martes, 11 de abril de 2017

JUAN RULFO: LITERATURA Y EL CINE

Juan Rulfo es considerado el mejor escritor mexicano del siglo XX. Alcanzó la fama internacional con dos libros: El llano en llamas (una colección de cuentos) y Pedro Páramo (una novela corta con una estructura narrativa complicada, novedosa).
    Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (ese es su nombre completo), nació en Sayula, Jalisco,  el 16 de mayo de 1917 y murió en la Ciudad de México el de 7 de enero de 1986. Llegó a la capital en 1933 porque la Universidad de Guadalajara estaba en huelga, sin embargo no se inscribió en escuela alguna sino que estuvo de oyente en el Colegio de San Ildefonso. Fue en ese tiempo que empezó  a escribir sus cuentos y a colaborar en la revista América.
    Su empeño literario, que lo ejerció a la sombra, en silencio, tímidamente, vio la luz, primero en algunas revistas (a instancias de Efrén Hernández, un notable cuentista guanajuatense), y finalmente los publicó en 1953 como libro en El llano en llamas. En 1955 publicó Pedro Páramo.  Y hasta 1980 se publicó su tercer novela El gallo de Oro, que se cree escribió entre 1956 a 1958, la cual sirvió como argumento cinematográfico para la película El gallo de oro (Roberto Gavaldón, 1964) y El imperio de la fortuna (Ripstein, 1986). Hubo una tercer novela, El hijo del desaliento, que quedó inconclusa y de la cuál sólo se ha rescatado un cuento titulado “Un pedazo de noche”. Y póstumamente se publicó Tríptico para Juan Rulfo: Poesía/Fotografía/Crítica (Colección de sus fotografías, su poesía, y varios artículos sobre estos temas), coordinado por Víctor Jiménez, Alberto Vital, y Jorge Zepeda (México: Editorial RM, 2006) 530 págs.
    Su acercamiento al cine fue de 1956 a 1966. Luego vino el desencanto y se alejó del cine completamente. Seguramente quería plasmar con mayor profundidad el drama humano de México y los cineastas de la época no lo entendieron, no lograron captar su visión, quizá salvo Rubén Gámez en La fórmula secreta (1965), o tal vez tampoco. Su afición a la fotografía, que no se sabe cuándo y dónde inició, indica que tenía una pasión por la imagen. De hecho, en su narrativa crea imágenes muy poderosas. Su literatura es muy visual, pero también auditiva  y olfativa.
    Pocos meses después de su muerte (él murió el 16 de mayo y la película se estrenó el 28 de noviembre) Arturo Ripstein estrenó El imperio del fortuna (1986). Si vio la película, seguramente le gustó la versión de Ripstein, pues entre ambos artistas había muchas coincidencias. El cine de Ripstien es ríspido, crudo, que tiene mucho de la visión de Rulfo en su narrativa.
    Pero quien logró captar plenamente su visión fue su hijo Juan Carlos, y quien cumplió los anhelos de su padre dedicándose profesionalmente al cine, y que en su dos primeros documentales recrea el mundo de su padre de manera tan prístina, primero en su cortometraje de titulación Mi abuelo Cheno y otras historias (1994) y luego, en una especie de complemento, en el largometraje: Del olvido al no me acuerdo (1999) y de esta forma “ofrece un homenaje a su padre que vacila entre historia e invención y que se inspira tanto en la ficción de su padre como en su biografía” .
    Douglas J. Weatherford afirmó que Rulfo era ‘un espectador consumado del cine’, al decir de su esposa, y cuya pasión se remonta a los años cuarenta cuando ‘logra ser nombrado supervisor de las salas cinematográficas de la ciudad de Guadalajara, lo que le permite ver todas las películas que se exhiben en esa capital’ .
    “La fama que recibe Rulfo —continúa Weatherford— con la publicación de El Llano en llamas y Pedro Páramo le abre la posibilidad de desarrollar más su interés por el cine.  En 1955, por ejemplo, fue testigo de primera mano en el proceso de producción cinematográfica al ser nombrado asesor histórico para la filmación de La Escondida (1955, Roberto Gavaldón), y se encargó de tomar fotos fijas durante el rodaje de esa película.  Casi una década después, el director Alberto Isaac confió en varios de sus amigos famosos para que aparecieran como actores en su película En este pueblo no hay ladrones (1964). En ella aparecen Alfonso Arau, Carlos Monsiváis, Arturo Ripstein, José Luis Cuevas, Luis Buñuel y Juan Rulfo, como extra y con una parte hablada muy pequeña. La cinta se basa en un texto de Gabriel García Márquez”
    La contribución más importante de Rulfo en el cine mexicano fue como escritor. Escribió guiones para el cortometraje El despojo de Antonio Reynoso (1960) y el mediometraje de Rubén Gámez La fórmula secreta (1964); ayudó con el guión de Paloma herida de Emilio Fernández (1962) y escribió El gallo de oro, una narración que Rulfo ideó para el cine la cual fue adaptada por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, (quien fue llamado pues recién llegado a México, recitaba partes de memoria de Pedro Páramo, según él cuenta). Fue dirigida por Roberto Gavaldón (1964).
    Algunos cineastas han intentado captar la esencia visual de los cuentos de Rulfo al adaptar esas obras a la pantalla grande.  La primera película apareció en 1955 cuando Alfredo B. Crevenna filmó Talpa, de la cual  Rulfo habló amargamente decepcionado.  El rincón de las vírgenes (1972) de Alberto Isaac y ¿No oyes ladrar los perros? (1974) de François Reichenbach, que se basaron en cuentos de El Llano en llamas sin lograr representar el mundo rulfiano.  La segunda es una adaptación lamentable.
    Otros cineastas han tenido más éxito con la ficción de Rulfo como  El director Mitl Valdez quien filmó en 1984 Tras el horizonte y en 1987 Los confines.  En la que combina los cuentos “Talpa” y “¡Diles que no me maten!” y un fragmento de Pedro Páramo. Su aceptable factura le permitió que fuese designada como una de las cien mejores películas mexicanas por la revista Somos. 
    Algunos directores que han ofrecido visiones creativas e interesantes de la ficción breve de Rulfo incluyen, entre otros, al venezolano Freddy Sisso (¡Diles que no me maten!, 1985) y a los mexicanos Roberto Rochín con los cortometrajes Un pedazo de noche (1995) y Paso del Norte, (2002) y Carolina Rivas con Zona cero (2003).
    Tres directores han hecho versiones fílmicas de Pedro Páramo.  El español Carlos Velo fue el primero, y su adaptación (Pedro Páramo) apareció en 1966.  Salieron después versiones de José Bolaños (Pedro Páramo: El hombre de La Media Luna, 1976) y de Salvador Sánchez (Pedro Páramo, 1981). Mateo Gil, cineasta español pretendió hacer una cuarta versión pero al parecer quedó inconclusa, en la que Gael García Bernal encarnaría a Pedro Páramo.
    ¿Por qué se desencantó Rulfo con el cine? Dylan Brennan, en el texto introductorio de la publicación del texto poético de La fórmula secreta, de Gámez, integrado a la publicación de El Gallo de oro en el 2009, dice: “Por mucho tiempo los cinefotógrafos habían dirigido sus lentes a la mítica belleza del campo mexicano sin ver realmente a sus habitantes de El llano en llamas…” , particularmente Gabriel Figueroa, que en El Gallo de oro se recrean en los cielos de Peña de Bernal, San Juan del Río, Zacatecas y Tlaquepaque, locaciones donde se filmó esta película.
    Con mayor o menor acierto, el encanto de sus cuentos y su novela seguirá enamorando a los cineastas que a pesar de las dificultades continuarán auguro, intentar recrear su peculiar visión de el mexicano y su tragedia, es mexicano, que vive en el campo y la ciudad, y permanecen invisibles a los ojos los poderosos desde hace más de 500 años.





jueves, 16 de marzo de 2017

LIBROS PÓSTUMOS DE JULIO CORTAZAR





Más de 20 años después de la muerte de Julio Cortázar han estado saliendo a la luz pública libros que recogen escritos suyos inéditos. Uno de ellos, publicados en el 2009 con el titulo de Papeles inesperados, son textos que dormían en un arcón, en su casa, bajo el resguardo de Aurora Bernárdez, su esposa, quien un día le reveló al biógrafo de Cortázar, Carlos Álvarez Garriga, que tenía esos documentos. Seguramente estaban allí porque Cortázar no les haya dado valor a esos escritos. Al leerlos, descubrimos otras luces importantes de este gran escritor.
            Asimismo ha salido a la luz en forma impresa la grabación en audio que recoge una cátedra  que impartió en la Universidad de Berkeley, en 1980. La grabación dura 13 horas, las cuáles se transcribieron íntegras y sin corregir la versión oral original. Y con ello se conformó un libro singular titulado Clases de literatura, publicado en el 2011.
            En estas clases, verdaderamente magistrales, Cortázar va exponiendo —ya como un escritor maduro— el corpus teórico que respalda su creación, un corpus evidentemente decantado por múltiples lecturas, diversas traducciones, muchísimos cuentos y críticas y varias novelas, entre las que destaca la monumental Rayuela.
            Algo que debo subrayar es que los transcriptores respetaron el discurso hablado de Cortázar lo que nos permite descubrir dos cosas importantes: la coherencia de Cortázar en sus discursos hablados, habilidad muy difícil de lograr, y la posibilidad de OIR su voz cuando uno está leyendo el libro. Quizá esto me sucede porque cuando estudiaba en la UNAM tuve la fortuna de escuchar en vivo a  Julio Cortázar. Alguien —nunca supe quién— lo llevó al auditorio Che Guevara a leer uno de sus últimos cuentos. Nunca he podido recordar cuál fue, pues embelesado como estaba viendo en persona a unos de mis escritores favoritos, sólo observaba como movía la boca al leer y el sonido de su voz. Me sorprendió muchísimo descubrir que era un hombre altísimo. Él medía casi dos metros pero yo en ese momento no lo sabía.
            Otro libro que recién ha salido a la luz es una colección de cuentos de diversos autores titulado Cuentos inolvidables según Julio Cortázar, que recoge nueve cuentos de autores como Ambrose Bierce, Jorge Luis Borges, Truman Capote, Leonora Carrington, Felisberto Hernández, Katherine Mansfield, Juan Carlos Onetti, Edgar Allan Poe y Leon Tolstoi. Esta selección es sumamente exquisita. El cuento que me llevó a adquirir el libro fue El puente sobre el rio del Búho. Como compré en esa misma ocasión Clases de literatura, me sorprendió que justamente uno de los cuentos que usaba como ejemplo del cuento fantástico era este de Ambrose Bierce, un cuento admirable y conmovedor.
            Lo que trae de nuevo de Cortázar este libro es un texto que surge de una conferencia que impartió en la Habana, Cuba, en 1962, titulada Algunos aspectos del cuento, del cual se desprende la lista de los cuentos incluidos en este volumen, pero en el que hay un definición del cuento, singular, admirable y esclarecedora para quien se dedica a su cultivo, como es mi caso.
            En Clases de literatura, casi 20 años después, también vuelve a definir al cuento. Lo interesante es que si bien usa metáforas diferentes, ambas son coincidentes: en Algunos aspectos del cuento compara al cuento con una fotografía y a la novela con una película y en Lecciones de literatura dice que el cuento es una esfera y la novela un poliedro. Y aunque sean metáforas diferentes ilustran la misma visión: que el cuento es una estructura cerrada pero que tiene la virtud de abrir posibilidades imaginativas en el lector justo en lo que No dice, en lo que alude, es decir, como él mismo afirma, sucede con una fotografía en la que hay una sombra de algo que no se ve porque está fuera de los límites de la foto, pero que desata la imaginación.
            Resumiendo. Estos tres libros confirman la enorme envergadura de Julio Cortázar como escritor, un escritor cuyo talento no le teme echar mano de las experiencias personales. Prácticamente todos sus libros surgen de una vivencia personal.
            Por ejemplo, en La señorita Cora cuenta su experiencia como niño enfermo. En La noche boca arriba, se basa en un accidente de motocicleta que tuvo en Francia. En El perseguidor su vivencia singular con el tiempo. Tal vez esto es lo que  hace que su escritura se sienta tan cercana, pues si bien su literatura es sumamente imaginativa, no por ello sea ajena a sus experiencias personales.

sábado, 18 de febrero de 2017

EL ARTE: ACEITE BALSÁMICO CONTRA EL DOLOR HUMANO

Un amigo me decía que para cantar tan profundamente y con ese sentimiento como lo hacen los negros norteamericanos, se requieren al menos un par de siglo de sufrimiento.
            El dolor no es algo deseable por nadie, pero muchas obras de arte alcanzan una altura sublime tras el crisol del dolor. Los campos de concentración nazi no sólo han dejado una estela de sangre y sufrimiento sino también de arte.
            El legado de los campos tenebrosos es inconmensurable. De ese crisol han salido obras como Sistema periódico del científico  italiano Primo Levi, un relato con una estructura en torno a diversos elementos de la tabla periódica, en el que bajo cada símbolo se da paso a un pasaje terrible en los campos de exterminio. O El hombre en busca de sentido, del psiquiatra Víctor Frankl,  en el que narra su experiencia en Auschwitz y la utiliza para crear un técnica de desarrollo personal que él denominó Reflexología la cual permite afrontar con entereza los momentos difíciles de la vida.
            El cine, para mencionar sólo unos pocos ejemplos, encontramos El pianista, de Roman Polanki, en el que va vertiendo pasajes enteramente autobiográficos en una trama de ficción en una Polonia invadida por los nazis. Y él, siendo un niño, ve el horror que va consumiendo una ciudad, una población, y a su propia familia. O La Decisión de Sofía, en la que una mujer se le da a escoger, en el umbral de uno de estos campos de muerte, a quién de sus dos hijos quiere que viva. Esta decisión la marcará para siempre y la convertirá en un alma en pena. La actuación de Meryl Streep, en el papel protagónico, reveló a una gran actriz.
            De menos estatura estética, El niño con el pijama de rayas, de David Heyman, narra la vida de un guardia de un campo de concentración en el que es un verdugo y, al mismo tiempo, un padre amoroso en su casa. Y un día sufre en carne propia su propia maldad: su hijo de unos 10 años, ignorante de qué es ese lugar donde todos andan en pijama de rayas, se hace amigo de un niño en cautiverio y de vez en vez entra para jugar con él, y un día el niño entra e intercambia sus ropas con su amigo, y es llevado a la cámara de gas. O La ladrona de libros, de Markus Zusak, que…
            Cuando era estudiante de preparatoria cayó en mis manos Los hornos de Hitler, de Olga Lengyel, en el que se me develó una realidad para mi insospechada, a pesar haber visto series como Combate. Desde entonces el tema me salta en libros de diversa índole.
            Todo esto venía a mi memoria cuando recién estaba leyendo el libro Liquidación, de Imre Kertész. El personaje principal, aunque no el protagónico, es un escritor que se ha suicidado y ha dejado una obra inédita, y quien tiene una vida turbulenta a raíz de su origen: es judío, aunque lo que determina su inestabilidad emocional es su pasado personal: nació en un campo de concentración, en cuyo lugar sus padres fueron liquidados, exterminados, y pasa su vida en orfanatos. Por qué le permitieron vivir, no lo sabe. Pero su existencia queda alterada y nunca encontrará la paz.
            ¿Cuánto más se escribirá sobre este tema? No lo sé, pero mientras las llagas sigan supurando, el arte, como un bálsamo, seguirá curando las viejas y dolorosas heridas infringidas en la persecución y exterminio judío y en los campos de concentración no hayan sanado.
            Sí, así seguirá, con esta y otras llagas emocionales, pues el arte es el aceite balsámico contra el dolor humano.

LUCES Y SOMBRAS


viernes, 27 de enero de 2017

LA SEÑORA BIXBI

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Me encanta la señora Bixbi. No, no es ninguna dama de por estos rumbos sino un personaje del escritor inglés Roald Dahl, que aparece en uno de sus maravillosos cuentos.
            Roal Dahl es conocido por sus cuentos para niños, particularmente por su novela Charlie y la fábrica de chocolate, que fue llevada al cine en el 2005 por Tim Burton. Pero su literatura para adultos es poco conocida.
            Hace poco descubrí en una centro comercial una antología que recogía sus mejores cuentos para lectores más grandecitos. La portada engaña un poco pues se ve a Dahl mostrándole un pájaro a un niño. Como no conocía este libro lo compré. Los primeros dos cuentos no me parecieron muy atractivos, pero al llegar al tercero, La señora Bixbi y el abrigo del coronel, me dejó deslumbrado: era una verdadera revelación de un escritor ingenioso, con un toque de malicia genial.
            En esta historia contaba las aventuras de una mujer madura que mantiene una relación adúltera con un coronel. Ocho años lleva engañando a su marido una vez al mes. Viaja a ver a una ciudad cercana a su amante pero al marido (un dentista apocado) le ha hecho creer que va a visitar a una vieja tía. El marido cede a este capricho de su esposa pero con la salvedad de que nunca lo lleve, arreglo que conviene plenamente a la señora Bixbi.
            Un día que llega a la estación donde la viene a recoger un asistente del coronel, éste sólo le entrega una enorme caja y se va. Ella corre al baño y allí descubre que le ha regalado un enorme abrigo de visón, sumamente costoso, y en una tarjeta le explica que reciba ese regalo como un gesto de despedida pues no podrá verla más. Ella apenas se entristece pues está encantada con el abrigo. El problema es cómo le explicará a su marido. El coronel, en el mensaje, le dice que diga que es un regalo de navidad de su tía. Pero ella sabe que la pobre jamás podría regalarle algo así.
            Urde un plan: llega a la ciudad y empeña el abrigo, pero exige que en la boleta de empeño no haya más dato que la cantidad prestada: 50 dólares. Llega a su casa y le muestra al marido la papeleta y le dice que se la encontró en el taxi. El marido se pone feliz e insiste en qué el rescatará lo que haya sido empeñado. La señora insiste que la boleta es suya pero el marido gana. Rumbo al trabajo recoge el abrigo y llama a su esposa para que vaya al consultorio para que vea su regalo. Cuando llega el señor Bixie le muestra una estola de piel. Ella se turba pero acepta la prenda con disimulado placer. Por dentro, arde en coraje. Irá con el prestamista a reclamarle. Su marido le explica que esa noche llegará tarde. Ella sale furiosa y se encuentra a la secretaria que camina feliz, casi flotando,  portando su hermosísimo abrigo de visón.
            El cuento es narrado de manera eficaz logrando crear un clima de expectación en el lector y al final, en una línea, remata con golpe emotivo, contundente. Guau. ¡Qué buena historia!, me dije, y ya no paré de leer. Uno tras otro fui devorando sus cuentos, todos ingeniosos, como delicadas joyas, trabajadas con esmero y astucia.
            Es un escritor que cualquier cuentista debiese leer si pretende crear historias que le proporcionen al lector momentos de intenso placer.
     

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿DÓNDE ESTÁ OESTERHELD?



Jeremías Ramírez Vasillas

En México prácticamente nada sabemos de lo que sucede con la literatura gráfica (como le llaman ahora a los cómics o historietas) aparte de la que se produce en Estados Unidos, cuyo poderío ha sepultado la que en otros años aquí florecía.
            Las personas de más de 50 años seguramente pasaron muchas horas leyendo a Chanoc, Los supersabios, Kalimán, Memín Pinguín, Los burrón, Lágrimas y risas. El santo… y si era medio izquierdoso, La garrapata, Los supermachos y Los agachados. Hoy todos ellos venerables cadáveres.
            Fenómenos similares se dieron en diversos países de Latinoamérica, pero en México desconocemos dichas obras salvo una que otra que lograron trascender sus fronteras como Mafalda o las tiras gráficas de Fontanarrosa.
            Recién encontré un libro que narra la terrible historia de uno de los guionistas de historietas más famosos de Argentina: Héctor German Oesterheld, el cual desconocía completamente. Seguramente los argentinos mayores de 50 años también gozaron de sus cómics.
            Este artista fue creador de personajes como el Sargento Kirk, Bull Rocket, Ernie Pike, El Eternauta, Los espectros de Fort Vance, entre otros.
            En el 2015 publicó Edgar Adrián Mora, escritor nacido en el Estado de México con una trayectoria sobresaliente, en Guadalajara, bajo el sello de Editorial el Paraíso Perdido, con el título de Continuum, una novela sobre Héctor G. Oesterheld.
            Es una novela tiene sólo 84 páginas pero es de una intensidad dramática muy bien manejada.
            De manera fragmentaria, con saltos en el tiempo, va narrando la tragedia de este gran artista argentino y de su familia quienes sufrieron el secuestro y desaparición sus cuatro hijas mujeres Diana, Estela, Beatriz y Mariana, sus tres yernos y dos de sus cuatro nietos y finalmente el secuestro y desaparición del propio Héctor Oesterheld durante la última Dictadura Militar Argentina. Su esposa, Elsa Sánchez de Oesterheld, fue la única que no fue secuestrada, pero tuvo que padecer el horror y el abandono de su familia durante su larga y penosa vida.
            La narración va mezclando situaciones imaginarias en las que los personajes de Oesterheld cobran vida, dialogan, aparecen y finalmente hacen una manifestación exigiendo la aparición de su creador, con situaciones reales, cruentas, terribles, que padeció el artista y sus hijas.
            Recomendable, altamente recomendable.

domingo, 25 de septiembre de 2016

LA CULPA ES DE LOS TLAXCALTECAS


No había leído este cuento, pero lo escuché en un comentario en el noticiario cultural de Canal 22, ahora con la preparación de los homenajes a Elena Garro, y me dio curiosidad.

Es un cuento como de 13 páginas, intenso, interesante que me hizo recordar otro de Julio Cortazar: La noche boca arriba (publicado en 1956). De alguna manera tienen la misma temática y ambos se conectan con dos épocas.

En este cuento de Elena Garro una mujer sufre una especie de alucinaciones y se ve de pronto al lado de un guerrero azteca justo en el momento en que son derrotados por los españoles, con la ayuda de los Tlaxcaltecas, y es quemada la Gran Tenochtitlán. Pronto descubriremos que no son alucinaciones sino que la mujer que vive en pleno siglo 20 está al mismo tiempo conectada con aquel cuando es derrotado el imperio azteca y ella es mujer de un guerrero que pelea esa batalla perdida. Herido la busca y finalmente, a pesar de que nadie comprende su situación, especialmente su marido y su suegro (sólo la entiende una de sus criadas), se va con él a ese tiempo de caos y miseria.

Creo que Elena Garro, quien publicó este cuento en 1964, se anticipa un tanto al llamado posteriormente, Realismo mágico o quizá surgió a la par pues Cien años de Soledad se publicó en 1967.