sábado, 27 de noviembre de 2021

EL ESBIRRO



Jeremías Ramírez

Las narraciones testimoniales de Richard Wurmbrand, Haralan Popov, Watchman Nee y del Hermano Yun —quienes fueron perseguidos y torturados por su fe—, nos relatan la persecución de los cristianos en los países comunistas desde la óptica de quienes la han padecido, pero es completamente extraño encontrar una narración desde el punto de vista de los perseguidores.

El esbirro es justamente ese punto de vista. El libro fue escrito por Serguei Kourdakov, un joven militar soviético, quien, como miembro destacado de la policía especial, estuvo al frente de grupos paramilitares dedicados a perseguir a los cristianos en los años setenta, cuando el comunismo ruso aún estaba vigente e internacionalmente mantenía una guerra fría contra Estados Unidos. 

Es justo decir que Kourdakov escribió el libro no cuando estaba en el servicio activo, sino después de que desertó de la Unión Soviética y se había unido a un grupo de cristianos que apoyaban desde el exterior a los perseguidos.

Su relato inicia cuando una noche fría, Kourdakov, escapa del barco militar en el que estaba enrolado como marino. El barco navegaba en el Atlántico cerca de la costa canadiense. Kourdakov decide huir de la URSS porque ya no está de acuerdo con el régimen. Al menos eso trata de sostener.

La huida es narrada en un largo texto con sumo detalle y con buen pulso dramático, tenso, emocionante, difícil, donde Kourdakov lucha denodadamente contra el agua helada, pues sabe que si no sale rápido morirá en es mar embravecido en el cual a ratos se siente perdido y sus posibilidades de sobrevivir son mínimas, a pesar de que había preparado bien su fuga. El tiempo corre y el frio amenaza con matarlo de hipotermia si no logra llegar, en el poco tiempo que le queda, a la costa canadiense. 

Cuando leemos su dramática fuga nos preguntamos: ¿Por qué huye? La pregunta no es respondida de inmediato, pues para contarnos cómo llega a tierra, hace una pausa de muchas páginas para contarnos su vida desde que era niño justo un poco antes de que sus padres han muerto.

Tan pronto queda huérfano es recogido por una familia de intelectuales, amigos de sus padres, que lo tratan bien y le dan todo lo necesario. Pero el niño lo que quiere es regresar con sus padres: no sabe que han muerto. 

Si bien este matrimonio lo recibe bien; el hijo de ellos no, pues intenta matar a Serguei. Para evitarlo huye, pero en poco tiempo es capturado y enviado a una escuela-orfanato, porque se niega a regresar con los que buscan ser sus padres adoptivos. 

A pesar de que no está desamparado en esa escuela, no le gusta la rígida disciplina y huye de nuevo, pero otra vez es recapturado y va pasando de un orfanato-escuela a otro a medida que va creciendo. Pronto se da cuenta que no tiene más opciones sino la de permanecer y destacar en estos lugares para obtener ciertos privilegios. 

Cuando termina su formación básica desea desarrollarse como militar pues advierte que es en la milicia donde tendrá un mejor futuro, particularmente si desea hacer carrera en la milicia naval, a la cual aspira.

A pesar de las dificultades en la escuela militar por su extrema disciplina su destacado desempeño como estudiante y su participación sobresaliente en las células juveniles del partido comunista, le permiten lograr sus metas. Los reconocimientos y los privilegios poco a poco van llegando, aunque advierte que las proclamas de las bondades del comunismo no se cumplen en la sociedad, lo cual le genera sentimientos encontrados. También advierte que, a pesar de la proclamación de la libertad religiosa, ésta no existe, pues los cristianos son perseguidos, encarcelados, torturados y muchas veces, asesinados. A pesar de ello, los grupos cristianos van en aumento, paradójicamente.

Su brillante liderazgo como joven comunista y su buen desempeño estudiantil pronto llama la atención de la policía de la ciudad en donde estudia, Kamtchaka, y es reclutado para formar un grupo especial cuya tarea es desarticular, perseguir, golpear y arrestar a los cristianos. 

A estas alturas del relato aun no encontramos respuesta a nuestra interrogante inicial: ¿por qué huyó?

Al parecer su cambio de opinión respecto a los cristianos se genera al conocer a Natacha, una joven inteligente, hermosa y temeraria, que es reconocida en su trabajo como una empleada, pero es también es una cristiana valerosa que no le teme ser golpeada ni arrestada. En varias de las incursiones de Serguei la encuentra siempre firme. Esta actitud lo lleva a cuestionarse si lo que le han enseñado en sus clases de comunismo es verdad o es verdad en lo que creen los cristianos, pues esta mujer arriesga el trabajo, los estudios, la comodidad, la familia y hasta la vida.  

Esta lucha interna es la que lo lleva a cuestionarse sus ideas contra el cristianismo y decide ya no formar parte de la policía, y enrolarse como marino, pues sus estudios han concluido. 

A pesar de estar fuera de la policía y de que su trabajo de perseguir a los cristianos ha terminado, el recuerdo de Natacha lo persigue hasta impulsarlo a huir de la URSS. Por cierto, no es tan convincente ni creíble que sea sólo este recuerdo el que lo lleve a arriesgar su privilegiada posición en la milicia y en la sociedad soviética para exiliarse en un país capitalista.

Sin embargo, ahí va, nadando, nadando. De pronto, descubre unas luces que rompen la densa oscuridad, pero cuando se acerca advierte que ha nadado en redondo y ha regresado al barco. Ya no le quedan muchas posibilidades de alcanzar la costa, pero sabe que si regresa al barco le espera un infierno, así que vuelve a emprender su camino hacia Canadá. Prefiere morir antes que regresar. Cuando está a punto de fallecer logra alcanzar una isleta rocosa de donde es rescatado por unos pescadores.

Una vez en tierra es llevado al hospital en donde permanece detenido en espera de que le definan su situación jurídica. Tras un largo periodo de convalecencia, se restablece, pero su condición legal no se define y corre el riesgo de ser deportado a la URSS. Sabe que si eso sucede no le espera una bienvenida. Finalmente, la balanza se inclina a su favor y le conceden la ciudadanía canadiense, gracias a la intervención de un grupo de cristianos que abogan a su favor y lo acogen.

Una vez libre se une a una iglesia en la que finalmente acepta a Cristo como su Señor y salvador, y empieza su labor de divulgar la situación de los cristianos en la URSS y la necesidad de apoyo, tanto presionando políticamente como apoyando financieramente a los cristianos soviéticos para llevarles Biblias y ayudarlos en sus penurias económicas, pues como perseguidos políticos han perdido sus derechos como ciudadanos, y muchos han sido sentenciados a largas condenas o han sido enviados a Siberia.

A pesar de que es ciudadano canadiense sigue siendo objeto de persecución por la KGB que no deja de acosarlo y amenazarlo, particularmente cuando descubren que está escribiendo un libro en cual expondrá públicamente las entrañas del comunismo y la persecución religiosa.

Sin embargo, el libro llega a buen fin y se publica, pero su autor, —así lo señalan varias páginas de internet— muere de manera misteriosa. Algunos creen que se suicidó, pero la mayoría asegura que murió tras un ataque de la KGB y trató de encubrirlo como si hubiese sido un suicidio. 

José de Segovia nos dice en su artículo “Kurdakov: ¿Realidad o Ficción?”, publicado en la revista Entrelíneas  que Serguei  “Tenía apenas veinte años”, cuando “su cuerpo apareció el día primero del año nuevo de 1973, en la habitación de un motel de California, muerto de un disparo a la cabeza”. ¿Era un accidente, o un suicidio? Según la organización Evangelismo Subterráneo: “…fue víctima de un asesinato por otro miembro de la KGB, para silenciarle” .

Suicidio o asesinato, no lo sabemos, pero Serguei murió muy joven tras la publicación del libro. Esta denuncia, aseguran, era un pecado imperdonable para las autoridades soviéticas.

También existen dudas de que su relato sea verdadero, pues algunos investigadores no han podido corroborar los lugares ni las personas mencionadas. Para ellos hay sospechas de que la información sea ficticia.

Yo no sé si son ciertas estas sospechas, pero una cosa me queda clara: lo que este libro nos relata de como fueron perseguidos los cristianos en la URSS coincide con los testimonios de cristianos de China, Bulgaria, Rumanía, Polonia o Checoslovaquia. Creer en Cristo, en esos años en esos países era un asunto de vida o muerte, tan similar a lo que sufren los cristianos en los países musulmanes hoy en día, o en algunos países comunistas aún con ese sistema.

Como el libro fue publicado en 1975 por la editorial Logoi, una editorial ya desaparecida, es difícil de conseguir ejemplares en papel, aunque en Kindle lo he visto disponible en el portal de Amazon; y de segunda mano, hay quien lo ofrece en Mercado libre. 




sábado, 20 de noviembre de 2021

MAGALLANES: LA AVENTURA MÁS AUDAZ DE LA HUMANIDAD


Jeremías Ramírez

Dice Stefan Zweig al final de este libro: “El destino había elegido a este hombre oscuro, taciturno, encastillado en sí mismo, entre la multitud de millones de hombres, para que realice la hazaña por la que estaba dispuesto, inflexiblemente, a sacrificar todo cuanto poseía en este mundo, y quien, además, estaba puesto para dar su vida por su idea”.

Aquí Zweig sintetiza los factores clave de la personalidad de hierro de Fernando de Magallanes que le hicieron capaz —como dice el subtítulo de este libro— de realizar “la aventura más audaz de la humanidad”.

Pero esta hazaña, desafortunadamente, al paso de los años, se fue desdibujando de la memoria colectiva. Afortunadamente, para los curiosos como yo, hay libros como éste que nos narra de manera magistral la vívida, apasionante y dramática aventura para que la vivamos y revivamos con intensidad, y entendamos su dimensión y trascendencia y emulemos su tesón en nuestras luchas cotidianas.

Ahora bien, no hay actos humanos al margen de un contexto histórico, político y social; contexto que determina en muchos sentidos la estatura de la hazaña.

Y el contexto de la aventura de Magallanes estuvo determinado por el comercio altamente lucrativo y codiciado de las especies, las cuales se cultivaban en las ignotas islas de Malasia, a miles de kilómetros de Europa. 

Ahora bien, las especias se habían estado importando desde Oriente a Europa durante varios siglos y los europeos habían desarrollado un gusto especial por ellas y estaban dispuestos a pagar su alto costo.  

Parte del atractivo de estas sustancias residía en el sabor que daban a los platos. La cocina europea sin las especias era sumamente insípida, pero además su rareza, exotismo la había convertido en símbolo de estatus de los más ricos, ya fuesen reyes, condes, duques o príncipes de la iglesia. 

Las especias, cabe señalar, no sólo se utilizaban para dar sabor a las salsas sino también a los vinos; incluso se cristalizaban y se comían solas como dulces. Entre las más valiosas estaban la pimienta, el jengibre, el clavo, la nuez moscada, la canela, el azafrán, el anís, la cúrcuma y el comino. 

El costo elevado radicaba principalmente en dos factores: el largo y penoso traslado desde el oriente, en cuyo trayecto estaba plagado de peligros, y el pago de las aduanas. 

El negocio era tan lucrativo que los europeos anhelaban participar de él, pero el control estaba bajo el poder de los árabes y estos no estaban dispuestos a permitir que alguien les hiciera competencia. 

Para romper esta barrera los reyes y los comerciantes europeos inventaron las Cruzadas bajo el señuelo de la liberación de Tierra Santa. Estas se dieron en un lapso de más de trescientos años, de 1095 a 1291. Sin embargo, pese a la violenta y reiterada embestida en las que Europa ganó algunas batallas, el saldo final fue un fracaso. 

Imposibilitados a ir por tierra los europeos empezaron a buscar una ruta por mar hacia las indias orientales. La tarea no nada fue simple: había obstáculos muy difíciles de vencer, particularmente el desconocimiento geográfico, el miedo a lo desconocido, los prejuicios atávicos, la ignorancia y los errores de los sabios del pasado como Aristóteles, quienes afirmaban que la tierra era plana y que a la altura de Ecuador la temperatura deshacía cualquier navío, además del limitadísimo desarrollo de las ciencias marítimas. 

Por ello, durante 200 años los europeos se dieron a la tarea de desarrollar la tecnología en la construcción de naves de mayor envergadura, el desarrollo de instrumentos de navegación, como la brújula y el astrolabio, y la menos importante ciencia de la cartografía en las que se distinguieron sabios como el alemán Martin Waldseemüller.

También fue muy importante la participación política y financiera de algunos reyes, como el portugués Enrique, el Navegante (1394-1460) —quien por cierto nunca navegó, aunque si financió a muchos marinos temerarios—, que impulsaron a los marinos más osados y cuando lograron encontrar una ruta a las especias rodeando el continente africano Portugal se convirtió, de un insignificante país, a una potencia mundial.

Magallanes participó en varios viajes hacia las Indias y peleó en varias batallas, al grado que cuando cumplió 35 años era un marino experto y un soldado experimentado, aunque nunca había desempeñado un cargo directivo. Pero su experiencia le daba la certeza de sentirse capaz de dirigir una expedición. No sabemos desde cuándo empezó encubar la idea de encontrar una nueva ruta hacia las Molucas buscando un paso a través del continente americano. Y con esa idea se presenta ante el rey, quien no sólo lo rechaza sino además lo humilla.

Truncado su anhelo Magallanes, como el agua de un río, busca su cauce y se une al cosmógrafo Rui Faleiro quien tenía informes de un paso para cruzar el continente americano y juntos afinan un plan. Y una vez que lo terminan, acuden a la corte española para presentarle el proyecto al rey Carlos I. En principio también es rechazado, pero de pronto recibe apoyo de Juan de Aranda, de la Casa de Contratación sevillana, quien se convierte en un importante aliado para abrir la posibilidad de llegar a las Molucas por occidente, sin atravesar mares reservados a los portugueses por el Tratado de Tordesillas y, además de eso, según Faleiro, probar que las «islas de la especiería» se encontraban en el hemisferio castellano. Con la influencia de Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, la maquinaria que impulsará su gran aventura empieza a funcionar.

Con magistralidad, Zwieg narra los largos preparativos y los conflictos que Magallanes tuvo que enfrentar desde tierra, tales como presiones de personeros del rey de Portugal o los saboteos de españoles envidiosos que no aceptaban que un portugués desconocido recibiera un apoyo extraordinario para una de las aventuras más costosas de todos los tiempos. 

A pesar de ello logra vencerlos y el 10 de agosto de 1519 zarpan las cinco naves con que cuenta su expedición, cargadas a tope de víveres e instrumentos. Magallanes, con mano férrea, dirige su flotilla y llega a Brasil y bordeando el continente navega hacia el sur. Cuando llega al Mar de Plata, cree que este es el paso que le permitirá atravesar el continente, pero después de varios días de navegación advierte su error y tiene que regresar. A medida que avanza hacia el sur el clima se vuelve adverso pues el invierno lo acecha y tiene que detener el avance. Decide aguardar en el inhóspito puerto de San Julián a que pase el invierno, pero en ese lugar los capitanes de las otras cuatro naves traman un motín para apoderarse de la expedición y eliminar a Magallanes. Los conspiradores eran: Juan de Cartagena, veedor; Luis de Mendoza, tesorero; Antonio de Coca, contador; Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción. Durante la noche los amotinados se apoderan de tres naves y todo parece que Magallanes ha perdido la batalla, pero un golpe maestro logra someter a los amotinados. Fracasado el complot, Magallanes condena a muerte a Gaspar de Quesada, y manda descuartizar su cadáver junto al de Luis de Mendoza, que había muerto durante la revuelta. Y Juan de Cartagena, como castigo, es abandonado en tierra el 21 de agosto de 1520, junto con el clérigo Sánchez de Reina. Durante el reinició del viaje una de las naves se accidenta. ¿Un augurio de lo que pronto vendrá?

Siguen avanzando, pero la esperanza de encontrar el paso al Pacifico se va diluyendo y sus marinos le piden que regresen a España. Sin embargo, Magallanes no retrocede y finalmente encuentra ese paso que hoy se llama “Estrecho de Magallanes”. En este estrecho pierde su segundo barco, pues el San Antonio huye de regreso a España.

Con tres naves continúa la ruta hacia las islas Molucas, cruzando el Pacífico, sin saber que la distancia faltante es mucho más grande que haber cruzado en océano Atlántico. Este es el viaje más terrible que tripulación alguna haya enfrentado antes. Prácticamente sin alimentos —pues el San Antonio llevaba la mayor cantidad de víveres— y con un mar en calma que bien parecía que navegaban en un desierto, hace la travesía más difícil. Ese mar se extiende y parece no tener fin. Los víveres pronto se acaban y el hambre, la sed y el escorbuto empiezan a diezmar a la tripulación. Finalmente, tras 3 meses y 20 días, llegan a las islas de Cebú donde tras una breve resistencia, los nativos los aceptan. Magallanes había logrado con su voluntad de hierro realizar la tarea más difícil que hombre alguno haya hecho. Sin embargo, en la cúspide de su triunfo, al enfrentar a un reyecillo de una de las islas para darle una lección de poderío y autoridad, cae abatido y muere.

El final del viaje es desastroso. Tras la muerte de Magallanes, los miembros de la expedición deciden quemar la Concepción que ya estaba en ruinas, distribuyéndose el cargamento en las dos naves que quedaban. Y para dirigir el regreso es elegido como jefe de la expedición y capitán de la nao Trinidad, a Gonzalo Gómez de Espinosa, y al frente de la Victoria a Juan Sebastián Elcano. Tras arribar a las islas Molucas, objeto del viaje, y cargar con las especias, emprenden el regreso a España por la ruta africana.

La Trinidad navegaba mal y hubo que quedarse en el puerto de Tidore para ser reparada. Elcano toma el mando de la expedición eligiendo navegar hacia el oeste, bordeando África, por rutas conocidas, pero teniendo que esquivar los puertos y flotas portuguesas. Finalmente, el Victoria llega a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 concluyendo la expedición tras casi tres años de travesía. De los 234 hombres que partieron solo regresan 18. 

Juan Sebastián Elcano recibe los honores y trata de llevarse todo el mérito de Magallanes. Afortunadamente el cronista italiano, Antonio Pigafetta (1480-1534), quien sobrevivió al viaje y quien registro los pormenores del viaje en un diario, se dio a la tarea de divulgar la hazaña y dar honor a quien honor merece. Es gracias a este hombre que podemos saber con detalle los pormenores del viaje y de quien Stefan Zweig toma muchos datos para este libro. 

Desafortunadamente, al parecer, el diario original de Antonio Pigafetta fue destruido para robarle la corona a Magallanes, pero Pigafetta escribió una segunda versión más reducida, y que ahora, que se han alcanzado los 500 años de esta hazaña, han puesto en circulación de manera gratuita en esta página: http://civiliter.es/wp-content/uploads/Antonio-Pigafetta-Primer-viaje-alrededor-del-Globo.fCiviliter.2pdf.pdf

Esperemos que pronto se inicien las celebraciones de la hazaña de Magallanes porque seguramente se liberará mucha información al respecto. Por lo pronto, usted puede bien consiguiendo el libro que acabo de reseña o este de Antonio de Pigafetta. 


sábado, 13 de noviembre de 2021

GRANDES BIOGRAFÍAS: PITÁGORAS


Jeremías Ramírez


Muchos hemos oído sobre Pitágoras, pero pocos saben realmente quién fue y cuál es su influencia en la cultura y el pensamiento actual. 

Quizá la primera vez que escuchamos su nombre fue en la escuela en alguna clase de matemáticas cuando nos enseñaron su famoso teorema (En todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos). 

Quienes estudian música además descubren que este sabio griego no sólo fue un matemático notable, sino que además fue el diseñador de la escala musical (Do, re, mi, fa, sol, la, si, aunque él no les puso nombre a las notas) que todo músico utiliza actualmente. 

Y quienes estudian historia o filosofía descubren que desarrolló una escuela cuyas ideas abarcan un amplio espectro de la actividad humana en diversos ámbitos, tanto políticos como sociales o de pensamiento. 

Pitágoras nació en la isla de Samos (actual Grecia) alrededor del año 582 a.C. y murió en Metaponto, (actual Italia), alrededor del año 500 a.C.). Es considerado el primer matemático puro, pues contribuyó en el avance de la matemática, la geometría y la aritmética, derivadas particularmente de las relaciones numéricas, y aplicadas a la teoría de pesos y medidas, a la teoría de la música o a la astronomía. 

Respecto a la música, sus conceptos fueron los pilares fundamentales en la armonización griega y su escuela fue una sociedad, que, si bien era predominantemente religiosa, se interesaba también en medicina, cosmología, filosofía, ética y política, entre otras disciplinas. 

El pitagorismo formuló principios que influyeron tanto en Platón como en Aristóteles y, de manera más general, en el posterior desarrollo de la matemática y en la filosofía racional en Occidente. De los posibles tratados que escribió no se logró conservar alguno de ellos. Todo lo que sabemos de él nos ha llegado a través de sus alumnos o sus biógrafos (como Jámblico ), y seguidores distantes como Platón y Aristóteles, pues no se lograron conservar ningún escrito original de Pitágoras.

Durante años quise saber más sobre él; por ello, cuando descubrí en un centro comercial su biografía la compré. Empecé a leerlo con mucho entusiasmo, pero pronto advertí que la autora, Patricia Caniff, no profundizaba, y que había cierta incertidumbre y titubeo. Decepcionado abandoné la lectura casi a la mitad. La reanudé mucho tiempo después, aunque empecé de nuevo desde el inicio. Y cuando llegué al punto donde me quedé la vez anterior me di cuenta por qué: yo esperaba que me revelará cómo había descubierto sus grandes teorías matemáticas o como fue que se interesó en la música. 

A pesar de ello, tiene la virtud de darnos una visión panorámica de la vida de Pitágoras. Arranca desde su nacimiento en el seno de una familia pudiente que le prodiga una buena educación inicial. Sin embargo, una vez que las enseñanzas en su isla natal ya no le fueron suficientes, con el apoyo monetario y de relaciones públicas de su padre, se puso en contacto con Tales de Mileto, su primer gran maestro, y con Anaximandro, su segundo maestro y alumno aventajado de Tales. Ellos le dijeron, luego de enseñarle lo que sabían, que si quería aprender más tendría que ir a Egipto y buscar la manera de ser aceptado por los sacerdotes cuyas escuelas estaban en los sótanos de las pirámides, aunque no tan fácilmente le daban acceso a los interesados.

Partió hacia Egipto y primero acudió con el faraón, Amasis, pero este le dijo que no temía ningún poder con los sacerdotes. Para lograr el ingreso utilizó algunas cartas, pero la llave de acceso fue su interés y elevados conocimientos y un extraño defecto personal: un muslo de oro, es decir, una coloración dorada en una de sus piernas, y que él ocultaba celosamente. Ese defecto sorprendió a los sacerdotes y le permitieron el acceso. Con ellos pasó 20 años hasta que Cambiases, hijo de Ciro, rey persa, invadió Egipto y Pitágoras fue llevado a Persia en calidad de prisionero de guerra, pero allí descubrió la excelsitud de los conocimientos de los Persas. Estuvo estudiando con ellos quince años. 

En esos 35 años aprendió los conocimientos de ambos pueblos y desarrolló sus ideas al grado máximo, de modo que cuando regresó a Samos, con más de 50 años, no sólo traía un enorme cúmulo de conocimientos sino además el aura de “divino”, pues además tenía dotes de profeta. 

Una vez establecido en Samos inició su actividad docente inaugurando en unas cuevas (las cuevas de las musas) su primera escuela, que va ganando poco a poco popularidad. Su objetivo era crear una ciudad ideal.

Dice el libro que su estricta dieta vegetariana lo llevó a tener una salud envidiable y una apariencia juvenil de modo que aparentaba una edad de 30 años cuando ya estaba rondado los sesenta.

La ambición de construir una ciudad ideal en Samos se vio truncada porque los poderosos de ese lugar, al ver su progreso e influencia cada vez más extendida, empezaron a obstaculizar su labor. Decidió buscar una nueva sede. Primero llegó a Sibaris, pero fue rechazado, y finalmente se asentó en Crotona, donde desarrolló sus ideas, su filosofía y consolidó una poderosa escuela de hombres sabios. Fue en esta ciudad donde desarrolló toda su capacidad docente y filosófica, creando una generación de alumnos sobresalientes, cuya capacidad intelectual y moral tuvo dos senderos: la excelsitud del conocimiento y la ostentación del poder. 

A pesar de todas sus virtudes y de haber conquistado el pueblo de Crotona, cuando vieron como acrecentaba su poder, fue criticado y atacado, sobre todo después de que sus alumnos empezaron a asumir puestos políticos. 

Pronto se vio envuelto en conflictos que lo obligaron a huir, y murió en las calles en Metaponto. Sobre su muerte hay dos versiones: La primera apunta a que, viendo el ataque que había sufrido él y su comunidad, Pitágoras provocó su muerte deteniendo sus funciones vitales. La segunda versión nos dice que fue asesinado por Cilón, un habitante de la ciudad de

Crotona quien había solicitado unirse a la Sociedad Pitagórica. Sin embargo, al ver que había sido rechazado por no cumplir con los requerimientos que los Matematikoi exigían, a pesar de ser un hombre muy rico, juró perseguir a Pitágoras ya sus seguidores en donde sea que fueran vistos. 

Como esta biografía se queda corta, y nos deja muchos vacíos e interrogantes, nos quedamos con el deseo de saber más. Afortunadamente existen varias biografías, como la de Pedro Miguel González Urbaneja, Pitágoras, el filósofo del número, ed. Nivola (Colección “La matemática en sus personajes”, n. 9), 2001., pero a mí me llama más la atención la novela histórica de Marcos Chicot, El asesinato de Pitágoras, Duomo editorial, 2013.


sábado, 6 de noviembre de 2021

EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS: Julios Verne

Jeremías Ramírez


Reviso en internet la zona de los Cárpatos y descubro montañas agradables y una campiña hermosa e interesante, lo cual me dificulta entender de dónde surgió la imagen terrorífica de que esa zona es vampírica, que se ha impuesto a esta parte de Rumanía a través del cine y la literatura.

Un libro tiene la culpa: Drácula de Bram Stocker. Yo creía que de aquí había arrancado esa imagen, a pesar de que Stocker, dicen, se inspiró en la sangrienta contribución del conde Vlad III, o Vlad "El Empalador", para crear al vampiro más famoso de todos los tiempos.

Ahora encuentro en esta novela de Verne que esa idea de que en esa zona hay vampiros (y otros entes terroríficos) viene desde hace muchos años. Dice Verne: “Así suceden las cosas en algunos parajes supersticiosos de Europa, y Transilvania puede ocupar el primer lugar entre ellos… ¿cómo hubiera podido romper este pueblo de Werst (pueblito ubicado en esta zona e inventado por Verne) con las creencias en lo sobrenatural? ... Afirmaban que los hombres lobo recorren la campiña, que los vampiros beben sangre humana…”.

Ah, sorpresa, la idea de los vampiros transilvánicos ya existía mucho antes de que Bram Stocker creara al conde Drácula. Es más, encontramos que el folclore eslavo (especialmente polaco) había inventado a un tipo de vampiro llamado “estrige” y que se le describe como una mujer que ha sido deformada por una maldición”.

El famoso castillo de la novela —una invención de Julio Verne, para crear un ambiente terrorífico que le permitiera contar una historia de horror— es el personaje principal, pues desde el inicio se impone como un ente capaz de aterrorizar a un pueblo, sobre todo cuando da signos de vida al momento que de una de las torres se eleva una sutil columna de humo. Pero, además, por las noches aparece de pronto un resplandor y se oyen aullidos como el de los “estigres”, que se llaman así porque “lanzan gritos de lechuza”, afirma Verne . 

La narración abre con un personaje singular: el pastor Frik, que cuida los rebaños del juez Koltz, quien gobierna el pueblo. Este rústico hombre de unos sesenta años avizora la columna de humo con el telescopio que un judío trashumante le acaba de vender y lo compra para revendérselo a su amo y obtener así una pequeña ganancia. 

Y Frik acierta pues cuando le muestra el catalejo a su amo para que advierta la columna de humo, este queda encantado con el catalejo, pero al mismo tiempo, queda intrigado por el humo. Pronto se arma un revuelo en el pueblo pues no aciertan a saber si el castillo ha sido ocupado por seres humanos o fantasmales. El enigma necesita ser resuelto, pero ¿quién de ellos se atreverá ir al tenebroso castillo y descubrir el misterio? Todos se echan par atrás, pero de pronto una voz dice: “yo”. Se trata Nic Deck, el guardabosques, futuro yerno del juez Koltz, quien además involucra a Patak, el médico del pueblo, hombrecillo fanfarrón quien dice no creer en fantasmas. 

Al día siguiente emprenden su marcha, que se torna dificultosa por lo agreste del bosque circundante al castillo el cual se eleva en un montículo rodeado de cañadas. Y cuando parece que la aventura culminará con éxito pues el aplomo del guardabosques lo lleva a escalar el muro por una cadena del puente levadizo, sufre una caída al recibir una descarga en la parte superior del muro. Nic Deck, lastimado por la caída, y Patak, aterrorizado, emprenden el regreso, derrotados.

Da la casualidad que cuando Dick y Patak regresan, llegan a la taberna-mesón de Jonás dos viajeros: Franz de Télek , el conde de Krajowa, y su asistente, Rotzko, antiguo soldado. Télek ha reiniciado sus viajes para recuperar su ánimo perdido tras cinco años de pena por la muerte de una famosa cantante italiana, la Stilla, con quien se iba a casar. Mientras Télek está en la taberna se entera que el pueblo está atemorizado por los extraños sucesos en el castillo cuyo dueño, —una segunda casualidad—, es propiedad de su enemigo: el barón Rodolfo de Gortz, quien también estaba enamorado de la Stilla y era su fiel seguidor pues se presentaba en todos los conciertos de la artista, cuya presencia la aterrorizaba y por ello había decido terminar su carrera y retirarse a la vida privada con Franz de Télek. Y justo, en el último concierto, cae muerta en el escenario.

Como buen agnóstico, de Télek les promete que dará aviso a la policía para que investigue qué sucede en el castillo y así devolver la paz y la tranquilidad al pueblo de Werst. Sin embargo, de camino a un poblado donde piensa llegar, se desvía hacia el castillo. Llega con las primeras sombras de la noche y ve que por una de las ventanas se asoma su amada Silla y oye su voz que canta las últimas estrofas de su concierto antes de morir. Esto enciende la pasión del conde y decide entrar.

Cabe señalar que la parte más pobre narrativamente hablando de esta novela es justamente este pasaje que Verne pudo haber explotado creando un ambiente realmente terrorífico, pero se pierde junto con su personaje por los oscuros pasillos del castillo en ruinas y en vez de narrar, de mostrar, en su apresuramiento por llegar a la final de la historia, explica. Oh, qué decepción. Todo iba tan bien…

Esta novela casi me derrumba la imagen de Verne como un narrador, pues era un escritor dotado de una gran imaginación. Al final, su capacidad narrativa no le alcanza para explotar lo que en su cabeza seguramente estaba claro. Pero considerando que su hijo metió mano, es posible que haya empobrecido el texto narrativamente hablando.

Esta mano negra me hace perdonarle a Verne los desbarres porque muerto ni se dio cuenta de lo que su heredero estaba haciendo.

El castillo de los Cárpatos es un intento de Verne por crear una novela de terror con destellos de ciencia ficción, pero como no lo logra, le regala a Bram Stocker el privilegio de ser quien escriba la gran novela de terror teniendo como escenario Los Cárpatos.

Ahora sólo me resta buscar el tomo II (con todo y sus imperdonables erratas) para continuar de pasajero en sus “Viajes extraordinarios”. 

 



sábado, 30 de octubre de 2021

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO: Julio Verne


Jeremías Ramírez

Esta novela, si bien es cautivante, tiene muchas fallas narrativas; la más grave es que de pronto se olvida de mostrarnos las acciones y cae en la explicación, matando con ello la emoción del lector de ir descubriendo los hechos.

Al principio pensé que estos fallos se debían a una cierta desesperación por terminar que o empuja a ese apresuramiento. Recordemos que Verne escribió una enorme cantidad de obras porque su editor le exigía más y más y, por momentos, es probable que sufriera de fatiga. 

Sin embargo, ahora descubro que hubo mano negra. Esta fue la primera novela de Verne que se publicó poco después de su muerte, de hecho fue en el mismo año en que él murió: 1905. Y se sabe que el hijo de Verne, Michel, le hizo algunas modificaciones antes de publicarla, pues había escrito uno de los capítulos, añadió algunas frases de estilo distinto y edulcoró al personaje de Vázquez. 

Aún así la novela tiene su encanto y nos permite familiarizarnos con una zona poco conocida de nuestro planeta: el extremo sur del Continente americano, al final de la Patagonia, cerca de donde Fernando de Magallanes alcanzó la gloria y fama al descubrir y atravesar la puerta que lo llevaría por una nueva ruta a las islas orientales donde estaban las codiciadas especias, el hoy llamado “Estrecho de Magallanes”.

La historia que cuenta es sencilla y en ella, de manera excepcional, no despliega sus enormes conocimientos científicos a los que era muy proclive insertar en sus narraciones. Aquí se concreta a narrar los conflictos a los que se enfrentan sus personajes.

Este faro original fue construido en 1884 en por el gobierno argentino, cuando la División Expedicionaria al Atlántico Sur, al mando del comodoro Augusto Lasserre, estableció en la isla de los Estados una subprefectura marítima, un penal y una estación de salvamento para auxilio de los numerosos naufragios que se producían en las inmediaciones del cabo de Hornos. 

El faro era una casa de madera de roble de 16 lados, y 5 metros de alto. El tejado estaba recubierto de lona impermeable. Su equipo luminoso estaba constituido por 8 lámparas fijas de queroseno colocadas detrás de unas ventanas cuyos cristales eran lentes de Fresnel. 

La novela inicia cuando el faro acaba de ser construido y un grupo conformado por tres torreros son llevados por un navío militar para iniciar su operación Y, a su vez, recoge a los trabajadores que construyeron el faro para llevarlos a Buenos Aires. Pero volverá en tres meses para hacer el primer relevo. Y durante ese tiempo los torreros deberán encender al atardecer el faro y apagarlo al llegar el alba del nuevo día. Además, de darle el mantenimiento adecuado, y registrar todos los sucesos que se lleven a cabo en esa zona: navíos que logren avistar, distancia y dirección por la que hagan su recorrido…

Las primeras semanas todo transcurre con excesiva calma; hay días que no avistan navío alguno y el mar parece un animal dormido. A estas alturas de la novela no se avizoraba en el horizonte el conflicto que dinamizara el relato; sin embargo, Verne, como buen prestidigitador, de pronto saca el as de la manga.

Sucede que en esa isla se refugia una banda de piratas, ladrones y asesinos que han huido de la justicia, pero que además han encontrado en ese lugar solitario un buen sitio para amasar una fortuna. Escondidos entre los riscos y las cuevas acechan a los navíos que tienen la desgracia de accidentarse. Entonces salen de su escondrijo y saquean las naves. Y si hay sobrevivientes, los asesinan. Ya llevan varios años amasando una fortuna la cual quieren disfrutar en algún país lejano, pero necesitan un barco que se preste para tomarlo a la fuerza. 

Cuando están esperando el milagro, advierten la llegada del barco militar y contemplan la construcción del faro, un faro que no les favorece en nada, porque evitará que los barcos sigan accidentándose. 

Cuando se termina la construcción, el barco militar recoge a los trabajadores y dejan a los encargados de la operación. Poco tiempo después los malhechores logran capturar un navío que encalla y la tripulación perece al huir y se ahogan en el mar. Sin embargo, el barco sólo sufre pequeñas averías que los piratas pueden reparar. Y el mejor lugar para hacer las maniobras está muy cercano al faro. Viajan hacía allá y cuando dos de los torreros van a prestar ayuda son asesinados artera y cobardemente, y sólo sobrevive quien en ese momento está en la cúspide del faro: Vázquez. 

Cuando Vázquez advierte la agresión huye y se esconde en las cavernas que abundan en esa isla argentina. Allí descubre la cueva donde los malhechores han almacenado sus víveres. Para sobrevivir los dos meses que faltan para que llegue el navío militar, les hurta lo necesario. Y se mueve por las grutas con cautela para que no ser encontrado por los piratas que al principio lo buscan, pero concluyen que como está sólo y sin alimentos no podrá sobrevivir mucho tiempo.

Cabe señalar que esta sobrevivencia de casi tres meses es bastante inverosímil, nada parecido a la que hicieron los náufragos en Isla Misteriosa donde cada paso estaba justificado y era lógico, aunque ahí lo inverosímil se diera en esa armonía de los sobrevivientes. 

Mientras espera el regreso del navío, un deseo bulle en el alma de Vázquez: liberar al faro porque muchos barcos están en peligro de accidentarse, lo cual sucede varias veces. 

Uno de esos barcos accidentados es beneficioso para Vázquez porque no sólo encuentra víveres y armas (entre ellos algunos cañones, pólvora y balas) sino además un sobreviviente: el segundo a cargo de la nave accidentada, quien se convierte en su compañero de lucha.

Obviamente presentimos cómo terminará el relato: con el triunfo de los buenos, triunfo que les costará mucho lograrlo, pero al fin lo logran. Podríamos decir, que este final es similar al modelo narrativo de Hollywood: el final feliz. De hecho, las novelas de Verne tienen un final hacia arriba en las que acaban venciendo los buenos.

Pero paralelamente a la trama, una virtud que tienen las novelas de Verne es ampliarnos la visión de la geografía y de muchos temas que expone generosamente y a detalle. 

Hoy, gracias al internet, podemos además ver lo que Verne narra, es decir, como en esta novela, buscar dónde exactamente está la Isla de los Estados, que forma tiene, cómo es, ¿existe el faro?, cuáles son sus condiciones climáticas…

En suma, Verne nos lleva de paseo por el mundo y sólo pide de nosotros la generosidad infantil del asombro. Quizá esto es de lo que yo carecía cuando le pedí a esa esa novia sus libros de Verne y ella me los negó. Sin embargo, poco a poco, la he ido cultivando desde entonces.

Si usted tiene un poco de imaginación y quiere divertirse en grande, las novelas de Verne le permitirán disfrutar las maravillas de nuestro mundo cuando aún la modernidad no lo había estropeado. Ah, y además son un terreno propicio para cultivar nuestra capacidad de asombro.


sábado, 23 de octubre de 2021

LA ISLA MISTERIOSA de Julio Verne


Jeremías Ramírez


En el libro: Curso de literatura europea, del escritor ruso Vladimir Nabokov, autor de la famosa novela Lolita, aseveró: “…las grandes novelas son grandes cuentos de hadas…” . Es decir, la realidad no es plasmada como tal sino arreglada para que funcione en la lógica narrativa específica al relato, creando así un mundo artificial maravilloso.

La Isla misteriosa de Julio Verne indudablemente es un gran cuento de hadas. Todo lo que sucede en esa isla es maravilloso, casi podríamos decir, que estamos viendo el Jardín del Edén, pero recreado por seis prófugos que escapan del cautiverio en un globo aerostático, en plena guerra civil norteamericana (1861-1865), y que, arrastrados por una tormenta, caen en esta isla. Estos seis singulares personajes van pasando de prófugos a náufragos y luego a colonos, quienes desbordan ingenio, conocimientos técnico-científicos (de su época y bastante sorprendentes), empeño laboral, camaradería, armonía y cordialidad, virtudes que los lleva a transformar esa isla en una nueva tierra que fluye leche y miel.

Contemplando panorámicamente esta extensa novela (tiene más de 500 páginas) se advierte que la intención de Julio Verne fue crear una metáfora del desarrollo tecnológico de la humanidad desde su aparición en la Tierra, pues el grupo llega a la isla sin instrumento alguno: todas sus posesiones la fueron tirando en el accidentado vuelo para evitar que el globo cayera al mar; de modo que inician su sobrevivencia en la isla desde la edad de piedra y poco a poco van superando las etapas primitivas, y los instrumentos que van construyendo se van volviendo más y más sofisticados, gracias al más poderoso instrumento de la humanidad: su capacidad racional. 

Guiados por el ingeniero Ciro Smith (un verdadero genio con una gran amplitud de conocimientos) inician su proceso de sobrevivencia (como el ser humano lo hizo en este planeta) luchando contra la naturaleza y para ello inician aprendiendo a encender el fuego, elemento primordial que ha utilizado el ser humano en una amplia gama de actividades, desde fuente de calor e iluminación, hasta instrumentos y para la preparación de alimentos, y forja de instrumentos de trabajo y de guerra, entre otras.

Cuando los náufragos han logrado hacer fuego su primera aplicación fue la calefacción y luego lo utilizan para asar los animales que han ido cazando. 

Minuciosamente Verne va narrando como, bajo la guía de Ciro Smith, el pequeño grupo conformado por un periodista, Gedeón Spillet (que tiene conocimientos generales de muchos temas, incluso sabe algo de medicina, y quien se convierte en un hábil cazador con rudimentarios arcos y luego con fusiles); Pencroff, (marino de profesión, constructor del primer barco y su piloto);  Harbert, un joven naturalista (que sabe de plantas y es el encargado de su recolección, además de desarrollar los primeros sembradíos tanto de plantas nativas como del trigo cuyo cultivo inician a partir de un grano encontrado en el bolsillo de uno de ellos), y quien se convierte en compañero de Spillet en las tareas de caza y, finalmente, Nab, ex esclavo negro, que está al servicio del ingeniero Smith, quien se destaca como un hábil cocinero. 

A este grupo de sobrevivientes se les suma el perro del ingeniero Smith, Top, que se convierte un explorador, vigía y quien los alerta de los peligros con anticipación y es mensajero emergente en momentos cruciales. 

Pero ahí no acaba la cosa, pues se suma a este equipo un nativo de la isla: un simio, Jup, que pronto se adapta a vivir con los “colonos” y funge como asistente doméstico y fuerza de defensa. 

Tan pronto resuelven el problema de la calefacción y cocimiento alimentario y fabrican algunos instrumentos rudimentarios, se dan a la tarea de construir una vivienda. Su primer refugio es una grieta en la ladera de una montaña la cual no es apropiada para defenderlos del clima invernal, —que ahí es muy crudo—, ni de las tormentas, pero encuentran en unos riscos, por donde el agua del lago baja al mar, unas cavernas dentro de una mole de granito que pronto adaptan en vivienda, gracias a que han fabricado explosivos, han elaborado tabiques y han desarrollado la alfarería y una rudimentaria metalurgia que les permite la fabricación de instrumentos de labranza y construcción.

Como si todo conspirara a su favor, van encontrando restos de naufragios (como, por ejemplo, un arcón con una brújula, agujas, mapas, libros, una Biblia —que sólo parece que abren una sola vez—, serruchos, un hacha, armas de fuego, entre otras cosas), los restos de su globo cuya tela les servirá para confeccionar ropa más apropiada y hasta las velas de una embarcación al que el marino Pencroff, bajo del diseño de Smith, logrará construir y luego tripular.

En casi dos años transforman la isla de un lugar inhóspito y salvaje en un paraíso en el que tienen sembradíos, ganado, aves de corral, agua corriente en su caverna, y medios de transporte con el barco y varios carros que les permiten transportar lo que necesitan de los alrededores, e incluso, cuentan con un telégrafo que comunica entre el Palacio de granito y la Dehesa (terreno extenso generalmente acotado y dedicado al pasto del ganado), que está a varias millas.

E inclusive, han podido rescatar a un náufrago solitario que estaba abandonado en una isla cercana, que ya se había convertido en un ente salvaje, pero que una vez en compañía humana va recobrando sus sentidos aunque carga con una pena la cual les confiesa un día: se llama Ayrton y era un malhechor que estaba al frente de una banda de forajidos que asaltaban a los barcos en esa zona y había cometido diversos crímenes. Descubierto cuando trataba de apoderarse de un barco es apresado y de castigo es abandonado en esa isla solitaria. A pesar de su pasado turbulento es aceptado y pronto se convierte en un miembro más de los colonos y quien se encarga de cuidar el ganado de los animales que han domesticado y que ha ido creciendo en esos años.

Sin embargo, no hay paraíso perfecto. Una nave pirata se acerca y amenaza con destruir su Edén. Y cuando está a punto de hacerlo, sorpresivamente la nave pirata es destruida por un torpedo que un habitante misterioso de la isla ha lanzado contra los piratas salvando, con ello, el paraíso de los colonos. 

Este no es el primer auxilio que les ha brindado; ya antes habían advertido sucesos extraños que se realizaban a su favor, pero este último es mucho más evidente que proviene de “alguien” que no se ha dignado presentarse con ellos en todo el tiempo que llevan habitando la isla. 

Pero con la destrucción de la nave pirata la amenaza no ha terminado pues seis piratas habían descendido antes de la destrucción de la nave y son un peligro latente, y que en un momento dado les darán problemas. 

Y estos problemas llegan. Primero, atacan a Ayrton y se apoderan de la cabaña de la dehesa donde éste vivía. Luego, cuando van a ver qué sucede con Ayrton —pues no contesta los mensajes que le han enviado por telégrafo— hieren a Harbert, el joven naturalista, quien queda al borde de la muerte, pero milagrosamente se recupera bajo los cuidados del periodista, y con la llegada misteriosa del medicamento que les falta.

Cuando regresan al palacio de granito descubren que los piratas han destruido parte de las construcciones externas. Sin embargo, un día la amenaza de los piratas termina de una manera sorpresiva: los encuentran muertos por una extraña arma y a Ayrton aún salvo. ¿Quién es este extraño personaje que como un ser todo poderoso les tiende su ayuda en los momentos más apremiantes? 

Pronto lo descubren: es el famoso capitán Nemo quien vive en el submarino Nautilus en las entrañas de la isla. Ahora es un hombre avejentado, solitario, muy enfermo y cercano a la muerte. Y se deja conocer porque necesita que lo ayuden en su última voluntad: ser enviado con todo y submarino al fondo del mar, pero antes de irse les da un cofre con joyas y les advierte de una amenaza terrible que se cierne sobre la isla: el volcán está a punto de estallar.

La predicción de Nemo se cumple y pronto irrumpe la erupción que va aumentando hasta que finalmente devora, de la noche a la mañana, todo el paraíso que construyeron, aunque ellos logran salvarse por un pelo. 

Al final, Verne, urgido por terminar, concluye la novela con trazos de brocha muy gorda, gruesos trazos. En estas últimas páginas ha abandonado la minuciosidad y el detalle y cierra la historia con un deus ex machina, como en el teatro clásico griego, pues de pronto aparece una nave que los rescata y los regresa a Estados Unidos y, con las joyas que les dio el capitán Nemo, compran una enorme parcela donde reconstruyen su paradisiaca isla en tierra firme para albergar a todos los náufragos de la isla Lincoln, y que vivan como una gran familia, felices para siempre.

Vaya, en los últimos capítulos no esconde su intención de concluir como un cuento de hadas clásico: “Y se casaron y vivieron muy felices”, conclusión que no me gustó, pero se le perdona porque tuvo a bien ilusionarnos con un cuento en el que la bondad humana brilla con esplendor para decirnos que si los seres humanos pudiéramos vivir en armonía esta tierra violenta y llena de hombres perversos sería una maravilla, un paraíso, un huerto del Edén.

La novela, como todas las de Verne —sobre todo las famosas— son muy fácil de conseguir, incluso gratuitamente, en PDF, en el internet. Ah, pero no compren la edición de Mirlo, Tierra viva, de Editores Unidos Mexicanos: está llena de errores. Uno, el más grave, es que no cuidaron de destacar y numerar los títulos de los capítulos: los dejaron como si fuera un párrafo más. Vaya, qué edición tan descuidada. 

Compren una buena versión y traducción o bájenla de internet, pero léanla, se divertirán. Se lo aseguro. 


sábado, 16 de octubre de 2021

20,000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO: Julio Verne


Jeremías Ramírez


Muchos lectores despertaron su pasión por la literatura a través de los libros de aventuras de Julio Verne o Emilio Salgari. Las nuevas generaciones además lo han hecho con El señor de los anillos, Harry Potter o Las crónicas de Narnia. Pero quizá las novelas de Julio Verne (1828-1905) tienen el honor de ser las favoritas de los lectores principiantes. 

Yo no tuve ese privilegio. Los libros que encendieron mi pasión fueron los de una colección barata (como el Libro Vaquero) de ciencia ficción de Editorial Bruguera que vendían en los puestos de periódicos. 

La culpa de esta entrada fue una novia, lectora apasionada de Verne, a quien le pedí que me prestara alguno de sus libros. Su respuesta fue tajante: “No los vas a entender”. Ella sabía que mi intención era lucirme con ella pues mis lecturas no iban más allá de las revistas de rock de mediados de los setenta, y me prestó tres libritos de ciencia ficción de su papá. 

Hoy, en el umbral de la vejez, sin impedimento alguno (esa novia quedó en el pasado y hace poco se convirtió en un personaje de una de mis novelas), estoy embarcado en esos largos viajes que Julio Verne llamó: “Viajes extraordinarios”, que comenzaron con Cinco semanas en globo (1863), y culminaron con La misión Barsac (1918), y que en total comprendieron 54 novelas, muchas de ellas desconocidas para el público lector

Y me embarqué en estos “viajes extraordinarios” (sin fémina de por medio) porque hace algunos días, cuando estaba por abordar el autobús de regreso de la ciudad de México a Celaya, fui a curiosear los libros de un puesto de periódicos y vi un enorme volumen con una selección especial de cuatro novelas de Julio Verne.

Bueno, me dije, tal vez ya las entienda; y compré el libro. Tan pronto me acomodé en el asiento del autobús empecé a leerlo y ya no pude detenerme. En menos de una semana había devorado la primera novela de la antología: 20 mil leguas de viaje submarino. Pensaba detenerme ahí, pero la inercia me hizo internarme en La Isla misteriosa, y junto con esos cinco náufragos, cuyo globo cae en una pequeña porción de una tierra solitaria e ignorada, y fui explorando con ellos los parajes indómitos de la isla.

Recuerdo que el primer libro que leí de Verne fue Viaje al Centro de la Tierra y me sorprendió el enorme conocimiento que tenía sobre mineralogía y vulcanología. El segundo —que leí hace como dos años—, fue La vuelta al mundo en 80 días. Ya no me sorprendió. Es más, le vi algunas fallas estructurales. Pero ahora, 20 mil leguas de viaje submarino me vuelve a sorprender por la gran cantidad de información sobre la vida marina que manejaba Verne, y hay momento en que se engolosinaba tanto que dejaba la trama a un lado para llenar muchas páginas describiendo las especies de animales marinos que los viajeros van encontrando a su paso. 

La novela la escribió Verne a mediados del siglo XIX y sorprende la gran cantidad de datos que maneja en una época en la que la información no era tan fácilmente disponible, y la ciencia aún estaba por experimentar un desarrollo asombroso. Quizá este engolosinamiento por la información científica es el que hace que la trama, de pronto, se sienta forzada y sus personajes aparezcan construidos un tanto burdos, pero el encanto de la historia hace que uno perdone esos deslices científicos. 

Por ello, desde el inicio percibimos la trama un tanto amañada y se anticipa, sin motivo, estropeando la sorpresa. Inicia con notas de prensa que anuncian que un monstruo marino amenaza al mundo. Y sin querer nos muestra que el periodismo es carroñero desde antaño, pues como buitre anda en busca de información apetitosa y construye una imagen del “monstruo” terrorífica, cuyo poder le permite dañar con facilidad las naves que se cruzan con en su camino. 

Para eliminar el peligro, el gobierno norteamericano envía un buque de guerra: el Abraham Lincoln, para que investigue y verifique la veracidad sobre el monstruo y evalúe, primero, si es real. En este caso, el siguiente paso será cazarlo para librar los mares de este peligro latente. 

Coincide que, en Nueva York, de donde zarpará el barco, está un famoso profesor francés: Pierre Aronnax, naturalista notable, quien había estado dictando en esa ciudad unas conferencias. El gobierno norteamericano lo invita a sumarse a la búsqueda. El profesor acepta y él y su ayudante, Conseil, abordan de inmediato el barco 

Luego de varios meses de búsqueda infructuosa, finalmente dan con el “monstruo” y tratan de acabar con él. Pero el monstruo, después de una larga persecución, revira y ataca la nave y la deja muy dañada, pero sin mandarla a pique. 

En la embestida el profesor Aronnax y un arponero canadiense —Ned Land— caen al mar. 

Conseil, al ver que el profesor Aronnax cae al agua, se lanza siguiendo a su patrón. El naufragio será afortunado porque les permitirá descubrir que no es un animal sino un submarino. 

Cabe señalar que en ese tiempo los submarinos todavía estaban en desarrollo y no había alguno navegando. 

El submarino recoge a los náufragos y de esa manera entran “al vientre del monstruo” que resulta ser una nave muy sofisticada que utiliza una tecnología muy avanzada para ese entonces: la energía eléctrica. 

El singular submarino está comandado por un personaje misterioso, pero interesante, que se hace llamar: “Capitán Nemo”. Este personaje se ha auto exiliado de la sociedad porque ha sufrido el atropello que los ingleses hicieron en su patria, la India, y con su familia. 

Nemo, buscando la libertad, la encuentra en el fondo del mar y le permite, además, explorar la riqueza marina a profundidades inalcanzables para el ser humano de mediados del siglo XIX; y extraer tesoros que le significan una fortuna que le permite hacer lo que se le antoje, pero, además, encuentra que con el submarino puede cobrar venganza atacando cualquier barco inglés que se le atraviese y destruir a aquellos que osan atacarlo. 

Dentro del submarino, el estudioso francés, Aronnoa, su ayudante y el arponero canadiense recorrerán 20 mil leguas, conociendo los parajes submarinos más singulares del planeta: desde las profundidades del polo norte hasta las del polo sur, y muchos mares. El investigador y su ayudante están fascinados con lo que contemplan, pero el arponero sólo desea escapar. 

La novela tiene una extensión de poco más de 300 páginas y salvo sus extensas descripciones marinas, la trama atrapa y otorga muchas horas de diversión. 

Y como muchas de estas novelas famosas, esta ha sido canibalizadas por el cine. Buscando en internet descubrí que hay varias adaptaciones, incluso una versión muda que se puede ver en Youtube. Y la más lograda es la que hizo Disney, la cual está disponible en la plataforma de esta productora. 

Motivado por la lectura vi la película de Disney. Sólo puedo decirles que, si pueden evitarla, lo hagan. Al resumir tanto la historia para que cupiera en dos horas de pantalla, fue mutilando el argumento salvajemente y quedó una versión mocha, frívola y torpe, y con escenas forzadas. Y el submarino, imponente según las descripciones de Verne, aquí parece una cáscara de nuez. Además, alteran tanto el argumento para darle “intensidad” emocional, pero fallan, y sus cambios apenas les alcanzan para crear una narración apresurada, sin ritmo ni cadencia, y muchas acciones injustificadas y exageradas. 

Mejor lea el libro, se divertirá mucho más, se lo aseguro.



sábado, 9 de octubre de 2021

ESTUDIO DE CHINA


Jeremías Ramírez

El Estudio de China es un libro contundente, revelador, un mazazo a la cabeza de la práctica médica y a la de la industria farmacéutica y alimentaria, y tiene la virtud de derrumbar mitos que han contribuido al incremento de las enfermedades modernas: diabetes, Alzheimer, arterioesclerosis, cáncer....

El estudio de China básicamente es el reporte de investigación médica del Dr. T. Colin Campbell, médico e investigador estadounidense, sobre la incidencia del cáncer en China. Pero este libro es, además, un tour del despertar de la conciencia de un investigador que busca respuestas a los problemas de salud más acuciantes de mediados del siglo XX. 

Antes de entrar a la reseña del libro, empecemos por conocer quién es el Dr. T. Colin Campbell. Este hombre de ciencia nació en el estado en Pensilvania, Estados Unidos, el 14 de marzo de 1934. Creció en una granja lechera y por ello estaba habituado a considerar a la carne y a la leche como alimentos básicos, fundamentales, y altamente benéficos. 

Por su relación familiar con la cría de ganado, estudió Medicina Preveterinaria en la Universidad Estatal de Pensilvania. Después de obtener su título de pregrado, y mientras completaba su primer año en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Georgia, le ofrecieron una beca y una oportunidad de investigación. Con este apoyo, el Dr. Campbell completó su educación en la Universidad de Cornell (maestría en Ciencia, Ph.D.) y el MIT (investigador asociado) en nutrición, bioquímica y toxicología. Pasó 10 años en la Facultad de Bioquímica y Nutrición de Virginia Tech antes de regresar a Cornell, en 1975.

Su formación lo llevó participar en diversos proyectos de investigación dentro y fuera de Estados Unidos. Uno de estos trabajos lo realizó en Filipinas donde se registraba una alta desnutrición entre la población infantil pobre y que estaba provocando muchas muertes. Para solucionar el problema decidieron proporcionarles una dieta rica en proteínas de origen animal: carne y leche. 

Y en efecto, el problema de desnutrición se empezó a resolver, pero al mismo tiempo puso en evidencia otro problema: un incremento en la incidencia del cáncer. 

La investigación reveló que el agente cancerígeno que estaba provocando esas muertes era la aflatoxina, un tipo de toxinas producidas por ciertos hongos en el maíz, los cacahuates, la semilla de algodón y en la cáscara dura de las nueces. Pero la interrogante era saber por qué al mejorar la alimentación se presentaba este problema, qué correlación había.  ¿La aflatoxina era el único responsable del cáncer? En esa búsqueda el Dr. Campbell encontró en una publicación médica el reporte de una investigación realizada en la India sobre el cáncer del hígado y su relación con las proteínas de origen animal. Dicho experimento se había realizado con ratas, las cuales dividieron en dos grupos. A ambos grupos se les suministraba aflatoxina y al primero se le daba en su dieta el 20% de proteínas de la leche. Al otro grupo sólo se le daba el 5%. En el primero el 100 por ciento de las ratas desarrollaba cáncer; pero en el segundo, ninguna presentaba la enfermedad. 

De regreso a Estados Unidos realizó los experimentos y encontró los mismos resultados: ratones expuestos a la aflatoxina se enfermaban de cáncer sólo cuando recibían el 20 por ciento de proteínas de la leche, pero no se enfermaban si recibían el 5 por ciento o menos, ni aun subiendo el nivel de la aflatoxina. También encontró que con las proteínas de origen vegetal el cáncer no se desarrollaba, aunque el porcentaje fuera mucho más alto.

A mediados de los setenta el primer ministro chino, Chou En Lai, se le diagnóstico cáncer de próstata que lo llevó a la muerte en 1976. Este problema le hizo darse cuenta que el cáncer empezaba a crecer en ciertos núcleos poblacionales chinos, particularmente en donde había mayor desarrollo económicos. Para tratar de entender las causas e implementar una estrategia para reducir el problema convocó a diversos científicos para que realizaran un macroestudio en un amplio sector de China. Campbell fue uno de los científicos del Proyecto creado en 1983 por la Universidad de Cornell, la Universidad de Oxford y la Academia China de Medicina Preventiva para explorar la relación entre la nutrición y el cáncer, el corazón y enfermedades metabólicas. 

La investigación confirmó que las proteínas de la leche era un detonador de la enfermedad, pero además descubrió que no sólo esta proteína potenciaba el cáncer sino de hecho todas las proteínas de origen animal en mayor o menor medida, y que, en contraparte, las proteínas de origen vegetal, aunque se administraran en abundancia, eran inocuas.  De modo que quienes se alimentaban con una gran dotación de proteínas animales, padecían mayormente cáncer, contrario a quienes llevaban una dieta a base de plantas, de alimentos integrales y bajos en grasas.

Sus hallazgos lo llevaron a seguir investigando y poco a poco fue descubriendo los factores que disparan no sólo el cáncer sino muchas de las enfermedades que aquejan al hombre moderno como las cardiopatías, la obesidad, la diabetes, los cánceres, las enfermedades autoinmunes y las enfermedades óseas, renales, oculares y cerebrales, como el Alzheimer. Y descubrió que todas estas enfermedades se resolvían con una dieta basada en vegetales.

A partir de estos hallazgos empezó a desarrollar estrategias curativas a base de dietas vegetales y creó una guía para la buena nutrición en el que detallaba ocho puntos principales de los alimentos y la salud, que permiten alcanzar una vida saludable pues entre sus beneficios está el vivir más tiempo, sentirse y verse más joven, tener más energía, perder peso, bajar el colesterol, prevenir enfermedades cardiacas o autoinmunes, entre otros. 

El libro termina con un tema muy controversial: ¿Por qué nunca se habla de esto, por qué no se sabe, por qué los médicos nunca incluyen una dieta saludable a base de vegetales como estrategia de recuperación de la salud? El Dr. Campbell afirma: porque hay intereses creados que han generado un lado oscuro de la ciencia, y esto ha llevado a la academia a implementar un reduccionismo científico el cual se enfoca a sectores muy acotados del cuerpo humano (de ahí las especialidades) sin considerar el cuerpo humano como un todo, como un sistema en equilibrio e interdependiente; y todo ello porque en la salud hay un jugoso negocio derivado de los fármacos, de los grandes laboratorios que los fabrican al grado, incluso, que ha coptado la academia para que se enfoquen en la aplicación de fármacos más que en la salud integral de los pacientes.

Esto le provocó al Dr. Collin haya sido marginado del ámbito médico, a pesar de que les demostró que las estrategias de salud que había desarrollado eran (y son) efectivas.

Su estudio ha tenido amplia difusión y ha motivado a muchos médicos de diversas partes el mundo a investigar y a ampliar los conocimientos que él ha obtenido a través de la investigación y de la práctica médica. Tal es el caso del Dr. Alejandro Sacha Barrio, del Perú, quien, incluso, dirige un centro de investigación de la medicina natural, o del Dr. Alonso Vega de Costa Rica, entre muchos otros.

El impacto de este libro motivó al director de cine Lee Fulkerson a realizar en el 2011 el documental Tenedores sobre cuchillos, (en inglés Forks Over Knives) producido por Monica Beach Media. Este documental es fácilmente localizable en YouTube, el cual demás de poner en pantalla la parte medular del libro, inserta entrevistas con el Dr. Collin y con el Dr. Caldwell Esselstyn, cardiólogo, quien promueve una dieta de alimentos integrales a base de plantas para prevenir las enfermedades coronarias y cardiovasculares. La dieta excluye todos los productos y aceites de origen animal y recomienda alimentos como frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y especialmente verduras crucíferas.

Si usted lee este libro le puedo afirmar que será el principio de su concientización hacia una vida saludable y a una nutrición inteligente. E irá descubriendo que hay un enorme movimiento configurado por muchos médicos, nutricionistas, productores de vegetales orgánicos, campesinos, colectivos, periodistas, divulgadores de la salud, mercados artesanales que están construyendo una red que combate a la industria alimentaria y a la industria farmacéutica con propuestas novedosas para vivir armónicamente corporal y ambientalmente, pues como dice un slogan de la medicina natural: lo que es bueno para el cuerpo humano es bueno para el medio ambiente.

Este libro se puede conseguir fácilmente por internet en las mejores librerías de México o en Amazon o en Buscalibre.com

sábado, 2 de octubre de 2021

HAY COSAS QUE NO SE APRENDEN EN LOS LIBROS: TIFÓN


Jeremías Ramírez

Sí, hay cosas que no se aprenden en los libros, le dijo el capitán Mac Whirr a Jukes, el segundo de a bordo de la nave Nan-Shan. Y Jukes recuerda esta frase al final de la novela porque, a pesar de que a Jukes el capitán le parece un majadero, reconoce que supo encontrar una buena solución al problema que enfrentaron después de la tormenta.

El capitán MacWhirr pudo haber tenido una vida apacible siguiendo el oficio familiar, pero sin darle explicaciones a sus padres, cuando aún era un adolescente, desapareció de su casa y se enroló como marino, oficio en el que se desarrolló hasta alcanzar el grado de capitán. Como marino profesional era un hombre práctico que se caracterizaba por su honradez y confiabilidad y por tener un carácter firme e inalterable, que se expresaba en la parquedad de sus palabras. Sí, MacWhirr era un hombre de pocas palabras.

Y en este viaje, que pudo ser de rutina, le sale al encuentro un tifón tan poderoso que nunca en su vida de marino la había visto. Pero con esa templanza que lo caracterizaba, en vez de rehuir la tormenta, decide encararla a fin de cumplir al pie de la letra su cometido: llevar a su destino a un grupo de trabajadores chinos que regresan a casa después de muchos años de trabajo.

Pero enfrentó al Tifón porque confiaba en la solidez que tenía el Nan-Shan, un barco de vapor recién construido y que tan pronto salió de los astilleros lo pusieron en sus manos, y él sabía de su buena factura. 

Al inicio de la travesía todo era calma y así navegó durante varios días. Y mientras Conrad nos narra la rutina inicial del viaje nos va describiendo a los personajes principales. Por ejemplo, nos dice que Mac Whirr era un hombre modesto y silencioso, padre de familia, que confiaba no sólo en su nave sino también en su experiencia y está era más certera que los consejos que encontraba en los libros y en los manuales. Esta experiencia lo llevó a desdeñar la peligrosidad y ferocidad del tifón que se le venía encima. 

El primer oficial Jukes, en cambio, no tiene la templanza de su jefe y prefiere escabullirse de los problemas; por eso le pide al capitán evadir la tormenta, aunque se tarden mucho más tiempo en cumplir su comisión. 

Y Rout, el jefe de máquinas, un tanto pragmático, lo único que tiene en mente es luchar duramente para que la nave no deje de funcionar y avance en todo momento. Pegado a la caldera dirige a sus fogoneros. 

Cuando empieza la tormenta, todos los tripulantes luchan contra la tormenta, pero temen que la nave sucumba en cualquier momento. Muchos de sus aparejos se van haciendo trizas ante la violencia del viento. Y mientras ellos se debaten en el exterior de la nave, dentro se desata otra tormenta. Las violentas sacudidas por el embate furioso de las olas han abierto los baúles de los chinos en donde resguardaban su dinero y sale volando, esparciéndose por todas partes. Cada uno, tratando de rescatar lo que es suyo, entablan entre ellos una terrible pelea y se atacan ferozmente.

La narración de Conrad en esta parte dramática es tan vívida que parece una magnífica secuencia cinematográfica, lo cual muestra (aun en la traducción al español) la maestría narrativa de este escritor.

Cuando la tormenta los iba envolviendo, el capitán MacWhirr consulta sus libros y manuales para saber sí hay algo que le diga cómo debe enfrentar el problema, pero nada encuentra y tira los libros. Jukes entra a la cabina en ese momento y observa lo que hace el capitán. Entonces es cuando le dice que “hay cosas que no se aprenden en los libros”. De alguna manera advertimos que el capitán sabía por experiencia personal que en los libros no hay toda la información, porque hay muchas cosas que no logran entrar a las páginas impresas. Y hay otras que sólo se aprenden en la experiencia directa. Y esta tormenta está a punto de enseñarle una gran lección. 

La tormenta finalmente les ha pasado por encima, pero no logra hundir la nave, sin embargo, ahora el capitán MacWhirr deberá enfrentar el tifón humano, pues los chinos calmados por la tripulación y atados para que no continuaran peleándose, son una amenaza latente tan pronto los desaten y vuelvan a reclamar su dinero. Por ello, para resolver el conflicto y que no se levante otra tormenta que incluso lleve a la compañía hasta los tribunales, el capitán encuentra la solución perfecta, salomónica y ordena que la tripulación recolecte todo el dinero y dividirlo en partes iguales entre todos los chinos. Las partes en conflicto aceptan de conformidad, y aunque magullados y algunos hasta con un ojo reventado, llegan en calma a su destino.

Cabe señalar que Joseph Conrad, como el capitán MacWhirr, fue un hombre que aprendió su oficio como escritor, no en las academias o en los círculos literarios o en la universidad, sino en la experiencia directa, como lo hizo también Hemingway. En estos dos de los autores su obra se alimenta de sus vivencias. Incluso, a decir de Leonardo Padura, un escritor cubano, Hemingway era un escritor de limitadísima imaginación, y quien tenía que vivir en carne propia lo que posteriormente se convertiría en literatura. 

Yo no sé si Conrad tenía una imaginación limitada pero sus obras, en su mayoría, tienen raíces en las experiencias personales como aventurero por tierra o por mar.  Allí nutrió su imaginación para escribir 18 novelas propias más tres en colaboración con Ford Madox Ford, y una buena cantidad de cuentos. 

De hecho, su biografía y sus novelas parecen decirnos que “hay cosas que no se aprenden en los libros”, pues a los 17 años, hastiado de la vida estudiantil, se lanzó a la aventura. A esa edad, viajó a Italia y luego a Marsella para terminar enrolándose como marinero a bordo del buque Mont Blanc en 1875.

Sin embargo, a pesar de que aprendió a escribir fuera de las academias no así al margen de los libros, pues fue un gran lector tanto en la biblioteca de sus padres como en la de su abuelo, con quien vivió como huérfano tras la pérdida, primero de su madre y luego de su padre. Allí, en la biblioteca de su abuelo, leyó lo mejor de la literatura inglesa y en donde se apropió del idioma que se convertirá en su lengua literaria.

Tifón es una novela corta de alrededor de 150 páginas que se puede conseguir fácilmente en las librerías pues es publicada con regularidad por diversas editoriales. O bien pueden buscarla en internet donde seguramente habrá varias traducciones. De una u otra forma, lea a Conrad, su literatura es de primer nivel.


sábado, 25 de septiembre de 2021

RETRATO DEL ARTISTA ADOLESCENTE James Joyce


Jeremías Ramírez

Leer la literatura de James Joyce es una tarea ardua, difícil, que se debe hacer lentamente, paso a paso, como por un intrincado bosque sin senderos trazados y cuya trayectoria puede cambiar sorpresivamente. 

Por esto es difícil leer los libros de Joyce y los lectores requerimos hacer varios intentos y un buen esfuerzo para culminar la lectura de sus libros más complejos.

Para leer Retrato del artista adolescente, yo tuve que hacer varios intentos que terminaron en avances breves y fallidos, y que no pasaban de más allá de unas cuantas páginas. Pero hace poco, dispuesto a que nada me imediría la lectura, avancé a paso lento, página a página, día a día, a contracorriente. A veces el avance diario no iba más allá de dos páginas, pero hubo otros en que avancé mucho más rápido: a casi veinte páginas por jornada. 

Retrato del artista adolescente es una novela autobiográfica que inicia desde que el protagonista es un niño y se extiende hasta la juventud, cuando es probable ya tenga unos 20 años. 

La narración tiene una fuerte introspección psicológica, técnica quizá novedosa para la literatura de principios del siglo XX, cuando fue publicada. 

Su personaje, Stephan Dedalus es el alter ego de Joyce. De esta forma enmascara, de cierto modo, su propia identidad a fin de que el lector no busque el dato preciso, pues a Joyce le parece más valioso exponer la percepción y las sensaciones del personaje que describir los escenarios en donde se realizan las acciones.

En los primeros dos capítulos se extiende largamente y con cierto grado de detalle para contarnos su estancia en la escuela; y sólo dedica un breve pasaje a una celebración de fin de año en su casa. 

La narración de su estancia escolar se centra en las anécdotas duras, crueles, en la que es castigado severamente por los profesores de manera injusta y abusiva. Dichos profesores son sacerdotes jesuitas que aplican una disciplina muy severa. Durante estas experiencias dolorosas vemos lo que piensa y siente el personaje, es decir, Joyce nos introduce en el discurrir de su conciencia. Y esto es justamente lo que hace dificil la lectura. Está técnica de narrar el fluir de la conciencia alcanzará su más alto nivel en su siguiente novela: Ulises, un verdadero reto para lectores de músculo bien desarrollado.

En Retrato del artista adolescente, sin previo aviso, da salto narrativos en el tiempo y el espacio. De un párrafo a otro ya estamos en su casa o en la escuela, o bien en diversas actividades escolares o varios meses o años después. 

En el capítulo dos, de pronto, llegamos a la adolescencia de Stephan Dedalus y al final de este capítulo, asistimos a su despertar sexual, cuya pasión irrefrenable lo empuja a satisfacer sus deseos con prostitutas y por ende, fácilmente manejado por sus impulsos.

Pero en el capítulo tres da un giro inesperado. Joyce nos sienta en la banca escolar junto a Dedalus para escuchar los larguísimos discursos morales y religiosos que los sacerdotes que dirigen ese centro educativo preuniversitario dictan sobre la moral católica y los castigos a los pecadores. 

Quien no profese la fe católica se verá sorprendido que Joyce se extienda largamente en un discurso terrorífico sobre los castigos del infierno destinado a quienes llevan una vida pecaminosa. Este discurso parece la transcripción de una predicación real, tal y como la dicta la iglesia. La descripción de los horrores del infierno es tan minuciosa que genera un cuadro tan parecido a un cuadro de horror como los del infierno que describe Dante Aligheri en La divina comedia. 

Ante tal avasallaje terrorífico Stephan se hunde en una profunda crisis moral que lo sumerge en un atroz sentimiento de culpa y busca por todos los medios librarse de esa tortura y reivindicarse ante Dios, pues él se cree que ya está perdido, que su alma terminará en el infierno. 

Poco a poco descubrimos que tal cuadro de horror es parte de la preparación de los estudiantes para la Primera Comunión. Y Stephan debe confesarse antes de tomar por primera vez la hostia y así librarse de la culpa y estar en condiciones de ese importante evento de la fe católica, pero no se atreve a confesarse con los sacerdotes de la escuela y busca una iglesia de barrio donde finalmente lo hace con un sacerdote capuchino. 

Cuando recibe la absolución nota que se siente liberado y regresa feliz a la escuela. Desde ese momento cambia su conducta y entra a una etapa de autodisciplina y contrición bastante estrujante para enmendar su existencia y hacer la voluntad de Dios. 

El resultado de esta autodisciplina hace que la vida de Dedalus sea tan ejemplar e intachable que el director del colegio cree que su vocación es el sacerdocio y busca comprometerlo. A pesar de que Dedalus está convencido y deseoso de dedicar su vida al servicio sacerdotal, en el último minuto cambia de parecer y abandona todo propósito religioso y en su lugar busca entregarse al arte y para ello decide abandonar Dublín.

En el último capítulo Dedalus va ultimando y definiendo su futuro como escritor y artista, a pesar de que su madre su opone y está enojada que no se haya dedicado al sacerdocio. 

Una larga charla con su amigo Cranly pone al descubierto el profundo conocimiento de Dedalus sobre el arte y su filosofía estética, a pesar de que todavía es un adolescente. Su familiaridad con autores griegos, latinos e incluso contemporáneos es tan amplio que lo vemos citar a grandes filósofos, entre ellos a Santo Tomás de Aquino, de quien toma sus tesis para elaborar su propia concepción sobre el arte.

En breves pasajes, como trazos sutiles, nos asomamos a su vida amorosa con una mujer que conoce desde niña, pero que a pesar de que está enamorado de ella sabe que las relaciones amorosas son harto complejas y decide tomar distancia.

Los últimos pasajes del libro están narrados como en una especie de diario en el que va plasmando apuntes, esbozos de su futuro como artista.

Este libro y su personaje principal, Stephan Dedalus, le servirán a Joyce para sentar las bases de lo que será su obra maestra: Ulises, en la que nos encontramos con Stephan Dedalus ya adulto. Y durante un día, un solo día, nos adentramos en la profundidad de su conciencia y vamos viendo a través de sus ojos diversos lugares de Dublín que lo llevan a la reflexión.

Cabe señalar que Joyce no fue un autor prolífico, pues se tardaba mucho en escribir una novela pues están llenas de detalles minuciosos. Simplemente, para escribir El retrato del artista adolescente se tardó 10 años. 

Sus pocas obras son verdaderas obras maestras de gran singularidad, que cambiaron la estética literaria del siglo XX. Es decir, su obra nos lanza a ver el mundo y el arte de una manera sumamente diferente y novedosa.

James Joyce no tuvo una vida larga, nació en 1882 y murió en 1941; murió a los 58 años. Y como a Cervantes, otro genio que cambió los parámetros estéticos de la narrativa, murió en la pobreza total, pero además, casi ciego. 

Si bien tanto Ulises, Dublineses (un libro de narraciones) como Retrato del artista adolescente, entre otras, son obras complicadas, tienen tal poder narrativo que quien quiera dedicarse a las letras deberá estudiar si no quiere caer en los lugares comunes de la literatura que Joyce tuvo a bien derribar con su potente capacidad narrativa. 


EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...