sábado, 18 de noviembre de 2017

JUANA INÉS: MÁS ALLÁ DEL BILLETE DE 200 PESOS


 
Por Jeremías Ramírez Vasillas

Los nuevos modelos de la televisión han encumbrado a la serie como paradigma de los nuevos tiempos y cuyo reinado vive y se desarrolla en las plataformas digitales en streaming.
En Netflix, por ejemplo, se difunden las series de mayor éxito. Algunas nos sorprenden, como en Juego de tronos por su enorme calidad cinematográfica, sus efectos especiales, y parecen que son producciones inalcanzables de realizar en un país tercermundista (que no en desarrollo) como México.
Sin embargo, oh sorpresa que nos da la vida —como reza un refrán moderno surgido de alguna canción—, recién descubrí una serie llamada Juana Inés que me ha dejado impactado por varias cosas:
1) es una serie sobre una de las mujeres que más admiro: Sor Juana Inés de la Cruz, una intelectual y poeta inigualable (¡Qué mujer, qué portento de mujer!).
2) Es una serie mexicana.
3) Está realizada por un canal público mexicano, el admirable Canal 11 del IPN, un Bravo Films, una dinámica casa productora mexicana dirigida por Patricia Arriaga, hermana de Guillermo Arriaga, guionista de las primeras películas de González Iñárritu.
4) Está estupendamente realizada con un admirable casting y una ambientación impresionante, lejos de las construcciones históricas de televisa.
La serie sólo cuenta con una temporada integrada por 7 capítulos. Se entiende esta limitación por las condiciones de nuestro país para hacer algo de mayor alcance, y sin los instrumentos de mercado para productos de este tipo. ¡Qué lástima!
Sin embargo, como diría Fito Páez, no todo está perdido. Bravo Films tiene en su portafolio creativo varias series históricas como: Porfirio Díaz, 100 años sin patria, Réquiem por Leona Vicario,  Sor Juana Inés de la Cruz, la peor de todas, El asesinato de Villa: la conspiración.
Alegra el corazón ver este tipo de producciones en nuestro país, lo cual demuestra que sí se puede, que hay calidad, que estamos a la altura, con todas las distancias económicas, a la par de los mejores del mundo.
Juana Inés se empezó a realizar el 4 de noviembre de 2015, en la Ex-Hacienda Santa Mónica, en la Ciudad de México. Se estrenó por televisión (en Canal 11 por supuesto) el 26 de marzo de 2016, y desde enero de 2017 está disponible en Netflix, que fue mi última sorpresa.
La historia se va narrando en saltos temporales retrospectivos. A la vez que vamos viendo a Sor Juana agónica  en su lecho de muerte (Sor Juana fue atacada por el tifus exantemático epidémico[1], epidemia que asoló el convento de San Jerónimo en donde estaba recluida), vamos viendo también a Sor Juana jovencita ingresando a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, y admirada y amada por la virreina, Leonor de Carreto.
Sobre la serie declara Patricia Arriaga, directora de la serie, para la revista Proceso[2]: “No es un tratado sobre Sor Juana, es la personificación de Sor Juana. Entones, lo abordé cono un ser humano. En ese sentido, creo es una de las virtudes de la serie, porque tratamos de sacar a la poeta del billete de a 200 pesos. Los episodios hablan de la virtud y genialidad de esta mujer. Era una mujer superdotada pero también con su fragilidad, su orgullo, sus contradicciones, sus pasiones, su sentido del humor. Se exploran los diferentes matices de su vida y quedó un personaje con muchos matices, con muchos colores. Es un personaje de carne y hueso. Así es la mejor manera de proponérselo al espectador para que se pueda apropiar de ella.”
Y concluye diciendo: “Cuando lees su obra debes regresarte para saber de qué está hablando, para ver: ‘Esta palabra se está refiriendo a cuál’. Sus sonetos, poemas y ensayos, en fin, son laberínticos. Es una literatura complicada que ahora imagínate con los 140 caracteres (se refiere al Twitter) y con toda esta banalidad en el lenguaje en que vivimos, de repente si te pones frente a un soneto de Sor Juana, te vuelves nada. Estás totalmente incapacitado de entrarle y devolverle el golpe. Pero independientemente de eso, creo que a la hora de apropiarnos de un personaje tan vasto y maravilloso como este, lo que esperamos es que el público se anime a ir al material literario de Sor Juana. A lo que escribió, a sus poemas, etcétera, y que tenga muchas ganas de leerlo y darle la batalla a todos esos sonetos. Abrazar a ese personaje, el aprendérselo, el aprender muchísimo”.
Si se sintió orgulloso de la cultura mexicana y de México con Coco, la película de Pixar, aquí le tenemos varios motivos de orgullo de ser mexicano: es una excelente serie mexicana en Netflix (bueno sería que la pusieran en Blim, le mejoraría la imagen a la plataforma de Televisa) y aborda una de las mujeres más extraordinarias que ha dado este país, una mujer cuya estatura intelectual y artística va más allá de los 200 pesos del billete.
Véala y, como dice Patricia Arriaga, que le entren ganas de leer a Sor Juana, sus bellísimos poemas, sus deslumbrantes muestras de un gran intelecto, como en el libro Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (libro que encuentra usted hasta en Soriana publicado por Editores Unidos Mexicanos a minúsculos 49 pesos) y a las novelas que se han hecho de su vida como Yo, la peor de todas, escrita por Mónica Lavín.



[1] El tifus exantemático epidémico, enfermedad del piojo verde, piojo verde; es una forma de tifus, llamada así porque la enfermedad a menudo causa epidemias después de guerras y desastres naturales. El agente causal es la bacteria Rickettsia prowazecki, transmitida por el piojo del cuerpo humano (Pediculus humanus corporis).
[2] Texto escrito por Columba Vértiz y publicado el 21 marzo de 2016.

jueves, 9 de noviembre de 2017

UN RICO ATOLE DE “COCO”


He leído algunos y análisis de la película Coco, la recién producción de Pixar-Disney, y muchos comentarios en redes sociales. Y encuentro en muchas de ellas declaraciones categóricas, como que “Si no lloras con la película es que estás muerto y no mereces estar en el mundo de los vivos”. Como si llorar fuera el indicador de calidad. “Dime cuántas lágrimas tiras y te diré qué tan humano eres”, parecen decir.
Algunos que me conocen saben que durante mucho tiempo me dediqué al análisis cinematográfico y me preguntan: ¿Es buena o no es buena? ¿Voy  no voy? Dime tu opinión de la película. Tímidamente me atrinchero y cuando el pasmo empieza a ceder les empiezo a dar algunas balbuceantes opiniones.
En primer lugar hay que subrayar que un producto artístico (perdón que diga producto pero si estamos dentro de una lógica de mercado este es el nominativo más preciso,  es decir, es una obra cuyo fin último es recabar dinero) no se puede calificar de una manera contundente y definitiva. Hay obras que se logran valorar muchos años después, Blade Runner, la de 1982 de Ridley Scott, por ejemplo.
Yo les contesto que su calidad (es decir, si es buena o no) dependerá de sus gustos, de su formación estética, de su formación cultural (entiéndase por cultura costumbres, tradiciones, formas de vivir). De modo que para muchos Coco será una de las mejores películas que haya visto, y la valorará más si se enterneció y soltó el llanto.
Para otros, con un sentido más crítico, conocimientos más profundos sobre la dramaturgia y la estética fílmica, le encontrarán muchos asegunes, y la sensiblería (el llanto) será un indicador negativo.
Estas dos posturas no son las únicas. En medio habrá muchos matices, y muchos argumentarán su gusto o su disgusto y lo defenderán incluso con calificativos altisonantes (mentadas, pues).
En un intento de respuesta a mis amigos que me han preguntado, les he propuesto primero separar los elementos para tratar de ser un poquito más objetivo, sin que ello signifique que vayamos a obtener la verdad absoluta.
En primer lugar, como animación 3D, es un producto con una factura de altísima calidad, en el que cuidaron muchos detalles, como la digitación del niño al pulsar la guitarra: su trabajo es de una enorme pulcritud. En este plano, por supuesto que es una buena película de animación.
En cuanto a su construcción dramática, podemos ver que es una película construida como una efectiva máquina de conmoción emocional. Y para lograrlo usa uno de los sentimientos más universales: el amor y sus elementos contrarios: el odio, la traición, la oposición familiar. Esta lucha de opuestos es lo que le da intensidad al drama. Y en la película están perfectamente dispuestos. Si tomamos un poco de distancia, podemos ver que muchas de las películas taquilleras justamente usan estos mismos resortes emocionales, algunas de forma más superficial; otras, más profunda. De modo que podríamos poner esta misma estructura dramática e historia en un trasfondo cultural japonés, nórdico, y funcionaría de maravilla. Cualquiera se conmocionaría ante el tesón de un niño en busca férrea de su sueño, al grado de ir al mismísimo lugar de los muertos.
Ahora, para que atrapara más al público mexicano, Coco está arropada en una de las formas culturales muy arraigadas en el alma nacional y hoy potenciada por una especie de contagio de modo que no hay sitio que se libre de tener un altar. Es decir, ha habido una sobrevaloración de la conmemoración mortuoria que nos llega desde los aztecas, pero que se ha ido alimentando en el camino de otras prácticas culturales.
Y para que la película amarre se le agrega un fiel retrato de las conductas familiares propias de los mexicanos: la familia extendida viviendo bajo el mismo techo y por ello la convivencia de varias generaciones en un mismo espacio, los férreos códigos de honor y fidelidad familiar y el estricto respeto a sus costumbres.
Por ello, tal vez, choca un poco ese Mictlán de Coco tan moderno, lleno de luces y bullicio, con equipo electrónico de reconocimiento facial (que se siente gracioso), y cuyas urbes son una mezcla de ciudades latinoamericanas con otras del primer mundo. Hubo momento en que me recordaron las ciudades de Blade Runner y algunas otras películas futuristas.
Y un elemento más: un retrato hiperrealista de algunos pueblos de Oaxaca o Guanajuato que nos hacen reconocer nuestra tierra.
A pesar de ello, no podía entender el furor de la gente por ver la película. Poco a poco me ha ido cayendo el veinte: lo que vende Coco al público nacional es un maravilloso espejo. Un espejo que tiene la virtud de no devolvernos crudamente nuestra imagen, como realmente es, sino que nos regala una imagen de como quisiéramos vernos: un México lleno de color, de calor humano, de alegría, de solidaridad, de amor fraterno y familiar. Es decir, nos devuelve nuestra desportillada identidad rejuvenecida y barnizada.
Lejos está de películas que también retratan el alma nacional, como las de Arturo Ripstein (La calle de la amargura, El castillo de la pureza, El imperio de la fortuna), Carlos Raygadas (Japón, Batalla en el cielo) o Amat Escalante (Heli, Los bastardos, Sangre), o incluso las de Luis Estrada (La ley de Herodes, La dictadura perfecta, El infierno).
La imagen de esas películas, aunque sea mucho más fiel, no nos gustan. Eso me hizo recordar una anécdota que don Luis Buñuel cuenta en su libro Mi último suspiro. Dice que cuando estrenó Los olvidados, Guadalupe Marín, esposa en ese entonces de Diego Rivera, se le fue con las uñas por delante y gritándole que había ofendido a México, por el retrato tan crudo de un sector de la población.
Repito: ese cine que nos retrata con mayor nitidez, más cruda, desagradable, decadente, cruel de nosotros mismos, no nos gusta y no queremos verlas. Algunas de las cintas mencionadas han sido muy exitosas, pero ninguna alcanzó ni el 10 por ciento de la taquilla que ha logrado Coco.
Coco es una historia tierna, familiar, en la que un niño lucha por alcanzar su deseo y para ello baja al inframundo para, no sólo encontrar su destino, sino además logra la reconciliación familiar entre vivos y muertos, desatando nudos que se estaban hundiendo en la ignorancia y el olvido, todo ello empaquetado en un bellísimo envoltorio con tintes nacionales.
Coco es en sí, una hermosa película, pero que tiene la misma consistencia nutrimental de una golosina, de un algodón de azúcar; es decir, es deliciosa pero poco nutritiva culturalmente hablando, aunque ponga en relieve una de las tradiciones más apreciadas por los mexicanos. Y tal vez ponga riesgo para quien valoran y sobre valoran estas tradiciones— a arrumbar otros aspectos más propios de nuestra cultura. Quizá a partir de ahora la celebración de los muertos tendrán un barniz pixar o disneyano, como el desfile en la ciudad de México ahora emula a la dela película de James Bond.
En fin, lo hecho, hecho está. Cuando nos haga digestión el platillo (para los que les haga digestión) podrán ver con mayor claridad el valor nutrimental de este rico atole de coco.

Jeremías Ramírez Vasillas


domingo, 18 de junio de 2017

LA VERDAD OCULTA: CUANDO EL DINERO ES LO MÁS IMPORTANTE


El cine de denuncia se ha estado incrementando en este tiempo, particularmente en los documentales. En las películas de ficción la lista de aquellas que abordan los negocios turbios de las grandes corporaciones es ya bastante larga. Sólo para mencionar algunas:
            El jardinero Fiel (Fernando Mirelles, 2002) aborda de la industria farmacéutica y sus negocios turbios, manejando de manera sucia la enfermedad de la gente.
            Diamantes de sangre (Edward Zwick, 2006) evidencia cómo los diamantes obtenidos en una zona de guerra se utilizan para financiar guerras, mediante el uso de esclavos o personas en régimen de semiesclavitud.
            La verdad oculta o Concussion (Peter Landesman, 2015) cuenta el descubrimiento que el Dr. Keniano, emigrado a Estados Unidos, hizo sobre el impacto en la salud cerebral de los jugadores de futbol americano, y conmociona en la liga más poderosas del deporte más popular de Estados Unidos y el mundo: la NFL.
            Si es buena o mala película, que si Will Smith está sobre actuado, que si la película falla en su estructura narrativa, o que si su lenguaje fílmico es burdo, son cuestiones banales frente al tema que revela.
            El Dr. Omalu (protagonista de la cinta y encarnado por Will Smith)  trabaja en la ciudad de Pittsburgh, en el departamento forense. Se caracteriza por ser muy minucioso y detallista en su trabajo. Una mañana de 2002, llega a su mesa de disección un personaje muy singular: Mike Webster, exjugador central de los acereros de Pittsburgh, que jugó de 1974 a 1990 y era apodado “Iron Mike”. Un ídolo muy popular que al momento de su muerte estaba hundido en la miseria y padecía un profundo desequilibrio emocional que lo llevaba a ingerir o a inyectarse diversas drogas, arrancarse los dientes con unas pinza, aplicarse shocks eléctricos en las piernas, a oír voces y sufrir intensos dolores de cabeza. Lo extraño es que era un hombre de 50 años, sano, pero con indicios de una enfermedad cerebral senil. Aparentemente tenía Alzheimer temprano.
            El Dr. Omalu decide investigar a fondo, a pesar del nulo apoyo financiero para un estudio cerebral detallado, y llega a la conclusión de que Webster desarrolló una enfermedad que denominó Encefalopatía Traumática Crónica (ETC) debido a los severos golpes en su cabeza que desataron un ataque desporporcionado de proteínas asesinas, de decir, proteínas que en estado normas trabajan apoyando el sistema nervioso central. En suma, concluyó que el futbol lo mató, porque el cerebro humano no tiene las condiciones naturales para soportar tales impactos, a diferencia de animales como las cabras o los pájaros carpinteros, dotados de una protección natural.
            Cuando hace público los resultados el equipo local y la NFL se van a la yugular y tras un periodo intenso de acoso logran que huya con su esposa a California, pues sus hallazgos ponen en riesgo el negocio multimillonario del futbol americano.
            La película permite darnos cuenta que en este mundo capitalista del siglo XXI lo que más le importa a las grandes corporaciones es el dinero, sólo el dinero. Y son capaces de pasar por encima del bienestar de la gente con tal de lograr grandes dividendos.
            En una de sus cartas, el apóstol San Pablo escribió a Timoteo: “…porque raíz de todos los males es el amor al dinero”.
            No dice que el dinero es el problema sino el amor al dinero, la ambición, la avaricia. Las empresas actuales han puesto en primer lugar la rentabilidad que el servicio o el bienestar de sus clientes o del quienes estén ligados a su negocio de alguna forma.
            Mientras prevalezca esta lógica de privilegiar los beneficios económicos (alimentado por la ideología de este sistema) seguiremos viendo desgracias, muerte, sufrimiento, explotación, depredación del medio ambiente, contaminación, agotamiento de los recursos naturales, pobreza, miseria…
            Y de todo ello nadie está exento. El ciudadano de a pie es culpable también por haberse dejado convencer de que lo más importante en la vida es el dinero. De modo que lleva a sus hijos a la escuela con la consigna de que cuando salga tiene que ser un profesionista exitoso (léase, que gane mucho dinero), que si se tiene un negocio, por pequeño que sea, lo primero es la ganancia aunque para ello se engañe al cliente o se le vendan materiales de pésima calidad; o si uno es un empleado, buscar la manera de ganar más de lo apropiado al puesto, incluso haciendo trampa. ¿Ha considerado que detrás de la corrupción está ese amor desmedido por el dinero?
            Lo único que detiene que no nos devoremos es que aún existen personas con un sólido sistema de valores que evitan que el caos haga presa de nosotros.
            ¿Qué necesitamos? Tomar conciencia de esta situación e ir cambiando nuestros valores por aquellos que privilegien en bienestar de todos y la solidaridad, la compasión, la misericordia. Piénselo, aún estamos a tiempo.




martes, 11 de abril de 2017

JUAN RULFO: LITERATURA Y EL CINE

Juan Rulfo es considerado el mejor escritor mexicano del siglo XX. Alcanzó la fama internacional con dos libros: El llano en llamas (una colección de cuentos) y Pedro Páramo (una novela corta con una estructura narrativa complicada, novedosa).
    Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (ese es su nombre completo), nació en Sayula, Jalisco,  el 16 de mayo de 1917 y murió en la Ciudad de México el de 7 de enero de 1986. Llegó a la capital en 1933 porque la Universidad de Guadalajara estaba en huelga, sin embargo no se inscribió en escuela alguna sino que estuvo de oyente en el Colegio de San Ildefonso. Fue en ese tiempo que empezó  a escribir sus cuentos y a colaborar en la revista América.
    Su empeño literario, que lo ejerció a la sombra, en silencio, tímidamente, vio la luz, primero en algunas revistas (a instancias de Efrén Hernández, un notable cuentista guanajuatense), y finalmente los publicó en 1953 como libro en El llano en llamas. En 1955 publicó Pedro Páramo.  Y hasta 1980 se publicó su tercer novela El gallo de Oro, que se cree escribió entre 1956 a 1958, la cual sirvió como argumento cinematográfico para la película El gallo de oro (Roberto Gavaldón, 1964) y El imperio de la fortuna (Ripstein, 1986). Hubo una tercer novela, El hijo del desaliento, que quedó inconclusa y de la cuál sólo se ha rescatado un cuento titulado “Un pedazo de noche”. Y póstumamente se publicó Tríptico para Juan Rulfo: Poesía/Fotografía/Crítica (Colección de sus fotografías, su poesía, y varios artículos sobre estos temas), coordinado por Víctor Jiménez, Alberto Vital, y Jorge Zepeda (México: Editorial RM, 2006) 530 págs.
    Su acercamiento al cine fue de 1956 a 1966. Luego vino el desencanto y se alejó del cine completamente. Seguramente quería plasmar con mayor profundidad el drama humano de México y los cineastas de la época no lo entendieron, no lograron captar su visión, quizá salvo Rubén Gámez en La fórmula secreta (1965), o tal vez tampoco. Su afición a la fotografía, que no se sabe cuándo y dónde inició, indica que tenía una pasión por la imagen. De hecho, en su narrativa crea imágenes muy poderosas. Su literatura es muy visual, pero también auditiva  y olfativa.
    Pocos meses después de su muerte (él murió el 16 de mayo y la película se estrenó el 28 de noviembre) Arturo Ripstein estrenó El imperio del fortuna (1986). Si vio la película, seguramente le gustó la versión de Ripstein, pues entre ambos artistas había muchas coincidencias. El cine de Ripstien es ríspido, crudo, que tiene mucho de la visión de Rulfo en su narrativa.
    Pero quien logró captar plenamente su visión fue su hijo Juan Carlos, y quien cumplió los anhelos de su padre dedicándose profesionalmente al cine, y que en su dos primeros documentales recrea el mundo de su padre de manera tan prístina, primero en su cortometraje de titulación Mi abuelo Cheno y otras historias (1994) y luego, en una especie de complemento, en el largometraje: Del olvido al no me acuerdo (1999) y de esta forma “ofrece un homenaje a su padre que vacila entre historia e invención y que se inspira tanto en la ficción de su padre como en su biografía” .
    Douglas J. Weatherford afirmó que Rulfo era ‘un espectador consumado del cine’, al decir de su esposa, y cuya pasión se remonta a los años cuarenta cuando ‘logra ser nombrado supervisor de las salas cinematográficas de la ciudad de Guadalajara, lo que le permite ver todas las películas que se exhiben en esa capital’ .
    “La fama que recibe Rulfo —continúa Weatherford— con la publicación de El Llano en llamas y Pedro Páramo le abre la posibilidad de desarrollar más su interés por el cine.  En 1955, por ejemplo, fue testigo de primera mano en el proceso de producción cinematográfica al ser nombrado asesor histórico para la filmación de La Escondida (1955, Roberto Gavaldón), y se encargó de tomar fotos fijas durante el rodaje de esa película.  Casi una década después, el director Alberto Isaac confió en varios de sus amigos famosos para que aparecieran como actores en su película En este pueblo no hay ladrones (1964). En ella aparecen Alfonso Arau, Carlos Monsiváis, Arturo Ripstein, José Luis Cuevas, Luis Buñuel y Juan Rulfo, como extra y con una parte hablada muy pequeña. La cinta se basa en un texto de Gabriel García Márquez”
    La contribución más importante de Rulfo en el cine mexicano fue como escritor. Escribió guiones para el cortometraje El despojo de Antonio Reynoso (1960) y el mediometraje de Rubén Gámez La fórmula secreta (1964); ayudó con el guión de Paloma herida de Emilio Fernández (1962) y escribió El gallo de oro, una narración que Rulfo ideó para el cine la cual fue adaptada por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, (quien fue llamado pues recién llegado a México, recitaba partes de memoria de Pedro Páramo, según él cuenta). Fue dirigida por Roberto Gavaldón (1964).
    Algunos cineastas han intentado captar la esencia visual de los cuentos de Rulfo al adaptar esas obras a la pantalla grande.  La primera película apareció en 1955 cuando Alfredo B. Crevenna filmó Talpa, de la cual  Rulfo habló amargamente decepcionado.  El rincón de las vírgenes (1972) de Alberto Isaac y ¿No oyes ladrar los perros? (1974) de François Reichenbach, que se basaron en cuentos de El Llano en llamas sin lograr representar el mundo rulfiano.  La segunda es una adaptación lamentable.
    Otros cineastas han tenido más éxito con la ficción de Rulfo como  El director Mitl Valdez quien filmó en 1984 Tras el horizonte y en 1987 Los confines.  En la que combina los cuentos “Talpa” y “¡Diles que no me maten!” y un fragmento de Pedro Páramo. Su aceptable factura le permitió que fuese designada como una de las cien mejores películas mexicanas por la revista Somos. 
    Algunos directores que han ofrecido visiones creativas e interesantes de la ficción breve de Rulfo incluyen, entre otros, al venezolano Freddy Sisso (¡Diles que no me maten!, 1985) y a los mexicanos Roberto Rochín con los cortometrajes Un pedazo de noche (1995) y Paso del Norte, (2002) y Carolina Rivas con Zona cero (2003).
    Tres directores han hecho versiones fílmicas de Pedro Páramo.  El español Carlos Velo fue el primero, y su adaptación (Pedro Páramo) apareció en 1966.  Salieron después versiones de José Bolaños (Pedro Páramo: El hombre de La Media Luna, 1976) y de Salvador Sánchez (Pedro Páramo, 1981). Mateo Gil, cineasta español pretendió hacer una cuarta versión pero al parecer quedó inconclusa, en la que Gael García Bernal encarnaría a Pedro Páramo.
    ¿Por qué se desencantó Rulfo con el cine? Dylan Brennan, en el texto introductorio de la publicación del texto poético de La fórmula secreta, de Gámez, integrado a la publicación de El Gallo de oro en el 2009, dice: “Por mucho tiempo los cinefotógrafos habían dirigido sus lentes a la mítica belleza del campo mexicano sin ver realmente a sus habitantes de El llano en llamas…” , particularmente Gabriel Figueroa, que en El Gallo de oro se recrean en los cielos de Peña de Bernal, San Juan del Río, Zacatecas y Tlaquepaque, locaciones donde se filmó esta película.
    Con mayor o menor acierto, el encanto de sus cuentos y su novela seguirá enamorando a los cineastas que a pesar de las dificultades continuarán auguro, intentar recrear su peculiar visión de el mexicano y su tragedia, es mexicano, que vive en el campo y la ciudad, y permanecen invisibles a los ojos los poderosos desde hace más de 500 años.





jueves, 16 de marzo de 2017

LIBROS PÓSTUMOS DE JULIO CORTAZAR





Más de 20 años después de la muerte de Julio Cortázar han estado saliendo a la luz pública libros que recogen escritos suyos inéditos. Uno de ellos, publicados en el 2009 con el titulo de Papeles inesperados, son textos que dormían en un arcón, en su casa, bajo el resguardo de Aurora Bernárdez, su esposa, quien un día le reveló al biógrafo de Cortázar, Carlos Álvarez Garriga, que tenía esos documentos. Seguramente estaban allí porque Cortázar no les haya dado valor a esos escritos. Al leerlos, descubrimos otras luces importantes de este gran escritor.
            Asimismo ha salido a la luz en forma impresa la grabación en audio que recoge una cátedra  que impartió en la Universidad de Berkeley, en 1980. La grabación dura 13 horas, las cuáles se transcribieron íntegras y sin corregir la versión oral original. Y con ello se conformó un libro singular titulado Clases de literatura, publicado en el 2011.
            En estas clases, verdaderamente magistrales, Cortázar va exponiendo —ya como un escritor maduro— el corpus teórico que respalda su creación, un corpus evidentemente decantado por múltiples lecturas, diversas traducciones, muchísimos cuentos y críticas y varias novelas, entre las que destaca la monumental Rayuela.
            Algo que debo subrayar es que los transcriptores respetaron el discurso hablado de Cortázar lo que nos permite descubrir dos cosas importantes: la coherencia de Cortázar en sus discursos hablados, habilidad muy difícil de lograr, y la posibilidad de OIR su voz cuando uno está leyendo el libro. Quizá esto me sucede porque cuando estudiaba en la UNAM tuve la fortuna de escuchar en vivo a  Julio Cortázar. Alguien —nunca supe quién— lo llevó al auditorio Che Guevara a leer uno de sus últimos cuentos. Nunca he podido recordar cuál fue, pues embelesado como estaba viendo en persona a unos de mis escritores favoritos, sólo observaba como movía la boca al leer y el sonido de su voz. Me sorprendió muchísimo descubrir que era un hombre altísimo. Él medía casi dos metros pero yo en ese momento no lo sabía.
            Otro libro que recién ha salido a la luz es una colección de cuentos de diversos autores titulado Cuentos inolvidables según Julio Cortázar, que recoge nueve cuentos de autores como Ambrose Bierce, Jorge Luis Borges, Truman Capote, Leonora Carrington, Felisberto Hernández, Katherine Mansfield, Juan Carlos Onetti, Edgar Allan Poe y Leon Tolstoi. Esta selección es sumamente exquisita. El cuento que me llevó a adquirir el libro fue El puente sobre el rio del Búho. Como compré en esa misma ocasión Clases de literatura, me sorprendió que justamente uno de los cuentos que usaba como ejemplo del cuento fantástico era este de Ambrose Bierce, un cuento admirable y conmovedor.
            Lo que trae de nuevo de Cortázar este libro es un texto que surge de una conferencia que impartió en la Habana, Cuba, en 1962, titulada Algunos aspectos del cuento, del cual se desprende la lista de los cuentos incluidos en este volumen, pero en el que hay un definición del cuento, singular, admirable y esclarecedora para quien se dedica a su cultivo, como es mi caso.
            En Clases de literatura, casi 20 años después, también vuelve a definir al cuento. Lo interesante es que si bien usa metáforas diferentes, ambas son coincidentes: en Algunos aspectos del cuento compara al cuento con una fotografía y a la novela con una película y en Lecciones de literatura dice que el cuento es una esfera y la novela un poliedro. Y aunque sean metáforas diferentes ilustran la misma visión: que el cuento es una estructura cerrada pero que tiene la virtud de abrir posibilidades imaginativas en el lector justo en lo que No dice, en lo que alude, es decir, como él mismo afirma, sucede con una fotografía en la que hay una sombra de algo que no se ve porque está fuera de los límites de la foto, pero que desata la imaginación.
            Resumiendo. Estos tres libros confirman la enorme envergadura de Julio Cortázar como escritor, un escritor cuyo talento no le teme echar mano de las experiencias personales. Prácticamente todos sus libros surgen de una vivencia personal.
            Por ejemplo, en La señorita Cora cuenta su experiencia como niño enfermo. En La noche boca arriba, se basa en un accidente de motocicleta que tuvo en Francia. En El perseguidor su vivencia singular con el tiempo. Tal vez esto es lo que  hace que su escritura se sienta tan cercana, pues si bien su literatura es sumamente imaginativa, no por ello sea ajena a sus experiencias personales.

sábado, 18 de febrero de 2017

EL ARTE: ACEITE BALSÁMICO CONTRA EL DOLOR HUMANO

Un amigo me decía que para cantar tan profundamente y con ese sentimiento como lo hacen los negros norteamericanos, se requieren al menos un par de siglo de sufrimiento.
            El dolor no es algo deseable por nadie, pero muchas obras de arte alcanzan una altura sublime tras el crisol del dolor. Los campos de concentración nazi no sólo han dejado una estela de sangre y sufrimiento sino también de arte.
            El legado de los campos tenebrosos es inconmensurable. De ese crisol han salido obras como Sistema periódico del científico  italiano Primo Levi, un relato con una estructura en torno a diversos elementos de la tabla periódica, en el que bajo cada símbolo se da paso a un pasaje terrible en los campos de exterminio. O El hombre en busca de sentido, del psiquiatra Víctor Frankl,  en el que narra su experiencia en Auschwitz y la utiliza para crear un técnica de desarrollo personal que él denominó Reflexología la cual permite afrontar con entereza los momentos difíciles de la vida.
            El cine, para mencionar sólo unos pocos ejemplos, encontramos El pianista, de Roman Polanki, en el que va vertiendo pasajes enteramente autobiográficos en una trama de ficción en una Polonia invadida por los nazis. Y él, siendo un niño, ve el horror que va consumiendo una ciudad, una población, y a su propia familia. O La Decisión de Sofía, en la que una mujer se le da a escoger, en el umbral de uno de estos campos de muerte, a quién de sus dos hijos quiere que viva. Esta decisión la marcará para siempre y la convertirá en un alma en pena. La actuación de Meryl Streep, en el papel protagónico, reveló a una gran actriz.
            De menos estatura estética, El niño con el pijama de rayas, de David Heyman, narra la vida de un guardia de un campo de concentración en el que es un verdugo y, al mismo tiempo, un padre amoroso en su casa. Y un día sufre en carne propia su propia maldad: su hijo de unos 10 años, ignorante de qué es ese lugar donde todos andan en pijama de rayas, se hace amigo de un niño en cautiverio y de vez en vez entra para jugar con él, y un día el niño entra e intercambia sus ropas con su amigo, y es llevado a la cámara de gas. O La ladrona de libros, de Markus Zusak, que…
            Cuando era estudiante de preparatoria cayó en mis manos Los hornos de Hitler, de Olga Lengyel, en el que se me develó una realidad para mi insospechada, a pesar haber visto series como Combate. Desde entonces el tema me salta en libros de diversa índole.
            Todo esto venía a mi memoria cuando recién estaba leyendo el libro Liquidación, de Imre Kertész. El personaje principal, aunque no el protagónico, es un escritor que se ha suicidado y ha dejado una obra inédita, y quien tiene una vida turbulenta a raíz de su origen: es judío, aunque lo que determina su inestabilidad emocional es su pasado personal: nació en un campo de concentración, en cuyo lugar sus padres fueron liquidados, exterminados, y pasa su vida en orfanatos. Por qué le permitieron vivir, no lo sabe. Pero su existencia queda alterada y nunca encontrará la paz.
            ¿Cuánto más se escribirá sobre este tema? No lo sé, pero mientras las llagas sigan supurando, el arte, como un bálsamo, seguirá curando las viejas y dolorosas heridas infringidas en la persecución y exterminio judío y en los campos de concentración no hayan sanado.
            Sí, así seguirá, con esta y otras llagas emocionales, pues el arte es el aceite balsámico contra el dolor humano.

LUCES Y SOMBRAS