domingo, 24 de junio de 2018

EL SECRETO DE SUS OJOS

Hace varios años vi, por casualidad, la película argentina El secreto de sus ojos, porque algún compañero de trabajo me pidió que le hiciera una copia. Y como usualmente hacía cuando me pedían este tipo de encargos, hice una para mí. Así fue que llegó a mis manos.
            La película me gustó mucho. Planteaba un problema judicial desgarrador acaecido en la argentina de los años setenta, cuando estaba hundido el país en una de las más sangrientas dictaduras. Como suele suceder con mi memoria, perdí muchos detalles y sólo quedó un vago recuerdo de algunas escenas y la sensación de que la película era muy buena, pues me había conmovido mucho.
            Hace poco, husmeando libros en el Costco, encontré una novela con el mismo nombre: El secreto de sus ojos. Leí la información de contraportada, pero no me decía mucho, parecía otra historia. Decía en la parte superior que había sido llevada a la pantalla con el título El secreto de una obsesión y con actores de Hollywood. Yo quería leer la versión literaria de la película argentina y como sospechaba que no era la misma, no la compré. Un mes después regresé y decidí comprarla esperando no encontrarme con un bodrio. Las tiendas de autoservicio están llenas de basura betsellera.
            Me senté en una banquita, a la entrada de la tienda, le quité el celofán y abrí el libro con cautela. Para mi sorpresa sí era la novela en que se había basado la película argentina, aunque la fotografía de la portada me seguía intrigando pues aparecían Julia Roberts, Chiwetel Ejiofor, Nicole Kidman, como estrellas principales.
            El inicio de la novela no me gustó; se me hizo un relato confuso y temí que así estuviera escrito todo el libro. Sin embargo, a partir del capítulo dos (en la novela lleva el número 1) recompone el camino. El libro estaba estructurado de modo que una narración está dentro de otra narración. La novela, en el primer plano, narra la historia de Benjamín Chaparro, un prosecretario de un juzgado (no me es claro qué es un prosecretario, no conozco los sistemas jurídicos argentinos, pero alcanzaba a entender que era una especie de revisor de los procesos judiciales) que recién se acababa de jubilar y tenía el propósito de escribir una novela. En el segundo plano leemos la novela que este prosecretario escribe: un hecho judicial. El caso judicial era sobre un hombre recién casado al que le asesinan a su mujer. El caso se enredaba y culminaba en un hecho inusitado y terrible. La narrativa pasa de un plano a otro. En el primero vamos viendo la historia de este hombre jubilado, solitario, que con grandes dificultades va escribiendo el relato judicial, pero al mismo tiempo nos narra su situación amorosa con una ex compañera de trabajo, una juez que conoció cuando ella entró a trabajar como secretaria al juzgado y él era su jefe. A esta mujer la visita de vez en vez para contemplarla y llevarle los avances de su novela; ella es su única lectora. Al parecer escribe para tener un pretexto para visitarla.
            El segundo plano narrativo (que se va mezclando con el primero) es sumamente intenso. El prosecretario se obsesiona con el caso y trata de hacer justicia a toda costa. Para ello se enfrenta a un excompañero que acusa indebidamente a unos albañiles y él tiene que intervenir para liberarlos. Encuentra al culpable de manera fortuita observando las fotos de la esposa que le enseña el marido y le llama la atención un tipo que aparece en varias imágenes observando fijamente a la mujer. Lo identifican y empiezan a rastrearlo, pero el tipo se entera que lo buscan y se esfuma. Finalmente lo capturan y lo obligan a confesar de una manera ingeniosa su crimen. Sin embargo, es liberado por aquel compañero que había acusado a los albañiles. El marido ofendido toma entonces justicia por mano propia. Al parecer, ahí terminaba todo: con la muerte del asesino, pero su cuerpo nunca es localizado. Sin embargo, 20 años después la historia da un giro sorpresivo cuando se descubre realmente qué pasó.
            El autor de la novela es Eduardo Sacheri, un escritor argentino que no conocía. Nada de él me había caído en las manos y nunca leí en ninguna reseña algo sobre él. Revisando un poco la información de la introducción y la contraportada y complementando con el internet, advertí que ésta había sido su primera novela y cuyo título original había sido La pregunta de sus ojos y publicada en el 2005.
Como principiante sumamente privilegiado, su novela había corrido con una suerte envidiable en ventas y muy pronto fue llevada a la pantalla por el cineasta Juan José Campanella y estrenada en el 2010. El film obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera.
            Regresando a la novela, déjenme decirles que tiene su encanto, pero se nota que es una ópera prima, pues hay ciertas dificultades estructurales, pero que no afectan el eje principal de la historia que avanza en los dos planos narrativo mencionados. Hay un momento de la lectura que el suspenso atrapa e impulsa a no soltar la novela hasta saber qué sucedió.
            Hasta aquí todo iba bien pero aún quedaba un pendiente por resolver: ¿Había sido llevada a la pantalla por Estados Unidos? Decidí investigar y descubrí que la película norteamericana, titulada El secreto de una obsesión, si había hecho su versión, pero no se había basado en el libro sino en la película argentina. Es decir, era un remake, cuya historia la situaban en Los Ángeles y cambiaba a los personajes. Ahora ya no es un marido al que le matan a su mujer sino una investigadora judicial a la que le matan a la hija.
            La versión argentina, pese a que tiene importantes diferencias con al libro (algunas alteraciones me disgustaron), es muy superior a la versión norteamericana.
Si usted quiere ver la versión norteamericana, la puede conseguir en Netflix, pero si quiere ver la versión argentina, usted la puede localizar en el Youtube completa y en buena definición. Yo recomiendo esta última.
Y recomiendo aún más la versión literaria. Es una buena novela, cuya intensidad disculpa las fallas estructurales, los vacíos narrativos, los saltos temporales desafortunados.


lunes, 18 de junio de 2018

50 DE 100 AÑOS DE SOLEDAD



El mes de mayo de 2017 se cumplieron 50 años de haber salido a la luz pública la novela Cien años de soledad, que catapultó a la fama al escritor colombiano, Gabriel García Márquez, que luchaba como fiera por posicionarse en el entorno mundial de la literatura. Y fue con esta novela que le permitió despegar una carrera internacional que culminó en el Premio Nobel de Literatura, el 21 de octubre de 1982, aunque él siguió publicando hasta su muerte acaecida el 17 de abril de 2014, en la ciudad de México.
            La primera edición de la novela fue impresa en Buenos Aires el 30 de mayo de 1967 por la editorial Sudamericana, con una gran acogida por la crítica y el público, y cuya edición inicial fue de 8000 ejemplares que se vendieron en menos de un mes[1]. Hasta la fecha se han publicado cien ediciones y vendido más de 50 millones de ejemplares y ha sido traducida a 35 idiomas, aproximadamente. ​
Yo tuve contacto con esta novela en 1975 cuando estudiaba la preparatoria en la ciudad de México. No recuerdo como llegó a mis manos, seguramente la compré tras estudiar a este escritor en la clase de literatura, que era una maravilla; yo estaba fascinado en esa clase con lo que me descubría el maestro sobre la literatura latinoamericana, que de eso se trataba la clase. Era la época del “Boom latinoamericano”, y estudiamos a escritores como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortazar, José Donoso, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti y sus maravillosos cuentos, entre otros. No podía creer que todos estuvieran vivos. También estudiamos a muchos escritores mexicanos: Arreola, Paz, Azuela, Rulfo, Sabines, Pacheco…
Hace uno días encontré en la ex Comercial Mexicana una edición de la editorial Diana, con una bellísima portada diseñada por Nora Grosse, e ilustrada por la chilena Luisa Rivera, quien desarrolló una serie de estampas que aparecen en diversas partes del libro a página entera, que le dan vida y colorido al texto.
La edición que compré hace más de 40 años no sé en dónde quedó. Hace unos 5 años compré la edición conmemorativa de la Asociación de Academias de la Lengua Española, con pasta dura y exhaustivos prólogos. Y hace un par de meses vi la de la editorial Diana. Quería revisarla para ver las ilustraciones y la tipografía, pero todos los ejemplares estaban envueltos en celofán y me dio pena desnudar a una hermosa dama sin haberla desposado. Y quería desnudarla para revisar sus interiores: un lector siempre anda buscando tipografías agradables, placenteras, buenos interlineados, páginas agradables al tacto y al olfato y quería ver las ilustraciones.
Pocas semanas después decidí ir a ciegas y la compré. Tenía muchos años que la había leído por primera vez y quería volverla a leer. Ya casi no recordaba nada de aquella primera lectura de los años setenta. Sólo recordaba que la había leído completa, y que me gustó mucho, y que la imagen que me quedaba era la de Remedios la Bella cuando subía al cielo.
Como un bebedor empedernido, salí de la tienda de autoservicios ansioso por descubrir sus intimidades. Me senté en las bancas de metal frente a las cajas, desgarré (como novio impetuoso) el celofán que cubría su virginidad y abrí las páginas. El aroma de la tinta y de la celulosa era muy agradable. La tipografía (que diseñó el hijo de García Márquez, Gonzalo García Barcha) era muy hermosa y las ilustraciones bellísimas, con unos orificios en forma de gota.
Abrí la primera página y leí esa entrada ya famosa de la novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”, entrada crudamente criticada por Fernando Vallejo, compatriota de Márquez, pero celebrada por Jorge Aguilar Mora en el prólogo de Cartucho, el libro de Nellie Campobello, pues afirma que es una referencia directa a Pedro Páramo de Juan Rulfo. Pasé velozmente esta entrada y seguí embebido la lectura, sin hacerle caso a la gente que pasaba frente a mí; ellos ignoraban que yo estaba iniciando una vez más una gran aventura en un mundo fantástico que vino a revolucionar las letras latinoamericanas y ha sido piedra angular de muchos escritores, incluyéndome.
Mi fragilísima memoria se vio de inmediato confrontada. Casi nada de la novela recordaba, salvo el nombre de algunos personajes y pocos pasajes que se desdibujaban en la bruma. Esto tuvo un efecto positivo, maravilloso: disfruté la novela como si la estuviera leyendo por primera vez.
Debo confesar que hubo ciertos manejos temporales que no me gustaron, pero en cambio me maravillaron sus personajes, el retrato de sus manías, su degradación al pasar de los años, su muerte a veces terrible, a veces sublime, los conflictos amorosos que rayan en la locura, las pasiones salvajes que los embriagan hasta la locura o el sinsentido, el retrato del poder tan enfermizo en América Latina, esa proclividad a las armas y a la guerra, pero también a la magia y al encantamiento.
Esta novela ha sido clasificada como “Realismo mágico”, aunque en realidad lo “mágico” sólo aparezca en ciertos pasajes, a veces de manera un tanto forzada, aunque en otras de manera perfectamente ensamblada.
Pero el mundo creado por Márquez en esta novela es de un crudo realismo, crudísimo, que quizá les parezca fantástico a quienes no están inmersos en esta cultura tan extendida en América Latina, quizá porque somos herederos de la vieja España, pero con una tradición ancestral que se pierde en las tinieblas del tiempo y con experiencias similares, llenas de dolor, de derrota, de explotación, de esclavismo, de pisoteo, que nos han dejado con las venas abiertas, como diría Eduardo Galeano.
Me pareció que la novela, a sus 50 años de haber llegado a los lectores, consolida su valor y su riqueza y la hace imprescindible para quien se quiera dedicar a las letras.
Desafortunadamente corre el riesgo de convertirse en un clásico, es decir, en una novela citada por todos, pero leída por nadie, como el Quijote o la Biblia.
Pero a quien no les importe estos barrotes ideológicos que resguardan en una celda a los clásicos, se encontrarán con una joya y un fiel retrato de nuestro pasado pero también de nuestro presente.


           




[1] http://www.t13.cl/noticia/tendencias/12-curiosidades-de-las-mas-de-100-ediciones-de-cien-anos-de-soledad-el-clasico-de-gabriel-garcia-marquez-que-cumple-50-anos

lunes, 29 de enero de 2018

FLORES DE SOMBRA

Jeremías Ramírez Vasillas
Esta novela fue escrita por el escritor judío Aharon Appelfeld. Es una de las novelas más tristes y paradójicas que he leído. Hugo es un niño judío de 11 años que ante la amenaza de que los alemanes lo capturen su madre, primero lo esconde en un sótano. Cuando ella misma está en riesgo de ser atrapada, huye con Hugo del Gueto en donde los tienen los alemanes recluidos y lo lleva con una prostituta para que lo esconda y cuide. Mariana, la prostituta, agradecida por la ayuda que en momentos difícil ha recibido de la madre de Hugo, accede gustosa.
Gran parte de la narrativa de la novela transcurre en el cuarto en el que Hugo ha sido escondido. Es su oído infantil quien contará lo que sucede en el burdel, sin entender muchos de los ruidos ni de los diálogos brutales.
Más de un año permanecerá allí, recibiendo una atención errática pero amorosa de Mariana. Una atención incierta y llena de ausencias y amenazas. Pero allí Hugo descubrirá el bien y la misericordia, el amor y la solidaridad, la alegría y la tristeza, la fortaleza y la vulnerabilidad y fragilidad de la vida, la esperanza en la desesperanza, y la fe en Dios.
No, no se equivocó la madre de Hugo de ponerlo en las manos de una mujer que tal vez (pensarían muchos) son las menos recomendables para un niño que pronto llegará a la adolescencia, al despertar sexual. Pero esta mujer le enseñará la pureza del amor, de la bondad y del amor a Dios.
Cómo no amar a Mariana y cómo no sufrir con ella ante un final funesto que se presiente en toda la novela.
Flores de sombra muestra el lado humano, demasiado humano de las prostitutas, ese lado ignorado principalmente por los clientes que sólo ven en ellas un objeto de descarga placentera, un objeto de su egoísmo, sin considerar que ellas son seres que sienten, que sufren, que aman, que sueñan, que anhelan un poco de Mariana se ve a sí misma como un simple colchón al que se le montan y estrujan sin considerar a la mujer que usan y abusan.
Appelfeld puede hablar así de las prostitutas porque cuando niño fue llevado junto con su padre a un campo de concentración, del cual huyó y cayó en manos de asesinos y prostitutas, quienes lo cuidaron y protegieron hasta el fin de la guerra.
Es una novela entrañable, escrita con el corazón en la mano, un homenaje tristísimo a esas mujeres que vemos como seres infrahumanos, basura social... Una novela homenaje a estos valientes seres que también fueron heroínas en una época brutal. 
Aharon Appelfeld murió el 4 de enero de este año y es hasta hora que descubro a este grandísimo escritor judío. Vale la pena leer su obra.

viernes, 26 de enero de 2018

EL PODER Y LA GLORIA: Graham Greene


Soy un fan de Graham Greene. "El hombre impasible" o el "Décimo hombre" me parecen novelas soberbias. Acabo de leer "El poder y la gloria". Es la novela más triste y desoladora de su obra. Es el relato de un sacerdote mexicano perseguido en Tabasco en la época del gobernador Garrido Canabal, quien emprendió una lucha para erradicar la religión de Tabasco. El sacerdote pasa por experiencias terribles, perseguido por dos fantasmas interiores: el deber (por el cual arriesga la vida) y la culpa (se considera un pésimo sacerdote, un pater whisky, es decir, un sacerdote borracho quien en una de sus borracheras se ha acostado con una mujer y de cuya relación le nace una hija).
El título es una alusión a la frase final final del Padre Nuestro que dice: "Tuyo es el reino, el PODER Y LA GLORIA, por los siglos de los siglos, amén." 
Esta novela la escribió tras un reportaje que hizo de Tabasco y vio en primera fila la persecución religiosa. Fue publicada en 1940 y existen dos versiones audiovisuales: una en cine y la otra en televisión. La versión fílmica, cuyo titulo es "El fugitivo", fue dirigida por John Ford en 1947 y protagonizada por Henry Fonda, Dolores del Río y Pedro Armendáriz. La fotografía es de Gabriel Figueroa.

domingo, 14 de enero de 2018

LA ELEGANCIA DEL ERIZO: una hipérbole de 263 páginas

Novela francesa un tanto hiperbólica, con personajes hiperbólicos: una portera intelectual (vaya portento de cultura colosal de la mujer), una niña de 12 años que sabe más que muchos que tienen doctorado, un japonés más tierno que un pan bimbo recién empaquetado (y sumamente riquísimo), con un enorme coqueteo con la sensiblería, la crítica social incisiva y la autoayuda, componentes que como levadura la hacen esponjocita,como un rico pastel digerible y emotivo, aunque no sé que tanto sea nutritiva. El tiempo, implacable, lo dirá.

Autora: Muriel Barbery. Novela publicada en 2006 en Francia. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

JUANA INÉS: MÁS ALLÁ DEL BILLETE DE 200 PESOS


 
Por Jeremías Ramírez Vasillas

Los nuevos modelos de la televisión han encumbrado a la serie como paradigma de los nuevos tiempos y cuyo reinado vive y se desarrolla en las plataformas digitales en streaming.
En Netflix, por ejemplo, se difunden las series de mayor éxito. Algunas nos sorprenden, como en Juego de tronos por su enorme calidad cinematográfica, sus efectos especiales, y parecen que son producciones inalcanzables de realizar en un país tercermundista (que no en desarrollo) como México.
Sin embargo, oh sorpresa que nos da la vida —como reza un refrán moderno surgido de alguna canción—, recién descubrí una serie llamada Juana Inés que me ha dejado impactado por varias cosas:
1) es una serie sobre una de las mujeres que más admiro: Sor Juana Inés de la Cruz, una intelectual y poeta inigualable (¡Qué mujer, qué portento de mujer!).
2) Es una serie mexicana.
3) Está realizada por un canal público mexicano, el admirable Canal 11 del IPN, un Bravo Films, una dinámica casa productora mexicana dirigida por Patricia Arriaga, hermana de Guillermo Arriaga, guionista de las primeras películas de González Iñárritu.
4) Está estupendamente realizada con un admirable casting y una ambientación impresionante, lejos de las construcciones históricas de televisa.
La serie sólo cuenta con una temporada integrada por 7 capítulos. Se entiende esta limitación por las condiciones de nuestro país para hacer algo de mayor alcance, y sin los instrumentos de mercado para productos de este tipo. ¡Qué lástima!
Sin embargo, como diría Fito Páez, no todo está perdido. Bravo Films tiene en su portafolio creativo varias series históricas como: Porfirio Díaz, 100 años sin patria, Réquiem por Leona Vicario,  Sor Juana Inés de la Cruz, la peor de todas, El asesinato de Villa: la conspiración.
Alegra el corazón ver este tipo de producciones en nuestro país, lo cual demuestra que sí se puede, que hay calidad, que estamos a la altura, con todas las distancias económicas, a la par de los mejores del mundo.
Juana Inés se empezó a realizar el 4 de noviembre de 2015, en la Ex-Hacienda Santa Mónica, en la Ciudad de México. Se estrenó por televisión (en Canal 11 por supuesto) el 26 de marzo de 2016, y desde enero de 2017 está disponible en Netflix, que fue mi última sorpresa.
La historia se va narrando en saltos temporales retrospectivos. A la vez que vamos viendo a Sor Juana agónica  en su lecho de muerte (Sor Juana fue atacada por el tifus exantemático epidémico[1], epidemia que asoló el convento de San Jerónimo en donde estaba recluida), vamos viendo también a Sor Juana jovencita ingresando a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, y admirada y amada por la virreina, Leonor de Carreto.
Sobre la serie declara Patricia Arriaga, directora de la serie, para la revista Proceso[2]: “No es un tratado sobre Sor Juana, es la personificación de Sor Juana. Entones, lo abordé cono un ser humano. En ese sentido, creo es una de las virtudes de la serie, porque tratamos de sacar a la poeta del billete de a 200 pesos. Los episodios hablan de la virtud y genialidad de esta mujer. Era una mujer superdotada pero también con su fragilidad, su orgullo, sus contradicciones, sus pasiones, su sentido del humor. Se exploran los diferentes matices de su vida y quedó un personaje con muchos matices, con muchos colores. Es un personaje de carne y hueso. Así es la mejor manera de proponérselo al espectador para que se pueda apropiar de ella.”
Y concluye diciendo: “Cuando lees su obra debes regresarte para saber de qué está hablando, para ver: ‘Esta palabra se está refiriendo a cuál’. Sus sonetos, poemas y ensayos, en fin, son laberínticos. Es una literatura complicada que ahora imagínate con los 140 caracteres (se refiere al Twitter) y con toda esta banalidad en el lenguaje en que vivimos, de repente si te pones frente a un soneto de Sor Juana, te vuelves nada. Estás totalmente incapacitado de entrarle y devolverle el golpe. Pero independientemente de eso, creo que a la hora de apropiarnos de un personaje tan vasto y maravilloso como este, lo que esperamos es que el público se anime a ir al material literario de Sor Juana. A lo que escribió, a sus poemas, etcétera, y que tenga muchas ganas de leerlo y darle la batalla a todos esos sonetos. Abrazar a ese personaje, el aprendérselo, el aprender muchísimo”.
Si se sintió orgulloso de la cultura mexicana y de México con Coco, la película de Pixar, aquí le tenemos varios motivos de orgullo de ser mexicano: es una excelente serie mexicana en Netflix (bueno sería que la pusieran en Blim, le mejoraría la imagen a la plataforma de Televisa) y aborda una de las mujeres más extraordinarias que ha dado este país, una mujer cuya estatura intelectual y artística va más allá de los 200 pesos del billete.
Véala y, como dice Patricia Arriaga, que le entren ganas de leer a Sor Juana, sus bellísimos poemas, sus deslumbrantes muestras de un gran intelecto, como en el libro Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (libro que encuentra usted hasta en Soriana publicado por Editores Unidos Mexicanos a minúsculos 49 pesos) y a las novelas que se han hecho de su vida como Yo, la peor de todas, escrita por Mónica Lavín.



[1] El tifus exantemático epidémico, enfermedad del piojo verde, piojo verde; es una forma de tifus, llamada así porque la enfermedad a menudo causa epidemias después de guerras y desastres naturales. El agente causal es la bacteria Rickettsia prowazecki, transmitida por el piojo del cuerpo humano (Pediculus humanus corporis).
[2] Texto escrito por Columba Vértiz y publicado el 21 marzo de 2016.

jueves, 9 de noviembre de 2017

UN RICO ATOLE DE “COCO”


He leído algunos y análisis de la película Coco, la recién producción de Pixar-Disney, y muchos comentarios en redes sociales. Y encuentro en muchas de ellas declaraciones categóricas, como que “Si no lloras con la película es que estás muerto y no mereces estar en el mundo de los vivos”. Como si llorar fuera el indicador de calidad. “Dime cuántas lágrimas tiras y te diré qué tan humano eres”, parecen decir.
Algunos que me conocen saben que durante mucho tiempo me dediqué al análisis cinematográfico y me preguntan: ¿Es buena o no es buena? ¿Voy  no voy? Dime tu opinión de la película. Tímidamente me atrinchero y cuando el pasmo empieza a ceder les empiezo a dar algunas balbuceantes opiniones.
En primer lugar hay que subrayar que un producto artístico (perdón que diga producto pero si estamos dentro de una lógica de mercado este es el nominativo más preciso,  es decir, es una obra cuyo fin último es recabar dinero) no se puede calificar de una manera contundente y definitiva. Hay obras que se logran valorar muchos años después, Blade Runner, la de 1982 de Ridley Scott, por ejemplo.
Yo les contesto que su calidad (es decir, si es buena o no) dependerá de sus gustos, de su formación estética, de su formación cultural (entiéndase por cultura costumbres, tradiciones, formas de vivir). De modo que para muchos Coco será una de las mejores películas que haya visto, y la valorará más si se enterneció y soltó el llanto.
Para otros, con un sentido más crítico, conocimientos más profundos sobre la dramaturgia y la estética fílmica, le encontrarán muchos asegunes, y la sensiblería (el llanto) será un indicador negativo.
Estas dos posturas no son las únicas. En medio habrá muchos matices, y muchos argumentarán su gusto o su disgusto y lo defenderán incluso con calificativos altisonantes (mentadas, pues).
En un intento de respuesta a mis amigos que me han preguntado, les he propuesto primero separar los elementos para tratar de ser un poquito más objetivo, sin que ello signifique que vayamos a obtener la verdad absoluta.
En primer lugar, como animación 3D, es un producto con una factura de altísima calidad, en el que cuidaron muchos detalles, como la digitación del niño al pulsar la guitarra: su trabajo es de una enorme pulcritud. En este plano, por supuesto que es una buena película de animación.
En cuanto a su construcción dramática, podemos ver que es una película construida como una efectiva máquina de conmoción emocional. Y para lograrlo usa uno de los sentimientos más universales: el amor y sus elementos contrarios: el odio, la traición, la oposición familiar. Esta lucha de opuestos es lo que le da intensidad al drama. Y en la película están perfectamente dispuestos. Si tomamos un poco de distancia, podemos ver que muchas de las películas taquilleras justamente usan estos mismos resortes emocionales, algunas de forma más superficial; otras, más profunda. De modo que podríamos poner esta misma estructura dramática e historia en un trasfondo cultural japonés, nórdico, y funcionaría de maravilla. Cualquiera se conmocionaría ante el tesón de un niño en busca férrea de su sueño, al grado de ir al mismísimo lugar de los muertos.
Ahora, para que atrapara más al público mexicano, Coco está arropada en una de las formas culturales muy arraigadas en el alma nacional y hoy potenciada por una especie de contagio de modo que no hay sitio que se libre de tener un altar. Es decir, ha habido una sobrevaloración de la conmemoración mortuoria que nos llega desde los aztecas, pero que se ha ido alimentando en el camino de otras prácticas culturales.
Y para que la película amarre se le agrega un fiel retrato de las conductas familiares propias de los mexicanos: la familia extendida viviendo bajo el mismo techo y por ello la convivencia de varias generaciones en un mismo espacio, los férreos códigos de honor y fidelidad familiar y el estricto respeto a sus costumbres.
Por ello, tal vez, choca un poco ese Mictlán de Coco tan moderno, lleno de luces y bullicio, con equipo electrónico de reconocimiento facial (que se siente gracioso), y cuyas urbes son una mezcla de ciudades latinoamericanas con otras del primer mundo. Hubo momento en que me recordaron las ciudades de Blade Runner y algunas otras películas futuristas.
Y un elemento más: un retrato hiperrealista de algunos pueblos de Oaxaca o Guanajuato que nos hacen reconocer nuestra tierra.
A pesar de ello, no podía entender el furor de la gente por ver la película. Poco a poco me ha ido cayendo el veinte: lo que vende Coco al público nacional es un maravilloso espejo. Un espejo que tiene la virtud de no devolvernos crudamente nuestra imagen, como realmente es, sino que nos regala una imagen de como quisiéramos vernos: un México lleno de color, de calor humano, de alegría, de solidaridad, de amor fraterno y familiar. Es decir, nos devuelve nuestra desportillada identidad rejuvenecida y barnizada.
Lejos está de películas que también retratan el alma nacional, como las de Arturo Ripstein (La calle de la amargura, El castillo de la pureza, El imperio de la fortuna), Carlos Raygadas (Japón, Batalla en el cielo) o Amat Escalante (Heli, Los bastardos, Sangre), o incluso las de Luis Estrada (La ley de Herodes, La dictadura perfecta, El infierno).
La imagen de esas películas, aunque sea mucho más fiel, no nos gustan. Eso me hizo recordar una anécdota que don Luis Buñuel cuenta en su libro Mi último suspiro. Dice que cuando estrenó Los olvidados, Guadalupe Marín, esposa en ese entonces de Diego Rivera, se le fue con las uñas por delante y gritándole que había ofendido a México, por el retrato tan crudo de un sector de la población.
Repito: ese cine que nos retrata con mayor nitidez, más cruda, desagradable, decadente, cruel de nosotros mismos, no nos gusta y no queremos verlas. Algunas de las cintas mencionadas han sido muy exitosas, pero ninguna alcanzó ni el 10 por ciento de la taquilla que ha logrado Coco.
Coco es una historia tierna, familiar, en la que un niño lucha por alcanzar su deseo y para ello baja al inframundo para, no sólo encontrar su destino, sino además logra la reconciliación familiar entre vivos y muertos, desatando nudos que se estaban hundiendo en la ignorancia y el olvido, todo ello empaquetado en un bellísimo envoltorio con tintes nacionales.
Coco es en sí, una hermosa película, pero que tiene la misma consistencia nutrimental de una golosina, de un algodón de azúcar; es decir, es deliciosa pero poco nutritiva culturalmente hablando, aunque ponga en relieve una de las tradiciones más apreciadas por los mexicanos. Y tal vez ponga riesgo para quien valoran y sobre valoran estas tradiciones— a arrumbar otros aspectos más propios de nuestra cultura. Quizá a partir de ahora la celebración de los muertos tendrán un barniz pixar o disneyano, como el desfile en la ciudad de México ahora emula a la dela película de James Bond.
En fin, lo hecho, hecho está. Cuando nos haga digestión el platillo (para los que les haga digestión) podrán ver con mayor claridad el valor nutrimental de este rico atole de coco.

Jeremías Ramírez Vasillas


EL GARABATO: Vicente Leñero

Jeremías Ramírez Hace no sé cuántos años que compré este libro, quizá unos 30. Fue a mediados de los ochenta cuando el FONCA sacó a la venta...