domingo, 25 de septiembre de 2011

PRESENTACIÓN DE ARAÑAS EN EL SILENCIO



En la internacional Microcuentista, revista de microrrelatos y otras brevedades (http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/2011/09/aranas-en-el-silencio-de-jeremias.html), se publicó esta nota sobre la presentación de mi libro:
“El día 22 de septiembre se presentó en la Biblioteca Central Estatal de la ciudad de León, Guanajuato, el libro Arañas en el silencio, minificciones de Jeremías Ramírez Vasillas. La presentación estuvo a cargo de José Manuel Ortiz Soto, quien destacó la carga sicológica que conlleva cada texto; Roberto Gómez, actor y mimo, adaptó para mímica el texto El destello. El autor nos dio un panorama de su andar por la minificción ―desde sus inicios en la revista El Cuento, de Edmundo Valadés, hasta la gestación del presente libro, en el taller de Guillermo Samperio, y su consolidación en el pasado reality literario Caza de letras, de la Universidad Nacional Autónoma de México―. El libro, conformado por 60 minificciones, en una bella edición de bolsillo, forma parte de la colección Formato Portátil, de Ediciones La Rana, del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato. Del autor nos dice el prologuista del libro, Alberto Chimal: “Sobre todo, me interesó su versatilidad: al contrario de otros autores de cuento brevísimo, que se concentran en un solo tema y le dan vueltas para que lo veamos desde todos los ángulos, Jeremías Ramírez parecía querer abarcar lo ancho y lo largo del mundo entero, la historia y la imaginación, lo natural y lo humano.”

Por su parte, Aleqs Garrigoz, escribe en la contraportada del libro: “Arañas en el silencio es una aventura narrativa por la vivaz imaginería del autor, en la que la sorpresa y el humorismo tiene lugares privilegiados: todo es ocasión para elaborar la minificción con todo el efectismo de la que es capaz; así, se reinventan los mitos, los cuentos de hadas y la historia misma, se despoja a la ocasión solemne de su investidura formal y se juega con los aspectos más caricaturescos del ser humano. El giro inesperado, la vuelta de tuerca, son signos determinantes de estos textos en lo que la magia y lo maravilloso son introducidos en la vida cotidiana como la cosa más natural”.

Agradezco a los asistentes su presencia.

viernes, 16 de septiembre de 2011

ARAÑAS EN EL SILENCIO


Tengo el honor de invitarlos a la presentación de mi libro "Arañas en el silencio: minificciones", que publica Ediciones La Rana del Gobierno del estado de Guanajuato. Es un pequeño libro que contiene 60 minificciones. Estos minucuentos se fueron gestando en un lapso de más de 10 años, desde que estuve en el taller de Guillermo Samperio y concluye en mi participación en el Virtuality Literario Caza de Letras, concurso de minificción que organizó la UNAM el año pasado. Es un recuento de la trayectoria que he vivido en un lapso intenso en busca de la palabra precisa que detonara un universo.

Ojalá puedan ir. Me sentiré feliz de verlos allí. La cita es este jueves 22 de septiembre en la Biblioteca Central Estatal de Guanajuato "Wigberto Jiménez Moreno", ubicada en León, Guanajuato (Prolongación Calzada de los Héroes no. 308 Col. La Martinica, León, Guanajuato, México CP 37500). Posteriormente haré una o dos presentaciones en Celaya, dependiendo de las posibilidades.

Saludos cordiales

Jeremías

sábado, 20 de agosto de 2011

LOS LIBROS TIENEN LA PANTALLA


Por Jeremías Ramírez Vasillas

La Universidad de Guanajuato organiza un ciclo de cine que muestra una característica del cine contemporánea: su profunda unión con la literatura. Cinco importantes películas darán cuenta de esta unión: Agora, La novena puerta, Fahrenheit 451, El libro de cabecera y The Hollywood Librarian.
El ciclo que comienza este lunes 22 de agosto en el Teatro Principal con Ágora (2009), del chileno-español Alejandro Amenábar. Es una superproducción española, con un gran atractivo visual, que narra los trágicos sucesos acontecidos a la Biblioteca Alejandría por el fanatismo religioso cristiano que culminó con la muerte de la primera mujer matemática de la historia: Hipatia de Alejandría (370-415 D.C.). Recién se puso en circulación El libro de las matemáticas de Clifford A. Pickover en el que viene un artículo sobre ella (La muerte de Hipatia, p. 78) donde destaca su labor como teórica de esta importante rama del saber. Y agrega: “Hasta después del Renacimiento no hubo otra mujer, Maria Agnesi, que se hiciera un nombre en las matemáticas”. La película se centra en su labor docente y especulativa de los astros. En ese tiempo, había tantas preguntas en el cielo y tan pocas respuestas. Esta mujer, hermosa físicamente, sólo tenía como sus amores: la verdad y el conocimiento. Fue brutalmente asesinada. Dice este libro: “la desnudaron y le arrancaron la carne de los huesos con conchas afiladas” (en la película muere de otra forma). El crimen fue cometido por una turba de fanáticos de una secta cristiana de la época: los parabolianos. La película se mete en momentos en fangoso terrenos especulativos, pero no deja de ser interesante la propuesta visual de esta película.

El martes 23 exhiben La novena puerta (1999), del afamado director polaco, Roman Polanski, que se atreve a adaptar la novela de Pérez Reverte, El club Dumas, novela bastante malita. La película tiene su encanto aunque no es una de las obras mayores de Polanski como El bebé de Rose Mary (1968), Chinatown (1974) o Tess (1979). Dice Mateo Sánchez Cardiel, de La butaca.net: “Dean Corso, un sabueso de los coleccionistas de libros que se enfrenta a su caso más arriesgado: confirmar la autenticidad de ‘Las nueve puertas del reino de las sombras’, un libro de Ariste de Torchia, pero, según la leyenda negra, escrito por el mismísimo Satanás. Este truculento viaje le llevará a Corso desde la ciudad de los rascacielos a un enigmático Toledo, desde París hasta un precioso castillo escocés. En su camino se cruzarán el amor, el odio, la codicia, el fanatismo, la religión, la vida y la muerte. Toda una espiral de la que Corso, una vez metido, no podrá salir hasta que no haya concluido su descenso a los infiernos”.

El miércoles 24 se proyecta Fahrenheit 451 (1966), bajo la hábil conducción de otro cineasta mayor: Francoise Truffaut, ya desaparecido: murió en 1984, autor de celebres películas como Los 400 golpes (1959), Jules et Jim (1962), La noche americana (1973), entre otras. Fahrenheit 451 se basa en la novela del mismo nombre del escritor norteamericano Ray Bradbury (uno de mis autores favoritos de ciencia ficción junto con Stanislaw Lem). Es una película de ciencia ficción que tiene que ver con los libros: en esa sociedad futurista los libros son prohibidos y los bomberos dedican a quemarlos. Para rescatar estos valiosos objetos que han permitido el desarrollo de la humanidad (Ágora resalta la importante de las bibliotecas. Hipatia vive unida orgánicamente a la gran Biblioteca de Alejandría) los amantes de los libros y del conocimiento se dan a la tarea de memorizarlos. Cada uno de ellos es responsable de contener en su memoria un libro. El libro y la película son altamente disfrutables. Éntrele a los dos, no quedará decepcionado.

El jueves 25 proyectan El libro de cabecera (1996) del controversial pero interesante director inglés Peter Greenaway, pintor de profesión y autor de películas perturbadoras tanto por la temática que aborda en ellas como por su ánimo de romper con los cánones del cine, estableciendo de alguna forma las posibles directrices por las que deberá discurrir este arte en el futuro. Interesantes son sus tesis sobre las cuatro tiranías que en un tiempo me permitieron elaborar una ponencia sobre el cine del futuro. Regresando a la película, El libro de Cabecera “es una película de carácter iniciático en la que Nagiko —narradora y protagonista— va contando su proceso de aprendizaje. Proceso que se simboliza en el paso de ser soporte de escritura a convertirse ella misma en ‘pincel’; y que tiene, como etapas intermedias, el conocimiento del amor, de la muerte y de la venganza”. Esta es una película conocida, y por su calidad estética e innovadora en el lenguaje del cine, es muy probable que no perderá vigencia; es prácticamente un clásico del siglo XX.

Cierra este ciclo The Hollywood Librarian (2007) un documental dirigido por Ann Seidl. Esta es su única película. Dice la Pequeña saltamontes en su blog: “The Hollywood Librarian es un documental que trata sobre la figura del bibliotecario y el trabajo que realiza a través de la imagen que se desprende en diferentes película de Hollywood. El documental mezcla clips cinematográficos de películas que han tratado la figura del bibliotecario desde diferentes puntos de vista, algunos más positivos, otros negativos y algunos ridiculizantes (sic), con entrevistas a bibliotecarios americanos que analizan la imagen estereotipada que tiene la sociedad de su figura y del trabajo que realizan. The Hollywood Librarian también estudia los diferentes tipos de bibliotecarios que existen (escolar, infantil, director, catalogador, documentalista, de prisiones...) así como los diferentes servicios bibliotecarios que se dan en la sociedad (de grandes ciudades a rurales) y los cambios que la era de la información y las nuevas tecnologías han obligado a evolucionar a nuestra profesión”. Se ve que doña Saltamontes es bibliotecaria. Quizá es la película que los organizadores del ciclo esperan menos gente por eso la han programado en el Auditorio Euquerio Guerrero, que es una sala muy chiquita, casi íntima, a diferencia del Teatro principal.

Para acercarse a este banquete fílmico donde los libros tienen la pantalla, consulten la cartelera.

domingo, 7 de agosto de 2011

EL AUTOMÓVIL GRIS


El 11 de diciembre de 1919 se estrenó la película El automóvil gris, la primera gran película mexicana, escrita, dirigida y fotografiada por Enrique Rosas. Y fue desde su estreno un éxito rotundo similar a los estrenos de Harry Potter en nuestra época: se estrenó en 20 salas, que parece poco pero consideremos la época: la ciudad de México era entonces apenas un ranchito.

Dicen las crónicas periodísticas de la época que “…ayer fue una gran tarde de toros. Había romerías en los barrios y caravanas en las calles céntricas que se dirigían anhelantes a contemplar el sangriento Automóvil; en los pórticos de los salones se hacían colas esperando la apertura...“ Un anuncio publicado en El Universal decía: “es la película nacional más emocionante, más costosa, la que batirá el récord de interés y la que en su terreno pasará por el mayor número de salones (salas de cine) para que todo el público de la capital pueda ver en pantalla los tan discutidos y famosos crímenes que tan hondamente conmovieron a la sociedad”.

Esta película no sólo es importante porque fue la primer superproducción del cine mexicano y cuyo logro estético y comercial dejó una marca indeleble, sino porque además es un documento que recoge los hechos turbulentos en plena convulsión revolucionaria, cuando tres fuerzas se disputaban el poder de México y de su capital: a veces los carrancistas tomaban el poder, a veces los zapatistas y a veces los Villistas y cada uno tomaba lo que quería y cada uno ponía a circular sus propios billetes que los azorados comerciantes tenían que aceptar con el temor que pronto no valiera ni el papel en el que estaba impreso: “La ciudad andaba enloquecida. Con cada entrada de tropa, cambiaba la moneda. Los acaparadores aparecían como hongos tras la lluvia, y la confusión era brutal. Cada grupo político-militar tenía sus propios billetes. Carranza fue quien comenzó la confusión. En uno de sus primeros decretos ordenó la emisión de papel moneda de cinco, diez y veinte centavos. Eran unos cartoncitos de seis centímetros de largo por tres de ancho que llevaban impreso en el anverso, el escudo nacional y la cifra equivalente a su valor, y en el reverso el emblema de la Justicia con la leyenda ‘Gobierno Constitucional de México’, el número correspondiente a su emisión y la advertencia de ser moneda transitoria”. Fue en esta época que nació la palabra “bilimbiques” para nombrar a estos billetes chafas, “derivado probablemente de un estadounidense llamado William Wynkes, quien también emitió un papel moneda sin respaldo”.

En este periodo turbulento, la ciudad se hundió en el caos sin una autoridad que asumiera el control. Cada bando cantaba para su santo y muchos escudados en el uniforme cometían desmanes y robos.

Fue en esa época que una banda ganó notoriedad por su modus operandi. Vestidos de militares llegaban a las casas de los más ricos con órdenes de cateo de parte de sus jefes para buscar armas. Una vez dentro se dedicaban a embolsarse todo lo que había.

El hecho que sirvió de base argumental para la película sucedió el 26 de abril de 1915 cuando un grupo de militares llegó a la casa del señor Vicente González con una orden de cateo firmada por el general zapatista Amador Salazar, jefe del Cuartel General del Ejército del Sur, y le roban 4 mil pesos y alhajas de poco valor. Las señas de los criminales es que iban en un automóvil gris. La banda cometería más robos hasta que por presiones de las víctimas fueron apresados y fusilados posteriormente. Su jefe, el español avecindado en México, Higinio Granda, también fue apresado pero se libró de ser fusilado. Enrique Rosas fue el único al que se le permitió filmar el hecho.

La película de Rosas (hecha cuatro años después) incluye esta escena, real, bien snuff, del fusilamiento de estos delincuentes. “Fue filmada —dice la página de internet del Tec de Monterrey— originalmente como una serie de doce episodios… Estuvo basada en una serie de crímenes que sacudieron a la sociedad capitalina de 1915, El automóvil gris trajo por primera vez al cine mexicano la experiencia histórica inmediata. En este sentido, la cinta es una de las más contemporáneas de su tiempo, un enorme trabajo de ‘cinéma vérité’ que incluye dos elementos totalmente reales: el inspector Juan Manuel Cabrera interpretándose a sí mismo y la famosa escena final del fusilamiento real de los ladrones”.

La película fue producida por la empresa Azteca Films, propiedad del propio Rosas y la diva Mimí Derba, actriz de zarzuela famosa en esa época, con dinero, se dice, de la Revolución, específicamente, del general Pablo González, postulante a la presidencia.

Llama la atención las declaraciones de Mimi Derba sobre los propósitos de su casa productora: “Hay que pensar en la fuerza con que un argumento y buen desarrollo cinematográfico pueden infiltrar en el ánimo de los observadores, cualidades como la iniciativa, la perseverancia, la energía, la voluntad, etc.” Bien podrían tomar esta lección los dueños de Televisa y TV Azteca para mejorar sus basurientas televisoras.

Yo nada sabía al respecto, tanto de los hechos históricos como de la película de Rosas, sólo tenía noticias vagas de mis lecturas de libros de historia del cine y lo que había escuchado en mis clases de cine en la Universidad, pero sin profundizar. Pero heme aquí que me encontré en mi librería favorita (la tienda de autoservicios cercana) un librito que recién salió a la venta: La banda del automóvil gris, escrito por Agustín Sánchez González. Yo pensé al principio que era una especie de novela en la que se basaba la película. Pero me extrañaba que saliera la foto del autor, una foto muy contemporánea. Pronto descubrí que era un libro entre histórico y ensayístico de ese telón de fondo de la revolución: el caos en la ciudad. De este libro saqué las citas textuales que cité entrecomilladamente arriba.

Resulta que el autor nació en la ciudad de México, en 1956. Es licenciado en Historia por la UNAM y autor de varios libros donde combina la historia, la literatura y el periodismo. Entre sus obras más destacadas se encuentran La banda del automóvil gris, Juárez en tres tiempos, 7 moneros, Terribilísimas historias de crímenes y horrores en la Ciudad de México en el siglo XIX, Historia de un señor que una vez fue grillo, El General en La Bombilla y La nota roja en 1910. Desde hace 15 años es investigador del CENIDIAP/INBA y es uno de los más importantes especialistas en la caricatura mexicana, autor del clásico Diccionario biográfico ilustrado de la caricatura mexicana. Su obra ha sido compilada en varias antologías literarias y ha recibido diversos reconocimientos por su trabajo literario y de investigación, como el segundo lugar del Premio de Crónica Bernal Díaz del Castillo en 2002.

Ahora usted puede ver esta película en su cine favorito: el You Tube. Ahí, en esa magnífica cineteca, está esta joya del cine nacional si bien no en su versión original pues esta fue reeditada y sonorizada en 1933 y vuelta a remasterizar en 1950, versión esta última que está en el You Tube pero que sorprende la calidad y habilidad de este primitivo cineasta que tenían la fuerza, el empuje y la habilidad de tejer una monumental obra fílmica.

Búsquela y disfrútela. Viene en 8 fragmentos, molestos, pero que bien vale nuestra paciencia.

martes, 26 de julio de 2011

lunes, 4 de julio de 2011

LOS ROMPECABEZAS Y EL CINE


Los rompecabezas son uno de los entretenimientos más intensos y cautivantes. Largas horas me he pasado con la cabeza agachada tratando de calzar una pieza huidiza o buscando alguna estrategia de construcción. Por ejemplo: empezar armando el marco, o construir una imagen específica, o trabajar en equipo con los de la familia: que cada quien se ocupe de una parte y luego unirlas en un todo. O bien, organizar la construcción del rompecabezas como una carrera de relevos. En el más reciente rompecabezas que armamos en casa, la muchacha de la limpieza puso la última pieza que encontró debajo de un sillón, cuando ya nos habíamos resignados a tener un rompecabezas chimuelo.

La complejidad de los rompecabezas está en relación directa con la cantidad y pequeñez de las piezas y por la ausencia de figuras definidas. Y entre más complejo, es más cautivante.

Mientras trataba de construir el rompecabezas de El hombre Vitruvio de Da Vinci me encontré con un librito de divulgación científica interesante: Las neuronas de Shakespeare de Carlos Chimal (novelista y escritor científico, nacido en México en 1954). Dice este libro que los rompecabezas fueron inventados con el objeto de enseñar geografía. Su inventor fue el inglés John Spilsbury.

Inquieto por indagar más sobre este juego ahondé sobre John Spilsbury y encontré que fue aprendiz del geógrafo del Rey Jorge III, Thomas Jefferys. Y que se dedicó a vender pinturas, mapas (que él mismo dibujaba), cartas geográficas y artículos de papelería; también fue fabricante de sellos e impresor de libros infantiles educativos. Este hombre que nació en 1739 y murió en 1769, desarrollo el rompecabezas buscando un instrumento que ayudara a los maestros a enseñar geografía a los niños. Lo que hizo fue pegar un mapa mundial a una tabla y luego recortó cada país. Este burdo rompecabezas fue bien aceptado y al ver en él una oportunidad de negocio, fabricó más con ocho temas geográficos: El mundo, Europa, Asia, África, América, Inglaterra y Gales, Irlanda y Escocia.
Seguí rascando como un perro en busca de un hueso y encontré que a pesar de que la paternidad del rompecabezas se le ha adjudicado a Spilsbury, ya otros habían hecho juegos similares. El gran matemático siracusiano Arquímedes (287-212 a.C.) desarrolló un juego llamado Loculus Arquimedius (Caja de Arquímedes), conocido como Ostomachion. Se trata de juego de disección que consiste en 14 polígonos que unidos hacen un cuadrado. Estas piezas permiten armar figuras de personas, animales y objetos.

El loculus de Arquímedes es similar al rompecabezas chino, muy antiguo, llamado Tangrama, que en chino significa “Los siete tableros de astucia", porque está formado por 7 piezas con las cuales hay que formar siluetas. Las 7 piezas, llamadas "Tans", son 5 triángulos de diferentes tamaños, un cuadrado y un paralelogramo romboide. Normalmente los "Tans" se guardan formando un cuadrado.
Volviendo a Spilsbury. El original sentido pedagógico de su rompecabezas rápidamente se convirtió en un pasatiempo mayormente infantil hasta que a principios del siglo XIX, los fabricantes Milton y McLaughlin Bradley crearon rompecabezas con un mayor número de piezas y mayor complejidad, omitiendo la imagen que podría servir de guía para construir el rompecabezas y así picar la curiosidad de los mayores. La estrategia resultó ser todo un éxito, pues en poco tiempo, los adultos hicieron del rompecabezas uno de sus pasatiempos favoritos. Alrededor de 1920 se comenzó a sustituir la madera por el cartón, disminuyendo el precio de estos juegos y simplificando el proceso de su fabricación, pues antes del siglo XX eran muy caros y solo la alta sociedad se los podía permitir. Con la introducción de nuevas técnicas de fabricación se abarataron y se popularizaron enormemente. La época dorada de los rompecabezas fue en los años 20 y 30. A esto ayudó también el que se hiciesen más difíciles, con más piezas intrincadas.

Por alguna extraña vía se han hecho muchas variaciones del rompecabezas para diversos fines. Dice el Wikipedia: “Del siglo XVII datan las primeras cerraduras con truco o de combinaciones para burlar a los ladrones. A finales del siglo XIX, las indias norteamericanas usaban monederos trucados para guardar el dinero y los dados de juego. En 1800, el vendedor de juguetes alemán Bestelmeier vendía piezas de madera que se encajaban en forma de cruz, y desde 1970 se han diseñado cientos de rompecabezas poliédricos y hasta redondos.

A pesar de las apariencias, dice Georges Perec (1936-1982) en su novela La vida: Un manual del usuario, “armar un rompecabezas no es un juego solitario, pues cada movimiento que intenta el que lo resuelve ya ha sido dado por el creador de acertijos; cada pieza que toma, deja y vuelve a tomar, cada hueco que imagina relleno, cada combinación y corazonada que parece presentarse aquí o allá, cada tropiezo y cada acierto han sido diseñados, calculado y decididos por el otro”.

El rompecabezas por un camino diferente llegó al cine como parte de una técnica esencial de este arte: el montaje. Las primeras películas de ficción realizadas por George Meliés consistían en una larga toma continua, mientras en el escenario de su teatro se llevaban a cabo las acciones. La cámara inmóvil estaba al centro de la butaquería como un solitario espectador, como un ojo vigilante, inmóvil.

Los pioneros del cine pronto descubrieron que acercando la cámara y cambiando de emplazamientos, el cine ganaba fuerza expresiva. Es decir, la estrategia era fragmentar la acción para filmarla en pedacitos, lo cuales, posteriormente, se van uniendo en la sala de edición. Este trabajo se convierte en un verdadero juego de acertijo, sobre todo en el sistema de filmación del cine norteamericano: el “master con protecciones”, en el cual se filma toda la acción en una toma abierta y larga; luego se hacen planos más cercanos. Y esa pedacería se le entrega al editor quien tendrá la ardua tarea de ensamblar las piezas hasta dar la apariencia de una acción continua a través de los cortes.

Es tan complejo el trabajo de un editor que la academia norteamericana le otorga un Oscar a esta labor que ahora se ha aligerado mucho con las computadoras de edición.

No quisiera terminar este artículo sin mencionar la aparición de un rompecabezas en una película. Se trata de la majestuosa El Ciudadano Kane (Wells, 1941) en la que la segunda esposa de Kane, aburrida en su frío palacete, Xanadu, juega a armar rompecabezas de numerosas piezas. Y es El ciudadano Kane un rompecabezas fílmico en la que el espectador tendrá que ir uniendo los pedazos que aparecen desde el punto de vista de los protagonistas para crear su propia versión de esta obra maestra realizada por el jovencísimo Orson Welles que para ese entonces tenía apenas 24 años.

lunes, 30 de mayo de 2011

EL FIN DEL MUNDO: THE ROAD


¿El 21 de diciembre del 2012 se va a acabar el mundo? Tantas veces nos han dicho esto que cuando de verdad se acabe nos va a agarrar de sorpresa que ni tiempo nos va a dar de ponernos los pantalones.
El fin de mundo es uno de los fantasmas que recorren al mundo poniendo a temblar a la humanidad desde tiempos antiguos. Cada catástrofe o fenómeno natural es suficiente para pensar que nuestra frágil casa se va a derrumbar. Al pasar de los años este temor ha sido cultivado particularmente por las diversas religiones, de modo que es posible encontrar escatologías (teorías o profecías apocalípticas) no solo cristianas sino budistas, hinduistas, islámica, mazdeístas, hebreas y hasta marxistas. Pero a pesar de tantos anuncios el necio mundo no se acaba. Aquí sigue, resistiendo los violentos embates del ser humano. Claro que de vez en cuando se defiende y nos pone unos sustos que aceleran nuestras obsesiones apocalípticas.
Tanto la Biblia como el Popol Vuh y otros libros reportan ya un fin del mundo a través del diluvio universal. Después de esta catástrofe, se vaticina un final aun peor, tanto en el libro del Apocalipsis como en textos de diversos profetas como Nostradamus. Y ahora nos dicen que también los mayas vaticinan un fin del mundo que se va a cumplir el 21 de diciembre del 2012.
De que eso suceda está en duda sobre todo porque estos vaticinios (los mayas) como de los Nostradamus no son claramente específicos. Quienes determinan las fechas son los intérpretes de dichas profecías, e interpretan muy caprichosamente.
Pero, ¿realmente se va a acabar el mundo? La respuesta simple y llana es sí, algún día, pues todo lo que se mueve en la dimensión espacio y tiempo tiende a cambiar y desaparecer. Los seres vivos, nos decían en las clases de primaria cuando el fantasma de Elba Esther Gordillo no rondaba por el sistema nervioso de la educación, nacen, crecen, se multiplican y mueren.
Un día, inevitablemente, nuestro planeta, agotado, se transformará en algo diferente lo cual significará el fin de las cosas como las conocemos. ¿Cuándo? Nadie sabe, a pesar de que ya el mundo da signos de agotamiento.
Esta idea del fin del mundo ha provocado la creación de muchas novelas y películas, la mayoría de un nivel muy elemental, aunque de pronto aparecen ciertas obras de calidad, que se atreven a imaginar una realidad posible, probable, pero sin afirmar que esa es la verdad.
Una novela de este tipo es The Road (El último camino) escrita por Cormac McCarthy, un buen novelista norteamericano. McCarthy, en ese libro, se atreve a construir un escenario probable de un futuro cuando quizá tras una probable guerra nuclear (nunca lo dice) destruya la vida tal y como la conocemos. Ante tal hecho cabe preguntarnos ¿Qué sucedería si en un futuro cercano los terribles vaticinios apocalípticos se cumplieran? ¿Qué haríamos? ¿Seguiríamos siendo civilizados o nos convertiríamos en salvajes y no dudaríamos en matar a quien ponga en riesgo nuestra sobrevivencia? ¿O nos uniríamos, ante tal desgracia, para construir un mundo mucho mejor?
En los setenta películas como Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973) me estremecía haciéndome pensar en el posible advenimiento de un apocalipsis en el cual la humanidad tendría que recurrir al canibalismo industrial para dotarse de alimentos después de que la vegetación y los animales se hubieran acabado.
Yo, lector silvestre que me había iniciado con las novelas de ciencia ficción, me volví fan de estos relatos catastrofistas. 2001 Odisea del Espacio me hizo aullar aunque no logré entenderla hasta que leí la versión novelada de su guionista Arthur C. Clark. Y devoré Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, y cazaba cuanta película sobre el tema aparecía en pantalla, buena o mala, no importaba.
En The Road, Cormac McCarthy se dio a la tarea de recrear un mundo post-apocalíptico bastante desesperanzador. En un futuro no determinado, un hombre y su hijo de 10 años, emprenden una marcha hacia el sur de los Estados Unidos, a través de una carretera. Es una travesía enloquecida y sin sentido ni esperanza pues el entorno ha sido devastado por algún cataclismo no mencionado. La vegetación ha sido carbonizada y los incendios consumen lo poco que queda. La mayoría de los seres humanos han muerto y los que quedan sobreviven de los alimentos que han quedado en casas y comercios. Y cuando estos se acaban, se desata el canibalismo más feroz. Bandas de hombres armados y salvajes andan a la caza personas indefensas. El hombre y su hijo tienen que sortear estos peligros sin la posibilidad de confiar en alguien y enfrentando el fantasma terrorífico del hambre y del frío que los acosa. Todo su peregrinar ha estado orientado hacia el sur, buscando un clima más benigno y así encontrar mejores condiciones de sobrevivencia. La novela traza un arco dramático sutil pero efectivo en el que casi sin percibirlo se les van mermando al hombre y a su hijo el agua, el alimento, sus propias fuerzas y su esperanza. Cada vez es más difícil encontrar algún tipo de víveres y abrigo. En estas condiciones, el clima es otro adversario más y refugiarse en casas es más peligroso que dormir oculto entre rocas, árboles, troncos, hierbas renegridas y secas, pues así pasan inadvertidos a los caníbales.
El día que compré esta última novela de Cormac descubrí que había una versión fílmica de este libro en cartelera en ese momento (octubre o noviembre del año pasado). Es la primera vez que me sucede. La novela empieza con un tono casi lineal y va aumentando poco a poco su dramatismo de modo que azuza la curiosidad por ver la versión fílmica (titulada en México como El último camino). Esta película fue realizada por el director australiano John Hillcoat. Con acierto, la película logra recrear el ambiente sórdido y desesperado de la novela y no traiciona su espíritu. Ni la novela ni la película ofrecen un final feliz. Dice Carlos Bonfil: “El último camino es un relato sostenido por actuaciones de primer orden (Mortensen, con la solvencia acostumbrada; el niño Smit-Mc Phee, toda una revelación), muy eficaz en su manejo de emociones en ese largo ritual de duelo anticipado que ofician las dos últimas generaciones del planeta, y que ofrece más pasto a la reflexión que a los estímulos del entretenimiento masivo”.
En efecto, es una película que deja pensando en la posibilidad de que estemos ya viviendo el comienzo de un mundo devastado, violento, cruel y sin futuro. Los abusos al medio ambiente y el recrudecimiento de la violencia mandan avisos.
No es una película (y libro) esperanzador, sino desolador aunque muy en el fondo, al final, hay una sugerencia de esperanza, pero una esperanza que deberá ser alcanzada después de un largo periodo de agonía.
Ambas, la película y el libro, me dejaron satisfecho. Muy recomendables y relativamente fáciles de conseguir en México y Guanajuato.

domingo, 15 de mayo de 2011

AGORA: película de Alejandro Amenabar




Reverenciada Hipatia, ornamento del saber,
estrella inmaculada de sabia formación,
cuando os veo a ti y a tu discurso,
yo te adoro mirando al hogar celestial de la Virgen,
porque tus quehaceres están en el cielo.

Antología Palatina, IX, 400.

Sobre las espaldas históricas del cristianismo pesan algunas ignominias difíciles de digerir, que dan cuenta de que, cuando una fe es devorada por el fanatismo, no hay sermón de la montaña que detenga la barbarie. Cabe subrayar que tales periodos de irracionalidad fanática no cancela las bondades de ninguna religión o ideología, cuando éstas en esencia son buenas. Más bien, los fanáticos se escudan en ellas para justificar ambiciones oscuras y destructivas.
Hipatía de Alejandría (370-415) es uno de los múltiples mártires del cristianismo fanático. Recién los cristianos habían dejado de ser perseguido por los romanos, cuando ellos aplicaron en Alejandría la misma medicina intolerante con quienes no compartían sus creencias, contrariando con ello las enseñanzas de Cristo quien ordenaba: “Amad a vuestros enemigos”.
Poco sabía yo de Hipatía; o más bien, nada. Y poco sabía sobre la biblioteca de Alejandría salvo que había sido quemada. Hace un par de meses cayó en mis manos la novela El incendio de Alejandría, que según dice la leyenda publicitaria de la portada, es “Una novela cautivadora sobre la biblioteca más legendaria de la historia”.
Empecé a leerla y la novela no me cautivo, más bien me aburrió y la dejé como en la página 40. Poco después una maestra del campus Celaya-Salvatierra me pidió que le copiara una película. Se trataba de Ágora, película que no había visto y que versaba sobre la biblioteca de Alejandría. Me sorprendió que la película fuese española con una superproducción como de Hollywood. El personaje principal era (de los muchos sobresalientes que hubo alrededor de la biblioteca) Hipatía de Alejandría y me abría un panorama desconocido: la destrucción de los acervos por parte de un grupo de cristianos intolerante: los parabolanos. Este hecho lo desconocía completamente.
Picado por la curiosidad volví a la novela. Su autor es Jean Pierre Luminet (1951), escritor francés, quien es además astrónomo y artista plástico, y al parecer se dedica a escribir novelas sobre la ciencia y la astronomía. Tiene en su haber El enigma de Copérnico y La discordia celeste, su más reciente obra.
La anécdota que cuenta El incendio de Alejandría es sobre el encuentro (ficticio) entre el general musulmán Amr (conquistador de Alejandría bajo las órdenes del Califa Omar), Juan Filopón, un viejo gramático y filósofo cristiano y director de la biblioteca, Rhazes (personaje ficticio), médico judío, e Hipatía, supuesta sobrina de Filopón y quien, como su homónima (esa sí real), tiene una pasión por las ciencias y la astronomía. Este encuentro se realiza poco antes de que Amr queme la ciudad y de paso la biblioteca. Y en dicho encuentro, Filopón, Rhazes e Hipatia tratan de convencer a Amr de que no destruya la biblioteca haciendo un repaso sobre los estudiosos sobresalientes que hubo en Alejandría y la importancia de sus descubrimientos. Y este recuento es lo más valioso e ilustrador de la novela. Es más un compendio de los grandes estudiosos que surgieron alrededor de la biblioteca alejandrina.
Por su parte, Agora (2009), es una película de Alejandro Amenábar (director español de origen chileno altamente reconocido por sus películas Tesis (1996), Abre los ojos (1997), Los otros (2001), Mar adentro (2004), se centra sólo en el conflicto entre los adoradores de Serapis (deidad sincrética greco-egipcia a la que Ptolomeo I declaró patrón de Alejandría y dios oficial de Egipto y Grecia con el propósito de vincular culturalmente a los dos pueblos) y los parabolanos (miembros de una hermandad cristiana que en los primeros siglos de la Iglesia se hacían cargo, de forma voluntaria, del cuidado de los enfermos y de enterrar a los muertos). Estos últimos, al ganar el favor político del emperador Teodosio I, el Grande, imponen su poder violentamente en Alejandría con consecuencias fatídicas para los seguidores de Serapis, para la Biblioteca (que sufre una de sus muchas destrucciones) y para Hipatía, aunque se dice que no fueron ellos quienes le dieron muerte.
La película trata de apegarse a los hechos históricos conocidos, pero para darle un atractivo al público, impone una situación amorosa entre sus discípulos: Orestes (quien se convirtió en prefecto imperial de Egipto) y su esclavo Davo (ficticio), quien se enrola con los parabolanos y cuyo amor por ella le valió cierto tipo de protección. De cualquier forma, es una película interesante cuyo propósito, en palabras de Amenabar, fue “devolverle la vida con un enfoque hiperrealista, conseguir que los espectadores vean, sientan y huelan una civilización remota como si fuera su propia realidad”. Y agrega: “Me siento inmensamente privilegiado y agradecido por contar con Rachel Weisz en este viaje. Su inmenso talento, su inteligencia y su humanidad ya se están haciendo sentir entre nosotros”.
Ágora es la quinta película de Amenabar y la segunda rodada íntegramente en inglés ganadora de 7 Premios Goya, incluyendo Mejor Guión original para Alejandro Amenábar y Mateo Gil, lo que la convirtió en la segunda película más premiada de la XXIV edición de los Premios Goya de la academia de cine español.
La película, como su protagonista, fue objeto de duras controversias. Dice el Wikipedia: “El Observatorio Antidifamación Religiosa protestó contra la película por ‘promover el odio a los cristianos y el refuerzo de falsos tópicos sobre la Iglesia Católica’. La película en un principio tuvo problemas para encontrar distribuidores en Estados Unidos y en Italia, posiblemente por la crítica que señala en relación a la Iglesia Católica, aunque finalmente encontró distribuidores en ambos países. Fue censurada en Egipto por ‘insultar a la religión’”.
Hace poco fue estrenada en los cines del estado de Guanajuato aunque pasó desapercibida, pero aún es posible encontrarla en lo videoclubes o en la piratería. La película y el libro son una buena oportunidad para revalorar la importancia de la ciencia y la educación y adentrarse en los grandes descubrimientos matemáticos y astronómicos de los griegos de Alejandría como el de Aristarco de Samos que desde el siglo III antes de Cristo había calculado la distancia del sol a la tierra con asombrosa exactitud y Eratóstenes de Cirene quien en el siglo segundo antes de Cristo, calculó la circunferencia de la tierra.
Para completar el viaje a ese pasado recomiendo vean el capitulo XIII de la serie Cosmos, de Carl Sagan, donde aborda la figura de Hipatía y la importancia de la monumental y desparecida biblioteca alejandrina.

domingo, 1 de mayo de 2011

EL PARAÍSO

Cuando los asesinos maten al último inocente, se les abrirán las verdaderas puertas de su paraíso: el infierno.

miércoles, 27 de abril de 2011

JESUCRISTO EN EL CINE



Cada periodo de Semana Santa se programa, en la televisión, algunas de las múltiples versiones de Cristo que se han filmado. Y digo algunas, porque la historia de Jesús es una de las más llevadas a la pantalla. Tan pronto nació el cine se hicieron las primeras versiones. Según algunos datos históricos, la primera película sobre Cristo fue La Passion du Christ que en 1897 dirigieron Léar y Basile. Este film parece que fue anterior a la película Vida y Pasión de Jesucristo, de Los hermanos Lumiére (padres del cine). En 1897, en varios países, se filmaron varias películas sobre la vida de Jesús: en Italia, La Passione di Gesú, dirigida por Lugi Topt; en Estados Unidos: Passion Play, una versión de la pasión que se representaba en Oberamergau (Alemania), y en Gran Bretaña: The Sing of the Cross. Son numerosas las películas de aquellos años: Le Christ marchant sur flots (1900), de George Mèliés; La Passion du Christ (1902); La vie du Jesús (1905), de Ferdinand Zecca, Le Baiser de Judás (1913), de Armand Bour, etc. Muchas de ellas no pasaron a la posteridad.
Desde entonces, la vida de Cristo ha conocido muchas versiones: algunas más apegadas al texto bíblico (The Jesus Film, 1979, Peter Sykes) otras menos (Jesús de Nazareth, 1977, Franco Zefirelli) o incluso especulativas (La última tentación de Cristo, 1988, Martín Scorsese) o excesivamente explícitas y detalladas en el sufrimiento de Cristo (La pasión de Cristo, 2004, Mel Gibson).
Antes de la llegada del cine, la imagen de Cristo implantada en el imaginario colectivo del pueblo creyente estaba dictada por la pintura. El cine ha contribuido ahora a ese imaginario colectivo, aunque en muchos sentidos ha seguido la iconografía asentada por los pintores, particularmente, del renacimiento.
Una película que no esconde esta influencia de la pintura es la que realizó el gran director de cine Pier Paolo Pasolini: El evangelio Según San Mateo (1964), una película que sorprende en muchos aspectos: hay un estricto apego al texto bíblico, los actores no profesionales le dan un enorme grado de realismo, y los escenarios italianos, por ejemplo, Matera, Italia, un poblado antiguo construido en la ladera de un cerro, recrean extraordinariamente los escenarios agreste probables de la antigua Israel.
Pero antes de hablar de la película, es importante saber quién es este director. Pasolini además de cineasta fue novelista, ensayista, dramaturgo, notable poeta, militante del partido comunista y declarado ateo. Dice Wikipedia: “Pasolini nació en Bolonia (1922), ciudad de tradición política izquierdista. Era hijo de un soldado que se hizo famoso por salvar la vida de Benito Mussolini. Empezó a escribir poemas a los siete años de edad y publicó por primera vez a los 19 mientras se encontraba estudiando en la Universidad de Bolonia. Durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado. Los alemanes lo capturaron pero logró escapar. Luego de la guerra se unió al Partido Comunista Italiano, en Ferrara, pero se salió dos años después”. Y agrega: “Su obra poética, igual que su obra ensayística y periodística, polemiza con el marxismo oficial y el catolicismo, a los que llamaba «las dos iglesias» y les reprochaba no entender la cultura de sus propias bases proletarias y campesinas. Juzgaba asimismo que el sistema cultural dominante, sobre todo a través de la televisión, creaba un modelo unificador que destruía las culturas más ingenuas y valiosas de las tradiciones populares”.
Por estos antecedentes sorprende que La pasión según San Mateo se la haya dedicado al papa Juan XXIII, pero además sea un filme respetuoso del texto bíblico en el que sobresale la claridad del mensaje evangélico, sin adulterar su fuente, en un riguroso registro en blanco y negro, que retrata en forma cruda muy en el estilo del neorrealismo italiano.
Como dice la sinopsis de la versión en video que circula en México: “Pasolini logra desde la primera imagen, que la Pasión de Cristo parezca nueva y a la vez tan antigua, tan primitiva, tan áspera, tan poco confortadora, como les debió parecer a quienes escucharon en las voces de los primeros discípulos, de los testigos presenciales (particularmente a los fariseos y saduceos, digo yo) de los hechos de una vida a la que los siglos y las iconografías han cargado de simbolismos intraspasables”.
El mismo Pasolini dice de esta película: «Habría podido desmitificar la situación histórica real, las relaciones entre Pilato y Herodes, habría podido desmitificar la figura de Cristo mitificada por el romanticismo, por el catolicismo y por la contrarreforma, desmitificar todo. Pero después, ¿cómo habría podido desmitificar el problema de la muerte? El problema que no puedo desmitificar es ese mucho de profundamente irracional, y por tanto, de algún modo, religioso, que está en el misterio del mundo. Eso no es desmitificable»
La poderosa iconografía de esta película tiene sus raíces en la mejor pintura italiana. Al respecto dice Pasolini: «Mi gusto cinematográfico no es de origen cinematográfico, sino figurativo. Lo que tengo en la mente como visión, como campo visual, son los frescos de Masaccio y de Giotto, que son los pintores que más amo junto con ciertos manieristas (por ejemplo, Pontormo)...» Y agrega: «Cada vez que empiezo un encuadre o una secuencia, quiera o no tengo mi mundo visualizado a través de elementos pictóricos y, por ello, mis referencias a la plástica histórica son continuas. En el Evangelio he intentado evitar referencias a una plástica única o a un tipo preciso de pintura. No me he referido a un pintor o a una época, sino que he intentado adecuar las normas de los personajes y de los hechos.»
Dicen Ana María Sedeño Valdellós y Enrique Martínez-Salanova Sánchez en su página de internet La influencia de la pintura en el cine: “Tanto en la escenografía como en el vestuario, inspirado en la pintura del cuatrocientos y especialmente en la pintura de Piero della Francesca, Pasolini realiza conscientemente un anacronismo, pues traslada la historia de Jesús a un plano indefinido en el tiempo. En ocasiones los edificios son renacentistas, en otros de la Italia en la que se filmó, así como los rostros de los personajes.
“Pasolini llama a su forma de filmar, realismo popular, que para él se encontraba en las pinturas del Greco, de Piero della Francesca y en los cuadros bizantinos. Para los vestuarios de los fariseos, con sus sombreros en forma de cestos, se inspiró en los cuadros de Piero della Francesca. Para algunos vestidos se inspiró en los frescos de la Historia de la Vera Cruz, en Arezzo. Las miradas entre Jesús y los apóstoles en el Evangelio de Pasolini son las miradas de Caravaggio. Por primera vez utilizó para filmar la panorámica lenta, para asemejarse más a la visión renacentista”.

miércoles, 20 de abril de 2011

EL CISNE NEGRO


¿Cuáles son los límites de esfuerzo humano por alcanzar la perfección? ¿Es posible alcanzarla? ¿Existe la perfección en el arte?¿Vale la pena sacrificarse por ello? ¿O es mejor llevársela tranquila? Tal vez el espíritu nacional, ese que cantaba Chava Flores, y que se refleja en la frase de Clavillazo “La cosa es calmada”, o en el dicho popular: “Es mejor trote que dure y no paso que canse”, estas preguntas no tienen importancia.
Sin embargo, es este deseo de alcanzar una cima más allá de los límites es el que ha hecho que con frecuencia muchos hayan roto los imposibles y diciéndonos que los límites no existen. Si una generación no llega a la marca ya lo hará la que sigue. A principios del siglo XIX Niccolò Paganini (1782-1840) sorprendía al mundo ejecutando el violín como nadie y sus composiciones, cuando hubo muerto, fueron guardadas porque era imposible tocarlas.
Pero este esfuerzo por sobrepasar los límites se paga, muchas veces, bastante cara la osadía, o terminan trágicamente, como Ícaro, quien buscando alcanzar al sol, sus alas se derritieron, o son asesinados vía la ignorancia y el desprecio: Mozart o Van Gogh, Tolousse Lautrec. Juan Domingo Argüelles en la introducción a la novela La obra maestra desconocida, de Balzac, escribe: “El artista, el creador, o bien mira a los dioses o bien roba el fuego y recibe un castigo divino; pero lo que ni los dioses mismos le pueden impedir es la ambición por la grandeza y la inmortalidad”.
He aquí el motor que mueve a Nina, la protagonista de la película El cisne negro, en pleno espíritu romanticista, es decir, de morirse tratando de alcanzar la gloria. La película fue dirigida por Darren Aronofsky, el maestro de las obsesiones extremas y el desequilibrio mental. Sus películas anteriores son ejemplo de ello. En Pi: el orden del caos (1998), narra la vida de un matemático que su obsesión por encontrar el número perfecto que devele el orden del universo, lo empuja a taladrarse la cabeza; en Réquiem por un sueño (2000) explora el mundo de las drogas y sus efectos: en The Fontuntain (2006) aborda el tema del amor y la muerte; en The Wrestler (2008) aborda la vida de un antiguo campeón de lucha libre que se encuentra en el ocaso de su vida profesional. Ahora, en El Cisne negro (Black Swan), es un llamado thriller psicológico en la que narra la intensísima historia de una bailarina de ballet, Nina Sayers (Natalie Portman), en su esfuerzo por alcanzar la perfección.
El caso de Nina es similar al de muchos artistas, particularmente en el romanticismo, donde morían por el arte o or un ideal, como Manuel Acuña (el poeta mexicano que se suicidapor su amada Rosario) o Robert Schumann (1810-1856), que cuando se dedica a estudiar piano de manera profunda, para ejercitar los dedos más débiles, se amarra el dedo medio de ambas manos y se provoca una parálisis irreversible que lo obliga a abandonar el estudio del piano por el de la composición. Esta obsesión era síntoma de una enfermedad mental que afloró más tarde pues empezó a tener alucinaciones y molestias al oído. Desesperado, después de un fuerte ataque de alucinaciones, trata de suicidarse tirándose al río Rhin pero lo salvan unos pescadores. Finalmente, lo internan en una casa de salud mental donde muere.
Nina, en su afán de lograr la perfección empieza a sufrir delirios y fantasías psicóticas, creándose para sí un mundo terrorífico. Y cuando vemos estas escenas donde su empeño va minando su equilibrio mental y físico nos preguntamos ¿Vale la pena este esfuerzo, es martirio voluntario en aras de una quimera?
E s cierto que el arte y el deporte son dos disciplinas muy exigentes, y demandan a quien quiere brillar en ellas un sobre esfuerzo constante, una entrega total, un renunciamiento a la vida común que llevan los demás. Pasan horas y horas persiguiendo el dominio de su arte. Un pianista debe trabajar al menos 8 horas diarias con su instrumento. Lo mismo les sucede a los bailarines, a los pintores, a los cantantes, a los escritores, etc.
Tal parece que el sueño de la perfección es eso, un sueño, una meta inalcanzable. En 1831 Honoré de Balzac, el gran escritor francés, publicó una singular novela titulada La obra maestra desconocida donde explora la imposibilidad de ese sueño. El protagonista, el pintor Frenhofer trabaja incansable corrigiendo y corrigiendo su obra maestra para hacerla perfecta y de tanta corrección termina por destruirla. Sin embargo, en el artista vive ese afán por alcanzar esa cima, como dice
Este cuadro psicótico de Schumann es similar al de Nina. Ella, obsesionada por su técnica trabaja excesivamente. Su director artístico, Thomas Leroy (Vincent Cassel), le repite que la técnica no es lo más importante, sino la expresión, pero ella está empeñada en tener una técnica perfecta. Su entrega la va llevando a un sacrificio, a un martirio que pasa del terreno físico al psicológico. Su principal enemigo es su temor al fracaso. Leroy le pide que deje de ser una pieza mecánica para ser un personaje que conmueva a la agente. Todos sus esfuerzos parecen que no bastan. Encerrada en un callejón sin salida le va generando una cuadro psicótico en el que las alucinaciones se hacen presentes.
La película está construida en creccendo constante de modo que la tensión dramática va subiendo, subiendo, subiendo hasta lograr límites angustiantes iy sobrecogedores. Nohay descanso para el espectador. Los abundantes primerísimos planos nos meten a la psicología del personaje, una psicología enferma y asfixiante.
La maestría de Aronofski para manejar un arco dramático cada vez más intenso, como si estirara de una liga o un resorte y a cada escena estuviera tenso, más tenso hasta presentir que de un momento a otro se va a reventar y…
¿Vale la pena luchar por la perfección poniendo en riesgo la salud mental y física? Cuando esta perfección está impùlsada por la satisfacción del ego, creo que no. Pero bien vale la pena cuando ese sacrificio va a beneficiar a alguien y no sólo va a producir dinero o fama. El sacrificio, muchas veces, es el único camino para alcanzar nuevos límites en el desarrollo humano. Parece que estamos diseñados para asumir siempre nuevos retos y vencerlos. De ello se basa el desarrollo científico, tecnológico y artístico, pero el riesgo es perder el equilibrio en esa carrera sin fin.
Y es precisamente en el nodo El gran ausente de la película es el arte de la danza. Los aciertos o fallos de la danza vienen por gestos y comentarios principalmente del maestro. Pero quedan poco evidentes en la pantalla, en las imágenes, quizá ello debido a que el eje del drama está en el conflicto interno del personaje.
A pesar de ello es Es una de las películas más intensas que he visto recientemente con un clima agobiante realmente estremecedor. Es imposible quedar impasible ante esta película. Y parece que este es su estilo: llevar al espectador hasta el límite de su capacidad emocional.

EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...