domingo, 19 de septiembre de 2010

HACE 25 AÑOS Y AUN TODO SIGUE DERRUMBÁNDOSE



Hace 25 años me preparaba para ir a trabajar. Sentado en mi cama me ponía los calcetines. De pronto, todo se empezó a mover. Ah, Dios, qué fuerte estaba el temblor. Terminé de calzarme y corrí a la cocina para avisarle a mi madre. Allí estaban mi hermano Enoc y ella viendo estupefactos como el tinaco del baño (un cuartito fuera de la casa al estilo ranchito que había construido mi papá) como se meneaba (como bailarín alcoholizado) amenazando con irse de bruces al patio. Terminó y respiramos aliviados: no había pasado nada. ¿Nada?

Nos fuimos a trabajar y oímos en la radio del transporte (las viejas combis que para beneficio de la columna vertebral ya desaparecieron) de algunos edificios derrumbados. En Tacubaya (nosotros vivíamos en una colonia cerca de Cuajimalpa, cerca de los cerros del Desierto de los Leones, hacia Toluca) tomábamos otro camión para ir a la Roma Sur, donde trabajamos. Nos despedimos cuando llegamos a nuestro destino, y qué destino. El hacia la constructora y yo hacia el Instituto de Investigaciones Agrícolas. En el edificio no había alma ni luz, salvo uno que otro extraviado como yo. MI hermano me habló por teléfono para informarme que cerca de su trabajo había muchos edificios derrumbados. Y nos avisaron que nos fuéramos a casa. En las calles no había transporte. La gente caminaba silenciosa en ambos sentidos de la Avenida insurgentes, donde estaba el Instituto. Caminé hacia el norte por la avenida. A medida que me acercaba al centro, el drama se iba revelando en todo su horror. Llegando al monumento a la revolución lloré ante el horror. Nunca había visto, como dice Octavio Paz, tantos edificios arrodillados.

Ya han pasado 25 años, 25 años carajo, y las heridas aun laten bajo la piel y el recuerdo al compás de una canción de Rockdrigo González, autor hasta entonces poco conocido, pero que su temprana muerte le dio una fama que bien le hubiera caído en vida. En el jardín frente al edificio Juárez, donde él vivía, una de esa noches de dolor y confusión, honramos tempranamente sus memoria y de los muertos ahí caídos, con veladoras, lecturas poéticas y un sentimiento profundo que otros edificios iban air cayendo, pues el terremoto no sólo había dejado al descubierto la debilidad de nuestra ciudad, sino al profunda corrupción que había engrandado la tragedia.

Hace 25 años y los edificios siguen cayendo bajo las balas de la miseria, de la inseguridad, de la avaricia de los dueños de este país, de … 25 años y aun no hemos encontrado la manera de poner en pie este país que se nos desmorona.

NO ME IRÉ SIN TI


Los caminos del amor son como el agua, caprichosos e inciertos. Su futuro siempre es nebuloso y, en mi experiencia, nunca he podido anticipar su posible destino. De haberlo podido quizá…

Esto me ha hecho pensar el cuento “No me iré sin ti” de Rafael Pérez Gay que viene en su libro Llamadas nocturnas, donde narra un hecho singular en esos vericuetos del amor.

Un hombre va con su esposa al supermercado. Como ya es costumbre en su familia, el va por las verduras y su esposa por los abarrotes y mientras palpa los jitomates y elige los espárragos una voz femenina resuena en el sistema de altavoces como si fuera la voz de la conciencia o la voz de un dios cuya omnipresencia llena por completo la tienda: “Abarrotes y servicios, favor de pasar a la caja siete”. El llamado que se repite tres veces sin que el aludido haga caso. La cuarta ocasión, después de la frase dicha, agrega: “No te escondas entre la muchedumbre. Sé que estás aquí. Siempre supe que no tenías vergüenza. Vienes hasta aquí con tu mujer y tus mentiras como si no hubiera pasado nada entre nosotros”. El tono de reclamo de la mujer va aumentando en intensidad, y va dando detalles: “...un día, te lo confieso, me descubrí aterrada estar sin ti. Lloraba por las noches y el sol traía la certeza de que ya no estabas conmigo…”. La confesión provoca que la gente empiece a debatir y a tomar partido por alguno de los contendientes sin dejar de elegir sus mercancías. El final... el final no se los cuento, ustedes deben leerlo, o vivirlo, como prefieran. Ah, pero sí decide vivirlo, no olvide que hay un riesgo para el cual no hay seguros ni nada que amortigüe la caída, y ésta puede ser funesta.

Y es que debe usted entender que los caminos del amor son como el discurrir del agua: caprichosos e inciertos que prometen o vaticinan el cielo pero con frecuencias nos regalan el infierno, uno nunca sabe.

domingo, 12 de septiembre de 2010

LOS CUATRO CICLOS


¿Será que son cuatro historias las que de una u otra forma se abordan en la literatura, el teatro o el cine?

Borges en su texto “Los cuatro ciclos”, texto que aparece en El oro de los tigres, dice que “cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda seguiremos narrándolas, transformadas”.

Estas son las cuatro historias que menciona:

1) Una ciudad fuerte que cercan y defienden hombres valientes. Troya es el gran modelo.

2) El regreso. Y puede tener muchas variantes: regreso de un héroe, de un villano, de una plaga, de un tirano, etc. Ese que regresa puede ser recibido con alegría, con odio, con tristeza, con resignación, con miedo.

3) La búsqueda. Igual que la anterior, la búsqueda puede ser de un tesoro, de una persona, de un hijo, de una madre, de una ciudad, de un reino, etc.

4) El sacrificio de un dios. En este tipo de historia no veo variantes y mi ignorancia solo me permitía recordar un ejemplo, pero Borges nos ilustra con varios: “Attis, en Friggia, se mutila*. Odín sacrificado a Odín. El Mismo a Sí Mismo, pende del árbol nueve noches enteras y es herido de lanza. Cristo es crucificado por los romanos. ¿Hay ficciones, cuentos, dramas, películas en este modelo?

Además, cabría preguntar si sólo estos cuatro modelos son los que usamos en nuestra narrativa. Cuando era estudiante de la UNAM, un maestro nos dijo que sólo había dos tipos de historias o de temas: el amor y la muerte.


*Attis, en la mitología griega, era una deidad de vida, muerte y resurrección. Era el amante de Cibeles. Él enloqueció por causa de ella y se castró a sí mismo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

BORGES Y EL LENGUAJE


Escribe Jorge Luis Borges al final de su prólogo de su libro El oro de los tigres que “un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”. ¿Será por eso que la mexicanidad, la hispanidad, la argentinidad, etc., es algo que se define con y por el lenguaje? Si bien, mexicanos, españoles, latinoamericanos, hablamos español ¿podríamos decir que cada país ha transformado el idioma para convertirlo en un sistema que responde a su propio modo de sentir? ¿Será por eso que las traducciones, si no son traiciones son —en el mejor o peor de los casos—, reinvenciones? ¿Y será también posible que cada grupo social, que cada familia y que cada persona ajuste el idioma a su modo particular de sentir, de tal modo que las palabras tienen un significado similar entre los hablantes de un idioma pero nunca igual?

lunes, 6 de septiembre de 2010

JOHN RABE...


SONATA DE UN HOMBRE BUENO Y DE UN CINEASTA LIMITADO

Los nazis son un filón inmensurable de historias. Por mucho tiempo sus múltiples aristas nos van a estar dando películas, libros, obras de teatro, leyendas, mitos.
Recién vi una película que toca una arista un tanto distante. Las empresas alemanas, como todas las potencias colonialistas europeas en el siglo XIX habían extendido su dominio político o económico hacia el oriente. La empresa alemana Siemens había sentado sus reales en China en Nankin, ciudad antigua e importante que en un par de ocasiones ha sido asiento de la capital de China. En 1937 fue atacada y ocupada por los japoneses, masacrando a la población. Se dice que asesinaron a uno 300 mil chinos.
En ese momento, fungía como director de la Siemens John Rabe, un hombre que había permanecido al frente de esta empresa más de 25 años. Justo en el momento que se está despidiendo para regresar a Berlín sucede el ataque japonés y contra su voluntad, al principio, se ve envuelto en la defensa de la población civil china, abriendo las puertas de la planta generadora de energía como refugio, escudándose en el hecho de que Japón era aliado del régimen nazi. Ante el feroz ataque, un grupo de extranjeros entre los que está un médico, la directora de una escuela para niñas y algunos embajadores, forman un grupo de defensa designando a Rabe como presidente y negociando con los japoneses una zona de seguridad para refugio de la población civil.
A dicha zona de refugio llegan unos 2000 mil chinos, para los cuales pasan por una serie de dificultades para mantener a salvaguarda a tal población y suplirles sus necesidades ante el acoso continuo de los japoneses.
La película narra justamente estas dificultades. Ciertamente es una película emotiva e interesante, más por la historia que por sus virtudes fílmicas.
Uno de los mejores aciertos fílmicos es la mezcla de pietaje documental original con la puesta en cámara, enlaces que logra coser con habilidad dándole un rasgo de verosimilitud y validación a la película. Para pasar del pietaje documental utiliza una toma enlace en blanco y negro con movimientos inciertos la cual de pronto se torna a color dándonos a entender que estamos viendo ahora la recreación fílmica.
De sus desaciertos está la ausencia en muchos momentos de lo estrictamente cinematográfico: un uso más acertado de la elipsis interna. Nunca sentimos que en esa ciudad albergaba 200 mil personas. Sólo sabemos eso porque los protagonistas lo dicen pero el lenguaje visual se ve torpe para hacérnoslo sentir. Asimismo, hay secuencias desaprovechadas, verdaderos callejones sin salida. Por ejemplo, los soldados que tiene resguardados en una bodega la maestra que nunca juegan un verdadero rol dramático. Sí, son descubiertos, pero no se dejan sentir en la intensidad del drama. O la secuencia de la fotógrafa cuya labor queda al final en una mención de que les fueron decomisadas las fotos. Sin quitan esta secuencia la película no pierde nada.
Al final nos quedamos con una cierta insatisfacción que logramos dimensionar hasta que descubrimos las torpezas fílmicas del director.

viernes, 3 de septiembre de 2010

POSIBILIDADES DE LA ABSTRACCIÓN

Jeremías Ramírez Vasillas

 

Soy un admirador de la literatura de don Julio Cortázar, una admiración que nació desde que leí en la preparatoria “La autopista del sur”, en unas hojas mimeografiadas que nos repartió el profesor.

Le fui siguiendo los pasos y conseguí tres libros: Bestiario, Fin de juego y Las armas secretas. Y me divertí mucho con Historias de cronopios y de famas.

Dice la canción que a vida da sorpresas. Cuando estaba en la UNAM tuve el privilegio de ver a don Julio en una de esas visitas que hizo a la Universidad donde fue invitado a leer alguno de sus cuentos. El auditorio Che Guevara estaba a reventar. Él tuvo que llegar a la mesa que le habían colocado en el escenario saltando cuerpos y librando piernas.

Julio Cortázar tenía una gran capacidad imaginativa, casi enfermiza. El escribió en El último round esta frase: "Todo cuento breve […], y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones…”.

En su cuento “Posibilidades de la abstracción” esa cualidad imaginativa alcanza un nivel supremo.

Pero antes de entrar en materia, veamos que es la abstracción. La palabra viene del latín abstrahere, 'alejar, sustraer, separar', e indica la operación mental destinada a aislar conceptualmente una propiedad o función concreta de un objeto.

El protagonista de este cuento es un empleado de la UNESCO “y de otros organismos internacionales”. Es decir, tiene un trabajo de burócrata, un trabajo aburrido, un trabajo que le quita el buen humor a cualquiera. Sin embargo, el personaje dice: “pese a lo cual conservo un sentido del humor y especialmente una notable capacidad de abstracción, es decir, que si no me gusta un tipo lo borro del mapa con sólo decidirlo…”.

Yo, que he trabajado de burócrata, hubiese deseado tal habilidad pues son trabajos aplastantes que sólo esta capacidad nos salvaría del desastre emocional.

El personaje del cuento pasa esas aburridas horas de lo más divertido. Le gusta mentalmente eliminar partes de los cuerpos de la gente. A veces deja las orejas que aisladas las cuales parecen mariposas que se alinean, se agachan, a veces al unísono, a veces en desorden. “A la hora de la entrada era extraordinario el número de orejas que se desplazaban en la galería de acceso... En la cantina, a mediodía, había más de quinientas, simétricamente ordenadas en doble fila. Era divertido ver de cuando en cuando dos orejas que remontaban, salían de la fila y se alejaban. Parecían alas”.

Y así le da por ver, de pronto, sólo los relojes de pulsera o los botones “¡Oh espectáculo! El aire de la galería lleno de cardúmenes de ojos opacos que se desplazaban horizontalmente, mientras que a los lados de cada batallón horizontal se balanceaban pendularmente dos, tres o cuatro botones".

Y así juega cada día a ver sólo un objeto o una parte corporal o las lágrimas de su secretaria: “…por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial”.

A pesar de que lo despiden, él se reivindica con la vida gracias a su capacidad de abstracción que le permite ver “llena de hermosuras así”.

Hoy por hoy, Julio Cortázar sigue siendo un modelo, un paradigma, un faro de luz para quien quiere dedicarse al cuento.

La editorial Punto de lectura hace algunos años publicó todos sus cuentos en tres tomos. Sii no quiere comprar la obra completa o algunos de sus libros, en el internet es muy fácil encontrar sus cuentos y leerlos gratuitamente.

En esta pandemia, no se aburra, lea a don Julio Cortazar y pásesela bien, muy bien.

martes, 27 de julio de 2010

HISTORIA DE MÉXICO EN LA LITERATURA


Desde hace mucho tiempo me he preguntado por qué la historia de México es muy aburrida. Cuando estaba en la secundaria (No19 en Cuajimalpa) la historia mundial hacía que mi imaginación volara, no así la de México.
Recientemente me he impuesto la tarea de escribir una serie de relatos obre la historia de México. Para ello, me he puesto a leer cuanto he podido y de las páginas de los libros he localizado algunas anécdotas que prometen ser vetas para catapultar la imaginación.
De todos los libros que he consultado y leído, me he encontrado que los que ostentan un perfil académico están hechos como una ciénaga pantanosa. Están anegados de datos inútiles, escritos con una prosa paquidérmica, y una sintaxis, madre mía, para apedrear a un perro. No así lo que escribieron narradores o periodistas. Estos libros surcan los hechos históricos con una gracia y una ligereza profunda que hacen que los hechos históricos se hagan visibles y palpables.
El primer librito intenso que leí fue La Ruta de la Libertad, de mi querido maestro Fernando Benítez. Sus clases eran un verdadero viaje alucinógeno. Flaquillo como un pájaro, colgando de su nariz sus gruesos lentes, siempre enfundado en su traje gris de lana, mientras le coqueteaba a las compañeras, nos contaba de sus aventuras alucinantes con María Sabina.
En La ruta de la Libertad don Fernando toma su automóvil y viaja a Dolores Hidalgo, y mientras despliega ante nuestros ojos los paisajes que se le van presentando en su viaje siguiendo los pasos de Hidalgo desde Dolores hasta Chihuahua, pasando por diversos puntos intermedios: Atotonilco, San Miguel, Celaya, Guanajuato, Morelia (Valladolid), el Monte de las cruces, Aculco, Guadalajara, Saltillo, Chihuahua, Benítez va abriendo la memoria en el glorioso avance a la ciudad de México y en la penosa retirada hacia los desiertos norteños, perseguido y derrotado y finalmente capturado para ser sacrificado de la manera más vil de Chihuahua. En un par de días ya había el libro.
Otro libro intenso, ahora de la revolución, es la novelita de Francisco L. Urquizo, prolífico escritor, que tuvo la fortuna de ser testigo presencial de los hechos violentos de la revolución desde las filas más a flor de tierra hasta los altos mandos castrenses. Y supo blandir con astucia la pluma y el fusil para recoger estampas vívidas momentos profundamente humanos de esta cruenta revolución. En Fui Soldado de Levita de esos de caballería, Urquizo cuenta la historia de Desiderio González, un soldado, en su trajinar echando bala en las filas del ejército constitucionalista comandado por don Venustiano Carranza, prácticamente en toda la campaña para derrocar al usurpador Victoriano Huerta.
Otro reportero, John Reed, contribuye con esta semblanza de la revolución en su libro “México Insurgente”, donde da cuenta desde los intestinos de la revolución de este terrible drama. Las agallas de Reed lo llevan a reportear desde las mismísimas trincheras donde la vida era un soplo muy frágil.
Aun me falta releer Los de Abajo y los libros de Martín Luis Guzmán (Memorias de Pancho Villa, Muertes y El águila y la serpiente), y un tomo de cuentos que recopiló Luis Leal bajo el título “Cuentos de la revolución”, ah, y sin olvidar los memorables cuentos de Juan Rulfo, especialmente El llano en llamas, que le da título al libro.
Un consejo útil para los maestros es que para enseñar historia de México, deberían entrar primero por estos libros, hacer que los niños y adolescentes los lean, que se emocionen con las descripciones vívidas de estos hechos y ya luego, con esto de fondo, podrán revisar los bloques de mármol de los libros de texto. Nuestra conciencia histórica se vería fortalecida con tales lecturas.

sábado, 24 de julio de 2010

MEDEA


Ricardo Pérez Quitt nos ha llevado a meternos a las aguas de la tragedia para involucrarnos en un proceso de apropiación de la dramaturgia. Sus ejercicios bien sui generis (drama con lazo o con jarro o con pelota de arroz) nos han permitido descubrir el drama orgánicamente (es decir, con el ente corporal que juega un papel fundamental en el teatro). Drama es acción, acción física, acción emocional, acción mental, acción dramática.
Parte importante de esta inmersión al drama es el análisis de las tragedias griegas. Hemos leído Edipo Rey y Medea, oh, Medea. Qué tragedia más intensa. Ya había visto una versión moderna de esta tragedia, Medea según Ripstein (Así es la vida, 2001). De sus sórdidas películas esta es la que más me gusta aunque cuando la vi en un Festival de Expresión en corto me hizo sufrir la secuencia cuando Julia/Medea le da muerte de sus hijos.
Ahora, a partir del análisis de Medea de Eurípides, fui en busca de una versión de Medea que andaba perdida en mi videoteca: Medea de Lars Von Trier que realizó para televisión danesa en 1988. Esta película la basó en un proyecto del gran maestro del cine danés Carl Theodor Dreyer, quien dejó una adaptación de Medea sin realizar.
Medea, como es bien sabido hasta por quienes no han leído la obra, es la historia de una mujer despechada que después que su marido, Jasón, la abandona para casarse con Glauca, la hija de Creonte, rey de Corinto y con ello, según él, asegurar un futuro económico más promisorio para Medea y para los hijos que ha concebido con ella. Medea amenaza a todos y por ello Creonte la manda al exilio. Medea el pide a Creonte un día más para abandonar Corinto y aprovecha ese tiempo para urdir una venganza terrible: matar a Glauca con un vestido mágico envenenado y de paso a Creonte, y luego dar muerte a sus hijos para hacer desgraciada la vida de Jasón. El plan se cumple al pie de la letra culminando así la terrible tragedia.
Esta versión de Medea el final es cambiado: en vez de pasar a sus hijos a cuchillo Medea los ahorca. La secuencia es terriblemente estremecedora. El más pequeño no quiere y el mayorcito va por él y ayuda a su madre a ahorcarlo y luego él mismo le da el lazo a su madre para que lo ahorque a él y le ayuda a hacer los nudos.
Medea de Lars en México sólo se consigue con subtítulos en inglés, pero son tan poquitos y tan dramáticas la imágenes que conociendo la historia es fácil seguir la trama.
La película comienza con una Medea tirada en el agua donde llega el rey de Atenas y ella le cuenta su tragedia, luego hay una serie de secuencias sórdidas en cavernas, túneles, y habitaciones agobiantes que crean un clima ominoso y sórdido bien interesante. La secuencia de las bodas de Jasón se realizan en unas habitaciones apenas divididas por mantas que hacen más sensual el encuentro marital.
La película es extraordinaria pero creo que para entenderla y disfrutarla hay que gustar de un cine nada convencional y de haber leído con detalle Medea de Eurípides.

jueves, 15 de julio de 2010

CAMINANTES DE PIEDRA

Caminan las estatuas
por los pretiles del palacio,
levantan sus alas en un vuelo nunca hecho,
gritan con sus ojos de piedra
a los incautos de la calle
sueñan sueños de piedra y agua;
nadie los sacará de su espasmo congelado;
atrapados en un cuerpo laberinto de piedra
sienten correr el tiempo
como agua que jamás retorna,
y son testigos
de la voracidad del viento
que comerá inexorablemente
su cutis de cantera.

domingo, 11 de julio de 2010

EL ALIENISTA: MACHADO DE ASSIS


Si hay un tema que me seduce es el de la locura. Claro que no me gustaría tener una afección mental grave, pero si una dulce locura que me diera cierto sentido de libertad. De hecho, todos los que escribimos gozamos de una pizca de esa hermosa locura.
Sobre la locura he leído relatos extraordinarios como la novela de Ken Kesey, ¿Quién voló sobre el nido del cuco?, que sirvió de base para la película Atrapado sin salida, de Milos Forman, o Diario de un loco, de Nikolái Gógol, o la extraordinaria novela de Chejov, El pabellón No. 6, y el fascinante relato María de mi corazón de Gabriel García Márquez, llevado también al cine por Jaime Humberto Hermosillo.
Vagando por la librería Gandhi, descubrí una estante con ediciones especiales para esta librería a precios muy bajos. ¿Quién dice que los libros están muy caros? Esta colección tenía libros ya conocidos como El horla de Mauppasant o Bartebly de Melville. Dentro de ellos estaba El alienista del estupendo escritor brasileño Joaquín Machado de Assis.
Yo recién había conocido un texto de este escritor. En el taller de narrativa de Alberto Chimal analizamos uno de sus cuentos: Misa de gallo, que nos sirvió de modelo para ensayar un nuevo recurso narrativo: el texto disonante. En este cuento el protagonista es muy inocente y no se da cuenta nunca de que es objeto de una seducción, pero el lector si se da cuenta. El análisis de esta estrategia nos llevó a escribir una historia con esta característica.
Volviendo a El alienista. Con el antecedente de Misa de Gallo no dudé en comprarlo. Es una novelita corta de apenas 104 páginas que se leen con mucha fruición, pues Machado de Assis tiene la magia de atraparnos con el encantamiento de su escritura.
Machado de Assis nació en el Morro de Livramento, que es uno de los cerros que rodean Río de Janeiro, en 1839 y murió en 1908. Es decir, vivió en plena época de encantamiento de la ciencia que llevó a muchos pensadores y filósofos a creer que la ciencia iba a resolver todos los males que aquejaban a la vida humana y que el siglo XX la ciencia iba a hacer del mundo un paraíso. Bien sabemos ahora que sólo fue un espejismo.
La novela de Assis abreva en esta euforia por la ciencia. Simón Bacamarte, su personaje principal, es un estudioso de la medicina y la psicología y toma tan en serio su papel de científico que trastorna hasta la locura el pueblo en donde vive: Itaguaí.
Para llevar a cabo sus experimentos, con el apoyo del gobierno local, instala su institución mental conocida como “Casa verde”. Primero recluirá allí a los enfermos de síntomas evidentes. Su rigor científico lo llevará a dibujar nuevas fronteras de la salud mental ampliándola de tal manera que llega a recluir (usando la fuerza pública pues se le ha otorgado todo el poder necesario para apresar y condenar al encierro, todo en ello en aras de contribuir al desarrollo cientìfico) a 4 quintas partes de la población. El descontento social es tan virulento que la población se levanta en armas en su contra, revueltas que disolverá con su firmeza y aplomo.
El texto hace una radiografía del poder escudado en fines científicos y la fragilidad de las fronteras de la legalidad.
No sé si en este antecedente literario se basó Vargas Llosa para su voluminosa novela “La Casa verde”, ambas tan diferentes y tan similares.
Con esta lectura confirmo lo que los críticos dicen de Machado de Assis: que era “la figura más sobresaliente de la literatura realista brasileña.

viernes, 9 de julio de 2010

MI CASA

En qué momento
la casa de mi infancia dejó de ser mi casa

su patio grande
sus paredes tatuadas de humedad
sus vigas del techo, costillar de madera cruda, vértebras de una singular ballena
sus tabiques como dulces de amaranto
su gimiente puerta de madera,
su aroma a carbón a leche tierna
su danzante viento entre las tejas

son ahora rasgos del rostro de un extraño
de una tierra ajena
de un país de ignota geografía.

EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...