viernes, 4 de enero de 2019

SPAGHETTI WESTER, SAD HILL Y SERGIO LEONE


Jeremías Ramírez Vasillas

Para muchos “Spaghetti Western”, nada les dice, pero se trata de un subgénero cinematográfico de las películas de vaqueros que nació en Europa y se hizo popular de la mano del director italiano Sergio Leone. Leone es un singular director que hizo de este tipo de películas —destinadas, como producto de baja calidad (serie B), a ser una simple diversión— en un género respetable con obras memorables que han quedado como hitos del cine mundial.
El término Spaghetti Wester nació como un calificativo de cine de baja calidad, cine que “estuvo de moda en las décadas de los años 1960 y 1970, aunque en ésta última década ya se encontraba en decadencia”. Los críticos le pusieron así porque “estas películas fueron financiadas por compañías italianas o españolas. La mayoría se rodaron en Cinecittà (los grandes estudios italianos) y en Almería (España)”, donde se encuentra el desierto de Tabernas. Fue en estos parajes donde construyeron sets —existentes hasta el día de hoy— y cuyo lugar se le llama “Minihollywood”. Muchas películas además tuvieron como escenario el pueblo de Hoyo de Manzanares, en la periferia Madrid. Y en el caso de El bueno, el malo y el feo, la secuencia del hospital se filmó en un valle de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, donde construyeron un cementerio denominado en la película “Sad Hill”, mítico lugar de veneración para los amantes de esta película, que en el 2015 se dieron a la tarea de desenterrar y reconstruir las tumbas y el redondel donde se filmó el duelo más famoso en la historia del cine de vaqueros.
La historia de este rescate fue filmado en el documental Sad Hill Unearthed, dirigido por Guillermo de Oliveira, actualmente disponible en Netflix. Cabe señalar que es un excelente documental que informa cómo se filmaron escenas particulares, cómo se creó la música y cómo se construyeron los sets más emblemáticos, como el cementerio mencionado.
Nos dice el Wikipedia que este género o subgénero “se caracteriza por una estética sucia a la vez que estilizada y por unos personajes aparentemente carentes de moral, rudos y duros, haciéndose servir de los clichés clásicos del western estadounidense y de sus mitos para crear un estilo propio”. No sé a qué le llama “estética sucia”. Tal vez quiso decir “descuidada, malhecha”, pero las películas de Sergio Leone nada tienen de descuidadas, ni malhechas.
Antecedentes antiguos del registro de Sergio Leone data de 1954 cuando Robert Aldrich filma Veracruz, película con una alta dosis de violencia y cuyos personajes tienen un carácter turbio y engañoso. Nada que ver con el vaquero del western tradicional, una especie de justiciero tipo Llanero Solitario, que lucha por el bien y que además es un hombre de noble corazón, que arriesga todo para conseguir un lugar donde vivir o tiene como propósito defender a los desvalidos por los desalmados indios o por los forajidos.
Y agrega el wiki: “La producción en serie de westerns en Europa se inició en 1962, pero no fue hasta un par de años más tarde que, gracias al éxito de Por un puñado de dólares de Sergio Leone, que se convirtió en un género de masas. Al principio la crítica fue reticente, por no decir, claramente despectiva —ellos acuñaron el término spaghetti western— pero con el tiempo tendría que admitir que se trataba de un nuevo género, que tomaba del western estadounidense tradicional los elementos básicos, pero los estilizaba y recomponía de forma totalmente original, mostrando especial atención por aquellos aspectos críticos que Hollywood había camuflado bajo los estereotipos del justiciero bueno y el bandido malo moviéndose dentro de una sociedad en perenne «estado de excepción», sin más ley que las armas. Y Sergio Leone, con una actitud propia de un historiador filmó sus escenas en apego estricto a los registros históricos, como en el caso de El bueno, el malo y el feo, de la guerra civil estadunidense. En esta película cuidó hasta la postura de los muertos según registros fotográficos.
Y seguimos citando: “Entre 1962 y 1976 se produjeron en Italia y España unos 500 títulos, cifra respetable que demuestra la existencia de una indiscutible demanda por parte del público. La mayoría mostraba un digno nivel técnico y artístico —con aportes especialmente relevantes en materia de diseño y música— y algunas han pasado por méritos propios a la historia del cine europeo, influyendo a cineastas de todo el mundo”.
El impacto de la música como tal, y que trascendía a la película misma, se debe particularmente a un compositor descubierto por Leone: Ennio Morricone, que hizo del score algo más que crema en el bolillo, es decir, un acompañante, un coffe mate, para jugar un papel dramático importante y dejar en el imaginario del espectador melodías difíciles de olvidar como, por ejemplo, el tema de la película El bueno, el malo y el feo.
Leone parecía destinado a impulsar este género que le dio fama mundial. Y empezó desde chiquito en el mundo del cine pues fue hijo del director de cine Vincenzo Leone, que a veces filmaba con el seudónimo de Roberto Roberti.
Sergio Leone empezó su carrera a los 20 años como actor y asistente de dirección. Y tuvo el privilegio de aprender de los grandes, como Vittorio de Sica, de quien fue su asistente en Ladrón de bicicletas (1948), obra muy importante en la historia del cine. Y trabajó en películas épicas como Quo Vadis? (1951) de Mervyn Le Roy, Helena de Troya (1955) de Robert Wise, Ben-Hur (1959) de William Wyler o Historia de una monja (1959) de Fred Zinnemann.
En 1959, cuando se enfermó el director Mario Bonnard, durante el rodaje de Los últimos días de Pompeya, tiene la oportunidad de dirigir como sustituto, pero fue hasta 1960 con El coloso de Rodas (1960), que entró de lleno a la dirección.
En 1964, inicia su famosa trilogía del dólar utilizando como escenario la árida región de Tabernas, Almería (España), así como las proximidades de Carazo, en la Sierra de la Demanda, Burgos, con Por un puñado de dólares. Le siguió La muerte tenía un precio / Por unos dólares más, (1965) y concluyó con la más famosa de las tres: El Bueno, el Malo y el Feo, (1966), que lo llevó a la fama, y con él, a actores como Clint Eastwood, cuya caracterización en esta última película como El bueno, consolidó la estampa de vaquero, frío, calculador y certero.
Como director famoso realizó al menos tres grandes películas más: Érase una vez el Oeste (1968), Érase una vez la Revolución o Los héroes de mesa verde (1971), en la que recrea pasajes de la Revolución Mexicana, y culmina con la memorable Érase una vez en América (1984), una de las películas más interesantes sobre gánsteres, con un Robert de Niro en una notable actuación. Esta es una película que está a la par de El padrino (Coppola) o Los buenos muchachos (Scorsesse).
Cada una de estas películas hay una propuesta estética de alto nivel, por ejemplo, en Érase una vez en el Oeste, es una película de planos larguísimos, como esa introducción en una estación de tren donde tres matones aguardan a su víctima. Los planos largos parece que detienen el tiempo y transmiten la pasmosa quietud del desierto. La secuencia de la mosca en la cara de un matón no tiene paralelo. En esta película, que trata de la venganza, aparece Charles Bronson en el único papel digno que le conozco, como matón frío y certero, a la Clint Eastwood, pero más chaparro y menos carismático, y a una bella Claudia Cardinale como prostituta retirada que busca en este desierto la dignificación de su existencia.
Si la cartelera lo tiene hasta no sé dónde, métase a portales de cine de arte on line (MUBI o Netflix, por ejemplo) y busque las películas de este director. No sólo conocerá un género fílmico interesante sino descubrirá joyas del cine que le harán vivir una intensa aventura donde la acción, la diversión y el arte a buen nivel se dan cita para goce de los espectadores.
Como un dato adicional, hay una novela escrita por Francisco Haghenbeck titulada Por un puñado de balas cuya trama se lleva a cabo en los momentos de la filmación de Por un puñado de dólares. No es una gran novela, pero nos permite revivir momentos de la filmación y a acercarnos a algunos actores como Klaus Kinski y Clint Eastwood.


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