sábado, 5 de julio de 2014

EFRÉN HERNANDEZ Y EL CINE

Por Jeremías Ramírez Vasillas

Prácticamente no hubo escritor en el siglo XX  que se haya resistido a los encantos del cine. Algunos fueron críticos (Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges, Cabrera Infante), otros argumentistas o guionistas (José Revueltas, Juan de Cabada, Mauricio Magdaleno, García Márquez, José Agustín) y otros, incluso, directores de cine como Guillermo Arriaga (The Burning Plain, 2008) o el norteamericano Paul Auster (Smoke,).
            Efrén Hernández no fue la excepción. Si su literatura es prácticamente desconocida (pocos, creo yo, han leído su obra) su incursión en el cine o en el teatro son francamente insospechadas. Cuando revisaba el segundo tomo de sus Obras Completas (FCE, 2012) fue una sorpresa encontrarme en la sección denominada “teatro” con un guión de largometraje: Dicha y desdichas de Nicocles Méndez. Tragiburledia cinematográfica.
            Dice Alejandro Toledo, prologuista de esta edición de las Obras completas de Hernández, que es “un libreto fílmico escrito o concebido a ocho manos por Dolores Castro, Rosario Castellanos, Marco Antonio Millán y Efrén Hernández”. Agrega Toledo que este guión “Al parecer fue un encargo de Andrés Serra Rojas, que dirigía el Banco Cinematográfico, quien propuso a Efrén trabajar un guión para el comediante Mario Moreno Cantinflas”.
            Este guión debió escribirlo a finales de los cuarenta, cuando Cantinflas era ya una celebridad, cuya fama había empezado al menos diez años antes cuando figuró tres notables películas: ¡Así es mi tierra! (1937), Águila o sol (1937) y El signo de la muerte (1938), y ya había realizado su obra maestra, Ahí está el detalle (1940). Para 1948 ya había actuado en 20 películas.
            Por qué le pidieron a Efrén este trabajo si no tenía experiencia cinematográfica, no se sabe, pero al parecer había gran expectativa sobre esta obra pues hasta apareció una nota periodística que calificaba este trabajo como “obra cumbre para Cantinflas”. Dice la nota: “Los cuatro [se refiere a Dolores Castro, Rosario Castellanos, Marco Antonio Millán y el propio Efrén Hernández], por su lado, idearon situaciones de fina comicidad y luego se reunieron para comunicarse lo que habían elaborado. Para esto ya Efrén había construido la base, la columna dorsal del asunto: la vida de un hombre provinciano muy ingenioso, que poco a poco se va abriendo paso, en diferentes actividades, hasta llegar a triunfar en lo que es su vocación. El teatro. En cierto modo es la biografía del propio Mario. Muchos hechos verídicos de su vida están recogidos ahí”.
            También, en cierto modo, es la biografía del propio Efrén, dice Toledo, pues esa era una constante en su obra, el alto sentido autobiográfico. Y agrega Toledo que Efrén “encontró en el comediante una suerte de alter ego, por el retrato de un provinciano algo pícaro e incluso por la mezcolanza caricaturesca del habla popular con una lengua pretendida (en un caso) o auténticamente culta o literaria (en el otro), que caracterizó a ambos en las diferentes esferas donde se movieron”.
            Cuando me tropecé con este trabajo fílmico me saltaron de inmediato las acotaciones técnicas del guión. Esto me llamó la atención no sólo por mi experiencia fílmica sino además por el desconocimiento absoluto que tenía de Efrén Hernández en el cine. Leí, por ejemplo, en una de la cabezas de la primer secuencia: “ACERCAMIENTO PROGRESIVO / (CÁMARA EN GRÚA DESCENDIENTE OBLICUA). Correlativa a la progresión del acercamiento, y a partir de cierto punto, empieza a entrar, y va creciendo en sonoridad la voz de un pregonero.
            Si bien no tenía experiencia en la creación fílmica en cualquiera de sus especialidades, sabemos que tuvo un acercamiento con este arte (no sé si antes o después de escribir este guión, pero me inclino a creer que fue antes), según relata su hija Valentina Hernández, quien dice que “fue supervisor en cinematografía (censor de películas). En este trabajo  —agrega Valentina— también viajó bastante, pues tenía que estar presente en el rodaje de las películas en la locación que les tocara. Esto le divertía, pues se relacionó con un medio interesante y que le era totalmente desconocido. A su regreso de estas salidas, nos contaba anécdotas sumamente divertidas. Como la vez que estuvieron filmando  en la selva de Yucatán, unos moscos ponzoñosos le picaron en la manos, y la mesera de una fonda de por allá le preguntó asombrada:
            —Ay, señor, ¿qué le pasó a usted en las manos que las tiene tan hinchadas?
            Mi padre, muy serio y viéndoselas con ternura le contestó:
            —Es que van a tener manitas.”[1]

            Esta experiencia seguramente le dio visión para abordar el guión, aunque tuvo que complementar su conocimiento por medio de la investigación y del estudio. Dice la nota periodística que se reproduce en la introducción de este II volumen de sus Obras Completas (cuya fuente no indica): “Efrén, que no había escrito nunca para el cine y que no es un técnico en este arte, elaboró el argumento con una intuición sorprendente. Consultando libros especializados y haciendo rendir un jugo inusitado a sus experiencias de espectador cinematográfico, está por terminar, no sólo el asunto, sino también el script (hoy se le llama a este documento shooting script o guión técnico, es decir, es donde ya van indicaciones específicas de tamaño de encuadre, movimientos de cámara, etc.), el guión. Y su perfección es tal según personas competentes y autorizadas para juzgar que al director de la cinta ya no le costará trabajo realizarla. Todo está previsto, está en su lugar”.
            Y ¿qué sucedió con este trabajo? Pues nunca se filmó. Dice Alejandro Toledo: “No sabemos si el mejor guión que Cantinflas iba a tener en sus manos llegó alguna vez a ellas”. Ante la imposibilidad de que se filmara la película (nos hace falta una investigación sobre el por qué no se realizó, qué sucedió, a quién le llevó el guión, cuáles fueron las razones del rechazo), Efrén Hernández la publicó en la revista América (no. 65, abril de 1951) como obra colectiva, en cuyos créditos iban los nombres de los escritores que colaboraron en la confección del argumento. Pero “seis años después Efrén lo presentó bajo su nombre, según consta en un certificado de registro del libreto del 28 de enero de 1957 que firma Luis Echeverría, abogado, como oficial mayor de la Secretaría de Educación Pública”.
            Esta decisión de Efrén genera dudas de sus propósitos de registrarla sólo a su nombre, a un año antes de su muerte. Escribe Toledo: “Dolores Castro opina que en cuanto a ella y a Rosario Castellanos la invitación a participar en ese proyecto fue un acto de generosidad con dos jóvenes que se iniciaban en el mundo de las letras; generosidad también respecto de Millán, que era su mejor amigo. Sin embargo,  considera que el guión puede acreditarse casi enteramente a Efrén Hernández”.[2]
            Ahora es difícil que alguien se interese en filmarlo: el tono, los personajes, el medio que retrata, es de un México que ya no existe salvo quizá en pequeños poblados alejados de las ciudades. Y su humorismo, exigiría la complicidad de un público que ahora tampoco existe pues requieren de una legibilidad audiovisual prácticamente de analfabetas.
            Y aunque no haya sido su propósito,  es posible disfrutar de esta obra en su forma escrita, literaria; y les aseguro que se van a encontrar con una obra realmente sabrosa —como diría don Quijote, con un personaje memorable que, aunque haya sido escrito para Cantinflas, no puedo imaginármelo diciendo estos parlamentos.

Efrén Hernández, ¿crítico de cine?

Prácticamente no hay nada que me haga suponer que haya ejercido la crítica, pues no he localizado en mi búsqueda en el internet nada al respecto, salvo, en la recopilación de sus Obras Completas, donde consignan en la bibliografía dos artículos periodísticos. Uno titulado Vindicación del argumentista y el otro El mal cine hace campo al buen teatro, ambos de septiembre de 1950 y publicados en el Suplemento Cinematográfico de la revista América. En este libro sólo se publica el segundo artículo, donde vaticina dos hechos hoy harto conocidos: la omnipresencia del cine en el consumo de historias en la gente desplazando otras formas narrativas y la crisis que se avecinaba en cine nacional.
            Dice Efrén: “Quienquiera que se lo proponga puede, con la mayor facilidad, ir encontrando múltiples razones con que explicarse el hecho consistente en que desde el advenimiento, ya por ahora reciente sólo relativamente, el cine comenzará a apoderarse en progresión creciente del favor de los públicos, con visible e irreparable detrimento del milenario y ranciamente ennoblecido espectáculo de teatro”.
            “El creciente favor de los público”, vaticina Efrén, y hoy podemos verlo como un hecho incuestionable, palpable, a veces, triste. El cine hoy por hoy es el vehículo principal escénico en el gusto del público, moviendo con su atractivo un público compuesto por millones de espectadores, suma inalcanzable para el teatro.
            Respecto del segundo tema escribe: “Hace un año (se refiere a 1949) todavía hubiera parecido de poco fundamento la aventura de alguna conjetura; pero para ahora ya no lo parece tanto. La cosa es cada vez más clara: amen de que literalmente estamos ascendiendo hacia la madurez, no hay duda de que la gente ya empieza a encontrar intolerable, y a cansarse de la desvergüenza, y de la falta notable de dignidad, y de la absoluta ausencia de sustancia  humana en la producción de nuestro cine”, características del cine de consumo masivo.
            Como todo negocio, se usa y abusa de la fórmula redituable hasta el hartazgo sin que sus productores se den cuenta, engolosinados con su éxito. Y tal parece que en ese tiempo la realidad les daba la razón pues todavía el cine (pese a que ya había concluido la II Guerra Mundial, razón de que Estados Unidos le dejará en sus manos el mercado latinoamericano) vendrían algunos años más de éxitos, como lo reflejan el número de producciones que en el año de 1954 alcanzara la cifra récord de 118 películas[3]. Pese a ello, el cine mexicano empezaba a entrar en una crisis espoleada por el regreso del cine norteamericano de la cual nunca más hemos podido salir.
             “A finales de los años 1950, una vez que Hollywood se vio desatado de sus compromisos como máquina propagandística, la industria mexicana comenzó a vivir serias dificultades y, aunque se continuaron haciendo películas de interés, su número y su calidad disminuyeron considerablemente”.[4]
            Este artículo, es importante señalar, Efrén Hernández no pretendía hacer un análisis del fenómeno fílmico y su crisis inminente, sino de, ante la pobreza del cine nacional, alertar al deprimido teatro nacional, a que aprovechara este vacío para resurgir y volver a brillar en le gusto del público mexicano. No sé si alguien oyó a Efrén Hernández, pero este artículo señala el fino olfato de este hombre para otear el rumbo de vientos en el arte.






[1] Tramoya. Cuaderno de teatro, num. 23, enero-marzo de 1982, Universidad Veracruzana.
[2] Todas las notas de Alejandro Toledo han sido tomadas del Prólogo de Efrén Hernández, Obras completas II, FCE, México, 2012.
[3] García Riera, Emilio, Historia del cine mexicano, SEP, 1985, p. 194
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Cine_mexicano

jueves, 17 de abril de 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, SU MUERTE


Es una pena la muerte de cualquier persona, principalmente la de quien su obra fue benefactora para alguien. Los escritores lo son para los lectores, es decir, para aquellos para quienes leer es una forma de vida, no un mero pasatiempo o un motivo para presumir la intelectualidad de la que se carece. Sentimos pena pero al mismo tiempo estamos agradecidos por las largas horas de placer y descubrimiento.
Por ello, para los lectores hay muchas anécdotas en las que un libro, un cuento, un poema marcó un antes y un después en nuestra vida. Gabriel García Márquez, creo, tuvo la virtud de ser definitorio en la vida de muchos y, particularmente, en la mía.
Yo lo conocí en la preparatoria (para los lectores los escritores se vuelven entes familiares cuando su libro toca fibras profundas en nuestro ser). Soy uno de los privilegiados Primera Generación del Colegio Bachilleres. Y digo privilegiado porque inició este proyecto educativo con un plan magnífico y con una expectativa envidiable. Por ejemplo, las materias de literatura iniciaban en el primer semestre con escritores contemporáneos latinoamericanos e íbamos semestre a semestre retrocediendo en el tiempo hasta llegar al Siglo de Oro de las letras hispanas. Para entonces muchos ya estábamos prendados de las letras. Yo creía en ese entonces que todos los escritores cuyos libros nos daban a leer en la escuela estaban muertos, y eran muy aburridos. Oh sorpresa, todos los que leímos ese primer semestre estaban vivos y en plena efervescencia creativa y cuyos textos eran tan magníficamente entrañables, divertidos, y de fácil lectura. Algunos de estos autores, años después, pude conocer en persona como Julio Cortazar, de quien me sorprendió que fuera un hombre tan alto.
En esas clases mágicas conocí entre otros a Gabriel García Márquez. Y fue en ese encuentro que me enrolé con Cien años de soledad. Mi hermano mayor me decía que era muy complicada y enredosa la novela. No lo sentí así. Estaba en mi época devoradora y leí el libro en poco tiempo. Me encantó y me volví fan de GGM. Todo lo que indicaba que era de su autoría lo leía de inmediato, hasta su columna en la Revista Proceso. De su mano, en esos artículos, descubrí a otros autores importantes en mi vida. El que más recuerdo es Kawabata pues Márquez, en una de sus columnas, relataba una anécdota en un en avión en la que le tocó viajar junto a una hermosa mujer que cuando subió estaba dormida, y así se quedó cuando tuvo que descender. Esto lo llevaba a hacer un paralelismo con la novela "La casa de las bellas durmientes", libro que después encontré en un puesto de periódico en la colección de hermosos libros azules donde una editorial española publicaba un ejemplar de ganadores del Premio Nobel.
La única pena en todo esto es que ese proyecto educativo del Colegio de bachilleres se fue al caño, pero tuve el privilegio de que modificara mi primaria vocación por la ingeniería y la re encausara hacia las artes y las letras. Y que me haya regalado la amistad de García Márquez a quien por cierto nunca tuve el privilegio de ver en persona, pero que hoy, al enterarme de su deceso, sólo puedo decirle: ¡Gracias! Te seguiré leyendo.


lunes, 6 de enero de 2014

EL FRÍO

No creo que este año sea más frío que otros; pero ahora lo siento más. Y como todo suceso nos conecta a otros, me hizo recordar algunos pasajes literarios donde el frío es muy vívido: en el Dr Zhivago, Boris Pasternak pinta una memorable escena cuando Zhivago llega a una casa congelada. Dentro, todo es hielo y tiene un hallazgo feliz: encuentra un fajo de papel blanco. Entusiasmado empieza a escribir. Y me pareció muy acertada la versión fílmica de David Lean de esta misma escena.

Otro pasaje que me vino a la memoria fue el inicio de Frankstein, cuando el Dr. Víctor F., persigue a su creación en el Polo Norte (creo) en un barco que navega en aguas congeladas.

Y también recordé una novelita de entretenimiento: El país de las sombras largas, de Hans Ruech, que versa sobre los esquimales. Me gustó la forma en que Ruech describe esos parajes helados.

Dan ganas de leer este tipo pasajes abrigados en casa con un buen café o un buen chocolate caliente, como que el frío externo hace mas realistas estos pasajes. 

Les recomiendo ampliamente Dr. Zhivago, una de las mejores novelas amorosas que he leído. Boris Pasternak era un gran escritor, definitivamente, y un gran poeta.

Saludos congelados.



jueves, 2 de enero de 2014

CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE

El fin de año (2014) el DF me hizo sentir como si fuera parte de la distopía fílmica, Cuando el destino nos alcance  que vi en mi época preparatoriana y que en ese momento me llenó de angustia y me provocaron pesadillas que por varias noches me atormentaron.
    Cuando el destino nos alcance (cuyo título original es Soylent Green, y que dirigida por Robert Fletcher, 1973) es una película que vi en una desaparecida Sala de Arte en la Zona Rosa, un día que me fui de pinta del trabajo. La función fue a las 10 de la mañana. La cinta narra una historia ubicada en el año 2022 (estamos a 8 años de esta fecha) en la que los árboles y las plantas ya sólo se pueden ver en un jardín museo.
    Los protagonistas son un policía llamado Robert Thorn (Charlton Heston) quien vive con su amigo "Sol" Roth (Edward G. Robinson), un anciano ex profesor que rememora el pasado, cuando el planeta era habitable y existía suficiente alimento para todos. En el momento que narra la película la gente vive y duerme hacinada en las calles y sólo unos cuantos privilegiados (la clase media) tienen decrépitos cuartuchos y los muy ricos lujosos departamentos, como siempre.
    No sé que año era cuando la vi, tal vez 1974 ó 75. La película recién se estrenaba. Me impactó de tal manera que salí del cine y me fui de inmediato a Chapultepec como queriendo absorber todo lo que podía del bosque más entrañable para mí. Tirado en el pasto pensaba lo triste que sería llegar a esa situación.
    Este año (2014), no sé si por la pena que me embargaba, me sentí agobiado por los turbulentos ríos de gente en las calles, miles de coches prácticamente varados en las grandes avenidas, avanzando a pequeños empujones. 
    Quizá otro aspecto de la película que me impactó fue que Sol (el viejo profesor) había nacido en el mismo año en que yo nací. Cuando yo tuviera su edad, ¿así sería el mundo? Creo que no. 
    Es muy probable que en 8 años no lleguemos al extremo de alimentarnos de nosotros mismos, siendo procesados como galletitas verdes, aunque si somos alimentados con comida industrial harto dañina. 
    Tal vez no vea la gente durmiendo en los callejones o en los quicios, pero en la ciudad donde nací siento que se acerca peligrosamente a esa situación. Ya no es una ciudad vivible, a pesar de todo su encanto. 
    Me preguntaba, viendo los enormes ríos de gente, si este caos se ve en vacaciones, cuando muchos de sus habitantes salen de la ciudad, qué sería en la cotidianidad laboral. Ahora entiendo la desesperación de los citadinos ante los bloqueos y las manifestaciones, que hacen más tortuoso su traslado.
    Considerando que donde actualmente vivo aun no hay aglomeraciones de este tipo, concluyo que sí, vivo mejor en Celaya... aunque extrañe hasta le médula mi ciudad. 
    
NOTA DEL 2020: Vivía, hasta que la violencia tomó a Celaya y todo Guanajuato por asalto.

domingo, 7 de julio de 2013

CINE Y UNIVERSIDAD


El cine, durante sus primeros 25 años de existencia, no fue considerado más que un vehículo de diversión, de entretenimiento (tal parece que Cinépolis y muchos complejos cinematográficos es el único concepto que tienen del cine. Al entregar el boleto nos dicen: “que se divierta”, pero el cine es más que eso). En 1920, tras la revolución soviética, Lenin lo consideró como uno de los instrumentos más importantes de educación. Este primario reconocimiento se verá refrendado posteriormente con la creación de los cine clubs.
            Desde sus primeros pasos, el cine demostró su capacidad didha encontrado un lugar permanente en ostrlub en la Universidad de Guanajuato. a las generaciáctica, Los Lumière, creadores de la cámara de cine, al mostrar al público sus primeros ensayos, se dieron cuenta que el cine abría horizontes y permitía ver las cosas desde otro punto de vista, incluso conocer lugares distantes y personajes lejanos sin tener que viajar. Por ello, no sólo abrió salas de exhibición sino además formó equipos de grabación (los primeros reporteros gráficos) para recorrer el mundo con sus cámaras y traerlo a los ojos de sus espectadores. Las cámaras de cine fueron entonces los ojos telescópicos de la gente. Y de esa forma, involuntariamente, estaba fungiendo como un vehículo de educación y de información.
            Cuando Meliès le descubrió al mundo que la cámara de cine también era un instrumento par expresar la imaginación, muchos artistas, encantados con el nuevo instrumento de expresión, crearon con este nuevo medio verdaderas obras de arte, obras que sirvieron a las generación siguientes para aprender. Estos ávidos de obras de arte pronto dieron pie para la creación de los cine clubs, que se convirtieron en las primeras escuelas de cine.
Cotta, Renzo (1977), en su Historia del cine club (Cuaderno de Cine nº 1. La Paz: Don Bosco) nos dice que “Los cine clubes surgen en Francia en 1920 como parte de este movimiento vanguardista europeo que se propone convertir el cine en un arte.
Dentro de este proceso tiene especial importancia el teórico y director francés Louis Delluc (1890-1924), cuya escuela agrupa a una nueva generación que busca dar al cine sus medios de expresión propios: Abel Gance, Germaine Dulac, Marcel L'Herbier y poco después Jean Epstein (quienes se convirtieron en grandes cineastas). Delluc, que en 1918 había iniciado la crítica de cine en el París-Midi, funda en 1920 Le Journal du Ciné-club y también una asociación del mismo nombre en la que podrían encontrarse realizadores y críticos para conocerse y discutir”.
            En México uno de los grandes impulsores del cineclubismo fue Manuel González Casanova (1934-2012), profesor y funcionario universitario, quien estudió Arte Dramático y posteriormente el doctorado en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Participó activamente en el cineclubismo a través del Cine-Club Progreso, fundado en 1952. Ese grupo editó el boletín periódico Cine-club y fomentó la creación de la Federación Mexicana de Cine-Clubs en 1955, de la que fue secretario.
En 1959, González Casanova se integró a la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México y organizó la Sección de Actividades Cinematográficas, para posteriormente, en 1960, fundar la Filmoteca de la UNAM. También estableció las 50 Lecciones de cine que sentaron las bases del CUEC, creado en 1963.
Este esfuerzo importante del maestro González Casanova detonó la creación de Cine Clubs en muchas las Universidades de nuestro país, pues reconocieron que el cine no es un mero espectáculo sino un producto cultural donde se plasma la radiografía de una sociedad. Impulsar al cine es impulsar uno de los instrumentos de auto conciencia más importantes, un gran instrumento educativo.


sábado, 15 de junio de 2013

HITLER Y CHAPLIN EN EL FILO DE LA HIERBA



Tengo una debilidad: cualquier novela, por mala que sea, que trate sobre el cine, ya sea sobre un guionista o un director o un rodaje, inevitablemente la compro. Esto me ha llevado a leer libros infames como Tarzán en Acapulco, un libro mal escrito que no da luz sobre el emblemático actor de Tarzán, Johnny Weissmüller, quien vivió últimos años refugiado en su casa en Acapulco.
Esta debilidad me llevó a comprar el libro Al filo de la hierba, escrito por Harkaitz Cano y publicado por Roca editorial (editorial española), pues por primera vez encontraba a Charles Chaplin como personaje de una novela y prometía la contraportada una buena historia confrontando a Hitler: “…en la bodega de su barco (habla de Hitler) lleva preso al hombre que lo ha desafiado más allá de la provocación, al comediante que lo ha humillado y detesta: Charles Chaplin”. Y cuando llegué a este nombre, mi emoción se disparó. 
            Esta novela relata una posible invasión nazi a suelo norteamericano. Varios barcos y submarinos llegan a la gran manzana y casi sin resistencia la toman y se posesionan de la ciudad y, poco a poco, de toda la costa este.
            Una narración paralela relata el viaje de  un minero francés, Olivier Legrand, que huyendo de las condiciones miserables de su trabajo, emigra, en 1886, a Estado Unidos, y viaja en el barco que transporta la Estatua de la Libertad del país galo a Norteamérica y duerme, compartiendo su “camarote” (la cabeza de la estatua) con las ratas.
            Continua el texto de contraportada: “Cuando la embarcación nazi toma el puerto de New York, las dos historias se entrelazan. Un ya viejo Legrand, Chaplin y el Gran Dictador interactúan en las calles de Manhattan, donde contrapondrán sus mínimas historias a la Historia de los libros”.
            Lo compré pues y de inmediato le di lectura. Empieza con un inicio cautivador: reproduce un extracto de una entrevista del diario San Francisco Chronicle, publicada en 1940, en la que Chaplin habla de El Gran Dictador, la película que hizo en ese mismo año, y en la que se mofa de Hitler (la secuencia de la película más gozosa es cuando el dictador —Chaplin disfrazado de Hitler— juega con un globo terráqueo inflable lanzándolo al aire. En la entrevista declara que habían pensado un gag de inicio en el que un joven, para tratar de informarle al carpintero cuánto quiere su padre elevar el pasamanos de su casa, va con la mano levantada (como el saludo nazi) por la calle. Pero, declara, a pesar de que se filmó la secuencia, ésta no se inserta en la película, queda fuera. Y remata: “Siempre hay dos películas: la que se hace y la que queda en el camino. La segunda suele ser mejor, casi siempre. Sospecho que sucede otro tanto con los acontecimiento históricos: siempre hay varias sendas simultáneas y solamente la imaginación permite rastrearlas todas…”
            Estoy de acuerdo con Chaplin, pero la imaginación del señor Harkaitz Cano no llega ni iniciar el camino. Justo cuando se escapa del barco Chaplin y se encuentra con el francés, ahora ya un viejecillo encorvado y quien el da asilo, uno espera que se desate la acción pero nada, páginas y páginas de acciones que no van a ninguna parte, el novelista no logra ni cautivarnos ni revelarnos nada. De qué sirve que Chaplin escriba un largo texto que al parecer es una obra de teatro, si este no juega ningún papel (finalmente, cuando Chaplin y Hitler se pelean, las hojas vuelan y ya). Uno esperaría que Chaplin volviera a retar a Hitler, que esa obra jugará un papel importante en la rebelión contra el dictador, que Hitler quedara humillado ante el poder creativo del comediante, pero nada, el texto es un callejón sin salida como todas las acciones del libro.
Al final, queda un sentimiento de frustración de que a tan mal novelista le hayan editado un bello libro cuyo valor está justamente en el diseño y en el papel que fue impreso.
Lástima. Para consolarnos nos queda, aunque no fue de sus películas mayores, ver de nuevo El gran dictador y reír con el ya envejecido Chaplin pero aún con la suficiente pólvora para conmover al respetable. 

sábado, 1 de junio de 2013

ARTE: MOTOR DEL DESARROLLO SOCIAL Y CIENTIFICO



Mucha gente piensa que el arte es una actividad de segunda clase, poco importante. El arte es visto como un “espectáculo”, o muchas veces como un espectáculo menor. 
     Pocos saben la importancia que ha jugado el arte en el desarrollo del ser humano y de la ciencia y la tecnología. Hoy que una nueva serie televisiva se pone en boga, es posible que se pueda variar algunos grados esta opinión. La serie se titula Da Vinci’s Demons, la cual se estrenó el 12 de abril de 2013 en el canal Fox. Y está ambientada en la Florencia del siglo XV (en pleno Renacimiento), en la que el personaje principal es Leonardo di ser Piero da Vinci cuando tenía 25 años. La imagen que nos regala la serie es bastante inusitada pues la idea que tenemos de Da Vinci es la de un viejito de ralos pelos largos, y semblante arrugado, gracias a su autorretrato. De modo que cuando en la serie vemos a un Da Vinci joven, atractivo (como galán de película) hábil con la espada, atrevido, osado, desafiante, amante intenso y ávido que combina estas artes con un sorprendente talento para la creación artística e intelectual se nos hace un tanto chocante. Pero, no fijándose, la serie fluye bien.
     Este Da Vinci está a la caza de fuentes financieras para aplicarlos a sus inventos e investigaciones. Hay momentos que nos parece un Víctor Frankstein (sobre todo cuando roba cadáveres para estudiarlos y dibujarlos). Al inicio, en su búsqueda de financiación, realiza La columbina (una ave mecánica que vuela por sí misma) para el Carnaval de Cuaresma, y le demuestra a Lorenzo Medici sus proyectos de ingeniería militar, una acción que llamará la atención de las familias rivales, entre ellos los Orsini y los Pazzi. Lorenzo lo acoge bajo su protección. Al mismo tiempo, entra en contacto con otros tipos de conocimientos al encontrarse con Saslan Al Rahim, un miembro de una antigua secta que pone en duda la forma con la que los poderes mantienen al pueblo apartados del conocimiento y los beneficios que estos puede aportar a la mayoría que no ha sido bendecida ni por posición, ni por dinero.
    La serie fue escrita por David S. Goyer, cineasta y guionista estadounidense quien es conocido por escribir el guión de la trilogía Blade (dirigió la última). Coescribió, con Alex Proyas y Lem Dobbs el guión de Dark City. Con Christopher y Jonathan Nolan escribió Batman Begins (2005), The Dark Knight (2008) y The Dark Knight Rises (2012). También escribió y dirigió en 2009 The Unborn. Actualmente trabaja con Trent Reznor en el guión de Call of Duty: Black Ops 2.
    La serie es sumamente fantástica rayando en los inverosímil. Se sabe que Da Vinci fue miembro de algunas sectas oscuras y se dice que en sus pinturas dejó mensajes herméticos. Es posible. Pero lo que es indudable es que Da Vinci fue un notable científico e inventor, adelantado en su tiempo pues fue capaz de desarrollar un helicóptero, un submarino y de un tanque de guerra, entre otros artilugios.
    Quizá lo que no queda claro es la conexión de su genio inventivo con su desarrollo artístico. Cabe señalar que primero fue un notable dibujante y pintor. Su Gioconda (Mona Lisa) es aún objeto de admiración en el Louvre de París.
  Y es que lo que muchos gobernantes y líderes actuales (principalmente de los países pobres) no entienden: es la conexión del arte con las ciencias y la tecnología. Los Medicis, entre otros mecenas del Renacimiento, se dieron cuenta que a mayor arte mayor desarrollo del conocimiento. Por ello decidieron otorgar grandes cantidades de dinero a una gran cantidad de artistas. Ellos fueron quienes impulsaron el surgimiento del Renacimiento, cuyos efectos proyectaron a la humanidad en un derrotero nuevo lleno de grandes inventos y descubrimientos.
   Y es que el arte es la actividad que estimula la imaginación y la imaginación es la matriz de todos los inventos científicos. Un ser humano con una gran imaginación es capaz de descubrir e intuir lo inexistente.
    Y al menos esto queda muy en claro en la serie. De ahí el llamado a las autoridades académicas y políticas a invertir y promover el arte. Es el arte quien nos indicará el mejor camino a un mejor a un país urgido de soluciones, un país urgido de sueños e imaginación.

Jeremías Ramírez Vasillas

domingo, 12 de mayo de 2013

JUGUETES DE AYER Y HOY



Hoy estuve jugando con un yo-yo. Y caí en cuenta de la diferencia de los juguetes de mi infancia (trompos, yo-yos, baleros, etc.) contra los actuales.

Aquellos se basaban en las leyes de la física. Y aunque no entendiéramos los principios nos fascinaba verlos en acción. El equilibrio del trompo gracias a la fuerza centrífuga o del yo-yo que podía patinar sobre la cuerda que lo sujetaba (un equilibrio con las fuerzas de la fricción que permitían que patinara cierto momento y luego entraban en acción para que el yoyo subiera enredando la cuerda sobre su eje de rotación. Los mejores ejes eran los de madera, aunque algunos metálicos hacían bien su trabajo y los mejores yoyos eran los Plastimarx o los que distribuía la Coca Cola) y gracias a lo cual se podían hacer figuras de fantasía: el perrito, el columpio, el salto mortal, etc.

Los juguetes de hoy se basan en las leyes de la electrónica. Para aquellos juegos se requería desarrollar habilidades motoras; para estos, habilidades mentales (las motoras no van más allá de los pulgares y aunque se desarrollan nuevas aplicaciones que intentan entrar más al terreno físico, al final no exigen del cuerpo más que tener unas nalgas bien desarrolladas y un par de pulgares con cierta destreza).

¿Qué son mejor? Unos dirán que aquellos; otros que éstos. A mi me gustan más aquellos, pero es sólo una cuestión de gustos. A estos ya les he visto algunos beneficios. Mi hijo aprendió inglés con los videojuegos, y bastante de historia medieval y griega. Con aquellos no pude aprender eso, pero me divertí y me alegra descubrir que la destreza para bailar un trompo o mover un yoyo sigue en mí a pesar de tanto años de no tomar un juguetes de esos en mis manos.



domingo, 5 de mayo de 2013

EL CIUDADANO ORSON WELLES


Bajo el enorme peso de los estrenos, los grandes poetas del cine van siendo enterrados en el olvido, cuya memoria es rescatadas por los nostálgicos, por los que alguna vez fuimos deslumbrados con su obra.
Mientras usted recibe este semanario este lunes, sepa que un día como hoy (6 de mayo de 1915) nació Orsón Welles, L'Enfant terrible del teatro y del cine en Kenosha, Wisconsin, hijo de Beatriz Ives Welles (pianista, campeona de tiro y sufragista que sufrió condena por sus ideas radicales) y Richard Head Welles (inventor ocasional y miembro de una familia acomodada de Virginia).
Hizo su debut en el teatro a los 3 años como figurante en Sansón y Dalila, en la ópera de Chicago, y ese mismo año interpreta el papel de Trouble en Madam Butterfly, en el teatro de la ópera de Ravina, Illinois. E inicia su trabajo como director en 1925 en Camp Indianola, en donde adapta, dirige y actúa en la producción de El doctor Jekill y Mister Hyde.
Huérfano a temprana edad tiene una accidentada formación académica, la mayoría hecha de manera autodidacta, con desvíos a otros artes como el dibujo pero regresando insistente al teatro logrado pronto varios éxitos.
A los 20 años es ya un reconocido director de teatro.  Fue el creador del famoso Teatro Mercury, responsables de muchas obras dramáticas tanto en radio como en teatro.
La más famosa de ellas fue su escenificación en radio de la novela de ciencia ficción de H.G. Wells, La guerra de los mundos, relatada en forma de noticiario. Dice Wikipedia: “La introducción del programa explicaba que se trataba de una dramatización; en el minuto 40:30 aparecía el segundo mensaje aclaratorio, seguido de la narración en tercera persona de Orson Welles. Quince minutos después, la alarma general del país, creían que estaban siendo invadidos. En esta emisión Welles interpretaba al profesor Pierson, el científico que explicaba lo ocurrido. La emisión empezaba así: Señoras y señores, les presentamos el último boletín de Intercontinental Radio News. Desde Toronto, el profesor Morse de la Universidad de McGill informa que ha observado un total de tres explosiones del planeta Marte entre las 7:45 y las 9:20P.M. Inmediatamente pasaban a la banda de música supuestamente desde el Hotel Park Plaza, y periódicamente la interrumpían para informar de la ficticia invasión marciana: Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea... Los oyentes pensaron que se trataba de una emisión real de noticias, aún los que oyeron la introducción. El  pánico cundió en Nueva York y Nueva Jersey (donde supuestamente se habrían originado los informes) y la gente huía de la ciudad como podía. La comisaría de policía y las redacciones de noticias estaban bloqueadas por las llamadas de oyentes aterrorizados y desesperados que intentaban protegerse de los ficticios ataques con gas de los marcianos. La histeria colectiva demostró el poder de los medios de comunicación de masas, y este curioso episodio también catapultó a la cima la carrera de Welles”.
Y así llegó a Hollywood. Dice Wikipedia: “La fama que alcanzó Orson Welles después de su emisión de La guerra de los mundos hizo que Hollywood se interesase en él. El estudio RKO Pictures le ofreció un inusual contrato, en julio de 1939, para que Welles produjera, dirigiera, escribiera y actuara en dos largometrajes. El estudio tenía que aprobar la historia y el presupuesto si excedía los 500 000 $. Welles tenía permiso para desarrollar la historia sin interferencias, contratar a sus propios actores y equipo de rodaje y tenía el privilegio del final cut, algo inaudito para un director novel.
“Welles pasó los primeros cinco meses de su contrato con RKO Pictures intentando sacar adelante sin éxito varios proyectos. La revista The Hollywood Reporter dijo: «En los estudios de RKO se hacen apuestas sobre si el acuerdo con Orson Welles acabará sin que Orson haya hecho una sola película.» En un principio, Welles trató de adaptar El corazón de las tinieblas, y quería rodarla enteramente con planos desde el punto de vista de los personajes. También consideró adaptar la novela de Cecil Day-Lewis The Smiler With The Knife, pero comprendió que para desafiarse a sí mismo en un nuevo medio tenía que escribir una historia original. Finalmente, en colaboración con el escritor Herman J. Mankiewicz, conciben una historia que mezcla pasajes autobiográficos del propio Welles y los mezcla con la opulenta y escandalosa vida del magnate del periodismo William Randolph Hearst, lo cual le trajo problemas con este poderoso personaje, accionista de la RKO. Se titulo: El ciudadano Kane.
La película salió en medio de amenazas y problemas y fue un fracaso en taquilla aunque ahora es reconocida como una de las mejores películas de la historia del cine, pero además le significó a Welles una vida frustrada pues nunca logró hacer una obra de esta estatura estética.
Yo fui motivado a buscar esta película porque mi maestro de Sociología del cine la mencionaba con frecuencia. Pude verla finalmente. Quedé apabullado con esta obra, a pesar de que sabía muy poquito de cine. La he visto varias veces y cada vez me sorprende más. Y comprendo por qué de su fracaso en taquilla: es una obra ambiciosa, profunda, crítica, misteriosa pues desde la aparición al inicio de la película del palacete de Kane, Xanadú, y del letrero que dice: “Prohibido pasar”. Y el misterio ha sido fuente de arduos debates, misterio encerrado en una palabra que pronuncia Kane antes de morir “Rosebud” (capullo de rosa). Años después vi una cinta sobre la odisea de la filmación de esta película donde explicaba que quería decir Rosebud. Supuestamente Hearst así le decía al sexo de su amante. Y Wells planta la palabra en la película como la clave de la infancia y la añoranza de Kane, pues aparece la rosa y la palabra en la patineta de nieve de Kane cuando la están incinerando.
Hay muchas otras películas de Welles que me han deslumbrado como Sed del mal pero por hoy es cumpleaños de Orson Wells. Feliz 98, Orson.

Jeremías Ramírez Vasillas

EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...