viernes, 27 de enero de 2017

LA SEÑORA BIXBI


Me encanta la señora Bixbi. No, no es ninguna dama de por estos rumbos sino un personaje del escritor inglés Roald Dahl, que aparece en uno de sus maravillosos cuentos.
            Roal Dahl es conocido por sus cuentos para niños, particularmente por su novela Charlie y la fábrica de chocolate, que fue llevada al cine en el 2005 por Tim Burton. Pero su literatura para adultos es poco conocida.
            Hace poco descubrí en una centro comercial una antología que recogía sus mejores cuentos para lectores más grandecitos. La portada engaña un poco pues se ve a Dahl mostrándole un pájaro a un niño. Como no conocía este libro lo compré. Los primeros dos cuentos no me parecieron muy atractivos, pero al llegar al tercero, La señora Bixbi y el abrigo del coronel, me dejó deslumbrado: era una verdadera revelación de un escritor ingenioso, con un toque de malicia genial.
            En esta historia contaba las aventuras de una mujer madura que mantiene una relación adúltera con un coronel. Ocho años lleva engañando a su marido una vez al mes. Viaja a ver a una ciudad cercana a su amante pero al marido (un dentista apocado) le ha hecho creer que va a visitar a una vieja tía. El marido cede a este capricho de su esposa pero con la salvedad de que nunca lo lleve, arreglo que conviene plenamente a la señora Bixbi.
            Un día que llega a la estación donde la viene a recoger un asistente del coronel, éste sólo le entrega una enorme caja y se va. Ella corre al baño y allí descubre que le ha regalado un enorme abrigo de visón, sumamente costoso, y en una tarjeta le explica que reciba ese regalo como un gesto de despedida pues no podrá verla más. Ella apenas se entristece pues está encantada con el abrigo. El problema es cómo le explicará a su marido. El coronel, en el mensaje, le dice que diga que es un regalo de navidad de su tía. Pero ella sabe que la pobre jamás podría regalarle algo así.
            Urde un plan: llega a la ciudad y empeña el abrigo, pero exige que en la boleta de empeño no haya más dato que la cantidad prestada: 50 dólares. Llega a su casa y le muestra al marido la papeleta y le dice que se la encontró en el taxi. El marido se pone feliz e insiste en qué el rescatará lo que haya sido empeñado. La señora insiste que la boleta es suya pero el marido gana. Rumbo al trabajo recoge el abrigo y llama a su esposa para que vaya al consultorio para que vea su regalo. Cuando llega el señor Bixie le muestra una estola de piel. Ella se turba pero acepta la prenda con disimulado placer. Por dentro, arde en coraje. Irá con el prestamista a reclamarle. Su marido le explica que esa noche llegará tarde. Ella sale furiosa y se encuentra a la secretaria que camina feliz, casi flotando,  portando su hermosísimo abrigo de visón.
            El cuento es narrado de manera eficaz logrando crear un clima de expectación en el lector y al final, en una línea, remata con golpe emotivo, contundente. Guau. ¡Qué buena historia!, me dije, y ya no paré de leer. Uno tras otro fui devorando sus cuentos, todos ingeniosos, como delicadas joyas, trabajadas con esmero y astucia.
            Es un escritor que cualquier cuentista debiese leer si pretende crear historias que le proporcionen al lector momentos de intenso placer.
     

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿DÓNDE ESTÁ OESTERHELD?



Jeremías Ramírez Vasillas

En México prácticamente nada sabemos de lo que sucede con la literatura gráfica (como le llaman ahora a los cómics o historietas) aparte de la que se produce en Estados Unidos, cuyo poderío ha sepultado la que en otros años aquí florecía.
            Las personas de más de 50 años seguramente pasaron muchas horas leyendo a Chanoc, Los supersabios, Kalimán, Memín Pinguín, Los burrón, Lágrimas y risas. El santo… y si era medio izquierdoso, La garrapata, Los supermachos y Los agachados. Hoy todos ellos venerables cadáveres.
            Fenómenos similares se dieron en diversos países de Latinoamérica, pero en México desconocemos dichas obras salvo una que otra que lograron trascender sus fronteras como Mafalda o las tiras gráficas de Fontanarrosa.
            Recién encontré un libro que narra la terrible historia de uno de los guionistas de historietas más famosos de Argentina: Héctor German Oesterheld, el cual desconocía completamente. Seguramente los argentinos mayores de 50 años también gozaron de sus cómics.
            Este artista fue creador de personajes como el Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernie Pike, El Eternauta, Los espectros de Fort Vance, entre otros.
            En el 2015 publicó Edgar Adrián Mora, escritor nacido en el Estado de México con una trayectoria sobresaliente, en Guadalajara, bajo el sello de Editorial el Paraíso Perdido, con el título de Continuum, una novela sobre Héctor G. Oesterheld.
            Es una novela tiene sólo 84 páginas pero es de una intensidad dramática muy bien manejada.
            De manera fragmentaria, con saltos en el tiempo, va narrando la tragedia de este gran artista argentino y de su familia quienes sufrieron el secuestro y desaparición sus cuatro hijas mujeres Diana, Estela, Beatriz y Mariana, sus tres yernos y dos de sus cuatro nietos y finalmente el secuestro y desaparición del propio Héctor Oesterheld durante la última Dictadura Militar Argentina. Su esposa, Elsa Sánchez de Oesterheld, fue la única que no fue secuestrada, pero tuvo que padecer el horror y el abandono de su familia durante su larga y penosa vida.
            La narración va mezclando situaciones imaginarias en las que los personajes de Oesterheld cobran vida, dialogan, aparecen y finalmente hacen una manifestación exigiendo la aparición de su creador, con situaciones reales, cruentas, terribles, que padeció el artista y sus hijas.
            Recomendable, altamente recomendable.

domingo, 25 de septiembre de 2016

LA CULPA ES DE LOS TLAXCALTECAS

 

Jeremías Ramírez

 

—¿Sabes, Nacha? La culpa es de los tlaxcaltecas. Le dijo la señora Laura a su criada la noche en que regresó a su casa con el vestido chamuscado.

            Este es uno de los diálogos iniciales del cuento, La culpa es de los tlacaxtecas, escrito por Elena Garro (1916-1988) una las más grandes escritoras mexicanas.

            La historia es sorprendente. Laura hace un viaje a Guanajuato con su suegra. De regreso tienen varios incidentes. Primero se les acaba la gasolina y luego se les descompone. Cuando su suegra se va a buscar un mecánico y Laura se ha quedado sola, advierte que un guerrero azteca se acerca por la carretera. Se le notan las huellas de que acaba de salir de una batalla. De su hombro mana la sangre. Cuando llega con ella, y empiezan a hablar descubre que ella ya no está en el siglo XX, sino en ese momento trágico de México, cuando cae Tenochtitlán en manos de los españoles. Pareciera que Laura viaja en el tiempo y al mismo tiempo recuperara su memoria ancestral, pues se da cuenta que ella conoce al guerrero azteca. Este le dice que la llevará a ver su casa. Cuando se acercan Laura ve la ciudad consumida por las llamas y se niega a seguir adelante. Se abrazan y se besan. El guerrero se va y ella regresa al auto donde su suegra la encuentra con el vestido blanco manchado de sangre.

            Regresa a su casa, pero ya no puede estar en paz. Con enorme pesar se da cuenta que la caída de la gran ciudad de Tenochtitlán fue por culpa de los traidores tlaxcaltecas, pero ella misma también es traidora. Ella es esposa y prima del guerrero azteca y ahora vive en el siglo XX y se ha casado con un tipo prepotente. Por eso se siente traidora.

            Laura vive en dos mundos. En el siglo XX el cual poco a poco deja de ser su mundo y en el tiempo de la caída de la ciudad azteca.

            Inquieta va a buscar al guerrero a un café de Tacuba y lo encuentra y de su mano asiste a escenas dolorosas de la caída y muerte de los habitantes de la gran ciudad azteca.

            Después de dos días de ausencia regresa a su casa. Su marido y su suegra creen que está perdida y la están buscando incluso en la policía

            En este breve resumen pueden ver que el cuento es intenso, mágico, doloroso, triste. Es como si pudiéramos recuperar la memoria ancestral y asistiéramos a nuestra propia derrota y a nuestra propia traición.

            Es un cuento es como de 18 páginas que me hizo recordar otro de Julio Cortazar: La noche boca arriba (publicado en 1956), que tienen la misma temática: la conexión del presente con el pasado, del siglo XX y de la época de los aztecas. En el cuento de Cortazar un joven sufre un accidente en motocicleta y moribundo se da cuenta que él es un guerrero azteca que está a punto de ser sacrificado. Al final nos damos cuenta que el joven de la motocicleta es una proyección futura del guerrero poco antes de su sacrificio.

            Por este cuento, que publicó en 1964, y otras de sus obras, ella es comúnmente relacionada con el "realismo mágico" o renovadora de la literatura fantástica, aunque rechazó esta identificación, por considerarla una etiqueta mercantilista.

            Hay algunas frases conmovedoras. Por ejemplo, cuando habla con su criada, Nachita, que es la única que se da cuenta de que su patrona está viviendo en dos mundos, le dice: Lo terrible es, lo descubrí en ese instante, que todo lo increíble es verdadero.

            Quizá esta es el postulado de su literatura: “todo lo increíble es verdadero”. Una sentencia que obnubilados por un materialismo chato nos cuesta aceptar.

            Este cuento es también una historia de amor. Laura ve con tristeza el amor inmenso que el guerrero le tiene a ella, su esposa-prima. Ella le dice a su criada: “…los hilitos de su sangre escribían sobre su pecho que su corazón seguía guardando mis palabras y mi cuerpo. Allí supe, Nachita, que el tiempo y el amor son uno solo”.

            En un momento emotivo el guerrero le dice: “Siempre has estado en la alcoba más preciosa de mi pecho”.

            Este cuento, como el de Cortazar, son joyas de la literatura latinoamericana y universal. Si usted está interesado en leerlo, en este link puede encontrarlo y descargarlo: http://red.ilce.edu.mx/sitios/el_otono_2014/entrale/paquetecuento/pdf/laculpaesdelostlaxcaltecas.pdf

 

 

jueves, 30 de junio de 2016

LA FARSA DE VIVIR


Por Jeremías Ramírez Vasillas

Acabó de leer el cuento ¿Fue un sueño? de Guy Mapaussant y me hizo recordar el libro País de mentiras de Sara Sefcovich.
            En este cuento se muere la esposa de un joven y, desolado, se va de viaje. Regresa mucho tiempo después, y acude al panteón a llorar sobre la tumba de su amada. Pasa así largas horas hasta el anochecer. Quiere quedarse allí toda la noche pero teme que los custodios del cementerio lo expulsen. Se esconde en lo más recóndito y espera que la oscuridad se haga más densa.
            Cuando ya no hay ninguna luz intenta regresar a la tumba de su amada pero se pierde. Se sienta en una tumba  y de pronto advierte que se mueve la loza. La tumba se abre y sale un esqueleto desnudo. En la cruz había leído: "Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios." Pero el muerto toma una piedra y empieza a borrar el epitafio y sobre él escribe: "Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo, y murió en pecado mortal." Y después ve como todos los muertos hacen lo mismo declarando haber sido “atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba o fingía ignorar, mientras estaban vivos”.
            Entonces corre a buscar la tumba de su amada y cuando llega ve que ha cambiado su epitafio que decía: “Amó, fue amada, y murió, por: "Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió."
            Y me hizo pensar en una las características del ser humano: la simulación, el engaño. Y me pregunto ¿por qué?, ¿qué necesidad hay de ir tras esa mascarada  que cumplimos todos los días? ¿quiénes somos en realidad?
            Fue por ello que recordé ese libro de Sara Sefcovich en la que va dando cuenta pormenorizada de todas las mentiras que los políticos dicen todos los días, tratando de crear una imagen de ellos, de su partido y del país que no corresponde con la realidad. Precisamente, en este momento, en México, están saliendo a la luz escándalo tras escándalo develando la verdadera faz de muchos políticos y empresarios.
            Seguiré leyendo a Maupassant pues al parecer en sus cuentos va evidenciando muchos sinsentidos del ser humano. ¿Será por eso que murió afectado por la locura?

martes, 10 de mayo de 2016

TARZÁN EN ACAPULCO



La figura mítica de Tarzán, el buen salvaje rousseaniano, capturó la imaginación de niños y adultos en las décadas de los treintas a sesentas por conducto de uno de los actores más emblemáticos que encarnó a este selvático héroe: Johnny Weissmüller.
Yo tuve contacto (visual) con es Tarzán en 1962, cuando iba a la escuela primaria Aquiles Serdán, ubicada justo detrás de la segunda sección del Parque de Chapultepec y junto al panteón Dolores, en el DF.
Por iniciativa de quiensabequién se organizaron en la escuela funciones de cine en el enorme salón que servía para darnos esos memorables desayunos escolares implementados por la esposa del entonces presidente de México, Adolfo López Mateos. Desde mi pequeña estatura me parecía tan grande el salón como el de cualquier cine comercial. Allí vi la trilogía que se adhiere a mi memoria como una calcomanía: Tarzán el hombre mono (1932), Tarzán y su compañera (1934) (no recuerdo si pasaron los desnudos de torso de Jane —Maureen O´ Sullivan— o los quitaron) y El hijo de Tarzán (1939). Luego pasaron algunas de Jim de la Selva, con este mismo actor, pero esas se perdieron en la memoria. Seguramente no me gustó verlo en pantalón y sombrero de explorador.
Ese Tarzán llenó nuestro imaginario africano con una selva (cual jardín exquisito) amable, deliciosa, con ciertos peligros (cocodrilos, leones, rinocerontes enfurecidos) pero nada que nuestro héroe no pudiera vencer, además si era ayudado por sus amables amigos animales como los elefantes o los inquietos simios.
Toda esta añoranza viene a cuento porque hace poco me encontré en un centro comercial un librito titulado Tarzán en Acapulco, escrito por el español Marcos Ordoñez. Me atrajo del libro dos de mis debilidades: el cine (particularmente, el guionismo) y ese viejo Tarzán de mi infancia: Johnny Weissmüller.
El libro prometía la aventura de un guionista que, por azares de su trabajo, va a dar a Acapulco a encontrarse con esa leyenda viviente (que vivió en Acapulco sus últimos años hasta su muerte).
El cine (confieso) es para mí una aventura tan emocionante como las expediciones al África salvaje. Y la aventura de un guionista no lo es menos. Quizá esta aventura es más gratificante que hacer la película, como diría Alfred Hitchcock, que para él rodar era lo más aburrido pues ya había visto la película al escribir el guión. Hitchcock era una de esos extraños cineastas que al momento del rodaje se sabía de memoria el guión, y podía recitar textualmente hasta el mínimo parlamento.
Empecé a leer Tarzán en Acapulco. El libro tenía cierto encanto a pesar de lo inverosímil del arribo de Cosmo (el personaje principal) a la industria del cine. Juzguen ustedes: sucede que un día, un amigo suyo que quería rodar su primera película, le cuenta el principio de su historia y Cosmo lo interrumpe para dar rienda suelta a sus fantasías. Cuando termina, su amigo le dice: “Por qué no escribes todo eso”. “¿Un guión, un guión de cine?”. “Claro”. Y así, de golpe y porrazo, sin saber nada de guionismo ni de dramaturgia, tras la consulta de algunos manuales, escribe Casa cerrada, el cual tiene tal éxito que lo lleva a ganar un premio.
Lleno de envidia seguí leyendo la meteórica carrera de Cosmo que en breve, sin saber nada de lenguaje fílmico, ni de dirección de actores, ni de técnica cinematográfica, también se hace director y anda por los festivales dándose la gran vida. En uno de ellos conoce a Ariel Levine, productor norteamericano y también guionista, que lo invita a trabajar a Hollywood. Vaya suerte del crío, dirían los españoles.
Instalado en la meca del cine le llega la aridez y de pronto ya nada se le ocurre. Y para desgracia personal, lo abandona su novia española. Como león enjaulado da vueltas persiguiendo una inexistente pulga en su cola hasta que Ariel Levine le pide que escriba una historia de amor, adaptando una novela mal hecha. A regañadientes acepta, pues Ariel le ofrece, además de pagarle bien, que se vaya a la casa de sus padres en Acapulco. Allá llega, a un Acapulco de principios de los 80’s. El destino lo llevará a conocer al viejo Walter Chávez, quien lo llevará a la casa de Weissmuller (llamado en la novela sin razón alguna Johnny Wasserstein). Allí vivirá una enloquecida aventura con un Tarzán decrépito que muere en este último trance en el que cree que Cosmo es su hijo, el mítico hijo de Tarzán de la película. Vaya que si don Marcos se sacó el argumento de los pelos. Pero no sólo eso, sino que desaprovecha el alucine del acabado Tarzán que ha construido en su casa una escenario como el de la selva, con todo cabaña y lago, al que se entra por un túnel. Y en este alucine de Tarzán participa como cómplice su última esposa María Brock Mandel (llamada Ilse Marie Von Kellen en la novela).
El pepino se le fue de las manos a don Marcos Ordoñez que al parecer tiene una forma irregular y poco afortunada de escribir, y que al parecer también (dicen sus fans) esta es una de sus mejores logradas novelas. Por mi parte, prometo no leer más de Don Marcos.
Y tampoco quiero ver más en cine a ese Tarzán tan interesante en mis recuerdos, pero cuyas películas se ven bien falsas, en la que no se esconden ni los trapecios colgados de los árboles, como un selvático circo, ni se oculta que los simios sean unos extras mal disfrazados.
El buen Johnny Weissmüller de mis recuerdos, tras dos derrames cerebrales entre 1976 y 1978, estableció su residencia definitiva en Acapulco donde se rodó su última película de Tarzán.
Reza una nota del diario español El País del 21 de enero de 1984: “El actor Johnny Weissmüller murió ayer de madrugada en su mansión de Acapulco, donde pasó los últimos años de su vida evitando visitas, pues quiso ser recordado como el joven y esbelto personaje que encarnó en el cine. En el ocaso de su vida, Weissmüller tuvo problemas psiquiátricos e inclusive se afirma que aún recientemente se ponía a aullar como el personaje de Tarzán que le llevó a la fama. El actor, que nació en junio de 1904, fue un extraordinario deportista, ganó cinco medallas de oro de natación en los Juegos Olímpicos de París y Amsterdam y realizó una serie de televisión, El rey de la selva, que le ayudó a conservar su popularidad. El cuerpo de Tarzán, embalsamado, fue sepultado ayer en el cementerio Valle de la Luz de este puerto. Weissmüller llegó hace siete años a la ciudad porque su clima era propicio para su recuperación, ya que padecía un mal vascular degenerativo e irreversible. Últimamente era visitado por personajes del cine para animarle y verificar su estado de salud. Su muerte ocurrió en presencia de su esposa, María Brock Mandel.”
Había muerto el Rey. Larga vida al Rey. Hasta la próxima.

LOS RESTOS DE UN NAUFRAGIO

Debo decir que había leído poco a Guy de Maupassant. Mis límites se quedaron en La noche, pero siempre tuve el libro cerca hasta que me mordió. Y tan pronto empecé El miedo ya no pude parar. Acabo de leer Los restos de un naufragio. Es un cuento maravilloso, sutil, construido con delicadeza, acomodando cada pieza en su sitio para generar el efecto emotivo en su climax y lo retarda para poder deleitarnos en él como se paladea un buen vino o un manjar exquisito.

Un joven, empleado de una aseguradora, es enviado a supervisar el naufragio de un barco que ha quedado varado en una larguísima playa, es decir, una extensión casi plana de varios kilómetros la cual desciende en un ligerísimo declive, de modo que cuando baja la marea el barco, muchos kilómetros adentro, queda sobre la arena y hay que caminar más de una hora para llegar a él. Cuando la marea baja la orilla del mar se aleja velozmente, y de ese modo sube.

El joven, mientras inspecciona los daños y hace su reporte, oye voces. Cree que es una alucinación, pero no. Han llegado un grupo de ingleses conformado por el padre y tres hijas. La mayor tiene 18 años y es sumamente hermosa y accesible.

El joven y los ingleses se ven de pronto atrapados por el mar cuya marea ha subido de forma repentina. La noche cae y con ella el frío y el miedo de que los restos del barco sucumban ante el embate de las olas.

De pronto, en medio de la noche, el barco es enderezado por el agua y los "tripulantes" accidentales se llevan un buen susto. Pero en ese momento de caos, el joven se enreda en el cuerpo de la muchacha inglesa cuya belleza y aroma lo tienen cautivado y motivado por la cercanía la abraza y la besa todo el tiempo (breve por cierto) que dura la sacudida.

Esta brevísima experiencia de amor lo prenda para siempre. Casi de inmediato los rescatan pero él, por años, incluso hasta la vejez se quedará añorando al barco y esa noche tenebrosa, terriblemente fría, pero deliciosa.

Que maestría de Maupassant para envolvernos en ese clima emocional amoroso de modo que al final sentimos la misma desolación y nostalgia del personaje y la intensidad emocional de su experiencia amorosa.

Léanlo, es una joya.

domingo, 8 de mayo de 2016

ARTE: CENICIENTA O PRINCESA


A raíz de los nuevos nombramientos y cambios en la dirección del Sistema de Arte y Cultura de Celaya, varias personas me han preguntado con cierta insistencia cuál es mi opinión de que hayan nombrado un político, si esto es apropiado. No he querido responder porque no tenía claridad. Aún no la tengo pero hay algunas ideas que rondan en mi cabeza.

Creo que la discusión no debe centrarse en si alguien es adecuado o no antes de considerar algunos aspectos fundamentales.

En PRIMER LUGAR, se deberá definir cuál es el papel del arte y la cultura en la sociedad. La respuesta definirá cuál debe ser la propuesta y cuál podría ser el mejor candidato, e incluso, cual el proyecto de trabajo.

1. Si para un gobierno es sólo un requisito que exige la federación y hay que cumplirlo, es obvio que las acciones estarán encaminadas en instaurar un centro de actividades sociales intrascendentes pero que justifiquen el gasto del presupuesto y para ello cualquier persona es apta.

2. Si se considera que las actividades de cultura son algunos cuadros que, como en las primarias, cierran un fin de curso, basta con elegir a un coordinar de festividades cívicas y convocar a todo aquel que quiera pisar un escenario, sin importar la calidad de su presentación.

3. Si se considera que el arte y la cultura deben ser actividades para generar dinero, entonces se debe buscar a un empresario de espectáculos que sepa como obtener rentabilidad, y convocar obras que han demostrado ser del gusto popular sin importar la calidad.

4. Si se considera que el arte y la cultura sólo son actividades recreativas para entretener a los niños los fines de semana o en vacaciones y darle ocupación a los viejitos, entonces una persona con formación de maestra de Jardín de niños es más que apropiada para implementar talleres de iniciación artística para que rellenen el ocio. Lo que para los niños es formativo, para los adultos se quedan cortas dichas actividades.

5. Si se considera el arte y la cultura son actividades para incentivar el turismo cultural, se requerirá alguien en cuyo perfil tenga algo de economista y degustador de las bellas artes, combinado con un mercadólogo, a fin de que sepa sensar las preferencias de un público objetivo y preparar un menú que atraiga la mayor cantidad de visitantes. Las actividades a desarrollar serán una mezcla de espectáculos populares con otros de calidad y calidad internacional, pero también puede permitir impulsar el desarrollo de artistas locales y actividades independientes que complementen el atractivo principal montado por el estado. En este esquema, es posible que todos ganen, pero el impacto social, el desarrollo social no siempre será de alto nivel, como sucede en ciudad turísticas en las cuales los espectáculos, especialmente los de calidad, son aprovechados por los visitantes pero lso locales viven al margen de este festín del arte. En todo caso, se desempeñan en el sector de servicios para atender a las visitas.

6. Pero si se considera que el arte es un detonante social, es decir, que es un factor de estimulación de la imaginación y un propulsor del desarrollo humano, entonces se requiere más que un artista y más que un político y más que un economista o mercadólogo. Debe ser alguien que tenga un enorme compromiso social y sienta pasión por la educación, por el arte, y sea poseedor de ciertas habilidades políticas para conducir los egos de los artistas, o aspirantes a serlo, que es mucha, y busque el mayor impacto con sus actividades,as cuales inlcusive tenga la capacidad de revertir los indicadores sociales negativos, como los índices delictivos, la tasa de suicidios, el uso de antidepresivos o sustancias estimulantes dañinas, es decir, que mejore la salud emocional, y además impulse el emprendeurismo social y empresarial, entre muchos otros. Sobre todo, que abra las espectativas para los sectores sociales desprotegidos.

En SEGUNDO LUGAR, especialmente para el último caso --aunque también es útil para los demás-- hacer un diagnóstico social, en donde se puedan ver con claridad las necesidades, los vacíos, las fortalezas, las oportunidades.

En TERCER LUGAR. Hacer un diagnóstico del potencial artístico de los habitantes de lugar (es decir, ubicar a sus artistas y medir su nivel de desaarollo y abrirles un abanico de acciones que responda a sus necesidades: cursos a unos, promoción a otros, vinculación a fondos nacionales o internacionales a los de mayor nivel), para que este ejército sea el principal promotor del arte en su área de influencia social y en los escenarios que se deberán habilitar para ellos. De esta forma, se matan dos pájaros de un tiro: se desarrolla a los artistas y estos a su vez ayudan a los artistas emergentes o crean públicos sensibles al arte.

En CUARTO LUGAR. Diseñar un plan de desarrollo a corto, mediano y largo plazo, en función del presupuesto y en función de las necesidades sociales (obtenidas en el diagnóstico social) y de las necesidades de los artistas locales, que permita alcanzar con eficiencia las diversas etapas, y se puedan comprobar los avances reales.

En QUINTO LUGAR. Elegir a un personal apropiado a cada área. Habrá que eliminar el amiguismo, aunque se contrate a amigos, pero cuya elección sea la apropiada para el puesto, y a parientes si así conviene al plan de desarrollo.

Para finalizar, comento que salvo los reyes y comerciantes del Renacimiento y algunos gobiernos europeos actuales, en general los gobiernos (especialmente los de los paises subdesarrollados como el nuestro) no entienden para qué es el arte y la cultura.

En el Renacimiento, urgidos de abrir las fronteras hacia los mercados orientales (donde estaban las codiciadas especias) y urgidos en desarrollar una tecnología capaz de permitirles afrontar y superar sus limitaciones (creación de mapas más exactos, instrumentos de navegación terrestre y marítimo, barcos más consistentes, máquinas primitivas para acelerar los procesos de producción, etc.) se dieron cuenta que fomentar el arte era el mejor mecanismo para incentivar la imaginación, esa imaginación tan útil en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. La clave estaba en potenciar la imaginación. Ahí estaba la clave que podía resolver cualquier crisis actual.

Mientras nuestros flamantes gobernantes, locales o federales, no entiendan esto, el arte y la cultura seguirá siendo la cenicienta de la casa y no la princesa.

¿SUEÑO O REALIDAD?

Acabó de leer el cuento ¿Fue un sueño? de Guy Mapaussant y me hizo recordar el libro País de mentiras de Sara Sefcovich.
            En este cuento, se muere la esposa de un joven y, desolado, se va de viaje. Cuando regresa, mucho tiempo después, va al panteón a llorar sobre la tumba de su amada. Pasa largas horas sobre la tumba. Anoche. Quiere pasar allí toda la noche pero teme que los custodios del cementerio lo expulsen. Se esconde en lo más recóndito y espera que caiga la noche.
            Cuando ya no hay ninguna luz intenta regresar a la tumba de su amada pero se pierde. Se sienta en una tumba  y de pronto advierte que se mueve. La lápida se abre y sale un esqueleto desnudo. En la cruz pude leer: "Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios." Pero el muerto toma una piedra y empieza a borrar el epitafio y sobre él escribe: "Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo, y murió en pecado mortal." Y después ve como todos los muertos hacen lo mismo declarando haber sido “atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos”.
            Entonces corre a buscar la tumba de su amada y cuando llega ve que ha cambiado su epitafio que decía: “Amó, fue amada, y murió, por: "Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió."
            Y me hizo pensar en una las características del ser humano: la simulación, el engaño. Y me pregunto ¿por qué?, ¿qué necesidad hay de ir tras esa mascarada  que cumplimos todos los días? ¿quiénes somos en realidad?
            Fue por ello que recordé ese libro de Sefcovich en la que va dando cuenta pormenorizada de todas las mentiras que los políticos dicen todos los días, tratando de crear una imagen de ellos, de su partido y del país que no corresponde con la realidad.
            Precisamente, en ese momento, en México, están saliendo a la luz escándalo tras escándalo develando la verdadera faz de muchos políticos y empresarios.
            Seguiré leyendo a Maupassant pues al parecer en sus cuentos va evidenciando muchos sinsentidos del ser humano. ¿Será por eso que murió afectado por la locura?

sábado, 30 de abril de 2016

LA BENDICIÓN DE LA TIERRA Han Hamsun, 1920

--> Supe de Han Hamsun, uno de los más famosos escritores noruegos, por el maestro Alejandro Toledo que me recomendó Hambre, su primer novela, y la que lo lanzó al éxito. Buscando esta novela una amiga, que me ayudaba localizarlo, encontró La bendición de la tierra. Cuando me la entregó ya había conseguido, en la Colección Sepan cuántos…, Hambre y en cuyo tomo también incluía Pan.
            Intenté leer primero Hambre pero su narración en primera persona de manera errática pues narra los frecuentes giros de rumbo del pensamiento del personaje, no me atrapó y las tres novelas se fueron a dormir al estante.
            Leyendo la novela Gog de Giovanni Papini, cuenta que su personaje tiene un encuentro con Hansum ya viejo que vive recluido en una isla alejado de fans y periodistas, a quienes repele como la peste. Y su plática me encantó y me motivó a desempolvar las novelas. Cuando empezaba a leer Hambre, advertí por qué lo había dejado de leer, y abrí La bendición de la tierra y me atrapó de inmediato la historia de ese hombre que camina por un paraje solitario aunque considerando que se trata de Noruega me imaginé unos bosques maravilloso, sugeridos por la canción de los Beatles Bosque noruego, y comprobado en el internet y quien de pronto se detiene en uno de esos parajes, al pie de un bosque y cerca de un lecho pantanoso y un lago, donde decide empezar a construir su hogar. Es decir, a echar raíces en una tierra fértil y prometedora.
            Hamsun no nos dice de dónde viene este hombre, pero si va poco dejándonos ver hacia dónde va y como trabaja ardorosamente por construir su hogar luchando amorosa y responsablemente con el medio ambiente para que este lugar le de todo lo que necesita.
            Es decir, la novela nos habla de Isak, un hombre que echa raíces, crece y se ramifica, y de otro, su hijo, Eliseo, a quien le cortan las raíces llevándoselo un tiempo a la ciudad, y sucumbir ante los encantos de la vida holgada y orgullosa y vacua de la urbe y con ello pierde un suelo sólido para crecer, llevado cual barcaza por los vientos de un puñado de sueños disparatados.
            La novela es encantadora y a lo largo de 346 páginas nos va mostrando cuál es la esencia de la vida: el trabajo y el respeto al medio ambiente, a la tierra, al bosque, a su familia, y en tener una idea clara de la vida y luchar por ella, nada de sueños disparatados.
            Esto me hizo recordar lo que ya es un lugar común: lucha por tus sueños, nos dicen hasta el hartazgo, como si cualquier sueño fuese bueno y luchar por él lo mejor, pero sin considerar de que hay de sueños a sueños.
            El sueño del Quijote, llegado a él por las lecturas, fue la justicia. El sueño de Madam Bovary, también sacada de la lectura, fue el gozar de una experiencia amorosa tal como la pintaban los libros románticos.
            Aunque el Quijote nunca logra su cometido, su sueño, su visión sí. El Quijote es una libro inspirador en el que nos dice que la ficción es un tan necesario para el hombre, como el pan.
            Pero a Madam Bovary su sueño la lleva a la ruina y a su muerte vergonzosa y  terrible.
            Lo que no nos dicen los predicadores de los sueños es que hay de sueños a sueños. Los sueños egoístas y disparatados son absurdos y dañinos. Los sueños de justicia, solidaridad, bienestar de los demás, aunque no se alcancen, dejan un impacto positivo.
            De Isak no nos dice Hamsun si tiene sueños. Tiene un propósito: crear un hogar. Y primero empieza a labrar la tierra y a construir una cabaña. Luego, a conseguirse una mujer que se sume a su propósito: trabajar duro para esperar una buena cosecha. Consigue a una mujer con labio leporino, nada atractiva, pero noble y trabajadora. Y ellos dos, poco a poco, van creando un lugar lleno de abundancia a partir de un trabajo incansable.
            Mientras que el hijo, que sueña con ser un ser distinguido, importante, admirado, nunca lo logra y se pierde en sus propios sueños.
            Al final, un viejo amigo y benefactor de Isak, le dice a su otro hijo, a Sivert, que Noruega no requiere de grandes minas, de minerales, de otro o plata, sino de trabajo: el secreto del éxito y de la prosperidad  está en el trabajo, ese trabajo comprometido, paciente, incansable, amoroso, generoso, particularmente con la tierra.
            Acabo de leer el resurgimiento de Detroit a partir de regresar a lo básico, al cultivo del suelo, a la agricultura, al cultivo de huertos, que le está permitiendo la cohesión social y el resurgimiento económico de una ciudad muerta y desahuciada. Quizá debiésemos regresar a la agricultura, todos, habitantes del campo y la ciudad.
            La novela termina con una imagen apacible. Nada de tremendismos dramáticos, ni muertes o triunfos, sino después de habernos contado su trayectoria, sus dificultades, sus temores, sus amenazas, los suelta en un campo que ya es próspero para que sigan su vida sin la intromisión de su autor.
            Esta novela la publicó Hamsun en 1920 junto a otras dos, justo en el año en que le otorgaron el Premio Nobel de Literatura.

domingo, 27 de marzo de 2016

TEA BAG Henning Mankell

Me molesta enormemente las críticas autoritarias como las que se leen en los blogs donde se reseña este libro. Quizá como yo no tengo una formación académica en letras, me hace sentirme no más que un simple lector que escribe candorosamente lo que le gusta o no.

Esta novela no sólo me gustó mucho sino que además me hizo sufrir y sentirme miserable. Me imbuí tanto en la historia de esas mujeres inmigrantes que coinciden en Suecia en donde como fantasmas discurren en una ciudad donde nadie las ve, nadie las siente, ventaja que aprovechan para evitar ser expulsadas.

Pero lo que más me hizo sufrir fue ese sentido de incertidumbre --que se respira en toda la novela-- en que vive el poeta Jesper Humlin, un pobre hombre esclavizado por su editor que lo trata de obligar de mala manera que escriba una novela policiaca, por su madre que lo chantajea, lo mismo que su manipuladora novia, por su agente de bolsa que le desaparece su dinero en pésimas inversiones, pero además, temeroso a la crítica, se vuelve vulnerable a muchas circunstancias, como con esas mujeres inmigrantes que quieren que las enseñe a escribir.

Atrapado en esas circunstancias, cada paso que da es angustiante. La novela es totalmente impredecible, como si la trama estuviera sujeta a un caprichoso devenir, de modo que cada página es una aventura llena de suspenso.

Yo no sé si es policiaca o no. Yo creo que no, porque no hay policías investigando, a pesar de que los personajes son unos out of law, que viven a salto de mata, durmiendo en casas vacías cuyos dueños andan de viaje, y subsistiendo de microrrobos.

La novela alcanza una estatura humana estremecedora al irnos contando las historias inverosímiles de esas tres mujeres, entre ellas una Nigeriana que se hace llamar "Bolsa de te" (The Bag) que trae una mono fantasma como ángel guardián.

Creo que la estrategia narrativa que escogió Mankell hace mucho más visible el drama de estos seres fantasmales que han puesto a temblar a Europa: los inmigrantes.

Buena novela, cautivante, que logra mover las emociones. Lástima que Mankell ya murió, pero aún me queda el consuelo que no he leído la mayor parte de sus obras. De la serie Wallander sólo he leido la primera, así que me quedan muchas horas de disfrute.

Saludos.

lunes, 31 de agosto de 2015

EL PEZ DE ABRIL


Mavis Gallant


Como nací el primer día de abril me pusieron Abril de nombre de pila. Aquí en Suiza se pronuncia Afril, con lo que suena más como algún tipo de medicamento que como un mes de la primavera. “Tomad una buena dosis de Afril”, puedo imaginar diciendo al doctor Ehrmann a cada uno de los niños. Hoy empieza mi abril número cincuenta y uno. Me he despertado temprano y me he bebido el té a sorbos, con mucho cuidado de no molestar a los perros que dormían a los pies de la cama, sobre su propia manta de la Cruz Roja. Sigo teniendo pesadillas, pero ha cambiado el tipo de horror. En el sueño del ahorcamiento ya no soy la víctima. Cuelgan a otro. Anoche, en un sueño desgarrador, se ahogaba uno de mis propios hijos adoptivos, allí mismo, tras la ventana, en el lago de Ginebra. Yo deambulaba corriendo por la hierba, entre los cisnes. Sentía el rocío bajo mis pies desnudos, el dobladillo de mi camisón de terciopelo estaba cubierto con él. Podía ver los juguetes de los niños claramente: el tanque en miniatura que Igor siempre había querido, y algo rojo, puede que un cubo y una pala. Se me soltó el pelo y me caía por la espalda. Era caoba como el color de las hojas, como solía ser antes. Creo que salvé a Igor, es un recuerdo difuso. Me sentía eficiente y segura de haberlo conseguido.
      Al sentarme en la cama, haciendo balance de los progresos que he hecho en la vida como si mis propios sueños lo hicieran por mí, intentando que la visión de la lluvia cayendo en arroyuelos desde el tejado no me afectara –no era la lluvia lo que me deprimía sino la sensación de no poder confiar en nadie, absolutamente nadie, para que se subiera al tejado y limpiara la maleza y los hierbajos que habían enraizado y obstruían la canaleta-, los niños entraron en tropel. Estaban los tres en casa por las vacaciones de Pascua: Igor, con sus ojillos de ladrón, el mulato que jamás dice maman en público porque le da vergüenza, y Ulrich, cuyo padre era un famoso jurista y cuya madre era una chica bellísima y brillante, pero que jamás llegará a ser más que otro suizo anodino. Allí estaban todos, a los pies de la cama, todos ellos abandonados por unos padres indolentes, tirados como botones que se sueltan y recogidos por una mujer a la que llaman maman.
      Bon anniversaire, dijo Igor, que tiene ya el aspecto de un empleado cualquiera de correos de Moscú, los otros dos le siguieron mascullando de modo incomprensible, como si recitaran el responso en la iglesia. Me trajeron un regalo, un pez de abril, pero no de los de chocolate. Era un pez de esos de cristal de los que todo el mundo compra en Venecia, de unos cincuenta centímetros de largo, transparente y con tonos verdes, el verde de las hojas de geranio, con rayas blancas como de tiza que van de la cabeza a la cola. Estos niños han vivido conmigo desde la infancia, pero su gusto es el de su piel, el de sus corazones, el de las uñas de sus manos. La pesadilla que ahora debería estar teniendo es una proyección hacia el futuro, una visión de las chicas con las que se casarán y de las casas que tendrán, con sus mesitas de cristal para el café y sus peces de cristal veneciano encima de la televisión, a no ser que la efigie de un olivo amorfo se haya apropiado ya de ese espacio.
      Igor se adelantó y puso el pez en la mesa que había junto a mí con sumo cuidado, y como no se le ocurría otra cosa que decir empezó otra vez con lo de Bon anniversaire, maman. No tenían nada que decirme en absoluto. Los perros habían ensuciado la alfombra, así que la habían retirado para limpiarla y ellos allí restregando los pies contra el suelo rayándome el piso.
      —¿Qué van a hacer hoy? –les dije.
      —Jugar —me contestó Robert tras el silencio.
      En ese momento irrumpió el concierto matinal desde la radio que había junto a mí y me lancé a la búsqueda de algo, una apreciación, que sus ojos mostraran alguna reacción ante la música, pero ellos ya habían empezado a empujarse unos a otros y a reír, y yo sabía que esa música pronto se vería apagada por un nuevo coro que esta vez vendría de mí: “No lo toquen. No molesten a los perros”, todo ello en negativo, y tan malo para ellos como para mí misma. Apagué la música y les dije:
      —Vengan a ver el regalo de cumpleaños que me ha llegado esta mañana por correo. Es un regalo de mi hermano, su tío —me puse los lentes para leer y desplegué la preciosa carta sobre la cama—. Es una carta original escrita por Sigmund Freud. Era un médico famoso y está escrita de su puño y letra. Ahora les enseñaré a interpretar los signos que hay en las cartas. El papel en el que está escrita es feo y barato, eso lo pueden ver todos, ¿verdad?, lo cual significa que era un tacaño, o que era pobre, o que no tenía pretensiones estéticas, o que no le daba importancia a los asuntos mundanos. Estos bucles largos y puntiagudos denotan una fuerte conciencia de los valores espirituales y la inclinación de las líneas una naturaleza pesimista. El margen se ensancha al final de la página, como en el manuscrito de Keats de “Oda a un ruiseñor”. ¿Recuerdan que les enseñé una fotografía? ¿Quién se acuerda? ¿Ulrich? Muy bien, Ulrico. Significa que el doctor era el mismo tipo de persona que Keats. Keats era un poeta, pero ya está muerto. Siento decir que su firma revela presunción. Pero se trataba de un gran hombre, hacía bien en estar seguro de sí mismo.
      —¿Qué dice la carta? —dijo Igor finalmente.
      —La carta no está dirigida a mí. Es una carta antigua, ¿ven la fecha? La enviaron treinta años antes de que cualquiera de ustedes naciera. Probablemente iba dirigida a un colega, miren, aquí donde señalo. A otro médico. Es probable que se trate de una opinión sobre un paciente.
      —¿No puedes leer lo que dice? —dijo Igor.
      Intenté pensar en una respuesta constructiva, porque “No sé leer alemán” era demasiado vago:
      —Algún día tú, Robert, e incluso tú, Ulrich, podréis leer alemán, y entonces leerán la carta y todos sabremos qué era lo que el doctor Freud le decía a su colega. Yo aprendería alemán —continué— si tuviera más tiempo.
      Como prueba del poco tiempo que tengo ocurrieron tres cosas a la vez: mi abogado, que sólo se pone en contacto conmigo cuando tiene malas noticias, llamó desde Lausana, Maria-Gabriella entró a retirar la bandeja del desayuno, y los perros, al despertarse, empezaron a ladrar. Parece que el ruido excesivo me afecta a la visión. La habitación se convirtió en una masa borrosa y unidimensional. Le hice señas a Maria-Gabriella discretamente, porque jamás querría que los niños se sintieran rechazados o que sobran, de manera que ella lo entendió al instante y se los llevó lejos de mí. Entonces los perros dejaron de ladrar, todos menos la pobre Sarah, vieja y ciega, que siguió advirtiendo infatigablemente de ese ladrón que había en una habitación a oscuras de su propia invención. Entre tanto maître Gossart me decía desde Lausana que no iba a poder quedarme con ninguna de las niñas de Vietnam. Ninguna de ellas podrá ser adoptada cuando se curen de sus quemaduras, tendrán que volver a Vietnam. Esa fue la condición para que vinieran. Estuvo dando rodeos para contarme esto hasta que le corté de golpe con: “Entonces, ¿no voy a poder quedarme con ninguna de las quemadas?”, y como no paraba de mascullar cosas le dije: “Maître, este es un maldito país asqueroso y sucio, y si no fuera por los impuestos hacía las maletas ahora mismo y me iba. Pero esos impuestos hacen que no tenga libertad. Me obligan a quedarme en Suiza”.
      Maria-Gabriella me encontró tirada entre cojines, llorando a mares. Cuando estiró el brazo para retirar la bandeja me entraron ganas de decirle: “Tira al suelo el pez ese antes de irte, ¿quieres?”. Pero eso a ella le habría causado una conmoción, y los niños se habrían quedado de una pieza si hubieran llegado a enterarse. De hecho, Maria-Gabriella se paró a admirar el pez y dijo: “Deben llevar semanas guardándose el dinero para sus gastos”. Entonces me vino a la cabeza que poisson d’Avril significa “broma”, gastarle una broma a alguien el día de los Inocentes. No, este pez no es una broma. Para empezar, ninguno de ellos tiene tanta imaginación, aparte de que el pez ese es demasiado caro, además, jamás se habrían atrevido. A decir verdad, yo a ellos no les quiero. Ni tampoco quiero la carta de Freud. Lo único que yo quería era esa pequeña vietnamita. Sí, lo que en realidad quiero es una niña de modales refinados; la he querido toda la vida pero nadie va a darme una.

EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...