sábado, 25 de septiembre de 2021

RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE James Joyce


Jeremías Ramírez

Leer la literatura de James Joyce es una tarea ardua, difícil, que se debe hacer lentamente, paso a paso, como por un intrincado bosque sin senderos trazados y cuya trayectoria puede cambiar sorpresivamente. 

Por esto es difícil leer los libros de Joyce y los lectores requerimos hacer varios intentos y un buen esfuerzo para culminar la lectura de sus libros más complejos.

Para leer Retrato del artista adolescente, yo tuve que hacer varios intentos que terminaron en avances breves y fallidos, y que no pasaban de más allá de unas cuantas páginas. Pero hace poco, dispuesto a que nada me imediría la lectura, avancé a paso lento, página a página, día a día, a contracorriente. A veces el avance diario no iba más allá de dos páginas, pero hubo otros en que avancé mucho más rápido: a casi veinte páginas por jornada. 

Retrato del artista adolescente es una novela autobiográfica que inicia desde que el protagonista es un niño y se extiende hasta la juventud, cuando es probable ya tenga unos 20 años. 

La narración tiene una fuerte introspección psicológica, técnica quizá novedosa para la literatura de principios del siglo XX, cuando fue publicada. 

Su personaje, Stephan Dedalus es el alter ego de Joyce. De esta forma enmascara, de cierto modo, su propia identidad a fin de que el lector no busque el dato preciso, pues a Joyce le parece más valioso exponer la percepción y las sensaciones del personaje que describir los escenarios en donde se realizan las acciones.

En los primeros dos capítulos se extiende largamente y con cierto grado de detalle para contarnos su estancia en la escuela; y sólo dedica un breve pasaje a una celebración de fin de año en su casa. 

La narración de su estancia escolar se centra en las anécdotas duras, crueles, en la que es castigado severamente por los profesores de manera injusta y abusiva. Dichos profesores son sacerdotes jesuitas que aplican una disciplina muy severa. Durante estas experiencias dolorosas vemos lo que piensa y siente el personaje, es decir, Joyce nos introduce en el discurrir de su conciencia. Y esto es justamente lo que hace dificil la lectura. Está técnica de narrar el fluir de la conciencia alcanzará su más alto nivel en su siguiente novela: Ulises, un verdadero reto para lectores de músculo bien desarrollado.

En Retrato del artista adolescente, sin previo aviso, da salto narrativos en el tiempo y el espacio. De un párrafo a otro ya estamos en su casa o en la escuela, o bien en diversas actividades escolares o varios meses o años después. 

En el capítulo dos, de pronto, llegamos a la adolescencia de Stephan Dedalus y al final de este capítulo, asistimos a su despertar sexual, cuya pasión irrefrenable lo empuja a satisfacer sus deseos con prostitutas y por ende, fácilmente manejado por sus impulsos.

Pero en el capítulo tres da un giro inesperado. Joyce nos sienta en la banca escolar junto a Dedalus para escuchar los larguísimos discursos morales y religiosos que los sacerdotes que dirigen ese centro educativo preuniversitario dictan sobre la moral católica y los castigos a los pecadores. 

Quien no profese la fe católica se verá sorprendido que Joyce se extienda largamente en un discurso terrorífico sobre los castigos del infierno destinado a quienes llevan una vida pecaminosa. Este discurso parece la transcripción de una predicación real, tal y como la dicta la iglesia. La descripción de los horrores del infierno es tan minuciosa que genera un cuadro tan parecido a un cuadro de horror como los del infierno que describe Dante Aligheri en La divina comedia. 

Ante tal avasallaje terrorífico Stephan se hunde en una profunda crisis moral que lo sumerge en un atroz sentimiento de culpa y busca por todos los medios librarse de esa tortura y reivindicarse ante Dios, pues él se cree que ya está perdido, que su alma terminará en el infierno. 

Poco a poco descubrimos que tal cuadro de horror es parte de la preparación de los estudiantes para la Primera Comunión. Y Stephan debe confesarse antes de tomar por primera vez la hostia y así librarse de la culpa y estar en condiciones de ese importante evento de la fe católica, pero no se atreve a confesarse con los sacerdotes de la escuela y busca una iglesia de barrio donde finalmente lo hace con un sacerdote capuchino. 

Cuando recibe la absolución nota que se siente liberado y regresa feliz a la escuela. Desde ese momento cambia su conducta y entra a una etapa de autodisciplina y contrición bastante estrujante para enmendar su existencia y hacer la voluntad de Dios. 

El resultado de esta autodisciplina hace que la vida de Dedalus sea tan ejemplar e intachable que el director del colegio cree que su vocación es el sacerdocio y busca comprometerlo. A pesar de que Dedalus está convencido y deseoso de dedicar su vida al servicio sacerdotal, en el último minuto cambia de parecer y abandona todo propósito religioso y en su lugar busca entregarse al arte y para ello decide abandonar Dublín.

En el último capítulo Dedalus va ultimando y definiendo su futuro como escritor y artista, a pesar de que su madre su opone y está enojada que no se haya dedicado al sacerdocio. 

Una larga charla con su amigo Cranly pone al descubierto el profundo conocimiento de Dedalus sobre el arte y su filosofía estética, a pesar de que todavía es un adolescente. Su familiaridad con autores griegos, latinos e incluso contemporáneos es tan amplio que lo vemos citar a grandes filósofos, entre ellos a Santo Tomás de Aquino, de quien toma sus tesis para elaborar su propia concepción sobre el arte.

En breves pasajes, como trazos sutiles, nos asomamos a su vida amorosa con una mujer que conoce desde niña, pero que a pesar de que está enamorado de ella sabe que las relaciones amorosas son harto complejas y decide tomar distancia.

Los últimos pasajes del libro están narrados como en una especie de diario en el que va plasmando apuntes, esbozos de su futuro como artista.

Este libro y su personaje principal, Stephan Dedalus, le servirán a Joyce para sentar las bases de lo que será su obra maestra: Ulises, en la que nos encontramos con Stephan Dedalus ya adulto. Y durante un día, un solo día, nos adentramos en la profundidad de su conciencia y vamos viendo a través de sus ojos diversos lugares de Dublín que lo llevan a la reflexión.

Cabe señalar que Joyce no fue un autor prolífico, pues se tardaba mucho en escribir una novela pues están llenas de detalles minuciosos. Simplemente, para escribir El retrato del artista adolescente se tardó 10 años. 

Sus pocas obras son verdaderas obras maestras de gran singularidad, que cambiaron la estética literaria del siglo XX. Es decir, su obra nos lanza a ver el mundo y el arte de una manera sumamente diferente y novedosa.

James Joyce no tuvo una vida larga, nació en 1882 y murió en 1941; murió a los 58 años. Y como a Cervantes, otro genio que cambió los parámetros estéticos de la narrativa, murió en la pobreza total, pero además, casi ciego. 

Si bien tanto Ulises, Dublineses (un libro de narraciones) como Retrato del artista adolescente, entre otras, son obras complicadas, tienen tal poder narrativo que quien quiera dedicarse a las letras deberá estudiar si no quiere caer en los lugares comunes de la literatura que Joyce tuvo a bien derribar con su potente capacidad narrativa. 


domingo, 19 de septiembre de 2021

EL DOBLE Fedor Dostoyevski

Jeremías Ramírez

A Borges dijo en una entrevista: “…en casa teníamos un gran ropero de tres cuerpos estilo hamburgués ... Yo me acostaba y me veía triplicado en ese espejo y sentía el temor de que esas imágenes no correspondían exactamente a mí y de lo terrible que sería verme distinto en alguna de ellas”. 

En El doble, la segunda novela de Fedor Dostoievski, el gran autor ruso, su personaje principal, Yakov Petrovich Goliadkin, un burócrata apocado, temeroso, que desea librarse escalar socialmente e, incluso, aspirar no sólo a ser reconocido y respetado, sino además tener la posibilidad de casarse con una muchacha hermosa y de buena familia, y para ellos busca escalar de su puesto menor que ocupa en la burocracia. 

Una noche tormentosa, tras ser rechazado en la fiesta de su jefe, se cruza en su camino un personaje misterioso que, cuando logra verlo, descubre que es igualito a él, y va vestido como él: parece su imagen reflejada en un espejo.

Pero el terror de Goliadkin, a diferencia de Borges, no es que no se parezcan a él, sino que sea igual a él. 

Al principio, este doble, como su sombra, lo sigue hasta su casa y entra con él a su departamento, pero cuando amanece ya no está; pareciera el resultado de una pesadilla. Sin embargo, cuando llega a su trabajo advierte que su doble ahí está y le han dado un puesto que le permite ganarse el favor de sus compañeros —cosa que él nunca ha logrado— y de sus jefes. 

Al pasar de los días, su doble, poco a poco, lo va sustituyendo y ocupando el lugar que él anhela en la sociedad de San Petersburgo, pues tiene una personalidad que encanta a los demás lo cual le facilita ser aceptado. Justamente es lo que Goliadkin no la tiene y le duele ver los éxitos de su doble: que en poco tiempo logra lo que él no ha podido en muchos años.

Pero el problema no se detiene ahí: este doble, —que no sólo es parecido a él—, también ostenta su mismo nombre. Cuando sale del trabajo Goliadkin I (como lo denomina Dostoievski para diferenciarlo del doble a quien llama Goliadkin II) invita a su doble a su casa porque de pronto simpatiza con él. Su doble le cuenta que es un hombre desgraciado que no tiene medios para llevar una vida digna. Goliadkin I le brinda su ayuda y hasta su casa. Y esa noche se queda con él y tras una larga plática pareciera que se establece una relación de profunda amistad, pero cuando amanece Goliadkin I se da cuenta que su doble se ha ido y cuando llega a su oficina descubre cómo este hombre va atentando contra él, poniendo todas las cosas en su contra. A partir de ese momento, las cosas se empiezan a complicar cada momento hasta que se hacen intolerables.

La novela no es extensa, como la mayoría de sus obras de Dostoievski; apenas rebasa las 200 páginas. Pero lo que le falta en extensión lo compensa en complejidad sobre todo por la torpeza del protagonista para expresarse con claridad y en el momento propicio. En su cabeza tiene claro qué desea expresar, pero sus palabras se enredan al momento de salir y no logra expresarse. Y como suele pasar en las pesadillas, a pesar de que pone todo su empeño no encuentra cómo argumentar y desenredar la confusión que se ha ido creando a su derredor, en la que su doble saca ventaja.

Quien haya leído El diario de un loco o La nariz, —ambos relatos de Nicolai Gogol—,encontramos personajes similares a Goliadkin. En El diario de un loco, un funcionario menor, casi servil, enloquece al grado de creer que, ante la muerte del rey de España, él ha sido designado como soberano de esa nación. Y cuando lo encierran en el manicomio cree que ha llegado al reino español y le extraña que lo golpeen y que lo bañen con agua fría si él es el soberano. 

En La nariz, vemos a otro funcionario de este tipo quien un día pierde la nariz y todo el relato lo vemos luchar infructuosamente por recuperarla. 

En esta novela, Goliadkin ha perdido la cabeza y en un estado esquizofrénico cree que hay un doble que lo está hundiendo en el desprestigio. 

Es interesante tomar en cuenta que El doble fue la segunda que escribió Dostoievski y tiene la virtud de apuntar hacia do
nde en los años siguientes se dirigirá su genio creativo. Sus personajes posteriores se caracterizarán por padecer estos estados de locura que los lleva a conductas desordenadas, desesperantes y autodestructivas como es el caso de Dimitri e Iván Karamazov o Rodión Románovich Raskólnikov, protagonista de Crimen y castigo, incluso padece este problema el príncipe Lev Nikoláievich Myshkin o Mishkin, quien ademñas sufre de epilepsia.

La novela El doble fue publicada el 30 de enero de 1846 en la revista literaria Anales patrios y vuelta a publicar por Dostoievski en 1866, pero en ambas ocasiones no tuvo la acogida que él esperaba, pues muchos creyeron que era un intento mal logrado de copiar a Gogol, por abordar a personajes similares, como lo apunte anteriormente.

A pesar de ello y el laberíntico discurrir de la conciencia de Goliadkin, la novela vale la pena, como toda la obra de Dostoievski, y vale la pena el esfuerzo por leerla. 

La versión que yo leí fue publicada por Alianza editorial en una bella edición compacta y con buen diseño editorial. Mi única queja es que la traducción deja mucho que desear. 

  


domingo, 12 de septiembre de 2021

LA CARGA


Jeremías Ramírez


Poco ha puesto la mirada el cine mexicano sobre su pasado indígena, a pesar de que existe información suficiente para crear historias que nos permitan explorar nuestros antecedentes, conocer nuestra cultura y enriquecer nuestra identidad nacional.

Los  pocos ejemplos que hay son joyas como Retorno a Aztlán (1990), el primer largometraje en náhuatl con subtítulos en español, que versa sobre las dificultades de la sequía sobre un territorio indígena, y Eréndira Ikikunari (2006), historia de una joven indígena que lucha contra los conquistadores españoles, ambas del director Juan Mora. Dentro de este reducido grupo también destaca Cabeza de Vaca (1990), sobre la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida, película basada en el libro Naufragios y comentarios escrito por el conquistador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

La sorpresa es que ahora Netflix está difundiendo algunas películas sobre este pasado. Recién acabo de ver en esta plataforma la película La carga que en el 2016 realizó el cineasta mazatleco, Alan Jonsson Gavica, sobre los tamemes, y cuya historia se ubica al inicio de la Colonia.

Cabe señalar que es una película de bajo presupuesto (la cantidad de actores en pantalla es muy limitado), pero filmada con solvencia y calidad, con una narrativa bien articulada y con un arco dramático bien montado, de modo que la película, cargada de emoción, atrapa al espectador.

La historia de La carga transcurre en 1552, cuando Francisco Tenamaztle, primer indígena que luchó durante varios años en la llamada Guerra del Mixtón, contra la injusticia, maltratos y despojo cometidos por los españoles en contra de los indígenas, y por lo cual es apresado y tratan de enjuiciarlo en México acusado de haber sido el líder del alzamiento en el reino de Nueva Galicia, Xuchipila y el Mixtón y de haber salteado caminos. Sin embargo, los abogados conformados por un grupo de frailes franciscanos, con la evidencia y declaración de un testigo clave, apelan a que el juicio se lleve a cabo en España, en el Consejo de Indias, en donde tomará su caso Fray Bartolomé de las Casas.

El testigo clave, según la película, es Elisa la hija de un encomendero (antiguamente se llamaba encomienda al que por Merced Real tenía indígenas encomendados en cualquiera de los territorios españoles de América y Filipinas), principal acusador, cuyos documentos que su hija le ha sustraído desmienten tal hecho e incluso sería él el incriminado. Hasta ese momento el encomendero no sospecha que es su hija el testigo clave, pues se ha mantenido en secreto. De pronto, el encomendero  se da cuenta y trata de detenerla pero ella ha huido en compañía del fraile Don Miguel de Ibarra y dos indígenas tamemes, Coyolli y Painalli, que los guiarán por los intrincados caminos agrestes que van desde la ciudad de México hasta Veracruz, donde un barco la espera para trasladarla a España. Los tamemes, además de guías, cargarán a Elisa (al menos esa es la intención) todo el camino. 

La película se centra en la persecución de un grupo de soldados españoles, enviados por el padre de Elisa, quienes tratan de rescatar los documentos y traerla de regreso. Sin embargo, a pesar de la desventaja de los acompañantes de Elisa, logran alcanzar su objetivo tras una serie de incidentes que tienen que superar con mucho esfuerzo. La persecución está cargada de dramatismo y momentos de mucha tensión. Los persecutores van en caballo, armados con fusiles, y guiados por otro indio tameme, Itsmin, hermano de Painalli —que tiene una vieja rivalidad con él por cuestión de amores—, y quien conoce las rutas y es un hábil rastreador pues logra detectar las huellas de sus perseguidos.

En el camino los alcanzan varias veces y en la primera de ellas es asesinado el fraile; y en la segunda, Coyolli, pero el sobreviviente, Painalli, es muy hábil y logra rescatar a Elisa cuando es capturada dos veces. La última, incluso, cuando ya va de regreso a su casa bajo la custodia de su padre que ha ido tras ella y la ha esperado en el camino. 

En los largos momentos de convivencia entre Elisa —cuyo marido recién fue asesinado por órden del padre de ella—, y Painalli se prende una chispa de atracción, chispa que no culmina a pesar de que ella le pide que la acompañe a España.

Hasta aquí la reseña de la película para que se motiven a verla. Ahora veamos algunos datos de su producción y difusión.

En febrero de 2019 Esfera Films Entertainment, empresa productora de Alan Jonsson Gavica, dio a conocer el estreno en Netflix de la película La carga, que por cierto es el segundo largometraje del director. El corazón de la película, a decir del director, es una persecución frenética que se desarrolla literal y visualmente en muchos ecosistemas de México, desde la Nueva España hasta el puerto de San Juan de Ulúa.

Alan Jonsson Gavica aseveró que, “la premisa la pensé hace más de 18 años. Me apasionaba saber que podía hacer una película de nuestra historia mexicana, específicamente acerca de la época de la colonia”. 

Cabe señalar que Gavica, antes de ser cineasta, fue fotógrafo de deportes de contacto, como la lucha libre y el boxeo. Y decide dedicarse al cine con el cortometraje Knowing y luego crea la productora Esfera Films Entertainment, en el 2004 , para realizar su primer largometraje: Morenita-El escándalo, en el 2009.

La carga, su segundo largometraje, se presenta en el Festival Iberoamericano de Cine de Huelva donde obtuvo el premio del público y, en abril del 2016, gana el premio a Mejor Guión en la Mostra de Cinema Llatinomaericá de Catalunya, en Lleida España.

Es grato encontrarse una película mexicana en estás plataformas internacionales, y más aún de calidad competitiva con un tema complicado pues se trata de una película de época en la que sobresale el trabajo actoral de Horacio García-Rojas, como Painalli y María Valverde, como Elisa.

FICHA TÉCNICA

La carga (México, 2016). Director: Alan Jonsson Gavica. Actuación: Horacio García-Rojas, Tenoch Huerta, Gerardo Taracena, Juan Carlos Colombo y María Valverde. Producción: Esfera Films Entertainment, con el apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), a través de los recursos del Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (FIDECINE), el estímulo fiscal Eficine y los Estudios Churubusco.


domingo, 5 de septiembre de 2021

YO ANTES DE TI, la película


Jeremías Ramírez


No soy afecto a las historias románticas, pero es imposible evitarlas porque se filtran en casi todas las novelas, cuentos, series de televisión y películas; y cuando menos lo espero, ya estoy atrapado en alguna historia de este tipo, amén de las que se meten en mis propias narraciones.

Eso me acaba de pasar con la película Yo antes de ti. Buscando algo interesante que ver mientras viajaba en un autobús de la Ciudad de México a Celaya, me encontré con esta película. La sinopsis decía que la protagonista, una chica inestable, se enrolaba con una ricachón parapléjico cuando entra a trabajar a su servicio y eso le cambia la vida. Como las demás propuestas del menú fílmico del camión no eran de mi agrado, decidí ver la secuencia inicial de esta película. Si no me gustaba, seguiría leyendo mis libros.

La película inicia cuando la protagonista, Louisa Clark, una muchacha joven y hermosa, es despedida de su trabajo en una cafetería. En un pueblo pequeño no tiene muchas expectativas de conseguir otro empleo, sobre todo porque la han despedido de varios otros y su historial no es nada bueno. Sin embargo, en la oficina de empleos descubren una nueva solicitud: una familia rica de la zona busca quien pueda cuidar y atender a su hijo, un joven empresario (Will Traynor) de 35 años que ha quedado tetrapléjico tras ser atropellado por una motocicleta. El sueldo es excelente y permitirá ayudar a su familia pues su padre y su hermana están desempleados. Pese a que no tiene experiencia ni sospecha en qué consiste su trabajo, acude.

Will Traynor vive en un lujoso castillo y es cuidado por un médico de planta, pero Louis deberá atender todas las necesidades que el médico no realiza, pues Will sólo puede mover su cabeza, y se desplaza en una silla de ruedas motorizada. Pero el problema que enfrenta es que Will es un tipo difícil, frustrado y rencoroso que no acepta haber perdido de golpe  todo lo que le interesaba hacer: practicar diversos deportes (como el esquié), entablar relaciones amorosas abiertas y liberales y obtener logros importantes como empresario. Su carácter, otrora jovial, se ha tornado desagradable, amargo y agrio.

Los primeros encuentros de Louis y Will son ásperos. El tipo la trata muy mal, la ridiculiza y no la baja de estúpida. Y además se burla de su gusto estrambótico para vestirse.

Este inicio, común en las películas en las que dos personajes opuestos se encuentran, anuncia un arco dramático harto sobado: la chica dulce, alegre y parlanchina, logrará domar al caballo agresivo y entablarán una relación amorosa. Y cual cuento de hadas, ella, una simple cenicienta, encuentra a su príncipe azul que la hace reina de su castillo.

Y en efecto, la película transcurre por ese sendero con una gramática visual un tanto torpe. Sin embargo, hay dos elementos dramáticos que rescatan la historia: los celos del novio, un deportista de alto rendimiento, que se siente desplazado cuando ve la entrega de su novia a su trabajo y la manera tan cercana en la que se relaciona con Will, cuya crisis de pronto revienta y el novio abandona a Louis. 

El segundo factor dramático mucho más potente se presenta porque Will se ha puesto un plazo de seis meses de existencia con sus padres y luego viajará a Suiza para que le apliquen la eutanasia. Desde que se entera Louis de estos planes, entra en un profundo conflicto moral y busca, de alguna forma, impedirlo. Y más aún, cuando empieza a brillar entre ellos una pasión amorosa. 

Este segundo eje dramático evita el lugar común de un final lleno de flores y melcocha en el que la niña buena y guapa convence al caballero rico lisiado de aceptarla y convertirla en reina de su castillo, pues la decisión de Will de acabar con su vida en seis meses nadie la puede cambiar, ni los besos de Louise.

Este conflicto existencial me hizo reflexionar sobre cómo las circunstancias de la vida provocan que dos personas que nada tienen en común entren en una relación estrecha. Cuando Will era un hombre sano y exitoso, y buscaba relacionarse con mujeres de su clase social y económica, seguramente Louis no pasaría, si llegara a encontrarse con él, de que él le lanzara una mirada superficial. Los gustos de Louis, su manera de vestir, su pobre status económico, su clase social baja serían una barrera que impediría que entablara, al menos, una conversación casual.

Pero he aquí que ella entra a trabajar a su casa para servirle y el contacto diario y cercano durante meses hará que ambos se descubran aspectos atractivos y puedan entrar en una relación estrecha, profunda y cariñosa.

Pensemos en cuántos de nuestros amigos o relaciones románticas se las debemos precisamente a las circunstancias que en un momento dado permitieron que estrecháramos una relación con alguien. 

Tal vez esto nos lleve a pensar que en vez de quejarnos cuando estamos en una situación desagradable o trágica, estemos atentos para ver qué sorpresas maravillosas nos depara la vida, pues en esas circunstancias es posible que baje el ángel que hemos estado esperando.

La película termina con una breve secuencia de Louis sola en un café en París leyendo una misiva post mortem que le dejó Will. Ahora, después de seis meses, es una mujer cuya visión de la vida se ha transformado: sus horizontes son más amplios y profundos y tiene otra manera de ver la vida. 

El film está basado en la novela romántica Me Before You (2012) de la escritora británica Jojo Moyes (1969), quien además es periodista y una de las pocas autoras que ha ganado dos veces el Romantic Novel of the Year Award, lo cual no garantiza que sus novelas tengan una buena estatura estética.

Esta película, al parecer, será estrenada en breve en Netflix. Quienes sean proclives a este tipo de historias quedarán encantados; quienes no, tal vez como yo, la podemos utilizar para reflexionar sobre los misterios de la vida y de la caprichosa forma en que las circunstancias no unen a aquellos que tal vez nos hagan felices o desgraciados.

FICHA TÉCNICA:

Yo Antes de Ti (Me Before You, 2016). Directora: Thea Sharrock. Guión: Jojo Moyes, Scott Neustadter, Michael H. Weber. Música: Craig Armstrong. Fotografía: Remi Adefarasin. Montaje: John Wilson. Actores: Emilia Clarke, Sam Claflin, Jenna Coleman, Charles Dance, Janet McTeer, Matthew Lewis.


sábado, 28 de agosto de 2021

MALA LECHE: POR QUÉ LOS ALIMENTOS ULTRA PROCESADOS NOS ENFERMAN DESDE CHICOS


Jeremías Ramírez

El titulo de este libro llama la atención desde que está en el estante. Como podemos ver en la foto, sobre un fondo verde sobresalen las dos palabras iniciales: Mala Leche, que en nuestro lenguaje coloquial significa: "Hacer algo con malas intenciones"; pero, además, por el color de esas letras (rosa mexicano), el de la portada (un verde fosforescente) y el enorme tamaño de su tipografía es inevitable no verlo. 

Lo tomé, revisé los textos de la portada, de la contraportada y mi primera valoración fue que se trataba de un libro con un título llamativo, pero con un contenido sin profundidad.  Estuve tentado a dejarlo en su lugar, pero pensé que tal vez pudiera tener alguna información interesante, y decidí darle el beneficio de la duda. Aún así me pesó pagar casi 300 pesos por él.

Como es mi costumbre, tan pronto salí del centro comercial le quité el celofán y empecé a leerlo; llegué a mi casa y seguí leyendo. No me gustó que iniciara con un drama familiar: la autora relata la resistencia de su hijo de unos ocho años por cambiar sus gustos por los jugos, pastelillos, galletitas y resistirse a aceptar comida nutritiva. 

De ahí da paso a hacer una semblanza, en un tono un tanto de queja, de los productos de las grandes industrias que inundan los centros comerciales con empaques llamativos y promesas grandilocuentes. Paré la lectura. 

Dejé  sobre el libro sobre la mesa del comedor y cada que lo veía pensaba si debía seguir leyendo o sería mejor ponerlo en el librero y esperar a que algún día me interesara. 

Sin embargo, en menos de una semana volví a la lectura. De pronto, el reportaje (en se momento me di cuenta de que el libro era un trabajo de investigación periodística) da un giro, traspasa una puerta y, sin previo aviso, entra a un laboratorio donde se preparan las imágenes publicitarias atractivas y se definen ciertas recetas con sabores con un alto poder de seducción para lo sectores juveniles. 

En este capítulo la autora abría un pestilente bote de la basura y hundía mis narices en esos aromas penetrantes dulces que se tornaban de pronto en fétidos.

Barruti me acababa de introducir a la antesala del escabroso mundo de las grandes marcas de alimentos procesados para de ahí bajar a los sótanos de una industria que, pese a que son famosas y bien conocidas, pocos han ido más allá de sus fachadas y han penetrado al inframundo industrial alimentario y descubrir los terribles mecanismos de poder y manipulación que ahí se definen.

De los laboratorios, Barruti nos adentra a la pampa argentina en un tour a force por las granjas lecheras para mostrarnos un escabroso cuadro de maltrato animal donde las vacas son, como esclavas productoras leche, sobreexplotadas y exprimidas, literalmente, hasta la última gota, tras llevar una vida miserable en un encierro carcelario terrible donde sufren al grado máximo. El cuadro que nos muestra Barruti no está lejos de los campos de concentración nazi. 

Esto le permite informarnos lo que contiene cada litro de esa sustancia blanca, pura, impoluta que encontramos en el supermercado sin advertir que es un caldo nocivo de antibióticos, pus y toxinas que a diario ingiere el consumidor pensando que es comida saludable.

Hundidos en el cieno de la podredumbre, Barruti ahora nos lleva, cual Virgilio, a un círculo más del infierno y nos sumerge en la selva amazónica para descubrir como las marcas han ido devorando la vida vegetal de la selva para impulsar el cultivo del maíz y obtener uno de sus componentes más peligrosos y dañinos de los productos ultraprocesados: el jarabe de maíz de alta fructuosa, la cual, advierten muchos médicos, es la responsable en la generación de graves enfermedades como la diabetes.

Paso a paso nos adentramos en la selva hasta llegar a los pueblos más recónditos que no han podido evitar que el largo brazo del capitalismo alimentario los alcance y se instale en sus comunidades, en las tienditas de sus escuelas y lleguen a los desayunos escolares seduciendo a los niños con sus colores y sabores llenos de azúcar.

Pero el fondo de este infierno no está en la selva o en los laboratorios, sino en los basureros argentinos en donde los sin nada, los pobres de los pobres, van a buscar comida y encontraban muchos productos ultra procesados, aun en sus empaques intactos, con los que paliaban el hambre. Ah, pero un día los dueños de las marcas se dan cuenta de lo que sucede: los parias consumen sus productos sin pagar y se les ocurre una idea genial para extraer ganancias de estos productos caducos: los bancos de alimentos.

A través de estos bancos exprimen aún más el trapo financiero para arrancarle las últimas gotas de monedas tintineantes, pues los productos, que antes iban a la basura, ahora son ofrecidos a precios muy bajos a los miserables. Ya no más comida gratis. Y estos bancos, además, les sirve para justificar impuestos y crearse una imagen de almas caritativas que se preocupan por el bienestar de los pobres y colocan en sus empaques la leyenda de que son empresas socialmente responsables.

Barruti, imparable, llega a Colombia donde nos muestra los esfuerzos de luchadores sociales en contra de las marcas y aterriza en México, en la selva lacandona, para embarrarnos la tragedia de los indígenas chiapanecos esclavizados al consumo de la “sagrada coca”, como ellos la llaman, y quienes tienen el récord más alto de consumo per cápita: 2.5 litros por persona, y por ello, han sido afectados por un ramillete de bonitas enfermedades: diabetes, enfermedades cardiovasculares, etc.

Las últimas páginas del libro las reserva para regalarnos un poquito de oxígeno. En medio de lo que parece una tragedia sin fin, surgen finalmente en la escena los superhéroes, los pequeños Davids que, armados con sus hondas, intentan derribar a los Goliats empresariales. 

Sus pequeñas hondas son su conciencia, su necesidad de salir de las garras y sus conocimientos en agroecología con las cuales han podido avanzar metro a metro con cultivos orgánicos plantados, bien en campos agrícolas reducidos, o en pequeñas parcelas citadinas, en donde han visto crecer sus esfuerzos, generando un movimiento que poco a poco va atravesando fronteras y permitiendo el surgimiento de un movimiento en favor de la vida en muchos países tercermundistas. 

Vaya viaje a los que nos ha llevado esta periodista argentina. Al llegar a la última página nos damos cuenta que ya no somos los mismos. La tragedia que se camufla en la normalidad cotidiana, ahora nos brinca desenmascarada cuando vemos a un niño, un anciano, un albañil, una ama de casa, cargados de botellas de refrescos y sentimos algo que nos hiere por dentro. Ahí van inocentemente a disfrutar “la chispa de la vida” llenando sus cuerpos de enfermedad, dolor y muerte. 

Tras la lectura de este libro, ya no podemos ser insensibles ante la tragedia que se va fraguando sin que podamos hacer algo más allá que contemplar con ojos de tristeza la absurda realidad.

El consumo de estos productos es la razón, afirma el Doctor colombiano Carlos Jaramillo, del alto índice de muertes por enfermedades cardiovasculares, diabetes y del COVID.

Este libro es fácil de encontrar en las grandes librerías, en portales de internet, como Amazon, y hasta en las secciones de libros en las tiendas de autoservicio. 


domingo, 22 de agosto de 2021

COMETAS EN EL CIELO


Jeremías Ramírez

Si un libro puede describirse con un adjetivo yo diría que Cometas es el cielo es amargo. No un amargo como el chocolate sin azúcar o la cerveza que son placenteros, sino como la ruda o el ajenjo o, quizá, como el arsénico.

Gran parte de esta amargura proviene de la tragedia política religiosa que se cernió sobre Kabul, Afganistán, en los años noventa, escenario geográfico en el que se desarrolla la parte medular de esta novela, aunado a la discriminación racial de algunos grupos étnicos existente hasta la actualidad en ese país. 

Las noticias de estos últimos días nos dan cuenta que, después de un lapso de 20 años, regresa a Kabul el terror, un terror descrito en las páginas de este libro de manera dolorosa.

Los protagonistas son dos niños: Amir y Hassan, amigos inseparables, cómplices de aventuras infantiles, que comparten la misma casa, pero viven vidas diferentes. Amir es hijo del dueño y por tanto tiene todos los privilegios que da el poder económico. Hassan, por el contrario, como hijo del mayordomo, vive en una cabaña pobre al fondo de la propiedad, y junto con su padre, desempeña tareas de criado y no tienen acceso a la educación ni aprende a leer, como Amir. Además, en su contra pesan los prejuicios sociales y raciales. Hassan es un niño hazara al que su madre abandonó después de su nacimiento y su padre, víctima de la polio, tiene una pierna lisiada, la cual lo hace objeto de burlas de los niños del lugar. 

Para entender los prejuicios raciales es importante saber que los hazara son un grupo étnico de lengua persa que reside en la región central de Afganistán y el noroeste de Pakistán. Y están rodeados por los uzbecos al norte, los nuristaníes y los pastunes al este, los baluche al sur y los turcomanos al oeste. Sus rasgos físicos (ojos rasgados, cara redonda) los hace rápidamente identificables y por ello fácil blanco de ataques verbales y físicos.

Por lo anterior, Hassan es objeto de agresiones incluso de su amigo entrañable: Amir, quien lo trata bastante mal. A pesar de ello, ambos sienten un cariño el uno por el otro, aunque Hassan, a diferencia de Amir, su amistad es incondicional al grado de sacrificarse por su amigo y amo, pero no así Amir, quien es débil y cobarde.

Uno de los eventos que más disfrutan ambos son las competencias anuales de cometas (papalotes, decimos en México). Amir sueña con ganar alguna vez una competencia anual y de esa forma conquistar el cariño de su padre que siempre lo ha tratado con dureza, y le causa envidia y dolor que trate con mayor gentileza a Hassan. Muchos años después descubrirá por qué.

Finalmente, en 1975, cuando Amir tiene 12 años, logra ganar la competencia de cometas. Cuando Hassan va a rescatar el último cometa que lograron derribar, unos tipos que con frecuencia los acosan vejan de forma terrible a Hassan. Y Amir es testigo de tal vejación y, aunque se siente tentado a defender a su amigo, su cobardía lo paraliza y no hace nada. Este hecho hunde a Amir en una tormentosa culpa de la cuál no logra liberarse hasta después de muchos años. Esta culpa, además, rompe la amistad entre ambos. 

La ruptura se ahonda cuando los rusos invaden Afganistán en 1980 pues obliga a que Amir y su padre tengan que huir de Kabul y buscar asilo en Estados Unidos donde terminan viviendo . 

Sin embargo, los lazos que unen a Amir con Afganistán y con Hassan son tan fuertes que un día tendrá que regresar y poner orden en lo que quedó sin resolver.

Y ese día llega cuando en el 2001 le llama por teléfono Rahim Kan. amigo de su padre y socio en sus negocios afganos, y quien se quedó con la casa tras la huida de éste y su padre a los Estados Unidos. Para entonces Amir ya es un hombre de 38 años, casado, y con una carrera, como escritor, bien establecida. Esa llamada marca el momento en que finalmente podrá poner en paz su alma. El precio que tiene que pagar es muy, muy alto, pero Amir ahora tiene el valor de afrontarlo.

Cuando empecé a leer esta novela no podía comprender que un relato tan parecido a muchos otros, sin nada sobresaliente, se había convertido en un éxito de ventas con más de 23 millones de ejemplares vendidos. 

Me pareció ilustrativo y nostálgico el relato de ambos niños hasta la competencia de los cometas. Ambos eran diestros en el manejo de esos juguetes, aunque Hassan era mucho mejor que su amo. Y me dolió la manera en que sufre este muchacho. De alguna manera yo también sufrí esa discriminación por mi piel morena y porque mi familia no era católica, pero nada comparado con lo que sufre Hassan.

La estancia de Amir en Estados Unidos, sus dificultades como inmigrante, pero que, gracias a la comunidad afgana asentada en este país, le permite a él y a su padre que logren cierto status, eleva la novela a otro plano narrativo, pero aún nada sobresaliente. Pero cuando regresa a Afganistán, tras la llamada de Rahim Kan, la novela sube mucho de tono. 

Es en esta tercera parte descubrimos que debajo del entramado familiar y social entre Amir y Hasan se esconden hilos trágicos. Sucede que Hassan es más que un simple compañero de juegos, un amigo de infancia, que los lazos que lo unen con él no son de criado amo, sino que hay un lazo de consanguinidad. 

Rahim Kan le dice, en esa llamada con la que empieza la novela, que “hay una manera de volver a ser bueno”. ¿Qué sabía Rahim de lo que había sucedido entre Amir y Hassan cuando ambos tenían doce años, si Amir había guardado dolorosamente el secreto sin contárselo a nadie, ni a su esposa? 

Rahim le ha hablado desde Peshawar, una ciudad fronteriza de Pakistán, y desde la cual Amir viajará a Kabul para saldar su cuenta pendiente con Hassan, un Hassan que ya no existe pero que ha dejado tras de sí a una persona importante que ahora Amir tiene que rescatar para limpiar su culpa.

Cuando regresa al país que lo vio nacer y crecer y donde aprendió los aspectos importantes de la vida, descubre que es ahora un escenario de guerra, con tanques y camiones rusos abandonados y en ruinas, y dominada por los talibanes que han instaurado un régimen de terror. 

En ese Kabul convulsionado como su alma es el escenario donde Amir se confrontará con su pasado, un pasado que sigue vivo. Además, allí tendrá que enfrentar a un cruel enemigo de la infancia que ahora tiene poder y quien se ha convertido en la máquina de matar que ya se veía vislumbrar desde que era un niño abusivo.

Estas últimas 100 páginas de la novela me permitieron entender por qué se convirtió en un libro de ventas millonarias. Ahí hay un estremecedor relato trágico que lanza un mensaje urgente para una sociedad apática que no alcanza a ver las tragedias que el ser humano irredento sigue causando. 

Lo que alcanzamos a ver a través de los noticiarios no es ni la punta del iceberg de esa tragedia. Pero, esta novela tiene la virtud de proyectarnos la película de su tragedia en cámara lenta y nos obliga a sentir a flor de piel el horror de niños y familias enteras, indefensos ante la crueldad de los fanáticos religiosos enfermos de poder, y de las burocracias del mundo que se muestran indiferentes viviendo cómodamente y disfrutando una vida que se sustenta en esa crueldad. Una tragedia que en estos últimos días ha regresado a Afganistán. Los noticieros televisivos nos muestran algunas imágenes del inicio de una nueva tragedia, aunque los talibanes de ahora digan que instaurarán un régimen diferente y respetuoso. Pronto comprobaremos si estos es verdad.

La novela se cierra de manera dolorosa. Pareciera que todos los esfuerzos de Amir y el precio que tuvo que pagar por su redención no logra los frutos esperados, pero en las últimas líneas lanza un débil rayito de esperanza. Y los cometas en el cielo siguen siendo una señal de consuelo para la gente que sufre y para quienes parece que no hay ningún horizonte promisorio. 


domingo, 15 de agosto de 2021

LA SANGUIJUELA DE MI NIÑA


Jeremías Ramírez 

No, no me gustan las historias de vampiros, pero he leído algunas novelas como Drácula de Bram Stocker que me gustó muchísimo. Y hay algunas películas que a pesar de mi aversión he visto y me han gustado tanto al grado de tener algunas en mi acervo personal, como el Nosferatu (1922) de Murnau y Nosferatu (1979) de Werner Herzog. Y quedé fascinado con la película de dibujos animados Vampiros en la Habana (1983), una película realmente encantadora, divertida, jocosa, con ese toque caribeño propio del cine cubano. 

Esta película, realizada por Juan Padrón, la vi gracias a que hace años vinieron a Celaya dos cubanos para impartir una serie de conferencias y un curso de apreciación de cine y traían en VHS una copia de esta película y me la pirateé. Ups. Me gustó porque la película narra de manera muy divertida la historia de Werner Amadeus Von Drácula, un vampiro refugiado en Cuba, que busca una fórmula para que no les afecte el sol. La fórmula falla y su padre muere (es decir, mata al mismísimo conde Drácula). Expatriado se refugia en Cuba en compañía de su sobrino, Joseph Amadeus Von Drácula, mejor conocido como Pepito, quien se convierte en el conejillo de indias del científico. La fórmula tiene éxito y Pepito vive como cualquier persona, disfrutando del sol. El éxito de la fórmula desata la lucha entre dos bandas de vampiros, la de Chicago y la de Alemania . 

Todo esto viene a cuento porque recientemente leí La sanguijuela de mi niña (1995), una novela de vampiros de Christopher Moore, un escritor estadounidense, nacido en Ohio, quien ha escrito unas 12 novelas calificadas como “ficción absurda”.

Compré La sanguijuela de mi niña porque la contraportada prometía un “hilarante relato”, que rompería con los moldes harto sobados de las historias de estos chupasangre, pero cuando la leí, ¡oh decepción!, no encontré tal hilaridad, salvo en leves destellos pero que más bien parecen bromas fallidas. El libro tiene a su favor que se lee con facilidad, aunque molestan los lugares comunes de la traducción al español de España, pero su trama ágil y atractiva la hacen apta para una película, aunque quizá funcionaría mejor para una serie de televisión. No entiendo cómo ha pasado desapercibida para los productores de HBO o Netflix, a pesar de que, como dice su autor, los derechos de todas sus novelas han sido comprados para adaptarse al cine, sin que hasta el momento alguna de ellas haya sido llevada a la pantalla. Se supone que Un trabajo muy sucio estaba en proceso de adaptación para televisión, pero no hay información al respecto. 

La historia de La sanguijuela de mi niña esta ubicada en San Francisco en la que Jody, una pelirroja, una noche, al salir del trabajo, es mordida por un solitario y viejo vampiro afectado por la soledad que busca una compañera. Jody parece ser la mejor candidata por en su nueva condición de vampira pasa las pruebas y demuestra ser apta, pero tendrá que arreglárselas para sobrevivir con su intolerancia al sol, una dieta exclusiva de sangre (los alimentos normales le dan asco), una fortaleza física extraordinaria que debe aprender a manejar, entre otras novedades. A pesar de sus virtudes necesitará ayuda porque de día es totalmente vulnerable e incapaz hasta para estar despierta, aunque el lugar donde trate de descansar esté en penumbra total. Por esta razón, Jody necesita que una persona normal la ayude a conseguir lo más elemental: hacer las compras, adquirir una casa, sacar su auto del corralón y todas las tareas que sólo se pueden hacer de día. 

Para su fortuna consigue que un recién llegado a San Francisco, C. Thomas Flood, que aspira a ser un escritor. Tommy será entonces su amante, su criado, su escudero, su protector, y quien tratará de librarla de viejo vampiro que la acosa buscando que acepte ser su pareja so pena de destruirla y de destruir a Tommy.

La novela, más que de horror, es una historia de amor, de nostalgia, de vacío, de soledad, en un marco harto trillado de las historias de vampiros a pesar de sus intentonas de innovación, como la regeneración de la carne, la vulnerabilidad, la capacidad de transformarse en humo, y la subtrama policiaca. 

Definitivamente la novela se queda muy lejos de Drácula de Bram Stocker y de Entrevista con el vampiro (1976), de Anne Rice. Y quizá esta novela no ha sido adaptada al cine porque sus más cercanas contrincantes son mejores:  Carmilla, de J. Sheridan Le Fanu (1872), Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004), El Misterio de Salem's Lot, de Stephen King (1975), Crepúsculo, de Stephanie Meyer (2005), La Historiadora, de Elizabeth Kostova (2005), El Sueño del Fevre, de George R.R. Martin (1982), El alma del vampiro, de Poppy Z. Brite (1992), 30 días de noche, de Steve Niles y Ben Templesmith (2002).

Y si llega al cine, deberá de competir contra obras maestras como Nosferatu, de Herzog, Drácula (1992) de Coppola, Entrevista con el vampiro (1994) de Neil Jordan, entre las mejores.

Y creo que será difícil que iguale a la mejor película contemporánea de vampiros: Déjame entrar (Suecia, 2008), de Tomas Alfredson, en la que Oskar, un chico de 12 años, que sufre continuamente el acoso de algunos compañeros de su clase, desea ardientemente tener un amigo. Su deseo se cumple cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una niña misteriosa: seria, muy pálida, que sólo sale por las noches y, aparentemente, no le afectan las bajas temperaturas. De pronto, se dan varias desapariciones y asesinatos inexplicables que coinciden con la llegada de la chica.

No he leído aún la novela, pero la película es muy buena, tan buena que Hollywood acaba de hacer un remake (léase, una calca). 

Jordi Revert, de La butaca.net, nos dice de esta película sueca sobresale porque: “Empezando por ese antológico final bajo el agua y terminando por los planos detalle que reivindican significados diferentes de los leonianos, la planificación con la que Anderson ilustra la novela de John Ajvide Lindqvist raya en la perfección. Tanto en el asentamiento de la opresión social en la que se inscribe, como en la perfecta delimitación de una economía visual, en la que cada plano, cada movimiento de cámara, tienen su razón de ser y disfruta la máxima eficacia”.

Esta película se estrenó en México en febrero del 2009, calificada en la prensa nacional como “anti crepúsculo”. Y fue distribuida por Canana Films. Usted puede ver esta película completa en: https://www.youtube.com/watch?v=vVl-D_0hJUY.

 


sábado, 7 de agosto de 2021

LOS LIBROS Y LA NOCHE Andrés Galindo


Jeremías Ramírez

Una de las características más interesante de las mejores minificciones son sus giros sorpresivos, sus soluciones imaginativas y una alta dosis de ironía y buen humor. 

En las minificciones de Los libros y la noche el humor es el factor común que hermana las 42 minificciones que integran su corpus; humor que, además, tiene una buena dosis de ironía mordaz e inteligente y, a veces, escabrosa. 

Desde el inicio, sin round de estudio, le lanza al lector un derechazo en la “Advertencia 1” que va dirigida a un coleccionista (como hay muchos) que va a las presentaciones a conseguir libros autografiados sin importarle el contenido. A este personaje, luego que ha descrito de manera irónica los lugares comunes de cualquier presentación, lo toma de las solapas y lo sacude: “Ahora sí, desocupado lector, piense una, dos y hasta tres veces antes de abrir su cartera. ¿Ya está seguro, completamente seguro?”. 

En la Advertencia 2 se dirige a un “estimado ladrón de libros”, a quien primero alaba: “…robar un libro, eso es sí es digno de elogio: ¿quién mierdas roba un libro, y de minificciones? ¡Carajo!”, pero antes de cerrar la advertencia, le lanza dos uppercut y un gancho al hígado: “Si su presunto robo se reduce al despreciable lavado de palabras… No intente… regalar el libro” ni dejarlo en una banca y “Mucho menos trate de revender esta colección de palabras muertas en el mercado negro, porque ahí estaré yo, preparado para meterle dos tiros por su mal gusto”.

Las ráfagas de buen humor van apareciendo a cada vuelta de página y para ello el autor utiliza diversos recursos. Por ejemplo, parodia dichos populares: 

Fe de erratas

No hay mal libro que por bien no venga.

O tomando en consideración las circunstancias adversas que acosan diariamente a los mexicanos: 

Cita a ciegas

Son tiempos violentos para la minificción; sí, también para la minificción. Anda tanto minificcionista suelto (en internet, en los fanzines, en las imprentas, en este libro) que tengo tanto miedo de que alguien venga a recogerme o a pegarme un tiro a la cabeza y reclame este libro como propio, estaría en su derecho… y yo también. 

Y de pronto, este el humor juguetón da paso al horror salpicado de cierto bizarrismo: 

El anticristo

“No, no me estoy acostando con otras mujeres”, le dije a mi esposa, pero cuando la cabra parió se dio cuenta del engaño. 

O bien, convierte a las minificciones en lugares de reunión de obras y autores con tal liberalidad que el lector debe tener esos referentes en mente para disfrutar ese divertimento: 

El congreso

Vine a Comala porque me dijeron que aquí había un congreso de cronopios sobre un ciego argentino que soñaba con molinos de viento. 

Y a medida que avanzamos en la lectura encontramos una y otra vez este buen humor que de pronto se trastoca en humor negro:  

Justo por pecador 

¡No dejes que me muera, papá, no dejes que me muera”, me gritaba mi hijo, apretando mi mano son sus deditos; a mí, que había dado muerte a tantos.

Y es que, tal vez, algo nos ronda sin saber si un moscardón o un molesto tinitus que afecta a más de un anciano lector con un pasado estridente:

Algo por ahí 

No dejaba de zumbarle los oídos, por eso se rascó con un dedo, un cotonete, un alfiler, un cuchillo, un revolver.

O juguetea parodiando el famoso Dinosaurio de Augusto Monterroso:

Inception I.4

Cuando despertó, todavía era la bella durmiente.

Este  humor antisolemne también lo utiliza para sacudir al lector y empujarlo a un tobogán enloquecido y esquizofrénico.

Mariana

Fue Mariana; Mariana mató a mi hijo. Yo la vi salir del cuarto con las manos manchadas de sangre. Luego, nadie me creyó. Me encerraron aquí. Me dijeron que Mariana había muerto tres años atrás. Yo no lo sé, pero todavía la llego a encontrar a través de los espejos.

Los libros y la noche se lee literalmente en una sentada, pero déjeme advertirle y que si lo hace en un lugar público, como en una cafetería o un restaurante, se corre el riesgo de hacer el ridículo, porque de una página podemos soltar una carcajada.

Instrucciones

Si llegaste a esta parte del libro ya puedes sentirte satisfecho. En lo que sigue, con gusto y toda confianza, puedes ir al baño. Una vez hecho lo propio, puedes limpiarte el trasero… ¡Espera! ¿Qué haces? ¿Quién te dijo que te limpiaras con la página tres! Usa el papel higiénico y sigue leyendo; sólo es un libro de minificciones, seguro lo lees de una sentada. Al terminar, no olvides darle un like y Compartir… ¡Al libro, al libro! A nadie le gusta usar papel higiénico usado, lo sé por experiencia.

Ahora bien, si usted llegó a esta altura de esta apretada reseña tan vez se pregunte (y me pregunte) por qué tiene un título demasiado serio; las palabras “libros” y “noche” sugieren aspectos serios de la vida.  

Bueno, en primer lugar, porque hay un cuento en este libro con ese título en el que el protagonista es nada menos que don Quijote de la Mancha, de quien dice que: “…del mucho leer fue perdiendo la vista, de manera que vino a confundir molinos con gigantes, bacías con yelmos, amores con fantasmas”. Sin embargo: “…podía carecer de buena vista pero no de buen oído”, de modo que “…escuchaba las palabras de los hombres necios y, en mientes, se decía: ‘Prefiero vivir de los libros y perder la vista a seguir mirando los ruidos ensordecedores de eso que otros llaman realidad’”.

Pero hay más, el título como tal es una frase que aparece en el Poema de los Dones, de Jorge Luis Borges, en el que con un finísimo humor escribe:  “Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche”. 

En este poema pareciera que no hay humor sino, en todo caso, un reclamo a Dios (aunque nos advierte que nadie se atreva a juzgar los designios divinos) por la cruel ironía de haberle otorgado a este amoroso de los libros trabajar en el paraíso de los lectores: una biblioteca, pero al mismo tiempo que cayera sobre él una temprana ceguera que progresivamente fue avanzando dificultándole el disfrute de ese paraíso, hasta dejarlo  definitivamente ciego a los 55 años. 

Pero en una de las conferencia que dictó en 1977 advertimos ese humor, que de alguna manera está en el poema, cuando afirmó que su ceguera era “modesta” (¿hay cegueras modestas?): “…en primer término, —subrayó— porque es ceguera total de un ojo, parcial del otro. Todavía puedo descifrar algunos colores, todavía puedo descifrar el verde y el azul. Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo” . 

Como vemos, Borges no tomaba esta situación en un sentido trágico. Así este libro, que puede abordar temas escabrosos con un saludable sentido del humor:

Fue una noche de invierno cuando vi despertar a Adelaida; caminaba con otros muertos. Entre llantos, tuve que descargar el hacha sobre su cabeza.

NOTA:

Si quisiera comprar este libro, lo puede hacer en las mejores librerías de la Ciudad de México o solicitarlo a la página de la editorial La tinta del silencio. Apoyemos a las editoriales independientes pues son las que se atreven a darle voz a los autores que las grandes desdeñan, y entre estos hay verdaderas joyas. 


viernes, 6 de agosto de 2021

ARSÈNE LUPIN: CABALLERO LADRÓN Y HERLOCK SHOLMES


Jeremías Ramírez

Los lectores descubrimos los libros de diversas maneras: a través de un anuncio publicitario, de un programa de radio o televisión sobre literatura; por la recomendación de un amigo; o que un maestro deje de tarea leer un libro (así descubrí muchos en mis clases de literatura en la prepa); o los descubrirnos en algún puesto de periódicos; o si entramos en una librería ni se diga: ahí lo que llama la atención es el diseño de la portada o un título que nos suena interesante o un autor que ya hemos escuchado o hemos leído… O bien, cuando vemos una película y en los créditos descubrimos que esa historia que nos fascinó provino de un libro.  Son tantas las maneras en que un libro nos sale al paso.

Las aventuras de ArsèneLupin se me presentaron por primera vez a través de la enorme cara negra de Omar Sy, actor, humorista y comediante francés de ascendencia senegalesa y mauritana, protagonista del personaje principal en la serie francesa de televisión Lupin que se está exhibiendo en Netflix. 

Quizá no lo hubiera descubierto si en la serie no hubiera iniciado con la imagen de la pirámide cristal de El Louvre, para dar paso en la siguiente toma al interior del museo donde vemos a un grupo de trabajadores nocturnos limpiando las salas. La cámara se acerca a uno de ellos: un hombre alto fornido y de piel oscura que detiene su labor para contemplar un collar que está en exhibición. Hasta ese momento yo no conocía a Omar Sy ni a ArsèneLupin. El actor personificaba al personaje principal: Assange.

Pronto descubrí que este hombre no era sólo un trabajador sino quizá un potencial ladrón, pues le propone a un grupo de mafiosos robar el collar que pronto será subastado en el museo. Para convencerlos les detalla un plan que los convence. 

Detuve entonces el capítulo y lo cerré. No quería ver una historia de ladrones. Vivimos en un país donde el crecimiento de la delincuencia ha hecho del robo un flagelo que nos acosa todos los días. Pero días vi en internet un artículo de una revista digital que exaltaba la serie. 

Así que, confiando en los articulistas, le di el beneficio de la duda y volví a ver un poco más de ese capítulo. ¿Realmente era buena la serie o el artículo era mera propaganda? Sin embargo, la manera tan inteligente de llevar a cabo el robo me gustó mucho, me divirtió y decidí ver toda la serie. Quería ver como este personaje iba a seguir cometiendo sus fechorías con artilugios inteligentes. La inteligencia en acción siempre ha sido para mí tan atractiva y seductora que no me resisto, aún cuando esta sea puesta al servicio del delito.

En el segundo capítulo apareció un libro desconocido para mí. Sucede que Assange, como ladrón, tenía como fuente de inspiración las narraciones de ArsèneLupin, el caballero ladrón, un supuesto ladrón inteligente y bueno que robaba para beneficiar a los pobres. Es decir, una especie de Robin Hood o Chucho el roto, francés.

¿Cómo era que nunca había oído sobre este personaje, sobre todo cuando investigué y descubrí que en Francia se le rendía culto al autor y que cada año se celebraban los lugares emblemáticos de las novelas? Y escribí bien: novelas, pues su autor, Maurice Leblanc había escrito nada menos que 20 títulos alrededor de ArsèneLupin, y yo sin saber nada, absolutamente nada, de este personaje. 

En una rápida investigación sobre el autor encontré que era un novelista y escritor francés de relatos cortos que nació en el seno de una familia rica. Su padre era un rico armador de barcos establecido en Ruan. En 1904 Pierre Laffite, director de Je sais Tout (Lo sé todo) le encargó un cuento para su revista recién fundada. Maurice aceptó el encargo y al poco tiempo le entregó un original titulado: “El arresto de Arsène Lupin”, que aparece en el primer libro de la serie. Según Leblanc este era el único cuento que tenía planeado de Lupin. Sin embargo, el personaje le causó una fuerte a impresión a Pierre Laffite y animó a Leblanc a desarrollar al personaje.

Yo no quería leer toda la serie sino sólo el primer libro, el que aparece en la serie de Netflix, pues es el libro que le regala su padre a Assange cuando este es un adolescente, poco antes de ser acusado de robo que deriva en una tragedia que marcará a Assange para siempre. Y luego Assange se lo regala a su hijo. 

Cuando vi que en el segundo aparecía Sherlock Holmes, uno de los personajes que me fascina, compré los dos.

Yo pensé que dado el culto que en Francia se le rinde a Leblanc y a Lupin me iba a encontrar a un personaje tan inteligente como Assange como Sherlock Holmes, pero oh, sorpresa. 

La primera novela, Arsène Lupin, caballero ladrón, está compuesto por una serie de relatos o de cuentos, sin más unión entre ellos que una débil relación. Inicia cuando Lupin viaja en un barco y les llega un telegrama de que en ellos viaja el famoso ladrón. Por más que tratan de indagar quién es —pues saben que es el amo del disfraz— no logran localizarlo, sino hasta que llegan al puerto y es apresado por su archi enemigo, el inspector de policía, Ganimard. 

En este relato no hay nada espectacular ni ingenioso. Luego la cosa mejora en el siguiente capítulo pues logra evadirse de la cárcel a través de ingenioso juego de disfraces y de dobles personas que se hacen pasar por él. 

La siguiente historia sube de interés cuando Lupin se roba el collar de la reina y se vuelve añun más interesante en el siguiente capítulo: “El siete de corazones” en el que el Lupin logra descifrar un ingenioso mecanismo que utilizan unos ladrones y estafadores para ocultar los planos de un barco revolucionario en su tecnología. Aquí parece más bien un investigador policial que un ladrón ingenioso. 

El libro cierra con un relato que anuncia la continuación de la serie: la aparición del famoso investigador privado Sherlock Holmes. 

Como Maurice Leblanc, el autor, tuvo problemas con los derechos de autor con Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes, se vio obligado a cambiarle el nombre. Pero no se esforzó mucho: le bastó cambiar de sitio la S del nombre al apellido, de modo que quedó de esta forma: Herlock Sholmes. 

En este último relato se da el primer encuentro entre estas dos mentes brillantes. Pero Herlock llega tarde, y no logra capturar al famoso ladrón, el cuál era el objetivo de que Ganimard.

En la segunda novela los capítulos que la integran ya no parecen relatos independientes pegados a fuerza, aunque conservan cierta característica del cuento pues concentra la acción y cierra cada capítulo con un final contundente como si fuera un cuento, pero deja algunos cabos sueltos que le permitirán ir enganchando, como vagones, los siguientes. Esta novela es mucho más interesante que la primera. Aquí el investigador inglés será coprotagonista de Lupin en un intenso conflicto de juegos de inteligencia en el que Sholmes busca atrapar a Lupin, y éste en derrotarlo de tal forma que nunca más vuelva a invadir sus territorios.

Lo que me pareció un tanto extraño es que esta segunda novela iniciara desde el punto de vista de Lupin y luego se pasa al de Herlock y así mantiene la narración hasta el final. Pareciera un libro de Sholmes más que de Lupin, aunque la balanza en el conflicto la inclina definitivamente a hacia su personaje. 

La lucha entre ambos inicia desde el primer capítulo y se mantiene hasta el final y, a diferencia del primer libro, aquí Lupin es un personaje mucho mejor consolidado que sí hace gala de una inteligencia sobresaliente, la cual le permite poner en jaque al famoso investigador inglés.  

Quizá aquí cabría la pregunta: ¿con qué me quedo? ¿Con la serie o los libros? ¿Es mejor la serie literaria o la serie televisiva? 

A mi juicio la serie es mucho mejor, a pesar de que Assange no es Lupin, sin embargo, como émulo suyo, como reencarnación, como personaje, Assange es mucho más habilidoso y escurridizo que su maestro de papel.

Si bien Assange comete ciertas torpezas que provocan que lo vayan cercando, su sagacidad se logra sobre poner a las circunstancias.

¿Qué recomiendo? Para tener el contexto que impulsa a Assange es importante leer los libros (o al menos el primero) para entender los motores que mueve a Assange pues la serie no es una adaptación de las novelas sino inspirado en ellas desarrolla un personaje singular y cuyas aventuras en nada tienen en común con las novelas. Es decir, cuentan historias diferentes, aunque se me hizo más intensa la serie televisiva.

Recuerde que la literatura, a diferencia del audiovisual que corre muy rápido, va a paso lento permitiendo profundizar en los personajes para sentir apatía o repulsión, de modo que hay una mayor familiarización del lector con el personaje, con los ambientes, con sus relaciones sociales.

Yo, a pesar de que me gustó el segundo libro, creo que no seguiré leyendo los demás libros de Leblanc. Lupin con todo no está a la altura de Sherlock Holmes, así que me quedo con el personaje inglés.

Mi última recomendación: disfrute los ladrones imaginarios, pero cuídese de los de carne y hueso. Estos últimos, sobre todo en México, no juegan con la inteligencia sino con la brutalidad. 


domingo, 25 de julio de 2021

¿QUÉ ES LA SALUD?: CRÓNICA DE UN HALLAZGO



Jeremías Ramírez


Dice el Diccionario de la Real Academia Española que la salud es el “estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”. Sin embargo, la mayoría de las personas cree que estar sano es que nada les duela, y no que el cuerpo ejerza todas sus funciones y mucho menos que cada parte del cuerpo funcione con armonía y a su mayor capacidad.

La pandemia vino a poner al descubierto las pobres condiciones de salud de la población mundial, pues muchos de los que murieron aparentaban no tener padecimiento alguno ni les dolía nada, pero su cuerpo no resistió el ataque del virus. 

Subrayo: un cuerpo no está sano cuando se presenta un contagio por algún agente patógeno y el cuerpo cae abatido.

La medicina ha tratado de preparar los anticuerpos a través de las vacunas, aunque el cuerpo prepara otros más al margen de las vacunas y esto lo hace cuando un agente patógeno ataca y el sistema inmunológico genera los anticuerpos para defenderse. La capacidad de defenderse está en de su fortaleza la cual define el tiempo que le tomará para solucionar el problema. 

Si el sistema inmune está debilitado por una salud defectuosa muchas veces no resistirá el ataque de un agente infeccioso y devenga un cuadro crítico del cual el cuerpo puede salir airoso con la ayuda de medicamentos y tras un periodo de convalecencia… Si esto no sucede, entonces el cuerpo sucumbe y muere.

El virus SAR COV-2 ha dejado un porcentaje importante de fallecidos y otro, mucho más grande, de afectados en diversa manera. Sólo aquellos con una mejor fortaleza (una mejor salud) lo sufrieron de forma leve o incluso ni se dieron cuenta. Pare ellos fue como padecer una gripe común. De hecho, como este virus es respiratorio, ataca los pulmones y genera neumonía.

Pero, cabría preguntar, ¿de qué depende la fortaleza sanitaria del cuerpo? Bueno, depende de varios factores: la alimentación, la herencia genética, el orden emocional y el ejercicio diario, además de un descanso apropiado.

Y muchos médicos afirman que un factor crucial en la defensa de patógenos está en lo que comemos. 

Para entender la importancia de la comida pensemos en un automóvil: para que este funcione necesita gasolina, pero no cualquiera. Si le ponemos de mala calidad pronto el motor de ese auto va a sufrir daños severos hasta que motor deje de funcionar. 

La alimentación es la gasolina del cuerpo, salvo que, en nuestro caso, tenemos un problema: el sentido del gusto. Este sentido nos lleva a elegir la comida, no en función de su calidad nutricional (en el auto sería una gasolina limpia, sin plomo, sin suciedad, de alto octanaje), sino de su sabor. El auto no tiene gusto así que le da lo mismo este aspecto, aunque el motor funcionará de mejor manera cuando es mejor la calidad de su gasolina. 

Como elegimos sólo los alimentos que nos gustan seguramente no nos hemos preocupado en investigar si es lo que le convienen a nuestro cuerpo. Y si por años repetimos esta conducta ingiriendo mucha comida de pésima calidad, pero sabrosísima, tarde o temprano nuestro motor empezará a presentar fallas. Y entonces iremos a visitar al médico. Y el médico nos recetará una pastillita o una inyección, y tan pronto deje de molestarnos la parte afectada (aunque no se haya curado del todo), seguimos con nuestra vida habitual hasta que ese problema aparece de nuevo. Poco a poco vemos que el problema se hace recurrente y se presenta cada vez con mayor frecuencia y con mayor severidad. 

La alarma se enciende cuando la pastillita o la inyección ya no funcionan, sin embargo, aun en esas condiciones, pocos nos damos cuenta de que el daño que sufrimos tiene relación directa con nuestros hábitos alimenticios. Y seguimos insistiendo en los tratamientos médicos, que no nos ofrece una buena respuesta, y sin cambiar los hábitos.

En esa situación, sólo pocos se dan cuenta de esa relación enfermedad- alimentación y que tras ajustar su ingesta es posible minimizar o revertir la enfermedad. Primero, habrá que eliminar de la dieta muchos “alimentos” dañinos, por ejemplo, las bebidas azucaradas, los alimentos altamente procesados (que vienen en lindas cajitas, en latas, en empaques brillantes), las harinas refinadas (entre ellas mucho de la panadería que nos encanta), etc., y agregando otros que sí son benéficos, como las verduras frescas o la fruta de temporada, además de semillas y aceites saludables, además de una serie de suplementos alimenticios estratégicos.

Si usted ha seguido hasta aquí la lectura se preguntará si yo soy médico o porque escribo de estar manera. 

No, no soy médico, sólo soy un paciente que ha peregrinado por diversos consultorios, y con mayor frecuencia a medida que he ido envejeciendo y que mi mala alimentación seguía provocando daños en mi cuerpo. Mi última enfermedad me hizo rechazar la respuesta a la habitual de los médicos quienes me indicaban un tratamiento que tendría en mí efectos secundarios terribles. 

Entonces empecé a buscar alternativas. Muchas de las llamadas medicinas alternativas rayan en la magia y el esoterismo y eso tampoco me parecían una opción viable. Ya tenía algún tiempo investigando, pero ahora era urgente. 

Afortunadamente encontré un médico que me brindó un método que buscaban el equilibrio y funcionamiento de todo el cuerpo, no sólo eliminar el síntoma, o quitar el dolor, o mitigar los efectos de la enfermedad, pero sin curarla. Bajo su guía fui recuperando el equilibrio orgánico.

Hoy estoy a punto de cumplir un año que empecé esta estrategia de salud y puedo afirmar que ha funcionado sin tener que tomar fármacos. 

MI curiosidad, además, me llevó a investigar por qué los métodos habituales no funcionaban, y por qué estaba dando resultados el tratamiento último.

Dice el presidente, Manuel López Obrador: ¡Benditas redes sociales! Y en efecto, en el internet fui encontrando información tanto en páginas de medicina natural y nutricional como en canales de video como los del Dr. Alonso Vega cuyo canal “Betesda, alternativa natural” es una fuente de información valiosa o el canal del Dr. Carlos Jaramillo, médico funcional (como él se ostenta), que también ha sido de valiosa ayuda, entre otros. 

Encontré, además, un programa en el canal 14 que se transmite los domingos a las 9:30: “Médico en casa”, programa irlandés, que en cada emisión abordan a una familia con severos problemas de salud y tras una estrategia de orden alimentario les devuelven los indicadores adecuados, y el bienestar físico y emocional.

Y también encontré varios documentales sobre el tema nutricional como Tenedores contra cuchillos (Youtube), Cambio radical (Netflix) y la serie El cuerpo humano (Netflix), entre otros.

Pero la ayuda más valiosa (aparte de las indicaciones puntuales de mi médico) han sido los libros. Enumero aquellos que me han dado una conciencia sobre mí mismo: El Estudio de China, del Dr. T. Colin Campbell, La curación de la artritis de la Dra. Susan Blum, El milagro metabólico, del Dr. Carlos Jaramillo, Nuestro segundo cerebro, de la Dra, Francisca Joly Gómez, La enzima prodigiosa, del Dr. Hiromi Shinya, La pirámide de la salud del Dr. Kris Verburgh, Mitos y verdades de los alimentos, de los nutriólogos Sebastián Oddone y Martín Piña (aunque este se queda muy corto) y Mala leche: por qué la comida ultraprocesada nos enferma desde chicos, de la periodista Soledad Barriti. Y me están llegando más.

Esto no me ha hecho experto en nutrición ni en medicina, pero si me ha permitido empezar a entender como funciona mi cuerpo, qué efectos tienen sobre mí los alimentos, qué alimentos me convienen y cuáles debo evitar o reducir, y a ser responsable de mi salud. 

Algunos de mis amigos me han criticado y me arrojan esa pésima frase común: “De algo me tengo que morir”. 

Aprender a cuidar nuestro estilo de vida y cómo y qué comemos, no nos hará inmortales, pero si nos dará la posibilidad de salir de esta vida lo más íntegro posible, sin dolores, sin estar postrado por meses sufriendo en una cama de hospital o en una silla de ruedas, conectados una botella de suero, sin poder caminar, hablar, pensar…

Hasta aquí detengo mi reflexión con la promesa de compartirles reseñas sobre los libros que me mencionado y quizá de algunos de los documentales.

Salud y larga y armoniosa vida. 




sábado, 10 de julio de 2021

LADRÓN DE BICICLETAS Luigi Bartolini / Vittorio de Sica

 


Jeremías Ramírez 


“Yo traté a un tal Premuda que venía a mi casa y me importunaba constantemente y me obligaba a leer sus guiones, a pesar de que soy enemigo del cine…”, dice el personaje de esta novela. ¿Esa era la opinión del autor? Tal vez, sí.

Lo curioso es que esta novela se hizo famosa gracias al cine cuando, en 1947, fue llevada a la pantalla grande por Vittorio de Sica, un notable cineasta italiano del movimiento cinematográfico denominado “Neorrealismo italiano”.

El Neorrealismo vino a revitalizar el cine mundial de medio siglo con una propuesta estética fresca a ras de calle: sus historias abordaban las vivencias de la gente común (un repartidor de anuncios, unos pescadores, unos sobrevivientes de la II Guerra mundial o de un asentamiento irregular miserable), rechazaban los estudios cinematográficos y a los actores profesionales. Sus actores eran personas comunes sin formación escénica que desempeñaban en la vida el oficio que era retratado en las películas. 

El objetivo de la estética de esta escuela era poner en pantalla la imagen más cercana a la realidad, hasta donde un arte representativo como el cine lo permitía. Por esta razón, hay en sus películas un enorme tono documental.

En cuanto a Ladrón de bicicletas hay otro dato curioso entre la película y la novela: ambas sólo tienen en común el título y el robo de una bicicleta, pero difieren en la historia que cuentan.

En la novela el personaje es un escritor y pintor que además de publicar libros trabaja para la prensa. La novela inicia cuando el escritor acude a una tienda a preguntar sobre un producto y tiene que dejar su bicicleta a la entrada del local. Es en ese momento un ladrón la toma y huye con ella. El escritor alcanza a percibir el momento del robo y logra ver el rostro del malhechor. Sale velozmente de la tienda para darle alcance, pero le impiden el paso unos “postes”, es decir, cómplices del ladrón que se van interponiendo en su camino. 

A partir de este hecho el autor nos cuenta con detalle la búsqueda del escritor por localizar su bicicleta. Acude al mercadito callejero de Porta Portese donde se venden una infinidad de artículos robados, pero no logra localizarla. Durante varios días recorre este y otros lugares de venta y no encuentra su bicicleta. 

En esa búsqueda nos va dando cuenta de la situación social de la ciudad de Roma que recién acaba de salir de la Segunda Guerra Mundial con una economía devastada y una población desesperada por conseguir medios de existencia. El robo es una de las actividades recurrentes de los pobres que han aumentado en cantidad. Esta situación la aprovecha el autor para hacer largas reflexiones sobre las condiciones sociales de los romanos y, de paso, del género humano.

Un día descubre al ladrón, pero como lo alcanza en su vecindario, todos salen a defenderlo y el escritor no puede hacer nada contra él.

Finalmente, se le ocurre una idea: pedir ayuda a una amiga prostituta pues las mujeres de este gremio conocen bien a los ladrones. Con esta última acción la novela llega a su fin.

La película, por su parte, el personaje, Antonio, es un pobre desempleado que lleva mucho tiempo consiguiendo trabajo. Finalmente, un agente laboral del gobierno le consigue un empleo de pegador de anuncios publicitarios callejeros, pero para ello necesita una bicicleta. Él tiene una, pero dado que no conseguía trabajo, la tuvo que empeñar. Su esposa, con un enorme sentido práctico, toma sus sábanas y las empeña. Con el dinero obtenido logran rescatar la bicicleta. Pero este hombre, perseguido por la mala suerte, en los primeros días, mientras pega un cartel montado en una escalera, un ladrón le roba la bicicleta. Baja desesperado de la escalera, pero no logra darle alcance al ladrón, Por la noche le pide ayuda a sus amigos y estos lo acompañan al día siguiente a Porta Portese, pero no logran dar con la bicicleta.

Pronto sus amigos lo abandonan y Antonio tiene que proseguir buscando su bicicleta en compañía de su hijo, un niño de unos 10 años. La búsqueda es infructuosa y desesperado de mucho buscar decide robar una bicicleta que está sola en la calle, pero su intento es prontamente frustrado pues le dan alcance. Los amigos del agraviado lo quieren golpear y piden que alguien traiga a un policía. De pronto advierten la presencia del niño que está llorando. Conmovidos dejan en libertad a Antonio. 

Cabe señalar que la novela tiene una trama simple y poco dramática que hubiera sido muy poco afortunado su traslado literal al cine. Y yo creo que esa fue la razón para que el guionista de la película, Cesare Zavattini, vio, en ese robo, un buen tema fílmico. Así que desecha el argumento narrativo de la novela y construye una trama intensa al colocar como personaje a un pobre padre de familia que vive al borde de la miseria. El robo de la bicicleta, dadas las condiciones del personaje, profundiza el dramatismo y el espectador sufrirá con Antonio esa pérdida y lo acompañará durante el resto de la cinta esperando que logre recuperar la bicicleta y pueda así sacar de la miseria a su familia. 

El libro, por lo que sé, nunca fue un éxito de librería; y si se tradujo al español fue gracias al interés que despertó la película, pues De Sica le dio el crédito del argumento a Luigi Bartolini, un prolífico escritor de novelas de mediana calidad, quien, como el personaje de su novela, también era pintor. Y es probable que la trama de la novela haya surgido de una experiencia personal del autor.

Yo compré el libro hace muchos años, cuando estaba estudiando cine en la Universidad y conocía la película. No recuerdo cuántas veces intenté leerla, pero su poca intensidad dramática y las largas disquisiciones sociológicas me han de haber desalentado. 

Ahora que tengo un poco más de tiempo para leer decidí finalmente recorrer sus páginas. Es una novela corta de 200 páginas, pero que no se puede leer con rapidez, pero tiene la virtud de crear una estampa pictórica de la sociedad romana surgiendo de las cenizas de la guerra. Y sirve, por lo tanto, para darnos cuenta de la forma en que Italia transformó esa situación y pasar de la miseria tercermundista a la solvencia de una potencia europea de mediano rango.

Creo que la película le hizo un gran favor al autor y a la novela. A mí me hubiera gustado una mayor coincidencia entre ambas, es decir, que la novela se adentrara mucho más en el drama de Antonio y no en ese escritor para quien la bicicleta no era sumamente importante. Cuando no logra encontrar su bicicleta, se compra otra y descubrimos que tiene más bicicletas de su propiedad y que además le han robado cinco veces las bicicletas y tres las ha recuperado. Además, tiene un empleo en un periódico y obtiene ingresos de la venta de sus obras pictóricas. 

De cualquier manera, a pesar de que la novela es mucho más reflexiva que narrativa, es una ventana privilegiada para ver al drama social colectivo de un país y una ciudad que busca recomponerse después de una tragedia bélica.

La novela se puede conseguir en librerías, como El Péndulo, y la película es fácilmente localizable en You Tube. 



EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...