domingo, 18 de junio de 2017

LA VERDAD OCULTA: CUANDO EL DINERO ES LO MÁS IMPORTANTE


El cine de denuncia se ha estado incrementando en este tiempo, particularmente en los documentales. En las películas de ficción la lista de aquellas que abordan los negocios turbios de las grandes corporaciones es ya bastante larga. Sólo para mencionar algunas:
            El jardinero Fiel (Fernando Mirelles, 2002) aborda de la industria farmacéutica y sus negocios turbios, manejando de manera sucia la enfermedad de la gente.
            Diamantes de sangre (Edward Zwick, 2006) evidencia cómo los diamantes obtenidos en una zona de guerra se utilizan para financiar guerras, mediante el uso de esclavos o personas en régimen de semiesclavitud.
            La verdad oculta o Concussion (Peter Landesman, 2015) cuenta el descubrimiento que el Dr. Keniano, emigrado a Estados Unidos, hizo sobre el impacto en la salud cerebral de los jugadores de futbol americano, y conmociona en la liga más poderosas del deporte más popular de Estados Unidos y el mundo: la NFL.
            Si es buena o mala película, que si Will Smith está sobre actuado, que si la película falla en su estructura narrativa, o que si su lenguaje fílmico es burdo, son cuestiones banales frente al tema que revela.
            El Dr. Omalu (protagonista de la cinta y encarnado por Will Smith)  trabaja en la ciudad de Pittsburgh, en el departamento forense. Se caracteriza por ser muy minucioso y detallista en su trabajo. Una mañana de 2002, llega a su mesa de disección un personaje muy singular: Mike Webster, exjugador central de los acereros de Pittsburgh, que jugó de 1974 a 1990 y era apodado “Iron Mike”. Un ídolo muy popular que al momento de su muerte estaba hundido en la miseria y padecía un profundo desequilibrio emocional que lo llevaba a ingerir o a inyectarse diversas drogas, arrancarse los dientes con unas pinza, aplicarse shocks eléctricos en las piernas, a oír voces y sufrir intensos dolores de cabeza. Lo extraño es que era un hombre de 50 años, sano, pero con indicios de una enfermedad cerebral senil. Aparentemente tenía Alzheimer temprano.
            El Dr. Omalu decide investigar a fondo, a pesar del nulo apoyo financiero para un estudio cerebral detallado, y llega a la conclusión de que Webster desarrolló una enfermedad que denominó Encefalopatía Traumática Crónica (ETC) debido a los severos golpes en su cabeza que desataron un ataque desporporcionado de proteínas asesinas, de decir, proteínas que en estado normas trabajan apoyando el sistema nervioso central. En suma, concluyó que el futbol lo mató, porque el cerebro humano no tiene las condiciones naturales para soportar tales impactos, a diferencia de animales como las cabras o los pájaros carpinteros, dotados de una protección natural.
            Cuando hace público los resultados el equipo local y la NFL se van a la yugular y tras un periodo intenso de acoso logran que huya con su esposa a California, pues sus hallazgos ponen en riesgo el negocio multimillonario del futbol americano.
            La película permite darnos cuenta que en este mundo capitalista del siglo XXI lo que más le importa a las grandes corporaciones es el dinero, sólo el dinero. Y son capaces de pasar por encima del bienestar de la gente con tal de lograr grandes dividendos.
            En una de sus cartas, el apóstol San Pablo escribió a Timoteo: “…porque raíz de todos los males es el amor al dinero”.
            No dice que el dinero es el problema sino el amor al dinero, la ambición, la avaricia. Las empresas actuales han puesto en primer lugar la rentabilidad que el servicio o el bienestar de sus clientes o del quienes estén ligados a su negocio de alguna forma.
            Mientras prevalezca esta lógica de privilegiar los beneficios económicos (alimentado por la ideología de este sistema) seguiremos viendo desgracias, muerte, sufrimiento, explotación, depredación del medio ambiente, contaminación, agotamiento de los recursos naturales, pobreza, miseria…
            Y de todo ello nadie está exento. El ciudadano de a pie es culpable también por haberse dejado convencer de que lo más importante en la vida es el dinero. De modo que lleva a sus hijos a la escuela con la consigna de que cuando salga tiene que ser un profesionista exitoso (léase, que gane mucho dinero), que si se tiene un negocio, por pequeño que sea, lo primero es la ganancia aunque para ello se engañe al cliente o se le vendan materiales de pésima calidad; o si uno es un empleado, buscar la manera de ganar más de lo apropiado al puesto, incluso haciendo trampa. ¿Ha considerado que detrás de la corrupción está ese amor desmedido por el dinero?
            Lo único que detiene que no nos devoremos es que aún existen personas con un sólido sistema de valores que evitan que el caos haga presa de nosotros.
            ¿Qué necesitamos? Tomar conciencia de esta situación e ir cambiando nuestros valores por aquellos que privilegien en bienestar de todos y la solidaridad, la compasión, la misericordia. Piénselo, aún estamos a tiempo.




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