sábado, 28 de agosto de 2021

MALA LECHE: POR QUÉ LOS ALIMENTOS ULTRA PROCESADOS NOS ENFERMAN DESDE CHICOS


Jeremías Ramírez

El titulo de este libro llama la atención desde que está en el estante. Como podemos ver en la foto, sobre un fondo verde sobresalen las dos palabras iniciales: Mala Leche, que en nuestro lenguaje coloquial significa: "Hacer algo con malas intenciones"; pero, además, por el color de esas letras (rosa mexicano), el de la portada (un verde fosforescente) y el enorme tamaño de su tipografía es inevitable no verlo. 

Lo tomé, revisé los textos de la portada, de la contraportada y mi primera valoración fue que se trataba de un libro con un título llamativo, pero con un contenido sin profundidad.  Estuve tentado a dejarlo en su lugar, pero pensé que tal vez pudiera tener alguna información interesante, y decidí darle el beneficio de la duda. Aún así me pesó pagar casi 300 pesos por él.

Como es mi costumbre, tan pronto salí del centro comercial le quité el celofán y empecé a leerlo; llegué a mi casa y seguí leyendo. No me gustó que iniciara con un drama familiar: la autora relata la resistencia de su hijo de unos ocho años por cambiar sus gustos por los jugos, pastelillos, galletitas y resistirse a aceptar comida nutritiva. 

De ahí da paso a hacer una semblanza, en un tono un tanto de queja, de los productos de las grandes industrias que inundan los centros comerciales con empaques llamativos y promesas grandilocuentes. Paré la lectura. 

Dejé  sobre el libro sobre la mesa del comedor y cada que lo veía pensaba si debía seguir leyendo o sería mejor ponerlo en el librero y esperar a que algún día me interesara. 

Sin embargo, en menos de una semana volví a la lectura. De pronto, el reportaje (en se momento me di cuenta de que el libro era un trabajo de investigación periodística) da un giro, traspasa una puerta y, sin previo aviso, entra a un laboratorio donde se preparan las imágenes publicitarias atractivas y se definen ciertas recetas con sabores con un alto poder de seducción para lo sectores juveniles. 

En este capítulo la autora abría un pestilente bote de la basura y hundía mis narices en esos aromas penetrantes dulces que se tornaban de pronto en fétidos.

Barruti me acababa de introducir a la antesala del escabroso mundo de las grandes marcas de alimentos procesados para de ahí bajar a los sótanos de una industria que, pese a que son famosas y bien conocidas, pocos han ido más allá de sus fachadas y han penetrado al inframundo industrial alimentario y descubrir los terribles mecanismos de poder y manipulación que ahí se definen.

De los laboratorios, Barruti nos adentra a la pampa argentina en un tour a force por las granjas lecheras para mostrarnos un escabroso cuadro de maltrato animal donde las vacas son, como esclavas productoras leche, sobreexplotadas y exprimidas, literalmente, hasta la última gota, tras llevar una vida miserable en un encierro carcelario terrible donde sufren al grado máximo. El cuadro que nos muestra Barruti no está lejos de los campos de concentración nazi. 

Esto le permite informarnos lo que contiene cada litro de esa sustancia blanca, pura, impoluta que encontramos en el supermercado sin advertir que es un caldo nocivo de antibióticos, pus y toxinas que a diario ingiere el consumidor pensando que es comida saludable.

Hundidos en el cieno de la podredumbre, Barruti ahora nos lleva, cual Virgilio, a un círculo más del infierno y nos sumerge en la selva amazónica para descubrir como las marcas han ido devorando la vida vegetal de la selva para impulsar el cultivo del maíz y obtener uno de sus componentes más peligrosos y dañinos de los productos ultraprocesados: el jarabe de maíz de alta fructuosa, la cual, advierten muchos médicos, es la responsable en la generación de graves enfermedades como la diabetes.

Paso a paso nos adentramos en la selva hasta llegar a los pueblos más recónditos que no han podido evitar que el largo brazo del capitalismo alimentario los alcance y se instale en sus comunidades, en las tienditas de sus escuelas y lleguen a los desayunos escolares seduciendo a los niños con sus colores y sabores llenos de azúcar.

Pero el fondo de este infierno no está en la selva o en los laboratorios, sino en los basureros argentinos en donde los sin nada, los pobres de los pobres, van a buscar comida y encontraban muchos productos ultra procesados, aun en sus empaques intactos, con los que paliaban el hambre. Ah, pero un día los dueños de las marcas se dan cuenta de lo que sucede: los parias consumen sus productos sin pagar y se les ocurre una idea genial para extraer ganancias de estos productos caducos: los bancos de alimentos.

A través de estos bancos exprimen aún más el trapo financiero para arrancarle las últimas gotas de monedas tintineantes, pues los productos, que antes iban a la basura, ahora son ofrecidos a precios muy bajos a los miserables. Ya no más comida gratis. Y estos bancos, además, les sirve para justificar impuestos y crearse una imagen de almas caritativas que se preocupan por el bienestar de los pobres y colocan en sus empaques la leyenda de que son empresas socialmente responsables.

Barruti, imparable, llega a Colombia donde nos muestra los esfuerzos de luchadores sociales en contra de las marcas y aterriza en México, en la selva lacandona, para embarrarnos la tragedia de los indígenas chiapanecos esclavizados al consumo de la “sagrada coca”, como ellos la llaman, y quienes tienen el récord más alto de consumo per cápita: 2.5 litros por persona, y por ello, han sido afectados por un ramillete de bonitas enfermedades: diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc.

Las últimas páginas del libro las reserva para regalarnos un poquito de oxígeno. En medio de lo que parece una tragedia sin fin, surgen finalmente en la escena los superhéroes, los pequeños Davids que, armados con sus hondas, intentan derribar a los Goliats empresariales. 

Sus pequeñas hondas son su conciencia, su necesidad de salir de las garras y sus conocimientos en agroecología con las cuales han podido avanzar metro a metro con cultivos orgánicos plantados, bien en campos agrícolas reducidos, o en pequeñas parcelas citadinas, en donde han visto crecer sus esfuerzos, generando un movimiento que poco a poco va atravesando fronteras y permitiendo el surgimiento de un movimiento en favor de la vida en muchos países tercermundistas. 

Vaya viaje a los que nos ha llevado esta periodista argentina. Al llegar a la última página nos damos cuenta que ya no somos los mismos. La tragedia que se camufla en la normalidad cotidiana, ahora nos brinca desenmascarada cuando vemos a un niño, un anciano, un albañil, una ama de casa, cargados de botellas de refrescos y sentimos algo que nos hiere por dentro. Ahí van inocentemente a disfrutar “la chispa de la vida” llenando sus cuerpos de enfermedad, dolor y muerte. 

Tras la lectura de este libro, ya no podemos ser insensibles ante la tragedia que se va fraguando sin que podamos hacer algo más allá que contemplar con ojos de tristeza la absurda realidad.

El consumo de estos productos es la razón, afirma el Doctor colombiano Carlos Jaramillo, del alto índice de muertes por enfermedades cardiovasculares, diabetes y del COVID.

Este libro es fácil de encontrar en las grandes librerías, en portales de internet, como Amazon, y hasta en las secciones de libros en las tiendas de autoservicio. 


domingo, 22 de agosto de 2021

COMETAS EN EL CIELO


Jeremías Ramírez

Si un libro puede describirse con un adjetivo yo diría que Cometas es el cielo es amargo. No un amargo como el chocolate sin azúcar o la cerveza que son placenteros, sino como la ruda o el ajenjo o, quizá, como el arsénico.

Gran parte de esta amargura proviene de la tragedia política religiosa que se cernió sobre Kabul, Afganistán, en los años noventa, escenario geográfico en el que se desarrolla la parte medular de esta novela, aunado a la discriminación racial de algunos grupos étnicos existente hasta la actualidad en ese país. 

Las noticias de estos últimos días nos dan cuenta que, después de un lapso de 20 años, regresa a Kabul el terror, un terror descrito en las páginas de este libro de manera dolorosa.

Los protagonistas son dos niños: Amir y Hassan, amigos inseparables, cómplices de aventuras infantiles, que comparten la misma casa, pero viven vidas diferentes. Amir es hijo del dueño y por tanto tiene todos los privilegios que da el poder económico. Hassan, por el contrario, como hijo del mayordomo, vive en una cabaña pobre al fondo de la propiedad, y junto con su padre, desempeña tareas de criado y no tienen acceso a la educación ni aprende a leer, como Amir. Además, en su contra pesan los prejuicios sociales y raciales. Hassan es un niño hazara al que su madre abandonó después de su nacimiento y su padre, víctima de la polio, tiene una pierna lisiada, la cual lo hace objeto de burlas de los niños del lugar. 

Para entender los prejuicios raciales es importante saber que los hazara son un grupo étnico de lengua persa que reside en la región central de Afganistán y el noroeste de Pakistán. Y están rodeados por los uzbecos al norte, los nuristaníes y los pastunes al este, los baluche al sur y los turcomanos al oeste. Sus rasgos físicos (ojos rasgados, cara redonda) los hace rápidamente identificables y por ello fácil blanco de ataques verbales y físicos.

Por lo anterior, Hassan es objeto de agresiones incluso de su amigo entrañable: Amir, quien lo trata bastante mal. A pesar de ello, ambos sienten un cariño el uno por el otro, aunque Hassan, a diferencia de Amir, su amistad es incondicional al grado de sacrificarse por su amigo y amo, pero no así Amir, quien es débil y cobarde.

Uno de los eventos que más disfrutan ambos son las competencias anuales de cometas (papalotes, decimos en México). Amir sueña con ganar alguna vez una competencia anual y de esa forma conquistar el cariño de su padre que siempre lo ha tratado con dureza, y le causa envidia y dolor que trate con mayor gentileza a Hassan. Muchos años después descubrirá por qué.

Finalmente, en 1975, cuando Amir tiene 12 años, logra ganar la competencia de cometas. Cuando Hassan va a rescatar el último cometa que lograron derribar, unos tipos que con frecuencia los acosan vejan de forma terrible a Hassan. Y Amir es testigo de tal vejación y, aunque se siente tentado a defender a su amigo, su cobardía lo paraliza y no hace nada. Este hecho hunde a Amir en una tormentosa culpa de la cuál no logra liberarse hasta después de muchos años. Esta culpa, además, rompe la amistad entre ambos. 

La ruptura se ahonda cuando los rusos invaden Afganistán en 1980 pues obliga a que Amir y su padre tengan que huir de Kabul y buscar asilo en Estados Unidos donde terminan viviendo . 

Sin embargo, los lazos que unen a Amir con Afganistán y con Hassan son tan fuertes que un día tendrá que regresar y poner orden en lo que quedó sin resolver.

Y ese día llega cuando en el 2001 le llama por teléfono Rahim Kan. amigo de su padre y socio en sus negocios afganos, y quien se quedó con la casa tras la huida de éste y su padre a los Estados Unidos. Para entonces Amir ya es un hombre de 38 años, casado, y con una carrera, como escritor, bien establecida. Esa llamada marca el momento en que finalmente podrá poner en paz su alma. El precio que tiene que pagar es muy, muy alto, pero Amir ahora tiene el valor de afrontarlo.

Cuando empecé a leer esta novela no podía comprender que un relato tan parecido a muchos otros, sin nada sobresaliente, se había convertido en un éxito de ventas con más de 23 millones de ejemplares vendidos. 

Me pareció ilustrativo y nostálgico el relato de ambos niños hasta la competencia de los cometas. Ambos eran diestros en el manejo de esos juguetes, aunque Hassan era mucho mejor que su amo. Y me dolió la manera en que sufre este muchacho. De alguna manera yo también sufrí esa discriminación por mi piel morena y porque mi familia no era católica, pero nada comparado con lo que sufre Hassan.

La estancia de Amir en Estados Unidos, sus dificultades como inmigrante, pero que, gracias a la comunidad afgana asentada en este país, le permite a él y a su padre que logren cierto status, eleva la novela a otro plano narrativo, pero aún nada sobresaliente. Pero cuando regresa a Afganistán, tras la llamada de Rahim Kan, la novela sube mucho de tono. 

Es en esta tercera parte descubrimos que debajo del entramado familiar y social entre Amir y Hasan se esconden hilos trágicos. Sucede que Hassan es más que un simple compañero de juegos, un amigo de infancia, que los lazos que lo unen con él no son de criado amo, sino que hay un lazo de consanguinidad. 

Rahim Kan le dice, en esa llamada con la que empieza la novela, que “hay una manera de volver a ser bueno”. ¿Qué sabía Rahim de lo que había sucedido entre Amir y Hassan cuando ambos tenían doce años, si Amir había guardado dolorosamente el secreto sin contárselo a nadie, ni a su esposa? 

Rahim le ha hablado desde Peshawar, una ciudad fronteriza de Pakistán, y desde la cual Amir viajará a Kabul para saldar su cuenta pendiente con Hassan, un Hassan que ya no existe pero que ha dejado tras de sí a una persona importante que ahora Amir tiene que rescatar para limpiar su culpa.

Cuando regresa al país que lo vio nacer y crecer y donde aprendió los aspectos importantes de la vida, descubre que es ahora un escenario de guerra, con tanques y camiones rusos abandonados y en ruinas, y dominada por los talibanes que han instaurado un régimen de terror. 

En ese Kabul convulsionado como su alma es el escenario donde Amir se confrontará con su pasado, un pasado que sigue vivo. Además, allí tendrá que enfrentar a un cruel enemigo de la infancia que ahora tiene poder y quien se ha convertido en la máquina de matar que ya se veía vislumbrar desde que era un niño abusivo.

Estas últimas 100 páginas de la novela me permitieron entender por qué se convirtió en un libro de ventas millonarias. Ahí hay un estremecedor relato trágico que lanza un mensaje urgente para una sociedad apática que no alcanza a ver las tragedias que el ser humano irredento sigue causando. 

Lo que alcanzamos a ver a través de los noticiarios no es ni la punta del iceberg de esa tragedia. Pero, esta novela tiene la virtud de proyectarnos la película de su tragedia en cámara lenta y nos obliga a sentir a flor de piel el horror de niños y familias enteras, indefensos ante la crueldad de los fanáticos religiosos enfermos de poder, y de las burocracias del mundo que se muestran indiferentes viviendo cómodamente y disfrutando una vida que se sustenta en esa crueldad. Una tragedia que en estos últimos días ha regresado a Afganistán. Los noticieros televisivos nos muestran algunas imágenes del inicio de una nueva tragedia, aunque los talibanes de ahora digan que instaurarán un régimen diferente y respetuoso. Pronto comprobaremos si estos es verdad.

La novela se cierra de manera dolorosa. Pareciera que todos los esfuerzos de Amir y el precio que tuvo que pagar por su redención no logra los frutos esperados, pero en las últimas líneas lanza un débil rayito de esperanza. Y los cometas en el cielo siguen siendo una señal de consuelo para la gente que sufre y para quienes parece que no hay ningún horizonte promisorio. 


domingo, 15 de agosto de 2021

LA SANGUIJUELA DE MI NIÑA


Jeremías Ramírez 

No, no me gustan las historias de vampiros, pero he leído algunas novelas como Drácula de Bram Stocker que me gustó muchísimo. Y hay algunas películas que a pesar de mi aversión he visto y me han gustado tanto al grado de tener algunas en mi acervo personal, como el Nosferatu (1922) de Murnau y Nosferatu (1979) de Werner Herzog. Y quedé fascinado con la película de dibujos animados Vampiros en la Habana (1983), una película realmente encantadora, divertida, jocosa, con ese toque caribeño propio del cine cubano. 

Esta película, realizada por Juan Padrón, la vi gracias a que hace años vinieron a Celaya dos cubanos para impartir una serie de conferencias y un curso de apreciación de cine y traían en VHS una copia de esta película y me la pirateé. Ups. Me gustó porque la película narra de manera muy divertida la historia de Werner Amadeus Von Drácula, un vampiro refugiado en Cuba, que busca una fórmula para que no les afecte el sol. La fórmula falla y su padre muere (es decir, mata al mismísimo conde Drácula). Expatriado se refugia en Cuba en compañía de su sobrino, Joseph Amadeus Von Drácula, mejor conocido como Pepito, quien se convierte en el conejillo de indias del científico. La fórmula tiene éxito y Pepito vive como cualquier persona, disfrutando del sol. El éxito de la fórmula desata la lucha entre dos bandas de vampiros, la de Chicago y la de Alemania . 

Todo esto viene a cuento porque recientemente leí La sanguijuela de mi niña (1995), una novela de vampiros de Christopher Moore, un escritor estadounidense, nacido en Ohio, quien ha escrito unas 12 novelas calificadas como “ficción absurda”.

Compré La sanguijuela de mi niña porque la contraportada prometía un “hilarante relato”, que rompería con los moldes harto sobados de las historias de estos chupasangre, pero cuando la leí, ¡oh decepción!, no encontré tal hilaridad, salvo en leves destellos pero que más bien parecen bromas fallidas. El libro tiene a su favor que se lee con facilidad, aunque molestan los lugares comunes de la traducción al español de España, pero su trama ágil y atractiva la hacen apta para una película, aunque quizá funcionaría mejor para una serie de televisión. No entiendo cómo ha pasado desapercibida para los productores de HBO o Netflix, a pesar de que, como dice su autor, los derechos de todas sus novelas han sido comprados para adaptarse al cine, sin que hasta el momento alguna de ellas haya sido llevada a la pantalla. Se supone que Un trabajo muy sucio estaba en proceso de adaptación para televisión, pero no hay información al respecto. 

La historia de La sanguijuela de mi niña esta ubicada en San Francisco en la que Jody, una pelirroja, una noche, al salir del trabajo, es mordida por un solitario y viejo vampiro afectado por la soledad que busca una compañera. Jody parece ser la mejor candidata por en su nueva condición de vampira pasa las pruebas y demuestra ser apta, pero tendrá que arreglárselas para sobrevivir con su intolerancia al sol, una dieta exclusiva de sangre (los alimentos normales le dan asco), una fortaleza física extraordinaria que debe aprender a manejar, entre otras novedades. A pesar de sus virtudes necesitará ayuda porque de día es totalmente vulnerable e incapaz hasta para estar despierta, aunque el lugar donde trate de descansar esté en penumbra total. Por esta razón, Jody necesita que una persona normal la ayude a conseguir lo más elemental: hacer las compras, adquirir una casa, sacar su auto del corralón y todas las tareas que sólo se pueden hacer de día. 

Para su fortuna consigue que un recién llegado a San Francisco, C. Thomas Flood, que aspira a ser un escritor. Tommy será entonces su amante, su criado, su escudero, su protector, y quien tratará de librarla de viejo vampiro que la acosa buscando que acepte ser su pareja so pena de destruirla y de destruir a Tommy.

La novela, más que de horror, es una historia de amor, de nostalgia, de vacío, de soledad, en un marco harto trillado de las historias de vampiros a pesar de sus intentonas de innovación, como la regeneración de la carne, la vulnerabilidad, la capacidad de transformarse en humo, y la subtrama policiaca. 

Definitivamente la novela se queda muy lejos de Drácula de Bram Stocker y de Entrevista con el vampiro (1976), de Anne Rice. Y quizá esta novela no ha sido adaptada al cine porque sus más cercanas contrincantes son mejores:  Carmilla, de J. Sheridan Le Fanu (1872), Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004), El Misterio de Salem's Lot, de Stephen King (1975), Crepúsculo, de Stephanie Meyer (2005), La Historiadora, de Elizabeth Kostova (2005), El Sueño del Fevre, de George R.R. Martin (1982), El alma del vampiro, de Poppy Z. Brite (1992), 30 días de noche, de Steve Niles y Ben Templesmith (2002).

Y si llega al cine, deberá de competir contra obras maestras como Nosferatu, de Herzog, Drácula (1992) de Coppola, Entrevista con el vampiro (1994) de Neil Jordan, entre las mejores.

Y creo que será difícil que iguale a la mejor película contemporánea de vampiros: Déjame entrar (Suecia, 2008), de Tomas Alfredson, en la que Oskar, un chico de 12 años, que sufre continuamente el acoso de algunos compañeros de su clase, desea ardientemente tener un amigo. Su deseo se cumple cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una niña misteriosa: seria, muy pálida, que sólo sale por las noches y, aparentemente, no le afectan las bajas temperaturas. De pronto, se dan varias desapariciones y asesinatos inexplicables que coinciden con la llegada de la chica.

No he leído aún la novela, pero la película es muy buena, tan buena que Hollywood acaba de hacer un remake (léase, una calca). 

Jordi Revert, de La butaca.net, nos dice de esta película sueca sobresale porque: “Empezando por ese antológico final bajo el agua y terminando por los planos detalle que reivindican significados diferentes de los leonianos, la planificación con la que Anderson ilustra la novela de John Ajvide Lindqvist raya en la perfección. Tanto en el asentamiento de la opresión social en la que se inscribe, como en la perfecta delimitación de una economía visual, en la que cada plano, cada movimiento de cámara, tienen su razón de ser y disfruta la máxima eficacia”.

Esta película se estrenó en México en febrero del 2009, calificada en la prensa nacional como “anti crepúsculo”. Y fue distribuida por Canana Films. Usted puede ver esta película completa en: https://www.youtube.com/watch?v=vVl-D_0hJUY.

 


sábado, 7 de agosto de 2021

LOS LIBROS Y LA NOCHE Andrés Galindo


Jeremías Ramírez

Una de las características más interesante de las mejores minificciones son sus giros sorpresivos, sus soluciones imaginativas y una alta dosis de ironía y buen humor. 

En las minificciones de Los libros y la noche el humor es el factor común que hermana las 42 minificciones que integran su corpus; humor que, además, tiene una buena dosis de ironía mordaz e inteligente y, a veces, escabrosa. 

Desde el inicio, sin round de estudio, le lanza al lector un derechazo en la “Advertencia 1” que va dirigida a un coleccionista (como hay muchos) que va a las presentaciones a conseguir libros autografiados sin importarle el contenido. A este personaje, luego que ha descrito de manera irónica los lugares comunes de cualquier presentación, lo toma de las solapas y lo sacude: “Ahora sí, desocupado lector, piense una, dos y hasta tres veces antes de abrir su cartera. ¿Ya está seguro, completamente seguro?”. 

En la Advertencia 2 se dirige a un “estimado ladrón de libros”, a quien primero alaba: “…robar un libro, eso es sí es digno de elogio: ¿quién mierdas roba un libro, y de minificciones? ¡Carajo!”, pero antes de cerrar la advertencia, le lanza dos uppercut y un gancho al hígado: “Si su presunto robo se reduce al despreciable lavado de palabras… No intente… regalar el libro” ni dejarlo en una banca y “Mucho menos trate de revender esta colección de palabras muertas en el mercado negro, porque ahí estaré yo, preparado para meterle dos tiros por su mal gusto”.

Las ráfagas de buen humor van apareciendo a cada vuelta de página y para ello el autor utiliza diversos recursos. Por ejemplo, parodia dichos populares: 

Fe de erratas

No hay mal libro que por bien no venga.

O tomando en consideración las circunstancias adversas que acosan diariamente a los mexicanos: 

Cita a ciegas

Son tiempos violentos para la minificción; sí, también para la minificción. Anda tanto minificcionista suelto (en internet, en los fanzines, en las imprentas, en este libro) que tengo tanto miedo de que alguien venga a recogerme o a pegarme un tiro a la cabeza y reclame este libro como propio, estaría en su derecho… y yo también. 

Y de pronto, este el humor juguetón da paso al horror salpicado de cierto bizarrismo: 

El anticristo

“No, no me estoy acostando con otras mujeres”, le dije a mi esposa, pero cuando la cabra parió se dio cuenta del engaño. 

O bien, convierte a las minificciones en lugares de reunión de obras y autores con tal liberalidad que el lector debe tener esos referentes en mente para disfrutar ese divertimento: 

El congreso

Vine a Comala porque me dijeron que aquí había un congreso de cronopios sobre un ciego argentino que soñaba con molinos de viento. 

Y a medida que avanzamos en la lectura encontramos una y otra vez este buen humor que de pronto se trastoca en humor negro:  

Justo por pecador 

¡No dejes que me muera, papá, no dejes que me muera”, me gritaba mi hijo, apretando mi mano son sus deditos; a mí, que había dado muerte a tantos.

Y es que, tal vez, algo nos ronda sin saber si un moscardón o un molesto tinitus que afecta a más de un anciano lector con un pasado estridente:

Algo por ahí 

No dejaba de zumbarle los oídos, por eso se rascó con un dedo, un cotonete, un alfiler, un cuchillo, un revolver.

O juguetea parodiando el famoso Dinosaurio de Augusto Monterroso:

Inception I.4

Cuando despertó, todavía era la bella durmiente.

Este  humor antisolemne también lo utiliza para sacudir al lector y empujarlo a un tobogán enloquecido y esquizofrénico.

Mariana

Fue Mariana; Mariana mató a mi hijo. Yo la vi salir del cuarto con las manos manchadas de sangre. Luego, nadie me creyó. Me encerraron aquí. Me dijeron que Mariana había muerto tres años atrás. Yo no lo sé, pero todavía la llego a encontrar a través de los espejos.

Los libros y la noche se lee literalmente en una sentada, pero déjeme advertirle y que si lo hace en un lugar público, como en una cafetería o un restaurante, se corre el riesgo de hacer el ridículo, porque de una página podemos soltar una carcajada.

Instrucciones

Si llegaste a esta parte del libro ya puedes sentirte satisfecho. En lo que sigue, con gusto y toda confianza, puedes ir al baño. Una vez hecho lo propio, puedes limpiarte el trasero… ¡Espera! ¿Qué haces? ¿Quién te dijo que te limpiaras con la página tres! Usa el papel higiénico y sigue leyendo; sólo es un libro de minificciones, seguro lo lees de una sentada. Al terminar, no olvides darle un like y Compartir… ¡Al libro, al libro! A nadie le gusta usar papel higiénico usado, lo sé por experiencia.

Ahora bien, si usted llegó a esta altura de esta apretada reseña tan vez se pregunte (y me pregunte) por qué tiene un título demasiado serio; las palabras “libros” y “noche” sugieren aspectos serios de la vida.  

Bueno, en primer lugar, porque hay un cuento en este libro con ese título en el que el protagonista es nada menos que don Quijote de la Mancha, de quien dice que: “…del mucho leer fue perdiendo la vista, de manera que vino a confundir molinos con gigantes, bacías con yelmos, amores con fantasmas”. Sin embargo: “…podía carecer de buena vista pero no de buen oído”, de modo que “…escuchaba las palabras de los hombres necios y, en mientes, se decía: ‘Prefiero vivir de los libros y perder la vista a seguir mirando los ruidos ensordecedores de eso que otros llaman realidad’”.

Pero hay más, el título como tal es una frase que aparece en el Poema de los Dones, de Jorge Luis Borges, en el que con un finísimo humor escribe:  “Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche”. 

En este poema pareciera que no hay humor sino, en todo caso, un reclamo a Dios (aunque nos advierte que nadie se atreva a juzgar los designios divinos) por la cruel ironía de haberle otorgado a este amoroso de los libros trabajar en el paraíso de los lectores: una biblioteca, pero al mismo tiempo que cayera sobre él una temprana ceguera que progresivamente fue avanzando dificultándole el disfrute de ese paraíso, hasta dejarlo  definitivamente ciego a los 55 años. 

Pero en una de las conferencia que dictó en 1977 advertimos ese humor, que de alguna manera está en el poema, cuando afirmó que su ceguera era “modesta” (¿hay cegueras modestas?): “…en primer término, —subrayó— porque es ceguera total de un ojo, parcial del otro. Todavía puedo descifrar algunos colores, todavía puedo descifrar el verde y el azul. Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo” . 

Como vemos, Borges no tomaba esta situación en un sentido trágico. Así este libro, que puede abordar temas escabrosos con un saludable sentido del humor:

Fue una noche de invierno cuando vi despertar a Adelaida; caminaba con otros muertos. Entre llantos, tuve que descargar el hacha sobre su cabeza.

NOTA:

Si quisiera comprar este libro, lo puede hacer en las mejores librerías de la Ciudad de México o solicitarlo a la página de la editorial La tinta del silencio. Apoyemos a las editoriales independientes pues son las que se atreven a darle voz a los autores que las grandes desdeñan, y entre estos hay verdaderas joyas. 


viernes, 6 de agosto de 2021

ARSÈNE LUPIN: CABALLERO LADRÓN Y HERLOCK SHOLMES


Jeremías Ramírez

Los lectores descubrimos los libros de diversas maneras: a través de un anuncio publicitario, de un programa de radio o televisión sobre literatura; por la recomendación de un amigo; o que un maestro deje de tarea leer un libro (así descubrí muchos en mis clases de literatura en la prepa); o los descubrirnos en algún puesto de periódicos; o si entramos en una librería ni se diga: ahí lo que llama la atención es el diseño de la portada o un título que nos suena interesante o un autor que ya hemos escuchado o hemos leído… O bien, cuando vemos una película y en los créditos descubrimos que esa historia que nos fascinó provino de un libro.  Son tantas las maneras en que un libro nos sale al paso.

Las aventuras de ArsèneLupin se me presentaron por primera vez a través de la enorme cara negra de Omar Sy, actor, humorista y comediante francés de ascendencia senegalesa y mauritana, protagonista del personaje principal en la serie francesa de televisión Lupin que se está exhibiendo en Netflix. 

Quizá no lo hubiera descubierto si en la serie no hubiera iniciado con la imagen de la pirámide cristal de El Louvre, para dar paso en la siguiente toma al interior del museo donde vemos a un grupo de trabajadores nocturnos limpiando las salas. La cámara se acerca a uno de ellos: un hombre alto fornido y de piel oscura que detiene su labor para contemplar un collar que está en exhibición. Hasta ese momento yo no conocía a Omar Sy ni a ArsèneLupin. El actor personificaba al personaje principal: Assange.

Pronto descubrí que este hombre no era sólo un trabajador sino quizá un potencial ladrón, pues le propone a un grupo de mafiosos robar el collar que pronto será subastado en el museo. Para convencerlos les detalla un plan que los convence. 

Detuve entonces el capítulo y lo cerré. No quería ver una historia de ladrones. Vivimos en un país donde el crecimiento de la delincuencia ha hecho del robo un flagelo que nos acosa todos los días. Pero días vi en internet un artículo de una revista digital que exaltaba la serie. 

Así que, confiando en los articulistas, le di el beneficio de la duda y volví a ver un poco más de ese capítulo. ¿Realmente era buena la serie o el artículo era mera propaganda? Sin embargo, la manera tan inteligente de llevar a cabo el robo me gustó mucho, me divirtió y decidí ver toda la serie. Quería ver como este personaje iba a seguir cometiendo sus fechorías con artilugios inteligentes. La inteligencia en acción siempre ha sido para mí tan atractiva y seductora que no me resisto, aún cuando esta sea puesta al servicio del delito.

En el segundo capítulo apareció un libro desconocido para mí. Sucede que Assange, como ladrón, tenía como fuente de inspiración las narraciones de ArsèneLupin, el caballero ladrón, un supuesto ladrón inteligente y bueno que robaba para beneficiar a los pobres. Es decir, una especie de Robin Hood o Chucho el roto, francés.

¿Cómo era que nunca había oído sobre este personaje, sobre todo cuando investigué y descubrí que en Francia se le rendía culto al autor y que cada año se celebraban los lugares emblemáticos de las novelas? Y escribí bien: novelas, pues su autor, Maurice Leblanc había escrito nada menos que 20 títulos alrededor de ArsèneLupin, y yo sin saber nada, absolutamente nada, de este personaje. 

En una rápida investigación sobre el autor encontré que era un novelista y escritor francés de relatos cortos que nació en el seno de una familia rica. Su padre era un rico armador de barcos establecido en Ruan. En 1904 Pierre Laffite, director de Je sais Tout (Lo sé todo) le encargó un cuento para su revista recién fundada. Maurice aceptó el encargo y al poco tiempo le entregó un original titulado: “El arresto de Arsène Lupin”, que aparece en el primer libro de la serie. Según Leblanc este era el único cuento que tenía planeado de Lupin. Sin embargo, el personaje le causó una fuerte a impresión a Pierre Laffite y animó a Leblanc a desarrollar al personaje.

Yo no quería leer toda la serie sino sólo el primer libro, el que aparece en la serie de Netflix, pues es el libro que le regala su padre a Assange cuando este es un adolescente, poco antes de ser acusado de robo que deriva en una tragedia que marcará a Assange para siempre. Y luego Assange se lo regala a su hijo. 

Cuando vi que en el segundo aparecía Sherlock Holmes, uno de los personajes que me fascina, compré los dos.

Yo pensé que dado el culto que en Francia se le rinde a Leblanc y a Lupin me iba a encontrar a un personaje tan inteligente como Assange como Sherlock Holmes, pero oh, sorpresa. 

La primera novela, Arsène Lupin, caballero ladrón, está compuesto por una serie de relatos o de cuentos, sin más unión entre ellos que una débil relación. Inicia cuando Lupin viaja en un barco y les llega un telegrama de que en ellos viaja el famoso ladrón. Por más que tratan de indagar quién es —pues saben que es el amo del disfraz— no logran localizarlo, sino hasta que llegan al puerto y es apresado por su archi enemigo, el inspector de policía, Ganimard. 

En este relato no hay nada espectacular ni ingenioso. Luego la cosa mejora en el siguiente capítulo pues logra evadirse de la cárcel a través de ingenioso juego de disfraces y de dobles personas que se hacen pasar por él. 

La siguiente historia sube de interés cuando Lupin se roba el collar de la reina y se vuelve añun más interesante en el siguiente capítulo: “El siete de corazones” en el que el Lupin logra descifrar un ingenioso mecanismo que utilizan unos ladrones y estafadores para ocultar los planos de un barco revolucionario en su tecnología. Aquí parece más bien un investigador policial que un ladrón ingenioso. 

El libro cierra con un relato que anuncia la continuación de la serie: la aparición del famoso investigador privado Sherlock Holmes. 

Como Maurice Leblanc, el autor, tuvo problemas con los derechos de autor con Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes, se vio obligado a cambiarle el nombre. Pero no se esforzó mucho: le bastó cambiar de sitio la S del nombre al apellido, de modo que quedó de esta forma: Herlock Sholmes. 

En este último relato se da el primer encuentro entre estas dos mentes brillantes. Pero Herlock llega tarde, y no logra capturar al famoso ladrón, el cuál era el objetivo de que Ganimard.

En la segunda novela los capítulos que la integran ya no parecen relatos independientes pegados a fuerza, aunque conservan cierta característica del cuento pues concentra la acción y cierra cada capítulo con un final contundente como si fuera un cuento, pero deja algunos cabos sueltos que le permitirán ir enganchando, como vagones, los siguientes. Esta novela es mucho más interesante que la primera. Aquí el investigador inglés será coprotagonista de Lupin en un intenso conflicto de juegos de inteligencia en el que Sholmes busca atrapar a Lupin, y éste en derrotarlo de tal forma que nunca más vuelva a invadir sus territorios.

Lo que me pareció un tanto extraño es que esta segunda novela iniciara desde el punto de vista de Lupin y luego se pasa al de Herlock y así mantiene la narración hasta el final. Pareciera un libro de Sholmes más que de Lupin, aunque la balanza en el conflicto la inclina definitivamente a hacia su personaje. 

La lucha entre ambos inicia desde el primer capítulo y se mantiene hasta el final y, a diferencia del primer libro, aquí Lupin es un personaje mucho mejor consolidado que sí hace gala de una inteligencia sobresaliente, la cual le permite poner en jaque al famoso investigador inglés.  

Quizá aquí cabría la pregunta: ¿con qué me quedo? ¿Con la serie o los libros? ¿Es mejor la serie literaria o la serie televisiva? 

A mi juicio la serie es mucho mejor, a pesar de que Assange no es Lupin, sin embargo, como émulo suyo, como reencarnación, como personaje, Assange es mucho más habilidoso y escurridizo que su maestro de papel.

Si bien Assange comete ciertas torpezas que provocan que lo vayan cercando, su sagacidad se logra sobre poner a las circunstancias.

¿Qué recomiendo? Para tener el contexto que impulsa a Assange es importante leer los libros (o al menos el primero) para entender los motores que mueve a Assange pues la serie no es una adaptación de las novelas sino inspirado en ellas desarrolla un personaje singular y cuyas aventuras en nada tienen en común con las novelas. Es decir, cuentan historias diferentes, aunque se me hizo más intensa la serie televisiva.

Recuerde que la literatura, a diferencia del audiovisual que corre muy rápido, va a paso lento permitiendo profundizar en los personajes para sentir apatía o repulsión, de modo que hay una mayor familiarización del lector con el personaje, con los ambientes, con sus relaciones sociales.

Yo, a pesar de que me gustó el segundo libro, creo que no seguiré leyendo los demás libros de Leblanc. Lupin con todo no está a la altura de Sherlock Holmes, así que me quedo con el personaje inglés.

Mi última recomendación: disfrute los ladrones imaginarios, pero cuídese de los de carne y hueso. Estos últimos, sobre todo en México, no juegan con la inteligencia sino con la brutalidad. 


domingo, 25 de julio de 2021

¿QUÉ ES LA SALUD?: CRÓNICA DE UN HALLAZGO



Jeremías Ramírez


Dice el Diccionario de la Real Academia Española que la salud es el “estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”. Sin embargo, la mayoría de las personas cree que estar sano es que nada les duela, y no que el cuerpo ejerza todas sus funciones y mucho menos que cada parte del cuerpo funcione con armonía y a su mayor capacidad.

La pandemia vino a poner al descubierto las pobres condiciones de salud de la población mundial, pues muchos de los que murieron aparentaban no tener padecimiento alguno ni les dolía nada, pero su cuerpo no resistió el ataque del virus. 

Subrayo: un cuerpo no está sano cuando se presenta un contagio por algún agente patógeno y el cuerpo cae abatido.

La medicina ha tratado de preparar los anticuerpos a través de las vacunas, aunque el cuerpo prepara otros más al margen de las vacunas y esto lo hace cuando un agente patógeno ataca y el sistema inmunológico genera los anticuerpos para defenderse. La capacidad de defenderse está en de su fortaleza la cual define el tiempo que le tomará para solucionar el problema. 

Si el sistema inmune está debilitado por una salud defectuosa muchas veces no resistirá el ataque de un agente infeccioso y devenga un cuadro crítico del cual el cuerpo puede salir airoso con la ayuda de medicamentos y tras un periodo de convalecencia… Si esto no sucede, entonces el cuerpo sucumbe y muere.

El virus SAR COV-2 ha dejado un porcentaje importante de fallecidos y otro, mucho más grande, de afectados en diversa manera. Sólo aquellos con una mejor fortaleza (una mejor salud) lo sufrieron de forma leve o incluso ni se dieron cuenta. Pare ellos fue como padecer una gripe común. De hecho, como este virus es respiratorio, ataca los pulmones y genera neumonía.

Pero, cabría preguntar, ¿de qué depende la fortaleza sanitaria del cuerpo? Bueno, depende de varios factores: la alimentación, la herencia genética, el orden emocional y el ejercicio diario, además de un descanso apropiado.

Y muchos médicos afirman que un factor crucial en la defensa de patógenos está en lo que comemos. 

Para entender la importancia de la comida pensemos en un automóvil: para que este funcione necesita gasolina, pero no cualquiera. Si le ponemos de mala calidad pronto el motor de ese auto va a sufrir daños severos hasta que motor deje de funcionar. 

La alimentación es la gasolina del cuerpo, salvo que, en nuestro caso, tenemos un problema: el sentido del gusto. Este sentido nos lleva a elegir la comida, no en función de su calidad nutricional (en el auto sería una gasolina limpia, sin plomo, sin suciedad, de alto octanaje), sino de su sabor. El auto no tiene gusto así que le da lo mismo este aspecto, aunque el motor funcionará de mejor manera cuando es mejor la calidad de su gasolina. 

Como elegimos sólo los alimentos que nos gustan seguramente no nos hemos preocupado en investigar si es lo que le convienen a nuestro cuerpo. Y si por años repetimos esta conducta ingiriendo mucha comida de pésima calidad, pero sabrosísima, tarde o temprano nuestro motor empezará a presentar fallas. Y entonces iremos a visitar al médico. Y el médico nos recetará una pastillita o una inyección, y tan pronto deje de molestarnos la parte afectada (aunque no se haya curado del todo), seguimos con nuestra vida habitual hasta que ese problema aparece de nuevo. Poco a poco vemos que el problema se hace recurrente y se presenta cada vez con mayor frecuencia y con mayor severidad. 

La alarma se enciende cuando la pastillita o la inyección ya no funcionan, sin embargo, aun en esas condiciones, pocos nos damos cuenta de que el daño que sufrimos tiene relación directa con nuestros hábitos alimenticios. Y seguimos insistiendo en los tratamientos médicos, que no nos ofrece una buena respuesta, y sin cambiar los hábitos.

En esa situación, sólo pocos se dan cuenta de esa relación enfermedad- alimentación y que tras ajustar su ingesta es posible minimizar o revertir la enfermedad. Primero, habrá que eliminar de la dieta muchos “alimentos” dañinos, por ejemplo, las bebidas azucaradas, los alimentos altamente procesados (que vienen en lindas cajitas, en latas, en empaques brillantes), las harinas refinadas (entre ellas mucho de la panadería que nos encanta), etc., y agregando otros que sí son benéficos, como las verduras frescas o la fruta de temporada, además de semillas y aceites saludables, además de una serie de suplementos alimenticios estratégicos.

Si usted ha seguido hasta aquí la lectura se preguntará si yo soy médico o porque escribo de estar manera. 

No, no soy médico, sólo soy un paciente que ha peregrinado por diversos consultorios, y con mayor frecuencia a medida que he ido envejeciendo y que mi mala alimentación seguía provocando daños en mi cuerpo. Mi última enfermedad me hizo rechazar la respuesta a la habitual de los médicos quienes me indicaban un tratamiento que tendría en mí efectos secundarios terribles. 

Entonces empecé a buscar alternativas. Muchas de las llamadas medicinas alternativas rayan en la magia y el esoterismo y eso tampoco me parecían una opción viable. Ya tenía algún tiempo investigando, pero ahora era urgente. 

Afortunadamente encontré un médico que me brindó un método que buscaban el equilibrio y funcionamiento de todo el cuerpo, no sólo eliminar el síntoma, o quitar el dolor, o mitigar los efectos de la enfermedad, pero sin curarla. Bajo su guía fui recuperando el equilibrio orgánico.

Hoy estoy a punto de cumplir un año que empecé esta estrategia de salud y puedo afirmar que ha funcionado sin tener que tomar fármacos. 

MI curiosidad, además, me llevó a investigar por qué los métodos habituales no funcionaban, y por qué estaba dando resultados el tratamiento último.

Dice el presidente, Manuel López Obrador: ¡Benditas redes sociales! Y en efecto, en el internet fui encontrando información tanto en páginas de medicina natural y nutricional como en canales de video como los del Dr. Alonso Vega cuyo canal “Betesda, alternativa natural” es una fuente de información valiosa o el canal del Dr. Carlos Jaramillo, médico funcional (como él se ostenta), que también ha sido de valiosa ayuda, entre otros. 

Encontré, además, un programa en el canal 14 que se transmite los domingos a las 9:30: “Médico en casa”, programa irlandés, que en cada emisión abordan a una familia con severos problemas de salud y tras una estrategia de orden alimentario les devuelven los indicadores adecuados, y el bienestar físico y emocional.

Y también encontré varios documentales sobre el tema nutricional como Tenedores contra cuchillos (Youtube), Cambio radical (Netflix) y la serie El cuerpo humano (Netflix), entre otros.

Pero la ayuda más valiosa (aparte de las indicaciones puntuales de mi médico) han sido los libros. Enumero aquellos que me han dado una conciencia sobre mí mismo: El Estudio de China, del Dr. T. Colin Campbell, La curación de la artritis de la Dra. Susan Blum, El milagro metabólico, del Dr. Carlos Jaramillo, Nuestro segundo cerebro, de la Dra, Francisca Joly Gómez, La enzima prodigiosa, del Dr. Hiromi Shinya, La pirámide de la salud del Dr. Kris Verburgh, Mitos y verdades de los alimentos, de los nutriólogos Sebastián Oddone y Martín Piña (aunque este se queda muy corto) y Mala leche: por qué la comida ultraprocesada nos enferma desde chicos, de la periodista Soledad Barriti. Y me están llegando más.

Esto no me ha hecho experto en nutrición ni en medicina, pero si me ha permitido empezar a entender como funciona mi cuerpo, qué efectos tienen sobre mí los alimentos, qué alimentos me convienen y cuáles debo evitar o reducir, y a ser responsable de mi salud. 

Algunos de mis amigos me han criticado y me arrojan esa pésima frase común: “De algo me tengo que morir”. 

Aprender a cuidar nuestro estilo de vida y cómo y qué comemos, no nos hará inmortales, pero si nos dará la posibilidad de salir de esta vida lo más íntegro posible, sin dolores, sin estar postrado por meses sufriendo en una cama de hospital o en una silla de ruedas, conectados una botella de suero, sin poder caminar, hablar, pensar…

Hasta aquí detengo mi reflexión con la promesa de compartirles reseñas sobre los libros que me mencionado y quizá de algunos de los documentales.

Salud y larga y armoniosa vida. 




sábado, 10 de julio de 2021

LADRÓN DE BICICLETAS Luigi Bartolini / Vittorio de Sica

 


Jeremías Ramírez 


“Yo traté a un tal Premuda que venía a mi casa y me importunaba constantemente y me obligaba a leer sus guiones, a pesar de que soy enemigo del cine…”, dice el personaje de esta novela. ¿Esa era la opinión del autor? Tal vez, sí.

Lo curioso es que esta novela se hizo famosa gracias al cine cuando, en 1947, fue llevada a la pantalla grande por Vittorio de Sica, un notable cineasta italiano del movimiento cinematográfico denominado “Neorrealismo italiano”.

El Neorrealismo vino a revitalizar el cine mundial de medio siglo con una propuesta estética fresca a ras de calle: sus historias abordaban las vivencias de la gente común (un repartidor de anuncios, unos pescadores, unos sobrevivientes de la II Guerra mundial o de un asentamiento irregular miserable), rechazaban los estudios cinematográficos y a los actores profesionales. Sus actores eran personas comunes sin formación escénica que desempeñaban en la vida el oficio que era retratado en las películas. 

El objetivo de la estética de esta escuela era poner en pantalla la imagen más cercana a la realidad, hasta donde un arte representativo como el cine lo permitía. Por esta razón, hay en sus películas un enorme tono documental.

En cuanto a Ladrón de bicicletas hay otro dato curioso entre la película y la novela: ambas sólo tienen en común el título y el robo de una bicicleta, pero difieren en la historia que cuentan.

En la novela el personaje es un escritor y pintor que además de publicar libros trabaja para la prensa. La novela inicia cuando el escritor acude a una tienda a preguntar sobre un producto y tiene que dejar su bicicleta a la entrada del local. Es en ese momento un ladrón la toma y huye con ella. El escritor alcanza a percibir el momento del robo y logra ver el rostro del malhechor. Sale velozmente de la tienda para darle alcance, pero le impiden el paso unos “postes”, es decir, cómplices del ladrón que se van interponiendo en su camino. 

A partir de este hecho el autor nos cuenta con detalle la búsqueda del escritor por localizar su bicicleta. Acude al mercadito callejero de Porta Portese donde se venden una infinidad de artículos robados, pero no logra localizarla. Durante varios días recorre este y otros lugares de venta y no encuentra su bicicleta. 

En esa búsqueda nos va dando cuenta de la situación social de la ciudad de Roma que recién acaba de salir de la Segunda Guerra Mundial con una economía devastada y una población desesperada por conseguir medios de existencia. El robo es una de las actividades recurrentes de los pobres que han aumentado en cantidad. Esta situación la aprovecha el autor para hacer largas reflexiones sobre las condiciones sociales de los romanos y, de paso, del género humano.

Un día descubre al ladrón, pero como lo alcanza en su vecindario, todos salen a defenderlo y el escritor no puede hacer nada contra él.

Finalmente, se le ocurre una idea: pedir ayuda a una amiga prostituta pues las mujeres de este gremio conocen bien a los ladrones. Con esta última acción la novela llega a su fin.

La película, por su parte, el personaje, Antonio, es un pobre desempleado que lleva mucho tiempo consiguiendo trabajo. Finalmente, un agente laboral del gobierno le consigue un empleo de pegador de anuncios publicitarios callejeros, pero para ello necesita una bicicleta. Él tiene una, pero dado que no conseguía trabajo, la tuvo que empeñar. Su esposa, con un enorme sentido práctico, toma sus sábanas y las empeña. Con el dinero obtenido logran rescatar la bicicleta. Pero este hombre, perseguido por la mala suerte, en los primeros días, mientras pega un cartel montado en una escalera, un ladrón le roba la bicicleta. Baja desesperado de la escalera, pero no logra darle alcance al ladrón, Por la noche le pide ayuda a sus amigos y estos lo acompañan al día siguiente a Porta Portese, pero no logran dar con la bicicleta.

Pronto sus amigos lo abandonan y Antonio tiene que proseguir buscando su bicicleta en compañía de su hijo, un niño de unos 10 años. La búsqueda es infructuosa y desesperado de mucho buscar decide robar una bicicleta que está sola en la calle, pero su intento es prontamente frustrado pues le dan alcance. Los amigos del agraviado lo quieren golpear y piden que alguien traiga a un policía. De pronto advierten la presencia del niño que está llorando. Conmovidos dejan en libertad a Antonio. 

Cabe señalar que la novela tiene una trama simple y poco dramática que hubiera sido muy poco afortunado su traslado literal al cine. Y yo creo que esa fue la razón para que el guionista de la película, Cesare Zavattini, vio, en ese robo, un buen tema fílmico. Así que desecha el argumento narrativo de la novela y construye una trama intensa al colocar como personaje a un pobre padre de familia que vive al borde de la miseria. El robo de la bicicleta, dadas las condiciones del personaje, profundiza el dramatismo y el espectador sufrirá con Antonio esa pérdida y lo acompañará durante el resto de la cinta esperando que logre recuperar la bicicleta y pueda así sacar de la miseria a su familia. 

El libro, por lo que sé, nunca fue un éxito de librería; y si se tradujo al español fue gracias al interés que despertó la película, pues De Sica le dio el crédito del argumento a Luigi Bartolini, un prolífico escritor de novelas de mediana calidad, quien, como el personaje de su novela, también era pintor. Y es probable que la trama de la novela haya surgido de una experiencia personal del autor.

Yo compré el libro hace muchos años, cuando estaba estudiando cine en la Universidad y conocía la película. No recuerdo cuántas veces intenté leerla, pero su poca intensidad dramática y las largas disquisiciones sociológicas me han de haber desalentado. 

Ahora que tengo un poco más de tiempo para leer decidí finalmente recorrer sus páginas. Es una novela corta de 200 páginas, pero que no se puede leer con rapidez, pero tiene la virtud de crear una estampa pictórica de la sociedad romana surgiendo de las cenizas de la guerra. Y sirve, por lo tanto, para darnos cuenta de la forma en que Italia transformó esa situación y pasar de la miseria tercermundista a la solvencia de una potencia europea de mediano rango.

Creo que la película le hizo un gran favor al autor y a la novela. A mí me hubiera gustado una mayor coincidencia entre ambas, es decir, que la novela se adentrara mucho más en el drama de Antonio y no en ese escritor para quien la bicicleta no era sumamente importante. Cuando no logra encontrar su bicicleta, se compra otra y descubrimos que tiene más bicicletas de su propiedad y que además le han robado cinco veces las bicicletas y tres las ha recuperado. Además, tiene un empleo en un periódico y obtiene ingresos de la venta de sus obras pictóricas. 

De cualquier manera, a pesar de que la novela es mucho más reflexiva que narrativa, es una ventana privilegiada para ver al drama social colectivo de un país y una ciudad que busca recomponerse después de una tragedia bélica.

La novela se puede conseguir en librerías, como El Péndulo, y la película es fácilmente localizable en You Tube. 



sábado, 26 de junio de 2021

QUMRAN de Eliette Abécassis



Jeremías Ramírez


A finales de 1946 unos beduinos encontraron accidentalmente en las cavernas cercanas al Mar Muerto, unas vasijas que contenían rollos de papiro e casi 2000 años de antigüedad. Los beduinos ignoraban la importancia histórica y religiosa de estos rollos y los vendieron a precio bajo a comerciantes que hicieron un lucrativo negocio.

Estos rollos pertenecían a la secta de los esenios que existió en tiempos de Jesús. Su desaparición se debió a que, en el año setenta, el ejército romano destruyó Jerusalén, persiguió a los rebeldes judíos y destruyó sus ciudades. Esta oleada destructiva alcanzó a los esenios. 

Antes de que la mano de Roma los alcanzara, los esenios escondieron sus manuscritos en las cuevas de las montañas cercanas y los resguardaron dentro de vasijas de barro. Y ahí permanecieron durante casi 20 siglos sin que alguien los descubriera. 

Estos rollos del Qumrán son manuscritos de las doctrinas de los esenios y fragmentos de la Biblia, lo cual vino a abrir nuevas áreas de conocimiento sobre sus creencias que hasta entonces se desconocían.

El hallazgo de los rollos se dio en medio del complicado conflicto político por la inminente declaración de la ONU en la que adjudicaría como propiedad del Estado de Israel una parte del territorio que era de los palestinos, quienes llevaban viviendo ahí mucho tiempo. Las naciones vecinas, como Egipto, Jordania, entre otros, se oponían pues consideraban a los judíos como unos intrusos. 

Cuando se dieron a conocer los primeros rollos su revelación sacudió a los investigadores y al mundo religioso e incluso alcanzó al público no especializado. Y surgieron diversas leyendas tratando de descalificar al cristianismo. Una de esas leyendas afirmaba que Jesús y a Juan el Bautista pertenecían a alguna rama de los esenios, y que el cristianismo no es más que esenismo, como afirma Paul Johnson en su libro Historia de los judíos. Sin embargo, los rollos confirman la veracidad y precisión de las versiones de la Biblia que nos han llegado. 

Eliette Abecassis  utiliza estos hechos para construir una novela policiaca, pero al mismo tiempo crea un lienzo expositivo de las creencias judías sobre el Mesías.  

La novela consta de ocho capítulos que corresponden a ocho supuestos pergaminos: el de los manuscritos, el de los santos, el de la guerra, el de la mujer, el de la disputa, el de las grutas, el perdido y el del Mesías.

 Cada capítulo inicia con la transcripción de un fragmento de los rollos mencionados y que sirve como introducción temática capitular. 

La trama se desarrolla a inicios del siglo XXI cuando las autoridades judías buscan rescatar un pergamino perdido que alguien lo guarda para evitar su divulgación pues se teme ese rollo destruya el edificio religioso cristiano que ha logrado mantenerse con cierta solidez durante 20 siglos. 

Las autoridades judías contratan al paleógrafo David Cohen para que busque quien tiene ese rollo perdido y cuando lo encuentre verifique su autenticidad. Para su protección personal comisionan a Ary, hijo del paleógrafo, quien tiene entrenamiento militar, pero que se ha unido a un grupo de judíos ortodoxos que viven en el barrio Mea Shearim, una especie de gueto en Jerusalén, y dedicarse a estudiar la Torá.

A medida que David y Ary empiezan su trabajo de investigación encuentran que los sospechosos de tener el rollo van siendo asesinados y crucificados y pronto padre e hijo se convertirán en blanco de los ataques. 

David y Ary sospechan que el rollo lo tiene el sacerdote católico, Pierre Michel, quien vive en Nueva York. Acuden a su departamento, pero cuando llegan éste ha huido, y encuentran dentro del departamento a una mujer: Jane Rogers, periodista neoyorquina que trabaja para la revista Biblical Arquelological Review, dirigida por Paul Johnson (no confundir este personaje ficticio con el autor de La historia de los judíos). 

¿Cómo llegó esa mujer ahí? ¿Qué busca? Y mientras hablan con ella, un grupo de encapuchados irrumpe violentamente, golpean a Ary, y secuestran a David.

Ary y Jane se unen para localizar a David y, al mismo tiempo, seguir buscando el rollo perdido. Como no tienen pistas ni idea por dónde empezar se les ocurre organizar una rueda de prensa donde prometen dar a conocer el rollo perdido y con ello atraer a los secuestradores pues piensan que el objetivo de ellos es el rollo. 

A la rueda de prensa acuden especialistas y reporteros, pero también el ex sacerdote, Pierre Michel, quien lleva el rollo perdido y pretende revelar su contenido. Antes de mostrar el pergamino Michel hace una disertación sobre su contenido en el cual afirma que el Jesús histórico es un desconocido para la cristiandad. 

Antes de que Pierre Michel pueda revelar la identidad de Jesús, Paul Johnson, saca una pistola y lo mata. En el caos que se genera Jane toma el pergamino y huye con Ary. Como ambos saben que permanecer en Estados Unidos es peligroso deciden viajar a Israel. Pero antes de que puedan escapar un desconocido los ataca, pero logran dominarlo. El agresor es un israelita llamado Kair Benyair, quien se niega a hablar. 

Una vez instalados en un hotel, en Jerusalén, Ary se da a la tarea de buscar a los beduinos que encontraron los rollos en Qumrán y logra localizar a Yohi, el hijo del beduino que encontró los rollos, y quien lleva varios años muerto. Yohi le cuenta que su padre, quien se llamaba Falipa, no encontró nada, sino que un extraño personaje le llevaba los rollos y su padre se encargaba de venderlos, pero cuando las otras tribus descubrieron que se estaban volviendo ricos los saquearon. Cuando Ary le pregunta el nombre de ese personaje resultó ser Kair Benyair. 

Ary Regresa al hotel y tras interrogar y presionar a Benyair éste acepta llevarlos a las cuevas del Qumrán donde asevera hay más documentos ocultos. Los tres se internan en las entrañas del desierto de Judá y entran a unas cavernas desconocidas, pero justamente cuando han llegado al recinto donde hay más documentos aparecen unos hombres, matan a Benyair y apresan a Ary, pero Jane, que no ha entrado con ellos, al ver que no salen de las cuevas, regresa a Jerusalén para dar aviso a las autoridades. 

La novela tiene a ratos pasajes bien armados con mucha tensión dramática, como una buena novela policiaca, pero de pronto se pierde y al final trata de sorprender al lector con la aparición injustificada de los esenios quienes, dice, han vivido ocultos en las cuevas del Qumrán durante casi veinte siglos y ahora están por cambiar la historia. 

En las cuevas, Ary encuentra a su padre, quien fue secuestrado por miembros de los esenios, y la que ha pertenecido siempre. Los esenios obligan a Ary y a David a escribir todo lo que han encontrado en su investigación.

La novela termina con la transcripción del supuesto rollo perdido que no es más que una mezcla del Evangelio según San Juan con fragmentos de algunos de los rollos del mar muerto existentes y otro tanto de ficción. 

Pudo ser una buena novela policiaca, pero la autora se perdió forzando la trama con un argumento forzado, mesiánico, místico, en la que termina extraviándose. Tratando de ser interesante se enreda y pierde lo que había logrado de misterio y tensión en los pasajes más policiacos de la novela.

Lástima. Este libro me deja una lección: no volver a leer nada de doña Abecassis, pero le agradezco que me haya motivado a investigar más sobre los Rollos del Mar Muerto y descubrir cosas que no conocía.


sábado, 5 de junio de 2021

UNA CIERTA JUSTICIA P.D. James


Jeremías Ramírez

Phyllis Dorothy James (1920 - 2014), conocida como P. D. James, fue una escritora británica de novelas policíacas. Estudió en la Universidad de Cambridge y trabajó como administradora de seguridad social de 1949 a 1968, y después como funcionaria pública del Ministerio del Interior de 1968 a 1979. Empezó a escribir a la edad de 40 años y publicó su primera obra, Cubridle el rostro, en 1963, en la que aparece por primera vez Adam Dalgliesh, su personaje más famoso. 

Dalgliesh es un policía e investigador que protagoniza 14 novelas tales como Un impulso criminal (1963), Muertes poco naturales (1967), Mortaja para un ruiseñor (1971), Muerte de un forense (1977) Intrigas y deseos (1989), y En cierta justicia (1997), entre otras.

La popularidad de la autora, así como la de su detective, crecieron con la adaptación televisiva de La torre negra (1975), Sangre inocente (1980) Sabor a muerte (1986), entre otras.

Una cierta justicia es la décima novela de la serie de Adam Dalgliesh, en la que una famosa abogada, Venetia Aldridge, un día aparece muerta en su propia oficina en el edificio de los juzgados donde trabaja. Este es el disparador dramático de la narrativa.

Los primeros sospechosos son sus compañeros de trabajo, es decir, los abogados que ahí se desempeñan, pero también algunos de sus defendidos que no tuvieran la fortuna de que los librara del brazo de la justicia.

La novela es un tanto larga: 548 páginas en la que muestra con cierto detalle un amplio grupo de personajes: abogados, secretarias, algunos de sus defendidos, y hasta la hija de la abogada y su exmarido.

P:D. James tiene la habilidad de crear una semblanza casi fotográfica de las circunstancias y de los personajes que hacen vívida la trama que logra atrapar al lector desde las primeras páginas. 

La novela empieza cuando defiende con éxito a un joven: Ashe, acusado de haber asesinado a su tía. Su habilidad y experiencia le permite nulificar los argumentos de los principales testigos aprovechando sus dudas y sus incertidumbres y convencer al jurado que Ashe es inocente, a pesar de que ella sabe que en realidad es culpable.

Alternativamente vamos viendo las condiciones operativas de los juzgados, las ambiciones personales de quienes aspiran a puestos directivos ante los cambios que están por realizarse, particularmente ante el pronto retiro de Hubert Langton, director de esa institución. Hay dos candidatos: Venetia Aldridge y Henry Naughton, este último, un abogado casi de la edad de Venetia, quien anhela el puesto. Aquí la autora introduce el un conflicto que hará que el lector piense que tal vez Naughton es el asesino.

Otro elemento que refuerza el conflicto es su hija, Octavia, una muchacha un tanto inadaptada con quien la abogada tiene una pésima relación pues nunca logra desempeñar un buen rol de madre porque siempre está ocupada, razón por la que Octavia pasa el mayor tiempo de su niñez y adolescencia en internados educativos, lejos de su madre. Por esta ausencia la muchacha le guarda resentimiento. La relación se tensa aún más cuando Venetia descubre que Octavia tiene una relación sentimental con Ashe, pues ella sabe que es un tipo inestable y con tendencias asesinas, que no le traerá ningún bien a Octavia. 

Molesta con tal situación trata de conseguir ayuda con algunos de sus conocidos para sobornar al joven para que se aleje de su hija, pero nadie se presta. Cuando Venetia es asesinada Ashe se convierte en un sospechoso.

A mitad de la narración la autora nos cuenta que Venetia llegó a ser abogada gracias a la influencia del Sr. Froggett, director de la escuela propiedad de su padre cuando ella era una adolescente. Por las noches Venetia se reunía con el Sr. Froggett para revisar casos judiciales famosos y aprender las estrategias legales que se siguieron en cada uno. Un día el padre de Venetia descubre estas reuniones en el dormitorio de Froggett y, temiendo algún abuso de su empleado, lo despide. Súbitamente Venetia pierde a su mentor, aunque nunca su vocación.

Froggett de pronto aparece y visita a Dalgliesh para ofrecerle la información que él tienen para ayudar a resolver el caso y descubrir al asesino. La información consiste en un grueso álbum de recortes de periódico en donde ha reunido todos los casos que Venetia tuvo a su cargo. 

Ese álbum le va a proporcionar a Dalgliesh una pista importante: en una fotografía de prensa descubre a una persona que trabaja en los juzgados entre el público que acude a los juicios. Se trata de la Sra. Carpenter, empleada de limpieza, la cual fue subcontratada por una empresa de outsourcing para que cada tercer día, por las tardes, acuda a los juzgados a hacer el aseo. 

Dalgliesh interroga a la Sra. Carpenter y ésta le revela información que no había declarado: ella es una maestra jubilada que ha enviudado y cuya hija murió tras el asesinato de su nieta a manos de un hombre que Venetia defendió y quedó libre. Por este hecho trágico la Sra. Carpenter le guarda rencor a la abogada y entra a trabajar a los juzgados para encontrar la ocasión de vengarse.

Sin embargo, antes que Dalgliesh pueda descubrir si ella es la culpable, alguien asesina a la mujer en su departamento. El principal sospechoso es Ashe pues hay una relación entre la Sra. Carpenter y el joven. Ella lo contrató para que enamorara a Octavia y de esa forma hacer sufrir a la abogada. Con la muerte de la Sra. Carpenter, Dalgliesh sospecha que Ashe también pudo asesinar a la abogada. Cuando van a buscarlo les informan que recién había huido con Octavia. 

Para descartar a los sospechosos Dalgliesh tiene que establecer la relación entre ellos y los indicios de la escena del crimen: una peluca que le pusieron y la sangre de uno de los empleados que derramaron en el cadáver de la abogada. 

Antes de morir, la Sra. Carpenter, le había dejado a Dalgliesh una confesión escrita con el sacerdote de la iglesia cercana. En esa larga confesión le informa que cuando llegó a los juzgados el día del asesinato de la abogada, ésta ya estaba muerta, pero le informa que fue ella quien derramó la sangre a Venetia y le puso la peluca (que era del director de los juzgados).

Una cierta justicia es una novela entretenida, bien contada, aunque no está a la altura de los mejores exponentes del género como Raymond Chandler o Dashiell Hammett, pero tiene la virtud de ir bordando con paciencia cada elemento de la trama para construir un ambiente verosímil, tenso, sensible, que hace que la acción fluya sin tropiezos. 

Esta novela tiene la virtud de destapar la cloaca de la miseria humana que hay detrás de hombres o mujeres “exitosos”, y que ocultan tras una fachada de respetabilidad.

Es una novela recomendable que se lee rápido y con emoción y descubrí a otro investigador criminal que se suma a mi colección de otros tantos que admiro. 



SATAN EN GORAY Isaac Bashevis Singer



Jeremías Ramírez 


El pueblo judío, desde el dominio babilónico y luego el del persa, es decir, desde el siglo V antes de Cristo y hasta el siglo XXI, ha sufrido frecuentes situaciones violentas y persecución constantes. Y desde el año setenta, cuando los romanos destruyeron Jerusalén, han vivido sin un territorio propio, y durante 20 siglos han vagado por muchos países y sufrido persecuciones y expulsiones buscando dónde construir una patria, pero, sobre todo, anhelando recuperar todo el territorio que Dios les prometió cuando Moisés los liberó de Egipto. 

Sorprende que pese a no tener territorio durante esos veinte siglos no perdieran su identidad como pueblo. El historiador Paul Johnson afirma que ello se debió a sus textos sagrados que les dio un sello de identidad gracias a su apego religioso y a la esperanza del advenimiento del mesías —que esperan les traiga redención y salvación—que los dota de un fortísimo sentido de unidad y esperanza que como coraza les permite aguantar las circunstancias más adversas.

Satán en Goray es una novela ambientada entre los años 1648 1658, en la pequeña ciudad, o shtetel, de Goray, en la provincia de Lublin, en Polonia . Cuando tras el anunció de la aparición del mesías se inflama la esperanza de finalmente regresar a Jerusalén. 

Poco antes de 1648 Goray había sido atacada por el atamán cosaco Bogdan Chmelnicki y su ejército de haidamaks (bandas paramilitares de la Ucrania) en contra los terratenientes polacos (boyardos). Si bien el ataque estaba dirigido a los boyardos, el ataque abarcó a los judíos porque eran los administradores de los boyardos, y por ende, culpables de la explotación de los ucranianos pobres.

Este ataque dejó a Goray desolada y sus habitantes dispersos por toda Polonia. La narración inicia cuando los sobrevivientes regresan a su ciudad y con muchas privaciones y esfuerzo empiezan a reconstruir sus casas y retomando sus negocios intentando recobrar la normalidad.

Cuando la ciudad está reviendo les llega la noticia que ha aparecido el Mesías. Este mesías era Sabbatai Zebi, un judío que nació en Esmirna, en 1626, y murió en Montenegro, en 1676. Había estudiado la Cábala y el Talmud, y había sido ordenado, en 1647, con el título rabínico askenazí  de “jajam” (sabio). Fue en ese año que Sabbatai Zebi afirmó que él era el mesías y sus seguidores fueron aumentando hasta generar uno de los movimientos mesiánicos más importantes de la historia judía, aunque él no estaba convencido del todo. En 1651 fue expulsado de Esmirna y vagó desorientado durante varios años por Grecia, Tracia, Palestina y Egipto. En 1665, en busca de una cura para su alma atormentada, acudió con el rabino Nathan quien le convenció de que era el Mesías. De inmediato se presentó como tal y en poco tiempo ganó un ferviente apoyo en Palestina y entre los judíos de dispersos en Europa. Las autoridades otomanas lo detuvieron y encarcelaron en 1666, y aceptó convertirse al islam para no ser ejecutado y cambió su nombre por el de Aziz Mehmed Effendi. Esta traición desconcertó a muchos de sus seguidores, quienes habían abandonado sus bienes materiales pues, con la llegada del mesías, ya no tenía sentido conservarlos. Murió exiliado en Ulcinj (en la actualidad Montenegro) en 1676. 

La novela nos narra el impacto en Goray de la aparición del mesías. Los judíos, llenos de esperanza y júbilo, creían que pronto irían a vivir a Jerusalén y allí curarían todas sus penas. 

Quien no se entusiasmó ni perdió la cabeza fue el Rabino Benish, guía espiritual de Goray, y quien se opuso rotundamente a los aventureros que llegaban anunciando las maravillas Sabbatai Zebi.

El primer aventurero que llegó fue el buhonero Reb Itche Mates, que narraba con ardor los hechos maravillosos que estaba haciendo Sabbatai Zebi en tierras del imperio otomano (hoy Turquía) y como iba derrotando a los infieles con su poder. Evidentemente eran noticias falsas. Pronto se convirtió en un personaje admirado y la mayoría andaba tras él con devoción. Cuando Reb Itche Mates descubrió a Rechele, hija de Reb Eleazar Babad, —quien supuestamente había muerto en uno de sus viajes de negocios— decidió pedirla en matrimonio y no le importó que cojeara al caminar y descubrir su carácter retraído y huraño. Al principio Rechele se resistió a aceptarlo como marido, pero las mujeres de Goray la convencieron. La noche en que se celebró la boda hubo un exceso de alegría que escandalizó a algunos de los asistentes. Uno de ellos fue a medianoche a informarle al rabino Benish del desorden y a pedirle que detuviera la depravación. Goray, esa noche, era azotada por el viento y la nieve. Estas condiciones hacían penoso el caminar del viejo rabino y a los pocos metros de su casa, azotado por el viento, cayó y quedó malherido. Horas después convalecía en su cama. Al amanecer le pidió a quienes lo rescataron que lo llevaran a Lublín; no quería morir en Goray. Su deseo fue cumplido dejando abandonada a su grey y a su familia.

El buhonero, quien se las daba de piadoso, y contraviniendo las costumbres y leyes judías, dejaba correr los días sin consumar el matrimonio pues Rechele seguía siendo virgen, mientras que él se la pasa en sus actividades religiosas y en sus baños rituales.

Pronto aparecerá otro personaje con nuevas enseñanzas del mesías: el carnicero Reb Gedaliya quien, además de matarife —Goray no tenía uno en esos momentos—, era un hombre versado en la Torá y en la Cábala, y pronto asumiría el liderazgo político y religioso de la ciudad. 

Este hombre anunciaba que pronto todos los fieles de Goray serían llevados por el mesías en una nube a Jerusalén. Este anuncio alteró aún más la exaltación religiosa del pueblo, alteración incentivada cuando Rechele un día, fuera de sí le cuenta al carnicero que por la noche un ángel le ha dado información reveladora que asombraba a quienes la escuchaban. 

Reb Gedaliya, maravillado con Rechele, la aloja en su casa y manda a Reb Itche Mates, su marido, y a uno de sus seguidores: Reb Mordecai Joseph, a proclamar las buenas nuevas del mesías por toda Polonia. Ambos salen presurosos y felices a proclamar las buenas nuevas. Mientras, Reb Gedaliya prácticamente toma como esposa a Rechele, aunque no se casan jamás ni tampoco consuman la unión, pues Rechele sigue siendo virgen, y vive entregada a su nueva tarea: recibir y proclamar las constantes mensajes que el ángel le revela.

Este fervor religioso transforma Goray y empieza a gozar de una prosperidad económica inusitada ante la llegada de visitantes que buscaban escuchar a la profetiza y solicitar los servicios de Reb Gedaliya. Y este anuncia que la fecha de la partida se acerca, que se preparen. Ante tal anuncio todos los judíos de Goray abandonan sus labores, descuidan su casa, pues ya no necesitarán nada. Para su tristeza, la fecha llega, pero la famosa nube que los llevará a Jerusalén, no. Pasa la fecha y entristecidos no saben qué hacer pues están hundidos en la pobreza y la miseria.

Si las cosas ya estaban mal, pronto se pondrán peor con la llegada de una noticia que derrumbará toda esperanza: Sabbatai Zebi no es el mesías pues ha traicionado a los judíos convertiéndose al islam. 

Esta noticia llega por boca de Reb Itche Mates y Reb Mordecai Joseph. Reb Gedaliya trata de desmentirlos, pero no lo logra. Y pronto la población empezará a sufrir la presencia de entes malignos, particularmente de un dybbuk (en las creencias judías, un dybbuk es un espíritu maligno capaz de poseer otras criaturas, y se cree que es el alma en pena de un muerto) que toma posesión de Rechele y por su boca vomita blasfemias y revela los pecados ocultos de Reb Gedaliya y de todo aquel que osa desafiarlo, particularmente cuando Reb Mordecai Joseph lo enfrenta para exorcizarlo.

Hasta aquí la crónica. 

La novela revela muchos aspectos de la vida y creencias de los judíos que aún siguen vigentes, pero desconocidas para quienes no formamos parte de esa cultura. 

Esta fue la primera novela que escribió Isaac Bashevis Singer cuando aún vivía en Varsovia y nos dice que a pesar de que afirma haber perdido la fe de sus ancestros, conocía profundamente la historia y creencias de su pueblo, y en esta novela logra crear un fresco nítido y en detalle de las fortalezas y debilidades de un pueblo que ha logrado mantener a pesar de que por 20 siglos vive sin un territorio propio. 

Satán en Goray es pues una novela que hace una radiografía del alma judía y sus esperanzas en un redentor cuya vigencia es tal tras 2000 años de historia y persecución.

Después de esta novela, Bashevis Singer ha seguido explorando el tema del mesías en otras obras suyas, pero en esta es quizá donde logra una intensidad dramática de alto vuelos. 

Si usted está interesado en la obra de este gran escritor, déjeme decirle que sus cuentos y novelas se publican con cierta regularidad y se pueden encontrar muchas de sus obras en las librerías de México o en portales en línea como Amazon. 




EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...