las mejores exponentes del nerorrealismo literario chino. Wuhan es la capital de la provincia de Hubei, una región situada en el centro del país. Dicha ciudad es atravesada por el río Yangtzé.
La novela que compré de esta autora se titula Triste vida y narra un día en la vida de un obrero. No es una novedad este lapso en la literatura. Stephan Zwieg escribió la novela 24 horas en la vida de una mujer.
Esta novela narra un día en la vida de Yin Jiahou, casado con una rijosa mujer que le hace la vida difícil, particularmente porque el dinero que gana Yin no es suficiente para tener una vida sin aprietos y carencias.
La novela, justamente realista, retrata con detalle las penurias que vive su personaje: comienza desde que se despierta en la madrugada y lo sigue en su preparación para ir a la fábrica, y la narración viaja con él en el trayecto bastante largo para llegar a su trabajo en diversos medios de transporte: camión y barco, todos atestados de gente que va a su trabajo.
A las penurias de su viaje se suma la su penosa vida de obrero mal pagado, las injusticias de su trabajo (este día, precisamente, le disminuyen el bono que debe recibir y cuyo dinero ya ha sido destino por él y su mujer). Otra losa que pesa sobre su ánimo es una vieja relación amorosa frustrada que le es despertada por una joven maestra que ese día cuida a su hijo que se lo ha llevado con él y lo ha puesto en la guardería de la fábrica. Y se agrega también la tentación de enrolarse amorosamente con una de sus compañeras de trabajo que lo acosa y lo reta a una aventura intensa.
De regreso a su casa debe rumiar sus derrotas y frustraciones para pasar las últimas ¡horas del día con cierta armonía con su mujer.
Es una novela corta escrita con melancolía y verosimilitud. No hay en ella ningún hallazgo formal; sigue una línea narrativa cronológica, cuyo interés se genera desde el principio cuando su hijo se cae de la cama y su mujer pelea con él por este hecho. De aquí arrancan sus dificultades cotidianas.
La novela termina con el deseo del personaje de que todo sea un sueño, un sueño que terminará en algo mejor cuando despierte. Y esto me hizo recordar la vieja canción de chava flores: A que le tiras cuando sueñas mexicano.
Es una novela sencilla, simple, como su personaje, que tiene la virtud de transparentar un hecho conocido: las penurias de la clase trabajadora inclusive en un régimen que se instituyó a favor precisamente de los trabajadores. ¡Vaya cruel ironía!
domingo, 6 de junio de 2010
EN MEMORIA DEL REINO
EL GARABATO: Vicente Leñero
Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...
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Jeremías Ramírez Vasillas Soy un admirador de la literatura de don Julio Cortázar, una admiración que nació desde que leí en la preparator...
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Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...