martes, 11 de abril de 2017

JUAN RULFO: LITERATURA Y EL CINE

Juan Rulfo es considerado el mejor escritor mexicano del siglo XX. Alcanzó la fama internacional con dos libros: El llano en llamas (una colección de cuentos) y Pedro Páramo (una novela corta con una estructura narrativa complicada, novedosa).
    Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (ese es su nombre completo), nació en Sayula, Jalisco,  el 16 de mayo de 1917 y murió en la Ciudad de México el de 7 de enero de 1986. Llegó a la capital en 1933 porque la Universidad de Guadalajara estaba en huelga, sin embargo no se inscribió en escuela alguna sino que estuvo de oyente en el Colegio de San Ildefonso. Fue en ese tiempo que empezó  a escribir sus cuentos y a colaborar en la revista América.
    Su empeño literario, que lo ejerció a la sombra, en silencio, tímidamente, vio la luz, primero en algunas revistas (a instancias de Efrén Hernández, un notable cuentista guanajuatense), y finalmente los publicó en 1953 como libro en El llano en llamas. En 1955 publicó Pedro Páramo.  Y hasta 1980 se publicó su tercer novela El gallo de Oro, que se cree escribió entre 1956 a 1958, la cual sirvió como argumento cinematográfico para la película El gallo de oro (Roberto Gavaldón, 1964) y El imperio de la fortuna (Ripstein, 1986). Hubo una tercer novela, El hijo del desaliento, que quedó inconclusa y de la cuál sólo se ha rescatado un cuento titulado “Un pedazo de noche”. Y póstumamente se publicó Tríptico para Juan Rulfo: Poesía/Fotografía/Crítica (Colección de sus fotografías, su poesía, y varios artículos sobre estos temas), coordinado por Víctor Jiménez, Alberto Vital, y Jorge Zepeda (México: Editorial RM, 2006) 530 págs.
    Su acercamiento al cine fue de 1956 a 1966. Luego vino el desencanto y se alejó del cine completamente. Seguramente quería plasmar con mayor profundidad el drama humano de México y los cineastas de la época no lo entendieron, no lograron captar su visión, quizá salvo Rubén Gámez en La fórmula secreta (1965), o tal vez tampoco. Su afición a la fotografía, que no se sabe cuándo y dónde inició, indica que tenía una pasión por la imagen. De hecho, en su narrativa crea imágenes muy poderosas. Su literatura es muy visual, pero también auditiva  y olfativa.
    Pocos meses después de su muerte (él murió el 16 de mayo y la película se estrenó el 28 de noviembre) Arturo Ripstein estrenó El imperio del fortuna (1986). Si vio la película, seguramente le gustó la versión de Ripstein, pues entre ambos artistas había muchas coincidencias. El cine de Ripstien es ríspido, crudo, que tiene mucho de la visión de Rulfo en su narrativa.
    Pero quien logró captar plenamente su visión fue su hijo Juan Carlos, y quien cumplió los anhelos de su padre dedicándose profesionalmente al cine, y que en su dos primeros documentales recrea el mundo de su padre de manera tan prístina, primero en su cortometraje de titulación Mi abuelo Cheno y otras historias (1994) y luego, en una especie de complemento, en el largometraje: Del olvido al no me acuerdo (1999) y de esta forma “ofrece un homenaje a su padre que vacila entre historia e invención y que se inspira tanto en la ficción de su padre como en su biografía” .
    Douglas J. Weatherford afirmó que Rulfo era ‘un espectador consumado del cine’, al decir de su esposa, y cuya pasión se remonta a los años cuarenta cuando ‘logra ser nombrado supervisor de las salas cinematográficas de la ciudad de Guadalajara, lo que le permite ver todas las películas que se exhiben en esa capital’ .
    “La fama que recibe Rulfo —continúa Weatherford— con la publicación de El Llano en llamas y Pedro Páramo le abre la posibilidad de desarrollar más su interés por el cine.  En 1955, por ejemplo, fue testigo de primera mano en el proceso de producción cinematográfica al ser nombrado asesor histórico para la filmación de La Escondida (1955, Roberto Gavaldón), y se encargó de tomar fotos fijas durante el rodaje de esa película.  Casi una década después, el director Alberto Isaac confió en varios de sus amigos famosos para que aparecieran como actores en su película En este pueblo no hay ladrones (1964). En ella aparecen Alfonso Arau, Carlos Monsiváis, Arturo Ripstein, José Luis Cuevas, Luis Buñuel y Juan Rulfo, como extra y con una parte hablada muy pequeña. La cinta se basa en un texto de Gabriel García Márquez”
    La contribución más importante de Rulfo en el cine mexicano fue como escritor. Escribió guiones para el cortometraje El despojo de Antonio Reynoso (1960) y el mediometraje de Rubén Gámez La fórmula secreta (1964); ayudó con el guión de Paloma herida de Emilio Fernández (1962) y escribió El gallo de oro, una narración que Rulfo ideó para el cine la cual fue adaptada por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, (quien fue llamado pues recién llegado a México, recitaba partes de memoria de Pedro Páramo, según él cuenta). Fue dirigida por Roberto Gavaldón (1964).
    Algunos cineastas han intentado captar la esencia visual de los cuentos de Rulfo al adaptar esas obras a la pantalla grande.  La primera película apareció en 1955 cuando Alfredo B. Crevenna filmó Talpa, de la cual  Rulfo habló amargamente decepcionado.  El rincón de las vírgenes (1972) de Alberto Isaac y ¿No oyes ladrar los perros? (1974) de François Reichenbach, que se basaron en cuentos de El Llano en llamas sin lograr representar el mundo rulfiano.  La segunda es una adaptación lamentable.
    Otros cineastas han tenido más éxito con la ficción de Rulfo como  El director Mitl Valdez quien filmó en 1984 Tras el horizonte y en 1987 Los confines.  En la que combina los cuentos “Talpa” y “¡Diles que no me maten!” y un fragmento de Pedro Páramo. Su aceptable factura le permitió que fuese designada como una de las cien mejores películas mexicanas por la revista Somos. 
    Algunos directores que han ofrecido visiones creativas e interesantes de la ficción breve de Rulfo incluyen, entre otros, al venezolano Freddy Sisso (¡Diles que no me maten!, 1985) y a los mexicanos Roberto Rochín con los cortometrajes Un pedazo de noche (1995) y Paso del Norte, (2002) y Carolina Rivas con Zona cero (2003).
    Tres directores han hecho versiones fílmicas de Pedro Páramo.  El español Carlos Velo fue el primero, y su adaptación (Pedro Páramo) apareció en 1966.  Salieron después versiones de José Bolaños (Pedro Páramo: El hombre de La Media Luna, 1976) y de Salvador Sánchez (Pedro Páramo, 1981). Mateo Gil, cineasta español pretendió hacer una cuarta versión pero al parecer quedó inconclusa, en la que Gael García Bernal encarnaría a Pedro Páramo.
    ¿Por qué se desencantó Rulfo con el cine? Dylan Brennan, en el texto introductorio de la publicación del texto poético de La fórmula secreta, de Gámez, integrado a la publicación de El Gallo de oro en el 2009, dice: “Por mucho tiempo los cinefotógrafos habían dirigido sus lentes a la mítica belleza del campo mexicano sin ver realmente a sus habitantes de El llano en llamas…” , particularmente Gabriel Figueroa, que en El Gallo de oro se recrean en los cielos de Peña de Bernal, San Juan del Río, Zacatecas y Tlaquepaque, locaciones donde se filmó esta película.
    Con mayor o menor acierto, el encanto de sus cuentos y su novela seguirá enamorando a los cineastas que a pesar de las dificultades continuarán auguro, intentar recrear su peculiar visión de el mexicano y su tragedia, es mexicano, que vive en el campo y la ciudad, y permanecen invisibles a los ojos los poderosos desde hace más de 500 años.





jueves, 16 de marzo de 2017

LIBROS PÓSTUMOS DE JULIO CORTAZAR

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Más de 20 años después de la muerte de Julio Cortázar han estado saliendo a la luz pública libros que recogen escritos suyos inéditos. Uno de ellos, publicados en el 2009 con el titulo de Papeles inesperados, son textos que dormían en un arcón, en su casa, bajo el resguardo de Aurora Bernárdez, su esposa, quien un día le reveló al biógrafo de Cortázar, Carlos Álvarez Garriga, que tenía esos documentos. Seguramente estaban allí porque Cortázar no les haya dado valor a esos escritos. Al leerlos, descubrimos otras luces importantes de este gran escritor.
            Asimismo ha salido a la luz en forma impresa la grabación en audio que recoge una cátedra  que impartió en la Universidad de Berkeley, en 1980. La grabación dura 13 horas, las cuáles se transcribieron íntegras y sin corregir la versión oral original. Y con ello se conformó un libro singular titulado Clases de literatura, publicado en el 2011.
            En estas clases, verdaderamente magistrales, Cortázar va exponiendo —ya como un escritor maduro— el corpus teórico que respalda su creación, un corpus evidentemente decantado por múltiples lecturas, diversas traducciones, muchísimos cuentos y críticas y varias novelas, entre las que destaca la monumental Rayuela.
            Algo que debo subrayar es que los transcriptores respetaron el discurso hablado de Cortázar lo que nos permite descubrir dos cosas importantes: la coherencia de Cortázar en sus discursos hablados, habilidad muy difícil de lograr, y la posibilidad de OIR su voz cuando uno está leyendo el libro. Quizá esto me sucede porque cuando estudiaba en la UNAM tuve la fortuna de escuchar en vivo a  Julio Cortázar. Alguien —nunca supe quién— lo llevó al auditorio Che Guevara a leer uno de sus últimos cuentos. Nunca he podido recordar cuál fue, pues embelesado como estaba viendo en persona a unos de mis escritores favoritos, sólo observaba como movía la boca al leer y el sonido de su voz. Me sorprendió muchísimo descubrir que era un hombre altísimo. Él medía casi dos metros pero yo en ese momento no lo sabía.
            Otro libro que recién ha salido a la luz es una colección de cuentos de diversos autores titulado Cuentos inolvidables según Julio Cortázar, que recoge nueve cuentos de autores como Ambrose Bierce, Jorge Luis Borges, Truman Capote, Leonora Carrington, Felisberto Hernández, Katherine Mansfield, Juan Carlos Onetti, Edgar Allan Poe y Leon Tolstoi. Esta selección es sumamente exquisita. El cuento que me llevó a adquirir el libro fue El puente sobre el rio del Búho. Como compré en esa misma ocasión Clases de literatura, me sorprendió que justamente uno de los cuentos que usaba como ejemplo del cuento fantástico era este de Ambrose Bierce, un cuento admirable y conmovedor.
            Lo que trae de nuevo de Cortázar este libro es un texto que surge de una conferencia que impartió en la Habana, Cuba, en 1962, titulada Algunos aspectos del cuento, del cual se desprende la lista de los cuentos incluidos en este volumen, pero en el que hay un definición del cuento, singular, admirable y esclarecedora para quien se dedica a su cultivo, como es mi caso.
            En Clases de literatura, casi 20 años después, también vuelve a definir al cuento. Lo interesante es que si bien usa metáforas diferentes, ambas son coincidentes: en Algunos aspectos del cuento compara al cuento con una fotografía y a la novela con una película y en Lecciones de literatura dice que el cuento es una esfera y la novela un poliedro. Y aunque sean metáforas diferentes ilustran la misma visión: que el cuento es una estructura cerrada pero que tiene la virtud de abrir posibilidades imaginativas en el lector justo en lo que No dice, en lo que alude, es decir, como él mismo afirma, sucede con una fotografía en la que hay una sombra de algo que no se ve porque está fuera de los límites de la foto, pero que desata la imaginación.
            Resumiendo. Estos tres libros confirman la enorme envergadura de Julio Cortázar como escritor, un escritor cuyo talento no le teme echar mano de las experiencias personales. Prácticamente todos sus libros surgen de una vivencia personal.
            Por ejemplo, en La señorita Cora cuenta su experiencia como niño enfermo. En La noche boca arriba, se basa en un accidente de motocicleta que tuvo en Francia. En El perseguidor su vivencia singular con el tiempo. Tal vez esto es lo que  hace que su escritura se sienta tan cercana, pues si bien su literatura es sumamente imaginativa, no por ello sea ajena a sus experiencias personales.

sábado, 18 de febrero de 2017

EL ARTE: ACEITE BALSÁMICO CONTRA EL DOLOR HUMANO

Un amigo me decía que para cantar tan profundamente y con ese sentimiento como lo hacen los negros norteamericanos, se requieren al menos un par de siglo de sufrimiento.
            El dolor no es algo deseable por nadie, pero muchas obras de arte alcanzan una altura sublime tras el crisol del dolor. Los campos de concentración nazi no sólo han dejado una estela de sangre y sufrimiento sino también de arte.
            El legado de los campos tenebrosos es inconmensurable. De ese crisol han salido obras como Sistema periódico del científico  italiano Primo Levi, un relato con una estructura en torno a diversos elementos de la tabla periódica, en el que bajo cada símbolo se da paso a un pasaje terrible en los campos de exterminio. O El hombre en busca de sentido, del psiquiatra Víctor Frankl,  en el que narra su experiencia en Auschwitz y la utiliza para crear un técnica de desarrollo personal que él denominó Reflexología la cual permite afrontar con entereza los momentos difíciles de la vida.
            El cine, para mencionar sólo unos pocos ejemplos, encontramos El pianista, de Roman Polanki, en el que va vertiendo pasajes enteramente autobiográficos en una trama de ficción en una Polonia invadida por los nazis. Y él, siendo un niño, ve el horror que va consumiendo una ciudad, una población, y a su propia familia. O La Decisión de Sofía, en la que una mujer se le da a escoger, en el umbral de uno de estos campos de muerte, a quién de sus dos hijos quiere que viva. Esta decisión la marcará para siempre y la convertirá en un alma en pena. La actuación de Meryl Streep, en el papel protagónico, reveló a una gran actriz.
            De menos estatura estética, El niño con el pijama de rayas, de David Heyman, narra la vida de un guardia de un campo de concentración en el que es un verdugo y, al mismo tiempo, un padre amoroso en su casa. Y un día sufre en carne propia su propia maldad: su hijo de unos 10 años, ignorante de qué es ese lugar donde todos andan en pijama de rayas, se hace amigo de un niño en cautiverio y de vez en vez entra para jugar con él, y un día el niño entra e intercambia sus ropas con su amigo, y es llevado a la cámara de gas. O La ladrona de libros, de Markus Zusak, que…
            Cuando era estudiante de preparatoria cayó en mis manos Los hornos de Hitler, de Olga Lengyel, en el que se me develó una realidad para mi insospechada, a pesar haber visto series como Combate. Desde entonces el tema me salta en libros de diversa índole.
            Todo esto venía a mi memoria cuando recién estaba leyendo el libro Liquidación, de Imre Kertész. El personaje principal, aunque no el protagónico, es un escritor que se ha suicidado y ha dejado una obra inédita, y quien tiene una vida turbulenta a raíz de su origen: es judío, aunque lo que determina su inestabilidad emocional es su pasado personal: nació en un campo de concentración, en cuyo lugar sus padres fueron liquidados, exterminados, y pasa su vida en orfanatos. Por qué le permitieron vivir, no lo sabe. Pero su existencia queda alterada y nunca encontrará la paz.
            ¿Cuánto más se escribirá sobre este tema? No lo sé, pero mientras las llagas sigan supurando, el arte, como un bálsamo, seguirá curando las viejas y dolorosas heridas infringidas en la persecución y exterminio judío y en los campos de concentración no hayan sanado.
            Sí, así seguirá, con esta y otras llagas emocionales, pues el arte es el aceite balsámico contra el dolor humano.

LUCES Y SOMBRAS


viernes, 27 de enero de 2017

LA SEÑORA BIXBI


Me encanta la señora Bixbi. No, no es ninguna dama de por estos rumbos sino un personaje del escritor inglés Roald Dahl, que aparece en uno de sus maravillosos cuentos.
            Roal Dahl es conocido por sus cuentos para niños, particularmente por su novela Charlie y la fábrica de chocolate, que fue llevada al cine en el 2005 por Tim Burton. Pero su literatura para adultos es poco conocida.
            Hace poco descubrí en una centro comercial una antología que recogía sus mejores cuentos para lectores más grandecitos. La portada engaña un poco pues se ve a Dahl mostrándole un pájaro a un niño. Como no conocía este libro lo compré. Los primeros dos cuentos no me parecieron muy atractivos, pero al llegar al tercero, La señora Bixbi y el abrigo del coronel, me dejó deslumbrado: era una verdadera revelación de un escritor ingenioso, con un toque de malicia genial.
            En esta historia contaba las aventuras de una mujer madura que mantiene una relación adúltera con un coronel. Ocho años lleva engañando a su marido una vez al mes. Viaja a ver a una ciudad cercana a su amante pero al marido (un dentista apocado) le ha hecho creer que va a visitar a una vieja tía. El marido cede a este capricho de su esposa pero con la salvedad de que nunca lo lleve, arreglo que conviene plenamente a la señora Bixbi.
            Un día que llega a la estación donde la viene a recoger un asistente del coronel, éste sólo le entrega una enorme caja y se va. Ella corre al baño y allí descubre que le ha regalado un enorme abrigo de visón, sumamente costoso, y en una tarjeta le explica que reciba ese regalo como un gesto de despedida pues no podrá verla más. Ella apenas se entristece pues está encantada con el abrigo. El problema es cómo le explicará a su marido. El coronel, en el mensaje, le dice que diga que es un regalo de navidad de su tía. Pero ella sabe que la pobre jamás podría regalarle algo así.
            Urde un plan: llega a la ciudad y empeña el abrigo, pero exige que en la boleta de empeño no haya más dato que la cantidad prestada: 50 dólares. Llega a su casa y le muestra al marido la papeleta y le dice que se la encontró en el taxi. El marido se pone feliz e insiste en qué el rescatará lo que haya sido empeñado. La señora insiste que la boleta es suya pero el marido gana. Rumbo al trabajo recoge el abrigo y llama a su esposa para que vaya al consultorio para que vea su regalo. Cuando llega el señor Bixie le muestra una estola de piel. Ella se turba pero acepta la prenda con disimulado placer. Por dentro, arde en coraje. Irá con el prestamista a reclamarle. Su marido le explica que esa noche llegará tarde. Ella sale furiosa y se encuentra a la secretaria que camina feliz, casi flotando,  portando su hermosísimo abrigo de visón.
            El cuento es narrado de manera eficaz logrando crear un clima de expectación en el lector y al final, en una línea, remata con golpe emotivo, contundente. Guau. ¡Qué buena historia!, me dije, y ya no paré de leer. Uno tras otro fui devorando sus cuentos, todos ingeniosos, como delicadas joyas, trabajadas con esmero y astucia.
            Es un escritor que cualquier cuentista debiese leer si pretende crear historias que le proporcionen al lector momentos de intenso placer.
     

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿DÓNDE ESTÁ OESTERHELD?



Jeremías Ramírez Vasillas

En México prácticamente nada sabemos de lo que sucede con la literatura gráfica (como le llaman ahora a los cómics o historietas) aparte de la que se produce en Estados Unidos, cuyo poderío ha sepultado la que en otros años aquí florecía.
            Las personas de más de 50 años seguramente pasaron muchas horas leyendo a Chanoc, Los supersabios, Kalimán, Memín Pinguín, Los burrón, Lágrimas y risas. El santo… y si era medio izquierdoso, La garrapata, Los supermachos y Los agachados. Hoy todos ellos venerables cadáveres.
            Fenómenos similares se dieron en diversos países de Latinoamérica, pero en México desconocemos dichas obras salvo una que otra que lograron trascender sus fronteras como Mafalda o las tiras gráficas de Fontanarrosa.
            Recién encontré un libro que narra la terrible historia de uno de los guionistas de historietas más famosos de Argentina: Héctor German Oesterheld, el cual desconocía completamente. Seguramente los argentinos mayores de 50 años también gozaron de sus cómics.
            Este artista fue creador de personajes como el Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernie Pike, El Eternauta, Los espectros de Fort Vance, entre otros.
            En el 2015 publicó Edgar Adrián Mora, escritor nacido en el Estado de México con una trayectoria sobresaliente, en Guadalajara, bajo el sello de Editorial el Paraíso Perdido, con el título de Continuum, una novela sobre Héctor G. Oesterheld.
            Es una novela tiene sólo 84 páginas pero es de una intensidad dramática muy bien manejada.
            De manera fragmentaria, con saltos en el tiempo, va narrando la tragedia de este gran artista argentino y de su familia quienes sufrieron el secuestro y desaparición sus cuatro hijas mujeres Diana, Estela, Beatriz y Mariana, sus tres yernos y dos de sus cuatro nietos y finalmente el secuestro y desaparición del propio Héctor Oesterheld durante la última Dictadura Militar Argentina. Su esposa, Elsa Sánchez de Oesterheld, fue la única que no fue secuestrada, pero tuvo que padecer el horror y el abandono de su familia durante su larga y penosa vida.
            La narración va mezclando situaciones imaginarias en las que los personajes de Oesterheld cobran vida, dialogan, aparecen y finalmente hacen una manifestación exigiendo la aparición de su creador, con situaciones reales, cruentas, terribles, que padeció el artista y sus hijas.
            Recomendable, altamente recomendable.

domingo, 25 de septiembre de 2016

LA CULPA ES DE LOS TLAXCALTECAS

 

Jeremías Ramírez

 

—¿Sabes, Nacha? La culpa es de los tlaxcaltecas. Le dijo la señora Laura a su criada la noche en que regresó a su casa con el vestido chamuscado.

            Este es uno de los diálogos iniciales del cuento, La culpa es de los tlacaxtecas, escrito por Elena Garro (1916-1988) una las más grandes escritoras mexicanas.

            La historia es sorprendente. Laura hace un viaje a Guanajuato con su suegra. De regreso tienen varios incidentes. Primero se les acaba la gasolina y luego se les descompone. Cuando su suegra se va a buscar un mecánico y Laura se ha quedado sola, advierte que un guerrero azteca se acerca por la carretera. Se le notan las huellas de que acaba de salir de una batalla. De su hombro mana la sangre. Cuando llega con ella, y empiezan a hablar descubre que ella ya no está en el siglo XX, sino en ese momento trágico de México, cuando cae Tenochtitlán en manos de los españoles. Pareciera que Laura viaja en el tiempo y al mismo tiempo recuperara su memoria ancestral, pues se da cuenta que ella conoce al guerrero azteca. Este le dice que la llevará a ver su casa. Cuando se acercan Laura ve la ciudad consumida por las llamas y se niega a seguir adelante. Se abrazan y se besan. El guerrero se va y ella regresa al auto donde su suegra la encuentra con el vestido blanco manchado de sangre.

            Regresa a su casa, pero ya no puede estar en paz. Con enorme pesar se da cuenta que la caída de la gran ciudad de Tenochtitlán fue por culpa de los traidores tlaxcaltecas, pero ella misma también es traidora. Ella es esposa y prima del guerrero azteca y ahora vive en el siglo XX y se ha casado con un tipo prepotente. Por eso se siente traidora.

            Laura vive en dos mundos. En el siglo XX el cual poco a poco deja de ser su mundo y en el tiempo de la caída de la ciudad azteca.

            Inquieta va a buscar al guerrero a un café de Tacuba y lo encuentra y de su mano asiste a escenas dolorosas de la caída y muerte de los habitantes de la gran ciudad azteca.

            Después de dos días de ausencia regresa a su casa. Su marido y su suegra creen que está perdida y la están buscando incluso en la policía

            En este breve resumen pueden ver que el cuento es intenso, mágico, doloroso, triste. Es como si pudiéramos recuperar la memoria ancestral y asistiéramos a nuestra propia derrota y a nuestra propia traición.

            Es un cuento es como de 18 páginas que me hizo recordar otro de Julio Cortazar: La noche boca arriba (publicado en 1956), que tienen la misma temática: la conexión del presente con el pasado, del siglo XX y de la época de los aztecas. En el cuento de Cortazar un joven sufre un accidente en motocicleta y moribundo se da cuenta que él es un guerrero azteca que está a punto de ser sacrificado. Al final nos damos cuenta que el joven de la motocicleta es una proyección futura del guerrero poco antes de su sacrificio.

            Por este cuento, que publicó en 1964, y otras de sus obras, ella es comúnmente relacionada con el "realismo mágico" o renovadora de la literatura fantástica, aunque rechazó esta identificación, por considerarla una etiqueta mercantilista.

            Hay algunas frases conmovedoras. Por ejemplo, cuando habla con su criada, Nachita, que es la única que se da cuenta de que su patrona está viviendo en dos mundos, le dice: Lo terrible es, lo descubrí en ese instante, que todo lo increíble es verdadero.

            Quizá esta es el postulado de su literatura: “todo lo increíble es verdadero”. Una sentencia que obnubilados por un materialismo chato nos cuesta aceptar.

            Este cuento es también una historia de amor. Laura ve con tristeza el amor inmenso que el guerrero le tiene a ella, su esposa-prima. Ella le dice a su criada: “…los hilitos de su sangre escribían sobre su pecho que su corazón seguía guardando mis palabras y mi cuerpo. Allí supe, Nachita, que el tiempo y el amor son uno solo”.

            En un momento emotivo el guerrero le dice: “Siempre has estado en la alcoba más preciosa de mi pecho”.

            Este cuento, como el de Cortazar, son joyas de la literatura latinoamericana y universal. Si usted está interesado en leerlo, en este link puede encontrarlo y descargarlo: http://red.ilce.edu.mx/sitios/el_otono_2014/entrale/paquetecuento/pdf/laculpaesdelostlaxcaltecas.pdf

 

 

jueves, 30 de junio de 2016

LA FARSA DE VIVIR


Por Jeremías Ramírez Vasillas

Acabó de leer el cuento ¿Fue un sueño? de Guy Mapaussant y me hizo recordar el libro País de mentiras de Sara Sefcovich.
            En este cuento se muere la esposa de un joven y, desolado, se va de viaje. Regresa mucho tiempo después, y acude al panteón a llorar sobre la tumba de su amada. Pasa así largas horas hasta el anochecer. Quiere quedarse allí toda la noche pero teme que los custodios del cementerio lo expulsen. Se esconde en lo más recóndito y espera que la oscuridad se haga más densa.
            Cuando ya no hay ninguna luz intenta regresar a la tumba de su amada pero se pierde. Se sienta en una tumba  y de pronto advierte que se mueve la loza. La tumba se abre y sale un esqueleto desnudo. En la cruz había leído: "Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios." Pero el muerto toma una piedra y empieza a borrar el epitafio y sobre él escribe: "Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo, y murió en pecado mortal." Y después ve como todos los muertos hacen lo mismo declarando haber sido “atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba o fingía ignorar, mientras estaban vivos”.
            Entonces corre a buscar la tumba de su amada y cuando llega ve que ha cambiado su epitafio que decía: “Amó, fue amada, y murió, por: "Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió."
            Y me hizo pensar en una las características del ser humano: la simulación, el engaño. Y me pregunto ¿por qué?, ¿qué necesidad hay de ir tras esa mascarada  que cumplimos todos los días? ¿quiénes somos en realidad?
            Fue por ello que recordé ese libro de Sara Sefcovich en la que va dando cuenta pormenorizada de todas las mentiras que los políticos dicen todos los días, tratando de crear una imagen de ellos, de su partido y del país que no corresponde con la realidad. Precisamente, en este momento, en México, están saliendo a la luz escándalo tras escándalo develando la verdadera faz de muchos políticos y empresarios.
            Seguiré leyendo a Maupassant pues al parecer en sus cuentos va evidenciando muchos sinsentidos del ser humano. ¿Será por eso que murió afectado por la locura?

martes, 10 de mayo de 2016

TARZÁN EN ACAPULCO



La figura mítica de Tarzán, el buen salvaje rousseaniano, capturó la imaginación de niños y adultos en las décadas de los treintas a sesentas por conducto de uno de los actores más emblemáticos que encarnó a este selvático héroe: Johnny Weissmüller.
Yo tuve contacto (visual) con es Tarzán en 1962, cuando iba a la escuela primaria Aquiles Serdán, ubicada justo detrás de la segunda sección del Parque de Chapultepec y junto al panteón Dolores, en el DF.
Por iniciativa de quiensabequién se organizaron en la escuela funciones de cine en el enorme salón que servía para darnos esos memorables desayunos escolares implementados por la esposa del entonces presidente de México, Adolfo López Mateos. Desde mi pequeña estatura me parecía tan grande el salón como el de cualquier cine comercial. Allí vi la trilogía que se adhiere a mi memoria como una calcomanía: Tarzán el hombre mono (1932), Tarzán y su compañera (1934) (no recuerdo si pasaron los desnudos de torso de Jane —Maureen O´ Sullivan— o los quitaron) y El hijo de Tarzán (1939). Luego pasaron algunas de Jim de la Selva, con este mismo actor, pero esas se perdieron en la memoria. Seguramente no me gustó verlo en pantalón y sombrero de explorador.
Ese Tarzán llenó nuestro imaginario africano con una selva (cual jardín exquisito) amable, deliciosa, con ciertos peligros (cocodrilos, leones, rinocerontes enfurecidos) pero nada que nuestro héroe no pudiera vencer, además si era ayudado por sus amables amigos animales como los elefantes o los inquietos simios.
Toda esta añoranza viene a cuento porque hace poco me encontré en un centro comercial un librito titulado Tarzán en Acapulco, escrito por el español Marcos Ordoñez. Me atrajo del libro dos de mis debilidades: el cine (particularmente, el guionismo) y ese viejo Tarzán de mi infancia: Johnny Weissmüller.
El libro prometía la aventura de un guionista que, por azares de su trabajo, va a dar a Acapulco a encontrarse con esa leyenda viviente (que vivió en Acapulco sus últimos años hasta su muerte).
El cine (confieso) es para mí una aventura tan emocionante como las expediciones al África salvaje. Y la aventura de un guionista no lo es menos. Quizá esta aventura es más gratificante que hacer la película, como diría Alfred Hitchcock, que para él rodar era lo más aburrido pues ya había visto la película al escribir el guión. Hitchcock era una de esos extraños cineastas que al momento del rodaje se sabía de memoria el guión, y podía recitar textualmente hasta el mínimo parlamento.
Empecé a leer Tarzán en Acapulco. El libro tenía cierto encanto a pesar de lo inverosímil del arribo de Cosmo (el personaje principal) a la industria del cine. Juzguen ustedes: sucede que un día, un amigo suyo que quería rodar su primera película, le cuenta el principio de su historia y Cosmo lo interrumpe para dar rienda suelta a sus fantasías. Cuando termina, su amigo le dice: “Por qué no escribes todo eso”. “¿Un guión, un guión de cine?”. “Claro”. Y así, de golpe y porrazo, sin saber nada de guionismo ni de dramaturgia, tras la consulta de algunos manuales, escribe Casa cerrada, el cual tiene tal éxito que lo lleva a ganar un premio.
Lleno de envidia seguí leyendo la meteórica carrera de Cosmo que en breve, sin saber nada de lenguaje fílmico, ni de dirección de actores, ni de técnica cinematográfica, también se hace director y anda por los festivales dándose la gran vida. En uno de ellos conoce a Ariel Levine, productor norteamericano y también guionista, que lo invita a trabajar a Hollywood. Vaya suerte del crío, dirían los españoles.
Instalado en la meca del cine le llega la aridez y de pronto ya nada se le ocurre. Y para desgracia personal, lo abandona su novia española. Como león enjaulado da vueltas persiguiendo una inexistente pulga en su cola hasta que Ariel Levine le pide que escriba una historia de amor, adaptando una novela mal hecha. A regañadientes acepta, pues Ariel le ofrece, además de pagarle bien, que se vaya a la casa de sus padres en Acapulco. Allá llega, a un Acapulco de principios de los 80’s. El destino lo llevará a conocer al viejo Walter Chávez, quien lo llevará a la casa de Weissmuller (llamado en la novela sin razón alguna Johnny Wasserstein). Allí vivirá una enloquecida aventura con un Tarzán decrépito que muere en este último trance en el que cree que Cosmo es su hijo, el mítico hijo de Tarzán de la película. Vaya que si don Marcos se sacó el argumento de los pelos. Pero no sólo eso, sino que desaprovecha el alucine del acabado Tarzán que ha construido en su casa una escenario como el de la selva, con todo cabaña y lago, al que se entra por un túnel. Y en este alucine de Tarzán participa como cómplice su última esposa María Brock Mandel (llamada Ilse Marie Von Kellen en la novela).
El pepino se le fue de las manos a don Marcos Ordoñez que al parecer tiene una forma irregular y poco afortunada de escribir, y que al parecer también (dicen sus fans) esta es una de sus mejores logradas novelas. Por mi parte, prometo no leer más de Don Marcos.
Y tampoco quiero ver más en cine a ese Tarzán tan interesante en mis recuerdos, pero cuyas películas se ven bien falsas, en la que no se esconden ni los trapecios colgados de los árboles, como un selvático circo, ni se oculta que los simios sean unos extras mal disfrazados.
El buen Johnny Weissmüller de mis recuerdos, tras dos derrames cerebrales entre 1976 y 1978, estableció su residencia definitiva en Acapulco donde se rodó su última película de Tarzán.
Reza una nota del diario español El País del 21 de enero de 1984: “El actor Johnny Weissmüller murió ayer de madrugada en su mansión de Acapulco, donde pasó los últimos años de su vida evitando visitas, pues quiso ser recordado como el joven y esbelto personaje que encarnó en el cine. En el ocaso de su vida, Weissmüller tuvo problemas psiquiátricos e inclusive se afirma que aún recientemente se ponía a aullar como el personaje de Tarzán que le llevó a la fama. El actor, que nació en junio de 1904, fue un extraordinario deportista, ganó cinco medallas de oro de natación en los Juegos Olímpicos de París y Amsterdam y realizó una serie de televisión, El rey de la selva, que le ayudó a conservar su popularidad. El cuerpo de Tarzán, embalsamado, fue sepultado ayer en el cementerio Valle de la Luz de este puerto. Weissmüller llegó hace siete años a la ciudad porque su clima era propicio para su recuperación, ya que padecía un mal vascular degenerativo e irreversible. Últimamente era visitado por personajes del cine para animarle y verificar su estado de salud. Su muerte ocurrió en presencia de su esposa, María Brock Mandel.”
Había muerto el Rey. Larga vida al Rey. Hasta la próxima.

LOS RESTOS DE UN NAUFRAGIO

Debo decir que había leído poco a Guy de Maupassant. Mis límites se quedaron en La noche, pero siempre tuve el libro cerca hasta que me mordió. Y tan pronto empecé El miedo ya no pude parar. Acabo de leer Los restos de un naufragio. Es un cuento maravilloso, sutil, construido con delicadeza, acomodando cada pieza en su sitio para generar el efecto emotivo en su climax y lo retarda para poder deleitarnos en él como se paladea un buen vino o un manjar exquisito.

Un joven, empleado de una aseguradora, es enviado a supervisar el naufragio de un barco que ha quedado varado en una larguísima playa, es decir, una extensión casi plana de varios kilómetros la cual desciende en un ligerísimo declive, de modo que cuando baja la marea el barco, muchos kilómetros adentro, queda sobre la arena y hay que caminar más de una hora para llegar a él. Cuando la marea baja la orilla del mar se aleja velozmente, y de ese modo sube.

El joven, mientras inspecciona los daños y hace su reporte, oye voces. Cree que es una alucinación, pero no. Han llegado un grupo de ingleses conformado por el padre y tres hijas. La mayor tiene 18 años y es sumamente hermosa y accesible.

El joven y los ingleses se ven de pronto atrapados por el mar cuya marea ha subido de forma repentina. La noche cae y con ella el frío y el miedo de que los restos del barco sucumban ante el embate de las olas.

De pronto, en medio de la noche, el barco es enderezado por el agua y los "tripulantes" accidentales se llevan un buen susto. Pero en ese momento de caos, el joven se enreda en el cuerpo de la muchacha inglesa cuya belleza y aroma lo tienen cautivado y motivado por la cercanía la abraza y la besa todo el tiempo (breve por cierto) que dura la sacudida.

Esta brevísima experiencia de amor lo prenda para siempre. Casi de inmediato los rescatan pero él, por años, incluso hasta la vejez se quedará añorando al barco y esa noche tenebrosa, terriblemente fría, pero deliciosa.

Que maestría de Maupassant para envolvernos en ese clima emocional amoroso de modo que al final sentimos la misma desolación y nostalgia del personaje y la intensidad emocional de su experiencia amorosa.

Léanlo, es una joya.

domingo, 8 de mayo de 2016

ARTE: CENICIENTA O PRINCESA


A raíz de los nuevos nombramientos y cambios en la dirección del Sistema de Arte y Cultura de Celaya, varias personas me han preguntado con cierta insistencia cuál es mi opinión de que hayan nombrado un político, si esto es apropiado. No he querido responder porque no tenía claridad. Aún no la tengo pero hay algunas ideas que rondan en mi cabeza.

Creo que la discusión no debe centrarse en si alguien es adecuado o no antes de considerar algunos aspectos fundamentales.

En PRIMER LUGAR, se deberá definir cuál es el papel del arte y la cultura en la sociedad. La respuesta definirá cuál debe ser la propuesta y cuál podría ser el mejor candidato, e incluso, cual el proyecto de trabajo.

1. Si para un gobierno es sólo un requisito que exige la federación y hay que cumplirlo, es obvio que las acciones estarán encaminadas en instaurar un centro de actividades sociales intrascendentes pero que justifiquen el gasto del presupuesto y para ello cualquier persona es apta.

2. Si se considera que las actividades de cultura son algunos cuadros que, como en las primarias, cierran un fin de curso, basta con elegir a un coordinar de festividades cívicas y convocar a todo aquel que quiera pisar un escenario, sin importar la calidad de su presentación.

3. Si se considera que el arte y la cultura deben ser actividades para generar dinero, entonces se debe buscar a un empresario de espectáculos que sepa como obtener rentabilidad, y convocar obras que han demostrado ser del gusto popular sin importar la calidad.

4. Si se considera que el arte y la cultura sólo son actividades recreativas para entretener a los niños los fines de semana o en vacaciones y darle ocupación a los viejitos, entonces una persona con formación de maestra de Jardín de niños es más que apropiada para implementar talleres de iniciación artística para que rellenen el ocio. Lo que para los niños es formativo, para los adultos se quedan cortas dichas actividades.

5. Si se considera el arte y la cultura son actividades para incentivar el turismo cultural, se requerirá alguien en cuyo perfil tenga algo de economista y degustador de las bellas artes, combinado con un mercadólogo, a fin de que sepa sensar las preferencias de un público objetivo y preparar un menú que atraiga la mayor cantidad de visitantes. Las actividades a desarrollar serán una mezcla de espectáculos populares con otros de calidad y calidad internacional, pero también puede permitir impulsar el desarrollo de artistas locales y actividades independientes que complementen el atractivo principal montado por el estado. En este esquema, es posible que todos ganen, pero el impacto social, el desarrollo social no siempre será de alto nivel, como sucede en ciudad turísticas en las cuales los espectáculos, especialmente los de calidad, son aprovechados por los visitantes pero lso locales viven al margen de este festín del arte. En todo caso, se desempeñan en el sector de servicios para atender a las visitas.

6. Pero si se considera que el arte es un detonante social, es decir, que es un factor de estimulación de la imaginación y un propulsor del desarrollo humano, entonces se requiere más que un artista y más que un político y más que un economista o mercadólogo. Debe ser alguien que tenga un enorme compromiso social y sienta pasión por la educación, por el arte, y sea poseedor de ciertas habilidades políticas para conducir los egos de los artistas, o aspirantes a serlo, que es mucha, y busque el mayor impacto con sus actividades,as cuales inlcusive tenga la capacidad de revertir los indicadores sociales negativos, como los índices delictivos, la tasa de suicidios, el uso de antidepresivos o sustancias estimulantes dañinas, es decir, que mejore la salud emocional, y además impulse el emprendeurismo social y empresarial, entre muchos otros. Sobre todo, que abra las espectativas para los sectores sociales desprotegidos.

En SEGUNDO LUGAR, especialmente para el último caso --aunque también es útil para los demás-- hacer un diagnóstico social, en donde se puedan ver con claridad las necesidades, los vacíos, las fortalezas, las oportunidades.

En TERCER LUGAR. Hacer un diagnóstico del potencial artístico de los habitantes de lugar (es decir, ubicar a sus artistas y medir su nivel de desaarollo y abrirles un abanico de acciones que responda a sus necesidades: cursos a unos, promoción a otros, vinculación a fondos nacionales o internacionales a los de mayor nivel), para que este ejército sea el principal promotor del arte en su área de influencia social y en los escenarios que se deberán habilitar para ellos. De esta forma, se matan dos pájaros de un tiro: se desarrolla a los artistas y estos a su vez ayudan a los artistas emergentes o crean públicos sensibles al arte.

En CUARTO LUGAR. Diseñar un plan de desarrollo a corto, mediano y largo plazo, en función del presupuesto y en función de las necesidades sociales (obtenidas en el diagnóstico social) y de las necesidades de los artistas locales, que permita alcanzar con eficiencia las diversas etapas, y se puedan comprobar los avances reales.

En QUINTO LUGAR. Elegir a un personal apropiado a cada área. Habrá que eliminar el amiguismo, aunque se contrate a amigos, pero cuya elección sea la apropiada para el puesto, y a parientes si así conviene al plan de desarrollo.

Para finalizar, comento que salvo los reyes y comerciantes del Renacimiento y algunos gobiernos europeos actuales, en general los gobiernos (especialmente los de los paises subdesarrollados como el nuestro) no entienden para qué es el arte y la cultura.

En el Renacimiento, urgidos de abrir las fronteras hacia los mercados orientales (donde estaban las codiciadas especias) y urgidos en desarrollar una tecnología capaz de permitirles afrontar y superar sus limitaciones (creación de mapas más exactos, instrumentos de navegación terrestre y marítimo, barcos más consistentes, máquinas primitivas para acelerar los procesos de producción, etc.) se dieron cuenta que fomentar el arte era el mejor mecanismo para incentivar la imaginación, esa imaginación tan útil en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. La clave estaba en potenciar la imaginación. Ahí estaba la clave que podía resolver cualquier crisis actual.

Mientras nuestros flamantes gobernantes, locales o federales, no entiendan esto, el arte y la cultura seguirá siendo la cenicienta de la casa y no la princesa.

EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...