jueves, 8 de febrero de 2018

SI EL BUEN DIOS FUERA SUIZO

Jeremías Ramírez Vasillas

No se trata de un libro de teología, sino una antología de cuentos suizos, publicado en México en el 2005 por la UNAM y la Universidad Autónoma de Chiapas.
Deseoso de conocer la cuentística helvética compré este libro hace varios años. Jamás había leído literatura suiza, salvo un libro a medias de Hans Küng, En busca de nuestras huellas, un sacerdote católico, sumamente incómodo y controversial.
Hay libros que son como un acertijo, inexpugnables. Esta antología es uno de ellos. Es el libro de cuentos más extraños que he encontrado. Traté varias veces de leerlo sin pasar más allá del primer cuento. No había manera de internarme por la puerta de entrada, es decir, desde la página uno. Recientemente decidí intentarlo de nuevo.
Mientras estaba en una sala de espera lo saqué, vi el título y me pregunté: ¿De qué tratará el cuento que le da título a la antología? Lo empecé a leer. Era igual de extraño que el primero, pero me llamó la atención que el hilo conductor era la posible respuesta del narrador va encontrando en esa acción reflexiva. Este cuento no hay una trama, ni personajes sino sólo una voz que se interroga. Me pareció curioso y tratando de ver en qué terminaba. Me hizo reír. Tanta vuelta para que al final concluyera: ¡qué bueno que Dios no es suizo! Este cuento hace un perfil de los suizos: meticulosos, ordenados, que todo planifican. De modo que teniendo esto en cuenta el autor afirma que si Dios fuera suizo hubiese planificado el momento preciso de la creación, para que no tuviera las fallas que de inmediato se presentaron: Adán y Eva desobedecen muy pronto y luego uno de sus hijos mata al otro; es decir, puras fallas, todo por no esperar el momento más apropiado para que todo saliera bien. Pero si lo hubiera hecho, el mundo no existiría aún y por tanto, los suizos tampoco. Así que, dice el autor, qué bueno que Dios no fuese suizo.
Roto el muro de la impenetrabilidad me seguí leyendo en desorden. Muchos cuentos ni parecían cuentos. Paré y me fui al inicio. Ahora sí no hubo extrañeza que me detuviera. Los primeros cuentos me siguieron pareciendo extraños: un hombre busca algo que no sabe ni qué es lo que busca hasta que llega al cementerio; un judío que no es judío pero que cuando muere despreciado por que creen que es judío se dan cuenta que todos tienen su misma cara de judío; un hombre viejo que cansado de usar las mismas palabras decide cambiar el nombre a todas las cosas: la cama es ahora cuadro, a la silla, reloj, a la mesa alfombra… Con el tiempo, olvida los nombres originales y ya no le es posible comunicarse con los demás…
De pronto, cerca de la mitad, aparece un cuento encantador: El canto de la casa. Una voz que canta irrumpe una noche en unos departamentos. Indagan: nadie es. Surge del algún lado que no logran ubicar. Es sólo una voz, una misteriosa y hermosa voz. En breve es noticia y cuando ya todo mundo espera cada noche el canto y es transmitido por radio y televisión, desparece de súbito.
Siguen cuentos extraños, pero también cuentos que sí cuentan una historia (normales si quieren llamarlos así). Y dentro de esos, unos cuentos maravillosos, entrañables, curiosamente, los que narran la vida de seres miserables, como Para que los ricos ayuden a los pobres que cuenta la triste existencia de una mujer que vive en la miseria; Sección cerrada que narra magistralmente la vida en un manicomio; Confederados helvéticos viendo una adversidad que narra el espectáculo de un hombre que arrastra sus pertenecías en un carrito que se le desbarata y vuelve a acomodar y atar sus cosas, un suceso curioso en un país de ricos, pero totalmente normal en los países tercermundista, y El poeta, un hombre que con sus palabras recrea al mundo, lo pone en pie.
Concluye el volumen con un cuento maravilloso, La reconquista, en el que los animales y la naturaleza vegetal se apoderan de Zurich, en una especie de venganza, de reconquista de un territorio perdido, y que la civilización queda impotente ante la fuerza de la reconquista.
Cerré el libro satisfecho. Tal vez pensando como suizo, este era el momento exacto para leer estos cuentos. No sé si para todos sea el momento preciso, el kairós, dirían los griegos. Para mí lo fue y soy feliz.


lunes, 29 de enero de 2018

FLORES DE SOMBRA

Jeremías Ramírez Vasillas
Esta novela fue escrita por el escritor judío Aharon Appelfeld. Es una de las novelas más tristes y paradójicas que he leído. Hugo es un niño judío de 11 años que ante la amenaza de que los alemanes lo capturen su madre, primero lo esconde en un sótano. Cuando ella misma está en riesgo de ser atrapada, huye con Hugo del Gueto en donde los tienen los alemanes recluidos y lo lleva con una prostituta para que lo esconda y cuide. Mariana, la prostituta, agradecida por la ayuda que en momentos difícil ha recibido de la madre de Hugo, accede gustosa.
Gran parte de la narrativa de la novela transcurre en el cuarto en el que Hugo ha sido escondido. Es su oído infantil quien contará lo que sucede en el burdel, sin entender muchos de los ruidos ni de los diálogos brutales.
Más de un año permanecerá allí, recibiendo una atención errática pero amorosa de Mariana. Una atención incierta y llena de ausencias y amenazas. Pero allí Hugo descubrirá el bien y la misericordia, el amor y la solidaridad, la alegría y la tristeza, la fortaleza y la vulnerabilidad y fragilidad de la vida, la esperanza en la desesperanza, y la fe en Dios.
No, no se equivocó la madre de Hugo de ponerlo en las manos de una mujer que tal vez (pensarían muchos) son las menos recomendables para un niño que pronto llegará a la adolescencia, al despertar sexual. Pero esta mujer le enseñará la pureza del amor, de la bondad y del amor a Dios.
Cómo no amar a Mariana y cómo no sufrir con ella ante un final funesto que se presiente en toda la novela.
Flores de sombra muestra el lado humano, demasiado humano de las prostitutas, ese lado ignorado principalmente por los clientes que sólo ven en ellas un objeto de descarga placentera, un objeto de su egoísmo, sin considerar que ellas son seres que sienten, que sufren, que aman, que sueñan, que anhelan un poco de Mariana se ve a sí misma como un simple colchón al que se le montan y estrujan sin considerar a la mujer que usan y abusan.
Appelfeld puede hablar así de las prostitutas porque cuando niño fue llevado junto con su padre a un campo de concentración, del cual huyó y cayó en manos de asesinos y prostitutas, quienes lo cuidaron y protegieron hasta el fin de la guerra.
Es una novela entrañable, escrita con el corazón en la mano, un homenaje tristísimo a esas mujeres que vemos como seres infrahumanos, basura social... Una novela homenaje a estos valientes seres que también fueron heroínas en una época brutal. 
Aharon Appelfeld murió el 4 de enero de este año y es hasta hora que descubro a este grandísimo escritor judío. Vale la pena leer su obra.

viernes, 26 de enero de 2018

EL PODER Y LA GLORIA: Graham Greene


Soy un fan de Graham Greene. "El hombre impasible" o el "Décimo hombre" me parecen novelas soberbias. Acabo de leer "El poder y la gloria". Es la novela más triste y desoladora de su obra. Es el relato de un sacerdote mexicano perseguido en Tabasco en la época del gobernador Garrido Canabal, quien emprendió una lucha para erradicar la religión de Tabasco. El sacerdote pasa por experiencias terribles, perseguido por dos fantasmas interiores: el deber (por el cual arriesga la vida) y la culpa (se considera un pésimo sacerdote, un pater whisky, es decir, un sacerdote borracho quien en una de sus borracheras se ha acostado con una mujer y de cuya relación le nace una hija).
El título es una alusión a la frase final final del Padre Nuestro que dice: "Tuyo es el reino, el PODER Y LA GLORIA, por los siglos de los siglos, amén." 
Esta novela la escribió tras un reportaje que hizo de Tabasco y vio en primera fila la persecución religiosa. Fue publicada en 1940 y existen dos versiones audiovisuales: una en cine y la otra en televisión. La versión fílmica, cuyo titulo es "El fugitivo", fue dirigida por John Ford en 1947 y protagonizada por Henry Fonda, Dolores del Río y Pedro Armendáriz. La fotografía es de Gabriel Figueroa.

domingo, 14 de enero de 2018

LA ELEGANCIA DEL ERIZO: una hipérbole de 263 páginas

Novela francesa un tanto hiperbólica, con personajes hiperbólicos: una portera intelectual (vaya portento de cultura colosal de la mujer), una niña de 12 años que sabe más que muchos que tienen doctorado, un japonés más tierno que un pan bimbo recién empaquetado (y sumamente riquísimo), con un enorme coqueteo con la sensiblería, la crítica social incisiva y la autoayuda, componentes que como levadura la hacen esponjocita,como un rico pastel digerible y emotivo, aunque no sé que tanto sea nutritiva. El tiempo, implacable, lo dirá.

Autora: Muriel Barbery. Novela publicada en 2006 en Francia. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

JUANA INÉS: MÁS ALLÁ DEL BILLETE DE 200 PESOS


 
Por Jeremías Ramírez Vasillas

Los nuevos modelos de la televisión han encumbrado a la serie como paradigma de los nuevos tiempos y cuyo reinado vive y se desarrolla en las plataformas digitales en streaming.
En Netflix, por ejemplo, se difunden las series de mayor éxito. Algunas nos sorprenden, como en Juego de tronos por su enorme calidad cinematográfica, sus efectos especiales, y parecen que son producciones inalcanzables de realizar en un país tercermundista (que no en desarrollo) como México.
Sin embargo, oh sorpresa que nos da la vida —como reza un refrán moderno surgido de alguna canción—, recién descubrí una serie llamada Juana Inés que me ha dejado impactado por varias cosas:
1) es una serie sobre una de las mujeres que más admiro: Sor Juana Inés de la Cruz, una intelectual y poeta inigualable (¡Qué mujer, qué portento de mujer!).
2) Es una serie mexicana.
3) Está realizada por un canal público mexicano, el admirable Canal 11 del IPN, un Bravo Films, una dinámica casa productora mexicana dirigida por Patricia Arriaga, hermana de Guillermo Arriaga, guionista de las primeras películas de González Iñárritu.
4) Está estupendamente realizada con un admirable casting y una ambientación impresionante, lejos de las construcciones históricas de televisa.
La serie sólo cuenta con una temporada integrada por 7 capítulos. Se entiende esta limitación por las condiciones de nuestro país para hacer algo de mayor alcance, y sin los instrumentos de mercado para productos de este tipo. ¡Qué lástima!
Sin embargo, como diría Fito Páez, no todo está perdido. Bravo Films tiene en su portafolio creativo varias series históricas como: Porfirio Díaz, 100 años sin patria, Réquiem por Leona Vicario,  Sor Juana Inés de la Cruz, la peor de todas, El asesinato de Villa: la conspiración.
Alegra el corazón ver este tipo de producciones en nuestro país, lo cual demuestra que sí se puede, que hay calidad, que estamos a la altura, con todas las distancias económicas, a la par de los mejores del mundo.
Juana Inés se empezó a realizar el 4 de noviembre de 2015, en la Ex-Hacienda Santa Mónica, en la Ciudad de México. Se estrenó por televisión (en Canal 11 por supuesto) el 26 de marzo de 2016, y desde enero de 2017 está disponible en Netflix, que fue mi última sorpresa.
La historia se va narrando en saltos temporales retrospectivos. A la vez que vamos viendo a Sor Juana agónica  en su lecho de muerte (Sor Juana fue atacada por el tifus exantemático epidémico[1], epidemia que asoló el convento de San Jerónimo en donde estaba recluida), vamos viendo también a Sor Juana jovencita ingresando a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, y admirada y amada por la virreina, Leonor de Carreto.
Sobre la serie declara Patricia Arriaga, directora de la serie, para la revista Proceso[2]: “No es un tratado sobre Sor Juana, es la personificación de Sor Juana. Entones, lo abordé cono un ser humano. En ese sentido, creo es una de las virtudes de la serie, porque tratamos de sacar a la poeta del billete de a 200 pesos. Los episodios hablan de la virtud y genialidad de esta mujer. Era una mujer superdotada pero también con su fragilidad, su orgullo, sus contradicciones, sus pasiones, su sentido del humor. Se exploran los diferentes matices de su vida y quedó un personaje con muchos matices, con muchos colores. Es un personaje de carne y hueso. Así es la mejor manera de proponérselo al espectador para que se pueda apropiar de ella.”
Y concluye diciendo: “Cuando lees su obra debes regresarte para saber de qué está hablando, para ver: ‘Esta palabra se está refiriendo a cuál’. Sus sonetos, poemas y ensayos, en fin, son laberínticos. Es una literatura complicada que ahora imagínate con los 140 caracteres (se refiere al Twitter) y con toda esta banalidad en el lenguaje en que vivimos, de repente si te pones frente a un soneto de Sor Juana, te vuelves nada. Estás totalmente incapacitado de entrarle y devolverle el golpe. Pero independientemente de eso, creo que a la hora de apropiarnos de un personaje tan vasto y maravilloso como este, lo que esperamos es que el público se anime a ir al material literario de Sor Juana. A lo que escribió, a sus poemas, etcétera, y que tenga muchas ganas de leerlo y darle la batalla a todos esos sonetos. Abrazar a ese personaje, el aprendérselo, el aprender muchísimo”.
Si se sintió orgulloso de la cultura mexicana y de México con Coco, la película de Pixar, aquí le tenemos varios motivos de orgullo de ser mexicano: es una excelente serie mexicana en Netflix (bueno sería que la pusieran en Blim, le mejoraría la imagen a la plataforma de Televisa) y aborda una de las mujeres más extraordinarias que ha dado este país, una mujer cuya estatura intelectual y artística va más allá de los 200 pesos del billete.
Véala y, como dice Patricia Arriaga, que le entren ganas de leer a Sor Juana, sus bellísimos poemas, sus deslumbrantes muestras de un gran intelecto, como en el libro Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (libro que encuentra usted hasta en Soriana publicado por Editores Unidos Mexicanos a minúsculos 49 pesos) y a las novelas que se han hecho de su vida como Yo, la peor de todas, escrita por Mónica Lavín.



[1] El tifus exantemático epidémico, enfermedad del piojo verde, piojo verde; es una forma de tifus, llamada así porque la enfermedad a menudo causa epidemias después de guerras y desastres naturales. El agente causal es la bacteria Rickettsia prowazecki, transmitida por el piojo del cuerpo humano (Pediculus humanus corporis).
[2] Texto escrito por Columba Vértiz y publicado el 21 marzo de 2016.

jueves, 9 de noviembre de 2017

UN RICO ATOLE DE “COCO”


He leído algunos y análisis de la película Coco, la recién producción de Pixar-Disney, y muchos comentarios en redes sociales. Y encuentro en muchas de ellas declaraciones categóricas, como que “Si no lloras con la película es que estás muerto y no mereces estar en el mundo de los vivos”. Como si llorar fuera el indicador de calidad. “Dime cuántas lágrimas tiras y te diré qué tan humano eres”, parecen decir.
Algunos que me conocen saben que durante mucho tiempo me dediqué al análisis cinematográfico y me preguntan: ¿Es buena o no es buena? ¿Voy  no voy? Dime tu opinión de la película. Tímidamente me atrinchero y cuando el pasmo empieza a ceder les empiezo a dar algunas balbuceantes opiniones.
En primer lugar hay que subrayar que un producto artístico (perdón que diga producto pero si estamos dentro de una lógica de mercado este es el nominativo más preciso,  es decir, es una obra cuyo fin último es recabar dinero) no se puede calificar de una manera contundente y definitiva. Hay obras que se logran valorar muchos años después, Blade Runner, la de 1982 de Ridley Scott, por ejemplo.
Yo les contesto que su calidad (es decir, si es buena o no) dependerá de sus gustos, de su formación estética, de su formación cultural (entiéndase por cultura costumbres, tradiciones, formas de vivir). De modo que para muchos Coco será una de las mejores películas que haya visto, y la valorará más si se enterneció y soltó el llanto.
Para otros, con un sentido más crítico, conocimientos más profundos sobre la dramaturgia y la estética fílmica, le encontrarán muchos asegunes, y la sensiblería (el llanto) será un indicador negativo.
Estas dos posturas no son las únicas. En medio habrá muchos matices, y muchos argumentarán su gusto o su disgusto y lo defenderán incluso con calificativos altisonantes (mentadas, pues).
En un intento de respuesta a mis amigos que me han preguntado, les he propuesto primero separar los elementos para tratar de ser un poquito más objetivo, sin que ello signifique que vayamos a obtener la verdad absoluta.
En primer lugar, como animación 3D, es un producto con una factura de altísima calidad, en el que cuidaron muchos detalles, como la digitación del niño al pulsar la guitarra: su trabajo es de una enorme pulcritud. En este plano, por supuesto que es una buena película de animación.
En cuanto a su construcción dramática, podemos ver que es una película construida como una efectiva máquina de conmoción emocional. Y para lograrlo usa uno de los sentimientos más universales: el amor y sus elementos contrarios: el odio, la traición, la oposición familiar. Esta lucha de opuestos es lo que le da intensidad al drama. Y en la película están perfectamente dispuestos. Si tomamos un poco de distancia, podemos ver que muchas de las películas taquilleras justamente usan estos mismos resortes emocionales, algunas de forma más superficial; otras, más profunda. De modo que podríamos poner esta misma estructura dramática e historia en un trasfondo cultural japonés, nórdico, y funcionaría de maravilla. Cualquiera se conmocionaría ante el tesón de un niño en busca férrea de su sueño, al grado de ir al mismísimo lugar de los muertos.
Ahora, para que atrapara más al público mexicano, Coco está arropada en una de las formas culturales muy arraigadas en el alma nacional y hoy potenciada por una especie de contagio de modo que no hay sitio que se libre de tener un altar. Es decir, ha habido una sobrevaloración de la conmemoración mortuoria que nos llega desde los aztecas, pero que se ha ido alimentando en el camino de otras prácticas culturales.
Y para que la película amarre se le agrega un fiel retrato de las conductas familiares propias de los mexicanos: la familia extendida viviendo bajo el mismo techo y por ello la convivencia de varias generaciones en un mismo espacio, los férreos códigos de honor y fidelidad familiar y el estricto respeto a sus costumbres.
Por ello, tal vez, choca un poco ese Mictlán de Coco tan moderno, lleno de luces y bullicio, con equipo electrónico de reconocimiento facial (que se siente gracioso), y cuyas urbes son una mezcla de ciudades latinoamericanas con otras del primer mundo. Hubo momento en que me recordaron las ciudades de Blade Runner y algunas otras películas futuristas.
Y un elemento más: un retrato hiperrealista de algunos pueblos de Oaxaca o Guanajuato que nos hacen reconocer nuestra tierra.
A pesar de ello, no podía entender el furor de la gente por ver la película. Poco a poco me ha ido cayendo el veinte: lo que vende Coco al público nacional es un maravilloso espejo. Un espejo que tiene la virtud de no devolvernos crudamente nuestra imagen, como realmente es, sino que nos regala una imagen de como quisiéramos vernos: un México lleno de color, de calor humano, de alegría, de solidaridad, de amor fraterno y familiar. Es decir, nos devuelve nuestra desportillada identidad rejuvenecida y barnizada.
Lejos está de películas que también retratan el alma nacional, como las de Arturo Ripstein (La calle de la amargura, El castillo de la pureza, El imperio de la fortuna), Carlos Raygadas (Japón, Batalla en el cielo) o Amat Escalante (Heli, Los bastardos, Sangre), o incluso las de Luis Estrada (La ley de Herodes, La dictadura perfecta, El infierno).
La imagen de esas películas, aunque sea mucho más fiel, no nos gustan. Eso me hizo recordar una anécdota que don Luis Buñuel cuenta en su libro Mi último suspiro. Dice que cuando estrenó Los olvidados, Guadalupe Marín, esposa en ese entonces de Diego Rivera, se le fue con las uñas por delante y gritándole que había ofendido a México, por el retrato tan crudo de un sector de la población.
Repito: ese cine que nos retrata con mayor nitidez, más cruda, desagradable, decadente, cruel de nosotros mismos, no nos gusta y no queremos verlas. Algunas de las cintas mencionadas han sido muy exitosas, pero ninguna alcanzó ni el 10 por ciento de la taquilla que ha logrado Coco.
Coco es una historia tierna, familiar, en la que un niño lucha por alcanzar su deseo y para ello baja al inframundo para, no sólo encontrar su destino, sino además logra la reconciliación familiar entre vivos y muertos, desatando nudos que se estaban hundiendo en la ignorancia y el olvido, todo ello empaquetado en un bellísimo envoltorio con tintes nacionales.
Coco es en sí, una hermosa película, pero que tiene la misma consistencia nutrimental de una golosina, de un algodón de azúcar; es decir, es deliciosa pero poco nutritiva culturalmente hablando, aunque ponga en relieve una de las tradiciones más apreciadas por los mexicanos. Y tal vez ponga riesgo para quien valoran y sobre valoran estas tradiciones— a arrumbar otros aspectos más propios de nuestra cultura. Quizá a partir de ahora la celebración de los muertos tendrán un barniz pixar o disneyano, como el desfile en la ciudad de México ahora emula a la dela película de James Bond.
En fin, lo hecho, hecho está. Cuando nos haga digestión el platillo (para los que les haga digestión) podrán ver con mayor claridad el valor nutrimental de este rico atole de coco.

Jeremías Ramírez Vasillas


domingo, 18 de junio de 2017

LA VERDAD OCULTA: CUANDO EL DINERO ES LO MÁS IMPORTANTE


El cine de denuncia se ha estado incrementando en este tiempo, particularmente en los documentales. En las películas de ficción la lista de aquellas que abordan los negocios turbios de las grandes corporaciones es ya bastante larga. Sólo para mencionar algunas:
            El jardinero Fiel (Fernando Mirelles, 2002) aborda de la industria farmacéutica y sus negocios turbios, manejando de manera sucia la enfermedad de la gente.
            Diamantes de sangre (Edward Zwick, 2006) evidencia cómo los diamantes obtenidos en una zona de guerra se utilizan para financiar guerras, mediante el uso de esclavos o personas en régimen de semiesclavitud.
            La verdad oculta o Concussion (Peter Landesman, 2015) cuenta el descubrimiento que el Dr. Keniano, emigrado a Estados Unidos, hizo sobre el impacto en la salud cerebral de los jugadores de futbol americano, y conmociona en la liga más poderosas del deporte más popular de Estados Unidos y el mundo: la NFL.
            Si es buena o mala película, que si Will Smith está sobre actuado, que si la película falla en su estructura narrativa, o que si su lenguaje fílmico es burdo, son cuestiones banales frente al tema que revela.
            El Dr. Omalu (protagonista de la cinta y encarnado por Will Smith)  trabaja en la ciudad de Pittsburgh, en el departamento forense. Se caracteriza por ser muy minucioso y detallista en su trabajo. Una mañana de 2002, llega a su mesa de disección un personaje muy singular: Mike Webster, exjugador central de los acereros de Pittsburgh, que jugó de 1974 a 1990 y era apodado “Iron Mike”. Un ídolo muy popular que al momento de su muerte estaba hundido en la miseria y padecía un profundo desequilibrio emocional que lo llevaba a ingerir o a inyectarse diversas drogas, arrancarse los dientes con unas pinza, aplicarse shocks eléctricos en las piernas, a oír voces y sufrir intensos dolores de cabeza. Lo extraño es que era un hombre de 50 años, sano, pero con indicios de una enfermedad cerebral senil. Aparentemente tenía Alzheimer temprano.
            El Dr. Omalu decide investigar a fondo, a pesar del nulo apoyo financiero para un estudio cerebral detallado, y llega a la conclusión de que Webster desarrolló una enfermedad que denominó Encefalopatía Traumática Crónica (ETC) debido a los severos golpes en su cabeza que desataron un ataque desporporcionado de proteínas asesinas, de decir, proteínas que en estado normas trabajan apoyando el sistema nervioso central. En suma, concluyó que el futbol lo mató, porque el cerebro humano no tiene las condiciones naturales para soportar tales impactos, a diferencia de animales como las cabras o los pájaros carpinteros, dotados de una protección natural.
            Cuando hace público los resultados el equipo local y la NFL se van a la yugular y tras un periodo intenso de acoso logran que huya con su esposa a California, pues sus hallazgos ponen en riesgo el negocio multimillonario del futbol americano.
            La película permite darnos cuenta que en este mundo capitalista del siglo XXI lo que más le importa a las grandes corporaciones es el dinero, sólo el dinero. Y son capaces de pasar por encima del bienestar de la gente con tal de lograr grandes dividendos.
            En una de sus cartas, el apóstol San Pablo escribió a Timoteo: “…porque raíz de todos los males es el amor al dinero”.
            No dice que el dinero es el problema sino el amor al dinero, la ambición, la avaricia. Las empresas actuales han puesto en primer lugar la rentabilidad que el servicio o el bienestar de sus clientes o del quienes estén ligados a su negocio de alguna forma.
            Mientras prevalezca esta lógica de privilegiar los beneficios económicos (alimentado por la ideología de este sistema) seguiremos viendo desgracias, muerte, sufrimiento, explotación, depredación del medio ambiente, contaminación, agotamiento de los recursos naturales, pobreza, miseria…
            Y de todo ello nadie está exento. El ciudadano de a pie es culpable también por haberse dejado convencer de que lo más importante en la vida es el dinero. De modo que lleva a sus hijos a la escuela con la consigna de que cuando salga tiene que ser un profesionista exitoso (léase, que gane mucho dinero), que si se tiene un negocio, por pequeño que sea, lo primero es la ganancia aunque para ello se engañe al cliente o se le vendan materiales de pésima calidad; o si uno es un empleado, buscar la manera de ganar más de lo apropiado al puesto, incluso haciendo trampa. ¿Ha considerado que detrás de la corrupción está ese amor desmedido por el dinero?
            Lo único que detiene que no nos devoremos es que aún existen personas con un sólido sistema de valores que evitan que el caos haga presa de nosotros.
            ¿Qué necesitamos? Tomar conciencia de esta situación e ir cambiando nuestros valores por aquellos que privilegien en bienestar de todos y la solidaridad, la compasión, la misericordia. Piénselo, aún estamos a tiempo.