sábado, 15 de septiembre de 2018

ELSINORE: UN CUADERNO: Salvador Elizondo

Jeremías Ramírez Vasillas

Ha de ser escalofriante tener de vecino a Bela Lugosi, el vampiro más famoso de Hollywood. Los estudiantes de la Escuela Naval y Militar de Elsinore, ubicada a la vera del lago Elsinore, tienen justamente de vecino a este vampiro, y a su hijo como compañero de clase, en la novela Elsinore: un cuaderno, del escritor mexicano Salvador Elizondo (1932-2006), quien formó parte del destacado grupo de escritores de la segunda mitad del siglo XX conformado por Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, entre otros.
            La novela es catalogada como novelle en la contraportada de libro, pues se trata de un relato de apenas 82 páginas, pero debieron haber dicho novela breve, que es el término en español para las novelas de escasas páginas y no novelle.
            Sólo para puntualizar habrá que decir que su historia está prácticamente en la frontera entre el cuento y la novela, pues aborda sólo un personaje principal, prácticamente no tiene digresiones, salvo las elucubraciones y sueños del propio protagonista, sin embargo, es más que un cuento. En el cuento la narración tiende a concentrarse; mientras que en la novela tiene un carácter expansivo. Y esta novela, a pesar de su brevedad, se expande en las elucubraciones de los personajes, en los personajes secundarios, y en las historias incidentales.
            En esta novela es notorio el tinte autobiográfico del propio “Elizondo”, pues revisando su biografía vemos muchas coincidencias, quizá por ello el personaje principal se apellida “Elizondo”, y está narrada en primera persona.
            La historia está ubicada históricamente a finales de la Segunda Guerra Mundial, en los Estados Unidos, específicamente al sur de la ciudad de Los Ángeles. Y arranca la narración cuando su padre lleva a Elizondo a Estados Unidos para inscribirlo a una escuela militar. No nos dice el motivo, pero se intuye que tiene el objetivo de forjarle un carácter más duro, más disciplinado, aunque tan pronto entra a la escuela sucede lo contrario. Es allí donde se alienta su deseo de rebelión y disipación.
            La historia está narrada en forma cronológica e inicia con la llegada de Elizondo a Los Ángeles, donde hacen él y su padre una breve visita a una de sus tías, cuyo marido acaba de morir en la guerra. Allí se quedan una noche y al día siguiente se trasladan a la escuela, la cual está comandada por el coronel Hunter (cazador).
En esa escuela, Elizondo entabla amistad con un jardinero que ha perdido un dedo y con dos mexicanos (la pareja nos hace recordar, de alguna manera, a Viruta y Capulina, celebre pareja de cómicos televisivos de los años sesenta) y que trabajan para la escuela, pero viven en la periferia; y pese a la prohibición, son astutos en introducir alcohol para su consumo personal.
            También se hace amigo de uno de sus compañeros, Fred, con quien realiza las actividades exploratorias propias de los adolescentes, como su iniciación en el cigarro, el alcohol y las mujeres, aunque esto último sólo en el plano imaginario, pues el personaje principal está enamorado de su maestra de gimnasia, la Sra. Simpson, y a quien le ha pedido clases particulares para seguir contemplándola, pero sin atreverse a declararle sus emociones.
            Un día de Acción de Gracias su amigo Fred lo invita a cenar con su familia a Los Ángeles. La cena se realiza en la casa de un tío rico donde consiguen dos botellas de whisky, una que venderán a sus amigos mexicanos (ellos les hicieron ese encargo), y otra, más pequeña, para ellos. Tan pronto regresan se beben la botella pequeña lo que los lleva, cuando están ebrios, a romper con el reglamento de la escuela. Como tienen temor del castigo, deciden huir de la escuela, pero primero van a entregar su encargo a sus amigos mexicanos. Con el dinero que reciben buscan huir a los Ángeles, aunque para llegar a la estación del tren que los llevará a su destino, deben rodear el lago o atravesarlo.  Sin saber cómo lograr su objetivo, descubren una lancha y se suben. Una densa niebla los envuelve y pierden la orientación. Después de algún tiempo perdidos, logran llegar a la ribera deseada y toman el tren. En el trayecto, Elizondo se duerme y sueña que va a visitar a la Sra. Simpson y tiene un encuentro íntimo con ella, encuentro interrumpido por un visitante indeseado. Lo despierta de su paradisiaco sueño la llegada del tren a su destino. Bajan y sin saber qué hacer vagan por las calles de Los Ángeles, entran a tabernas con bailes eróticos patéticos, y terminan escondidos detrás de unas bancas, en un lugar enfangado. A la mañana van a ver a su tía, quien habla a la escuela y les exigen que regresan. Ellos creen que recibirán un castigo terrible, pero cuando llegan descubren que ha ocurrido una tragedia que los salva de la severidad del castigo. 
            La novela está narrada con un lenguaje muy preciso (aunque hay momento que se pierde el punto de vista del personaje, y se siente la visión de un adulto) y mezcla con acierto muchas frases en inglés, frases que con un conocimiento básico del idioma se entienden sin problema. El libro se lee con facilidad, a diferencia de otras novelas suyas más densas, como Farabeuf, crónica de un instante, su primera novela.
            La manera en qué inicia la novela parece como que la historia discurrirá por senderos fantásticos: “Estoy soñando que escribo este relato. Las imágenes se suceden y giran…”, pero pronto entra más bien al terreno del recuerdo con un tono sumamente realista. Hasta los sueños que tiene Elizondo son realistas.
            La novela se inserta en esa temática de iniciación adolescente en la cual hay grandes novelas en la narrativa mexicana como Las batallas en el desierto, El principio del placer, ambas de José Emilio Pacheco; Persona normal, de Benito Taibo, aunque Elsinore, un cuaderno tiene mayor cercanía con De perfil, de José Agustín.
            Esta novela fue publicada por el Fondo de Cultura Económica, dentro de la colección Letras mexicanas, en una bella edición de pasta dura y con un gran diseño de interiores, con una agradable tipografía, que hace más placentera la lectura.  Su precio es sumamente bajo: 30 pesos. Toda esta colección tiene este precio.
            Definitivamente Salvador Elizondo, que en su juventud fue elogiado por Juan Rulfo, es uno de los grandes escritores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. Hay que leerlo, definitivamente.


martes, 11 de septiembre de 2018

LA SOCIEDAD LITERARIA DE GUERNSEY Y EL PASTEL DE CÁSCARA DE PAPA


Jeremías Ramírez Vasillas

Y TODO POR CULPA DE LA LITERATURA. Esta podría ser la premisa de la película La sociedad literaria de Guernsey y el pastel de cáscara de papa, cuya historia está ubicada en Inglaterra, poco después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial, en la que la escritora Juliet Ashton recibe cartas de un lector llamado Dawsey Adams, quien vive en la isla de Guernsey, en las que le cuenta cómo se formó el grupo de lectura, al que pertenece, tras un incidente con una patrulla nazi. Motivada por la peculiar anécdota, Ashton desea conocer a sus integrantes y decide visitarlos.
Guernsey es una pequeña isla inglesa ubicada en el Canal de la Mancha frente a la costa de Normandía, Francia, la cual fue tomada por los alemanes, en la que construyeron fuertes de concreto para atacar a Inglaterra (aún están las fortalezas en la costa oeste de la isla), y durante ese periodo de ocupación los habitantes de la isla sufrieron el acoso y opresión de los invasores. Es en ese lapso en el que se sitúa ficticiamente el inicio la sociedad de lectura de cáscara de papa. Una noche Amelia Maugery, una mujer mayor, invita a sus vecinos a un festín con un cerdo que escondió de los nazis (quienes les habían requisado todos los hatos para alimentar a sus tropas). Cada uno de los invitados lleva algo para complementar el plato fuerte. Isola Pribby, quien fabrica licor clandestinamente, lleva algunas botellas. Eben Ramsey, un hombre mayor, encargado de la oficina de correos, ha cocinado un pastel de cáscara de papa (pues ya ni papas tienen). El festín se alarga y culmina de noche en la playa, ante un cielo magnífico cuajado de estrellas, violando con ello el toque de queda. Cuando regresan a casa, alegres y un tanto bebidos, los detiene una patrulla alemana. Y como no saben cómo justificar haber roto el toque de queda, inventan que forman parte de un grupo de lectura. Eben Ramsey viene bastante borracho y empieza a decir incoherencias, repitiendo la frase “cáscara de papá”. Como no pueden decir qué nombre tiene su club, Dawsey usa esa frase incoherente. Los de la patrulla buscan en una lista el nombre de dicho club y como no está registrado deciden detenerlos; pero en ese momento Eben vomita sobre las botas del alemán, y éste, asqueado, decide seguir la inspección del supuesto club al día siguiente. Al otro día formalizan el grupo de lectura recolectando libros de una biblioteca abandonada y en ruinas. En esa biblioteca, Dawsey, encuentra el libro de Juliet Ashton.
Cuando Ashton llega a la isla se encuentra con un grupo muy peculiar, integrado por personas mayores, de mediana edad y hasta niños, que continúan leyendo y descubriendo libros. A pesar de que le expresan su agradecimiento por la visita, ella siente que no están cómodos con su presencia y cuando les manifiesta que quiere publicar un artículo sobre su grupo de lectura, se alteran los ánimos. Ashton advierte que se callan algo que no quieren que se divulgue. Esto la deja en suspenso y, como buena escritora, se da a la tarea de investigar en la hemeroteca del periódico local e interrogándolos y poco a poco, como una fotografía en el líquido revelador, va emergiendo una historia dolorosa en la cual están involucrados. Es esta historia oculta, que es la parte medular de la película, hay un romance entre Elizabeth McKenna, una mujer muy cercana a ellos, y un nazi, y dicho romance deriva en una tragedia y en la cual queda como secuela una niña (hija del nazi y Elizabeth) que Dawsey adopta como hija suya, pues Elizabeth le deja la niña la noche en la que, al tatar de salvar a un niño que los nazis tienen como esclavo, es detenida y enviada a un campo de concentración.
Hasta aquí es lo más interesante de la película, pues la narración da un vuelco para convertirse en una sensiblera historia de amor. Yo creo que el director, o los productores, para hacerla atractiva y emotiva a un público mayoritario, envuelven el drama en una endulcorada historia de amor entre Ashton y Dawsey. De esta forma, la crudeza de la película se suaviza y pierde fuerza dramática. Es decir, se vuelve un simple drama amoroso con final feliz.
Quien gusta de esos dramas, donde el amor triunfa, pese a todo (hasta con un prefabricado final con suspenso), estarán muy complacidos; pero quienes buscan mayor profundidad dramática y humana, la película se queda corta.
El argumento de La sociedad literaria de Guernsey y el pastel de cáscara de papa, surgió de la novela homónima escrita por Mary Ann Shaffer (1934-2008), una escritora estadounidense cuya historia le surgió cuando, en un viaje a la isla de Guernsey, en 1976, se quedó varada en el aeropuerto de la isla a causa de la niebla. En ese lapso leyó el libro Jernsey under the jackboot, de Reginald Maughan, sobre la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Y tomó ese incidente para escribir la novela, pero falleció antes de terminarla y fue su sobrina, Annie, quien la concluyó. Este libro fue el único libro que escribió Mary Ann Shaffer.
La película fue dirigida por Mike Newell, escrita por Don Roos y Tom Bezucha y se filmó en 2017. Y usted puede verla en el portal de Netflix.


sábado, 1 de septiembre de 2018

LOS HIJOS: Gay Talese


Jeremías Ramírez Vasillas

Escribir la historia personal o familiar es difícil y más aún hundir las manos a fondo a través de la investigación y luego transcribir el resultado en un libro que conserva el equilibrio entre la cantidad enorme de datos (que pueden volverse intrascendentes para un lector ajeno a la familia) y evitar el fango de la sensiblería o endulcoramiento, bien por la nostalgia, bien para no ofender a quien vea que no ha sido retratado como cree que debiese.
            Gay Talese logra este equilibrio al escribir un extenso recuento de sus amplias raíces familiares que se remontan al sur de Italia, y a principios del siglo 19, y persigue los vericuetos personales de los predecesores en la búsqueda de un mejor futuro emigrando hacia otros países. De eso trata este voluminoso libro que tituló escuetamente como Unto the Sons, (Los hijos, como se tradujo el título en español).
            Gay Talese es un periodista que nació en Ocean City, Estados Unidos, en 1932, y cuya carrera como periodista ha sido fulgurante. Comparte con Tom Wolfe la paternidad de ese movimiento que surgió a mediados del siglo XX en Estados Unidos y que se denominó “Nuevo periodismo”, en cuyas filas destacó Truman Capote.
            El primer libro que leí de este escritor fue La mujer de tu prójimo, un extenso reportaje sobre la vida sexual de los norteamericanos. Me lo dejaron leer en una clase de periodismo de investigación. Me dejó deslumbrado. Era tan fascinante, como una gran novela, que lo leía a hurtadillas en mi trabajo. Pasaron muchos años para encontrar otro libro suyo: Honrarás a tu padre. Este otro voluminoso libro es sobre la mafia italiana en Estados Unidos, del que se dice, se basó la serie Los soprano. El relato me decepcionó. Quería ver un retrato a detalle de esos personajes que han llegado a nosotros en muchas películas, desde El padrino, Al Capone, Los intocables, Buenos muchachos, etc. Y lo que vi fueron mafiosos de poca monta, acosados y perseguidos a más no poder por la policía, persecución que se extendió incluso a los descendientes que ya no tuvieron relación directa con los negocios turbios de sus antecesores. Me hizo pensar que estos grandes capos, como Al Capone (de donde viene el nombre de “Capo”) es más un mito creado por el cine y la televisión.
            Recientemente, curioseando en el Aurrerá (en cuya tienda nunca había visto un libro a la venta), mi entrenado ojo para detectar libros descubrió, en un rinconcito, una pila pequeña de libros; varios eran de Alfaguara. De inmediato los revisé. La mayoría no me interesaron porque Alfaguara me ha regalado varias decepciones, pero vi un nombre que brilló en mi memoria: Gay Talese. El título del libro era Los hijos. Igual que los anteriores, es un libro voluminoso de más de 750 páginas. Le tuve temor, pero admiro el brillante trabajo de este periodista y lo compré. Costaba apenas 95 pesos.
            Lo empecé a leer sólo para ver cómo empezaba. Yo tenía varios libros en lista de espera, pero poco a poco este fue ganando. Era un libro sobre él y sobre su familia y las circunstancias históricas que les tocó vivir. Sabía muy poco sobre la vida y familia de este escritor. Mi interés creció al grado de desplazar mis otras lecturas. El libro, si bien, se lee con mucha facilidad, ciertos pasajes me dejaban insatisfecho, pues el relato iba tomando una tensión dramática que de pronto se diluía. Advertí entonces que leía periodismo, no ficción. 
Talese va contando de manera aparentemente aleatoria la historia de su familia, desde los primeros antecedentes un tanto nebulosos a principios del siglo XIX en el sur de Italia, particularmente en la región sureña donde su ubica el pueblo de origen de su familia:  Maida, la cual está en una zona muy cerca de la punta de la bota, y culmina con el establecimiento de su padre, como pequeño empresario en la confección de ropa, en Ocean City, y sus primeros años al lado de sus padres. La historia termina en 1944, casi a final de la Segunda Guerra Mundial, con un incidente que marca la relación que mantuvo con su padre: de admiración y rechazo.
            El libro es fascinante porque, a la par que va contando a detalle las vivencias de sus antepasados, dedica muchas páginas a pasajes históricos como la revolución y unificación de Italia por Giuseppe Garibaldi, la participación terrible y sangrienta de miles de italianos en la Primera Guerra Mundial, la aparición y encumbramiento de Benito Mussolini, y da cuenta de un fenómeno que hoy es tema de actualidad en Estados Unidos: la migración. Y descubrimos que este fenómeno es recurrente y casi permanente desde el descubrimiento de Estados Unidos por los ingleses. En este libro Talese nos narra a detalle la migración italiana, su explotación como mano de obra barata, el odio racista de los blancos, su arrinconamiento en zonas específicas, su manipulación por parte de los mismos italianos que los enganchaban para traerlos a América.
También hace una semblanza de las costumbres de los italianos de principios de siglo, las formas en que casaban a las hijas y la migración dejando a mujeres solas que las denominaban como “viudas blancas”.
Talese narra con enorme habilidad la aventura de muchos de estos italianos que emigraban, algunos aún adolescentes, y se lanzan a la ventura como polizones, en barcos, o bien usando la ayuda de quienes ya se habían ido o bien de conciudadanos italianos en Estados Unidos que se dedicaban a reclutar trabajadores para la naciente industria norteamericana. A esos hombres se les conocía como Padronnes, es decir, enganchadores o coyotes, pero quienes además no sólo los ayudaban a cruzar el océano sino a ser contratados o bien a ayudarles a conseguir casa, etc. Hombres que, si bien ayudaron a sus paisanos, se aprovecharon de ellos cobrando caro sus servicios y con ello amasando cuantiosas fortunas. Ahora entiendo que don Corleone, el Padrino, era en realidad una especie de Padronne, pero dentro de la mafia dedicada al tráfico del licor.
            Hay dos historias a las que les dedica mayor atención y extensión: la del primo de su padre, Antonio Cristiani, que siendo muy joven se escapa hacia París, donde quiere estudiar sastrería, y cuyo ímpetu lo lleva a ser un destacado sastre en París, pero también narra sus vicisitudes como soldado italiano contra Prusia y Alemania, luchando bien del lado italiano o del lado francés.
            La segunda historia es la de su padre, Joseph Talese, aunque para ello cuente como antecedente la historia de su abuelo, Giuseppe Talese, quien fue el primero de los Talese que emigró a Estados Unidos, y sus aventuras como escultor de mármol en Ambler, Pensilvania.
            La historia de su padre es la más sensible, la más emotiva, quizá la más arriesgada porque primero emigra a París al lado de su primo Antonio y de ahí a Estados Unidos, país que era realmente su objetivo, y llega a Ambler, con sus tíos. Un problema espinoso con sus familiares lo obliga a huir a Atlantic City, y de ahí se lanza a Ocean City, en busca de un lugar tranquilo. Allí llega sin conocer a alguien, sin más recursos que un puñado de dólares, sin otras herramientas que sus instrumentos de sastre (tijeras, agujas, hilos…) y sin más ayuda que su propio empuje y valentía. Ahí se convierte en un esforzado pequeño empresario del vestir, de modo que al poco tiempo logra comprar una lavandería, cuando apenas tiene unos 22 años.
            Su osadía e inteligencia lo hace progresar en esta zona ribereña y le provee una plataforma a su hijo: Gay Talese, que con el mismo talante que su padre, logra destacarse como periodista, desde su modesto puesto en el New York Times como “el chico de las fotocopias” (esta parte de su historia no aparece en este libro).
            Si bien, como dice en una entrevista el propio Talese, sus personajes no son más que seres comunes y corrientes, puede con ellos construir una historia de Italia, de Europa y de los italianos en Estados Unidos, de una forma tan entrañable que al final uno termina el libro con un sentimiento de gratitud. Subraya que es hasta la segunda o tercera generación de estos insignificantes migrantes que van apareciendo en Estados Unidos hijos destacados, tales como el director de cine Francis Ford Coppola, el empresario y presidente de la Chrysler, Lee Iacocca, el beisbolista Joe DiMaggio, el boxeador Rocky Marciano, el alcalde de New York Fiorello H. La Guardia, o el cantante Frank Sinatra.
            El libro lo sentí tan cercano pues uno de mis primeros trabajos fue como ayudante de sastre y conocí el olor de las telas, del casimir, de los hilos, de las tiendas de telas, donde sentí los duros piquetazo de las agujas al coser las entretelas de los trajes.
            El libro además es una gran enseñanza al emprendedurismo, hoy tan en boga en las universidades, sin enseñar bien a bien qué se necesita para realizar tal hazaña. Para ser un verdadero emprendedor se requiere un arrojo casi suicida, como estos italianos de principios de siglo XX en Estados Unidos.
            Además, nos enseña que Estados Unidos es un país de migrantes y que, cuando le conviene, alienta dicha migración y cierra las puertas cuando se le empieza a salir de control. La persecución y expulsión de migrantes mexicanos y centroamericanos, que hoy vemos en las fronteras y en varias ciudades norteamericanas, es el mismo fenómeno que vivieron los italianos de los años veinte.
            Los hijos, un libro gozoso, entrañable, que se convierte en un fresco de la micro historia moderna de los Estados Unidos e Italia.


EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...